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Un deportista es aquel que sabe que el triunfo del otro es también una recompensa: la de haber encontrado alguien mejor

Con D (nación)

Casi nunca pasan tantas cosas a la vez: condenado domingo, en el que los gritos de triunfo, siempre los mismos, siempre igual de vacíos, siempre ¡oé, oé, oé…!, no dejan escuchar el rumor, a veces el calro sonido, de otros deportes y otros deportistas. De oro.

Aunque esta vez se escriben con D varios que son de plata. Nobilísimo metal: en deporte, como en la vida, premia al que llega hasta la última raya y encuentra, desolado, alguien mejor en el camino. A veces ni siquiera es la plata: con D nado domingo para el deporte alavés, viendo al TAU a cuatro puntos de la gran final y obligado a pelear con desgana un tercer puesto que se fue para Italia. Era mucho CSKA, como todos sabíamos.

La D más clara, la más nuestra, la que más sentimos, fue la de David Ferrer. El alicantino se enfrentaba al mejor Nadal que se recuerda y, al menos, arañó un set al monstruo de Manacor, como ya estuvo a punto de hacer en el principado de Mónaco. Grande David: al rebufo de otras dos Des, Djokovic y Davidenko, para ocupar el lugar más alto tras los siderales Federer y Rafa.

Que sea noticia una victoria de Valentino Rossi explica cómo ha cambiado el cuento en Moto G.P.: el Dottore Lupo empieza a encontrarse unas Caperucitas que enseñan mucha pierna. La gesta la hizo sin duda Jorge Lorenzo. Y la barbaridad: no sé a qué esperan en esa federación para regular un poco las cosas, con corredores que se saltan la baja laboral más obvia. Pero el mallorquín es una locura y va en serio a por el campeonato, así que con un tobillo hecho puré se montó en su missil japonés, anduvo buscabndo su ritmo durante unas vueltas y luego, cuando lo encontró, se fue en busca de la altísima clase media de la categoría y sólo cedió ante Rossi y Pedrosa, que parecían tener soldados los carenados, y el campeón del año pasado, Stoner.

Tiró al principio Dani, la D de plata en esta ocasión. Acaso le faltó convicción, porque el espejismo duró dos vueltas: Rossi fue a por él, consciente de que si le dejaba un par de segundos de ventaja la carrera era del de Castellar del Vallés. Bailaron juntos muchas vueltas: luego, décima a décima, el excepcional campeón italiano se fue marchando de nuestro Dani. Sin remedio. Pedrosa, que es inteligente, lo vio y levantó el pie: él también busca el campeonato del mundo, que no siempre coincide con el Gran Premio de China.

Causa extrañeza encontrar un equipo que juegue mejor que el Balonmano Ciudad Real. Pero existe: viene de allá, de Kiel. Con D se escribe Dushejvaev, el timonel del barco manchego: apostó por un tanque ligero, al estilo de su oponente, dejando a Rolando fuera de la convocatoria (acaso estaba lesionado) y una defensa cinco-uno, con david Davis adelantado. Estaba bien pensado: pero todo saltó hecho astillas ante la fortaleza de los alemanes desde los nueve metros. Y, en el segundo tiempo, coincidió un nublado de Joseja Hombrados, rápidamente sustituido, con una explosión de clase y de fortuna del portero francés del Kiel. 27 a 29.

Por cierto, se puede levantar. Ahora hay que proporcionar (por tercera vez consecutiva) la misma oportunidad al público alemán: que puedan comprobar, con extrañeza, cómo hay un equipo que juega mejor que el suyo. Lo veremos. ¿Lo veremos? Desde luego allí estaremos, de todo corazón.

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