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Los datos detrás de los continuos atracos arbitrales al Barça

Uno ve ayer a Gerard Piqué encararse con el presidente de la Liga y, si no ha seguido mucho la competición últimamente, piensa que ha sido la gota que ha colmado el vaso de continuos atracos arbitrales, de meses sufriendo expulsiones injustas, penaltis en contra y demás decisiones que le han impedido llevarse un torneo tras otro.

Gerard Piqué

Gerard Piqué señalando a Javier Tebas tras el Villarreal – Barça (TWITTER RADIOESTADIO).

Piqué ahora mismo está en modo semidios. Me quedó claro en esa frase en la que se regocijaba por tener más seguidores en Twitter que el diario deportivo más leído de España. Y si se tiene que encarar con Tebas por un par de partidos en los que se ha sentido perjudicado, lo hace y punto. Que para eso va a ser el próximo presidente del Barça.

Pero la realidad de los datos es diferente, muy diferente a lo que el central del Barça denunció ayer. Sí, al Barça le perjudicaron ante el Villarreal con un claro penalti no señalado por manos de Bruno (otros que se reclamaron en ambas áreas no fueron tan claros como éste). Y también recibió decisiones arbitrales en contra en el partido de Copa ante el Athletic, con un claro penalti sobre Neymar no señalado y una agresión de Aduriz que el colegiado no vio.

No recuerdo que después del pasado Barça – Madrid de Liga se hablara tanto desde el equipo azulgrana del arbitraje, la verdad. Debe ser que la conspiración ha sido algo reciente.

Justo después de las quejas arbitrales, varios conocidos periodistas especialistas en estadística deportiva dieron varios datos demoledores, de los que deberían hacer que Piqué y todos los que están en su barco conspiranoico se sonrojen y mucho.

El primero de ellos lo ofreció Pedro Martín, periodista de la Cadena Cope, que desveló que en las últimas 61 jornadas al Barça le habían señalado 24 penaltis a favor por solo uno en contra. Después, el analista Alexis (Mr. Chip), colaborador de Onda Cero y As, hizo una comparativa demoledora sobre los penaltis a favor y en contra de Madrid y Barça y las expulsiones que habían recibido. Que cada uno juzgue.

Las críticas a Gerard Piqué le costarán caro a la selección, no al Barça

Se acabó el parón por selecciones. La liga vuelve este viernes y el Barça juega el sábado en el Camp Nou ante el Deportivo de La Coruña. Sin embargo, el “caso Piqué” sigue levantando ampollas, por desgracia, en gran parte de la geografía nacional y en el sector más “cerrado de mente” de la selección española.

Antimadridista declarado, desde que sacó su mano a pasear tras el 5-0 del clásico del 29 de noviembre de 2010 ante la afición madridista, el central azulgrana ha estado continuamente en el foco de la polémica. Pero ya está harto. Y no me extraña. Ahora, parece que, después de ser campeón del mundo y campeón de Europa con la Roja —además de uno de los mejores centrales que ha pasado por el conjunto nacional— Piqué no quiere llevar la bandera de España en su camiseta. ¡¿Pero qué retorcida idea es esa?!

EFE

Imagen que muestra claramente el corte en las mangas de la camiseta de Piqué. (EFE)

El pasado domingo, Gerard Piqué eligió jugar el partido contra Albania con la camiseta de manga larga (y no la de manga corta que es la que lleva la franja con la bandera en las mangas) porque le dio la gana, porque está en todo su derecho. Pero la camiseta le quedaba “corta de mangas” (deben hacerse a la medida media de los jugadores) por lo que decidió cortarlas y ponerse otra por debajo.

Cuestión de comodidad o superstición. ¿Acaso otros, como Iker Casillas, no hacen lo mismo? Unos se santiguan o saltan al campo con el pie derecho y otros se cortan el pelo de una manera u otra (véase el ejemplo de Morata) y no por ello hay que sacrificarlos. A pesar de las críticas, el central quiso dar explicaciones ante la prensa. Mostró la camiseta que vistió Sergio Ramos durante el partido, que dio la casualidad que era el mismo modelo que el suyo (y nadie lo acusó de nada) pero con las mangas intactas. Supongo que ahora tendrá que estarle eternamente agradecido…

Si tienen un poco de memoria, recordarán que Piqué viste siempre de largo, ya sea con el Barça o con la Selección Española, haga frío o calor. ¿Qué apostamos a que hará lo mismo contra el Dépor? Y seguro que nadie se lleva las manos a la cabeza.

Piqué lleva más de 80 partidos (86 para ser exactos) jugados con España y en todos ellos ha vestido la Rojigualda. No le produce urticaria pese a lo que muchos piensen y —siento decirles— que no es el primer catalán ni será el último que pasará por las filas de la absoluta y seguro que tampoco es el futbolista más “radical” (si definimos con esa palabra a los independentistas) que ha vestido la Roja.

Quizá preferiría jugar en otra selección y quizá no es el jugador español que más siente los colores o el himno; pero nunca ha rechazado disputar un partido, nunca ha menospreciado al equipo y siempre ha celebrado sus victorias como el que más. No creo que merezca tal reproche.

Pero, por ser catalán y estar a favor de la consulta, porque todo lo que se dice sobre él da juego o porque le gusta (o mejor dicho, le pone) estar en el centro de la polémica y lanzar ‘pullitas’ a través de las redes sociales, Gerard Piqué se ha convertido en un blanco fácil para los periodistas, sobre todo para los que la “salsa rosa” les interesa más que el fútbol (¡váyanse a sálvame!) o para los que desprenden merengue por los cuatro costados.

Y lo peor es que, por su culpa, todo esto le va a costar caro a la selección (no al Barça) si de verdad cumple sus palabras y la abandona en 2018, con 31 años. Les recomiendo que vayan pensando recambios que estén a su mismo nivel que, auguro, no será fácil encontrarlos.

Gerard Piqué y la pérdida del beneficio de la duda

Con Gerard Piqué pasa una cosa: hace tiempo que ha perdido el beneficio de la duda. Y lo de ayer y su ‘corte de mangas’ es una más que incluir en su largo historia.

Gerard Piqué

Gerard Piqué en rueda de prensa con la selección (EFE).

Sinceramente, me da igual que los jugadores que compiten en la selección españoles o que no. Que sean de independentistas o se crean más españoles que nadie. Que sean de izquierdas o de derechas, dentro de un límite. Que quieran jugar con España por amar los colores o que solo lo hagan porque no hay una selección catalana y, al menos de momento, esto es lo que hay para ellos. Esto es fútbol, no política, aunque la postura de Piqué al respecto es bastante clara (pide “la consulta, no la independencia” y acude con su hijo a la Diada) y ello levanta ampollas.

Hay además algo en este caso que chirría, como siempre que está el jugador del Barça de por medio. Estamos hablando de un futbolista que no es, ni mucho menos, tonto. Cuando hizo el juego de palabras con que Arbeloa era “un cono… cido” sabía perfectamente lo que hacía y la que se iba a montar. También cuando dijo que con Kevin Roldán “empezó todo”. No son gracietas cutres y, lo admito, aun estando fuera de lugar son buenísimas ambas.

No hace mucho, Piqué estaba haciendo una peineta a la vez que sonaba el himno de España, pero ese día se estaba justo chascando los dedos. Le faltó presentar un vídeo diciendo que otro jugador se estaba tocando sus partes en ese momento para aumentar su disculpa, no debió encontrarlo.

Esta vez, a Gerard le molestaban las mangas y, pese a los 15 utilleros que tendrá la selección y las 5 camisetas con su número que habría de manga corta, decidió recortarse las mangas, algo indudablemente más laborioso. Y, lo siento, pero me cuesta creer que fuera un gesto inocente y sin ninguna doble intención.

La frase de Balotelli de “¿por qué siempre yo?” se puede aplicar perfectamente a Piqué. Ha perdido el beneficio de la duda y entre sus provocaciones y los indignados de la bandera española, la selección perderá a uno de los mejores centrales del mundo. O al menos eso dice.

Gerard Piqué, España, coherencia y los dos bandos

España es un país que siempre se divide en dos bandos. Da igual que la temática sea política, social, religiosa o deportiva. Hay dos facciones que están en lados radicalmente opuestos y no dudarán en afirmar el clásico ‘lo nuestro es lo bueno, lo vuestro lo malo’.

Gerard Piqué

Gerard Piqué en la Diada (FACEBOOK).

El ‘caso Piqué’ no queda claro si es deportivo o político. La gente que le silbó en Oviedo, realmente, no está claro si lo hizo por su posicionamiento a favor de la autodeterminación de Cataluña o por sus continuos ataques (o mofas) al Real Madrid.

La primera motivación, realmente la más probable, es la más delicada. Solo han pasado unos meses desde que el himno fue silbado por las aficiones de Barça y Athletic en la final de Copa, acto considerado intolerable por unos y libertad de expresión por los otros. Ahora, a los mismos que pensaban que los silbidos eran una falta de respeto y que merecían castigo, les parecen lícitos los pitos a Piqué. A su vez, los que se rasgaban las vestiduras por lo sucedido en el Camp Nou opinan que el jugador se lo merece por vestir la camiseta de España siendo nacionalista catalán. No falla.

Separar fútbol y política es cada vez más difícil. A los deportistas se les exige que se mojen en temas sociales y políticos, pero cuando lo hacen reciben duros castigos del ‘otro bando’. Que a nadie le extrañe que lo hagan tan pocos, por lo tanto.

Eso sí, mojarse a posteriori, como ha hecho Guardiola, es rastrero. El que no se sienta cómodo con España, que lo diga. Entre Oleguer y Pep, elijo la sinceridad y coherencia del primero.

Piqué: “Vamos a celebrarlo, que se jodan los de Madrid”

Gerard Piqué y su antimadridismo, capítulo 132. El Barça sigue ganándolo todo y a la hora de celebrarlo, el central azulgrana sigue haciendo gala de poca elegancia en la victoria. Se volvió a acordar de Madrid, no sabemos si refiriéndose al equipo o a ese ente que subyuga al Barça y a Cataluña.

Piqué  durante la Supercopa de Europa

Piqué durante la Supercopa (EFE).

Tras ganar la Supercopa de Europa ante el Sevilla, Pique le dijo a sus compañeros “vamos a celebrarlo, que se jodan los de Madrid”, una frase que recuerda a su celebración en el pasado triplete cuando dio las gracias a Kevin Roldán (alusión a la celebración de cumpleaños de Cristiano Ronaldo).

Luis Enrique no fue fiel a sí mismo: sobre la titularidad de Xavi y Piqué

La llegada de Luis Enrique este verano me recordó, en cierta manera a la de Guardiola. Me explico. Después de un ciclo triunfal como el tuvo en el Barça Frank Rijkaard, un año de absoluta displicencia y dejadez provocó la salida del holandés y la llegada de Pep. Lo primero que hizo el nuevo técnico fue anunciar que no contaba con Ronaldinho, Deco y Eto’o, tres pilares básicos del equipo que había sido campeón de Europa hacía solo dos años.

Luis Enrique

Luis Enrique en el Bernabéu (GTRES ONLINE).

De los dos primeros se deshizo el primer año, del camerunés el segundo. Guardiola no quería ni rastro de los que consideraba culpable de que el equipo se abandonara y los resultados fueron espectaculares. Recupero el hambre de un equipo que seguía siendo el que más calidad tenía en Europa y los títulos llegaron en cascada.

Cuando Luis Enrique aterrizó en el banquillo azulgrana quizás no fue tan contundente como Pep, pero sus intenciones fueron evidentes. No quería a Xavi en el equipo o, al menos, no como una pieza importante. Cuando el capitán siguió, el banquillo fue su habitat natural en el inicio de temporada.

Gerard Piqué, quizás el que mejor simboliza el cambio entre el Barça campeón de todo y el actual, también empezó la temporada como suplente. No está al nivel que le convirtió en uno de los centrales del mundo, y su entrenador no lo dudó.

El mensaje pareció claro. El equipo también venía de un año de dejadez, de no trabajar como antes y Luis Enrique potenció en su llegada un cambio de rumbo en el que el esfuerzo era tanto o más importante que el talento individual.

Y he aquí que llegamos al clásico. Y, de repente, todo lo visto en el inicio de temporada en las intenciones de Luis Enrique se vino abajo. Piqué y Xavi, titulares. El central volvió a exhibir su mal estado de forma, mientras que al centrocampista la gasolina le duró media hora. Nada sorprendente.

Hubo una época en la que el triángulo Busquets-Xavi-Iniesta dominó el mundo con su fútbol. Se juntaban en el centro del campo con Messi (con Alonso en España) y mareaban a un rival tras otro, lo doblegaban sin piedad hasta que el gol llegaba tarde o temprano sin apenas conceder ocasiones al rival. Eso pertenece a la historia y el Bernabéu certificó, por si había alguna duda, la decadencia del mejor centro del campo que quizás se haya visto jamás. Y Luis Enrique lo sabía y lo permitió.

Gerard Piqué: la política, el independentismo y su suplencia

Los casos de deportistas que se pronuncian sobre política son escasos. Al menos en lo que se refiere al más alto nivel. Pero la consulta catalana del próximo 9 de noviembre ha hecho que a muchos se les esté preguntando qué les parece el asunto y algunos incluso se están soltando.

Piqué en la Diada con su hijo Milan

Piqué en la Diada con su hijo (TWITTER PIQUÉ).

Los hermanos Gasol se pronunciaron sobre ello, aunque con una cierta dosis de timidez, pero hay un futbolista que está siendo protagonista en los últimos días por su implicación sobre el tema: Gerard Piqué.

El defensa del Barça ya se posicinó sobre el tema hace un par de semanas, cuando afirmó estar a favor de la consulta, pero este domingo volvió a pronunciarse al alabar la participación de Artur Mas en el programa de Ana Pastor.

Que Piqué muestre sobre sus ideas políticas me parece correcto, me gusta incluso. Pero con el central siempre da la sensación de que está más a otros asuntos que a su carrera como futbolista. Esta temporada solo ha sido titular en dos de los seis partidos de Liga del Barça y le han quitado el puesto un mediocentro (Mascherano) y un lateral (Mathieu) reconvertidos en centrales.

Hubo una época en la que Piqué era considerado uno de los mejores del mundo en su puesto. Indiscutible en el Barça y en la selección, consolidado en la élite. Qué lejos queda aquella época y qué distinto es este jugador que tantas dudas -deportivas- ofrece ahora mismo.

Casillas, Xavi, Piqué… ¿merecen el banquillo ante Chile?

El sofocón ya ha pasado. España fue masacrada por Holanda y la clasificación para octavos de final está muy, muy complicada. Puede que ni siquiera ganando los dos partidos que quedan la selección logre pasar la fase de grupos, quizás hagan falta dos goleadas ante Chile y Australia para evitar la debacle, la eliminación en la primera ronda, algo que no pasa en un Mundial desde 1998 y en una gran competición desde 2004.

Casillas y Robben

Casillas y Robben (EFE)

Ahora toca pensar en qué hacer, cómo lograr levantar el equipo y superar a los chilenos en el siguiente partido. Es la hora de tomar medidas, Del Bosque debe tomar decisiones importantes por muy dolorosas que sean. No pasa nada por sentar a vacas sagradas, por apostar por sangre nueva en el equipo.

Y sí, no pasa nada por sentar a los dos grandes símbolos de esta generación de oro del fútbol español: Casillas y Xavi. Los dos mitos de la selección española demostraron ante Holanda que ya no están para ser titulares en este equipo y es la hora del relevo. De Gea y Koke aportarían ganas y juventud y es especialmente sangrante verles en el banquillo, especialmente con la impresionante temporada realizada por el jugador del Atlético.

Otro gran problema fueron los centrales. Ramos estuvo muy desafortunado, pero su gran final de temporada le han hecho merecedor de la continuidad, no fue más que un día malo, al menos en teoría. Distinto es el caso de Piqué, fuera de forma y en un mal estado físico. Su titularidad no tiene justificación y Javi Martínez espera ansioso su oportunidad. Pasa lo mismo con Jordi Alba, que tampoco estaba para jugar un partido tan vital.

El partido ante Holanda lo acabaron 7 (de 10) jugadores de campo del Barça, pese a la desastrosa temporada de los culés y el mal momento de la mayoría de sus jugadores. En la final de Sudáfrica pasó algo parecido, y fue lógico, era el equipo del momento y sus jugadores los mejores. Ya no. Del Bosque debe pasar página. Y ser valiente.

¿Quién está peor, Sergio Ramos o Piqué?

Son, en forma y concentrados, dos de los mejores centrales del mundo. Pero lo saben, y ese parece el gran problema de Sergio Ramos y Gerard Piqué, dos magníficos jugadores que no viven, ni de lejos su mejor momento.

Piqué y Sergio Ramos

EFE

La casualidad ha hecho que en dos días consecutivos hayan cuajado dos actuaciones nefastas, pero que ello haya coincidido quizás no tenga nada que ver con el azar. Sus malas noches superan con mucho a las buenas en este primer tercio ya de campaña en el que ambos están lejos, muy lejos, de su mejor versión.

El de Camas me parece, centrado, el mejor central del mundo. Lo tiene todo: velocidad, potencia, remate de cabeza defensivo y ofensivo, buena salida de balón, desplazamiento en largo y personalidad. El ‘4’ perfecto.

Pero su gran hándicap es que sabe de sus condiciones, que se lo cree. Confía demasiado en su físico y el ir sobrado le ha valido en demasiadas ocasiones errores impropios de su categoría. Fiarlo todo a la superioridad física no debe ser, ni mucho menos, la primera opción de un central. Su año está siendo malo, pero Ancelotti confía ciegamente en él y debe fijarse como objetivo que el sevillano se centre. Errores como el de su expulsión ante el Galatasaray pueden costar muy caros a su equipo ante otro rival.

El caso de Gerard Piqué es distinto. Tras varias temporadas a gran nivel, su último año y medio (quizás más) ha sido para olvidar. Es, sin duda, el central que mejor saca el balón jugado del mundo y su sociedad con Puyol era una de las más perfectas que ha existido, pues el uno cubría las carencias del otro.

Sin la velocidad del capitán azulgrana, acuciado por las lesiones, a Piqué se le ven gran parte de sus defectos y, como añadido, su momento de forma tampoco es el idóneo. Ante el Ajax volvió a ser superado por sus rivales y son demasiadas las ocasiones en las que esto sucede, hasta el punto que varios reclaman ya que el indiscutible sea Marc Bartra y no él. Con Piqué sí me asalta la duda de si podrá ser el gran central que se vio en los primeros años de Pep Guardiola.

A seis meses de que empiece el Mundial, la pregunta es tan obvia como preocupante: ¿cuál de los dos está peor? Sin duda, la peor noticia para la selección española, que no tiene relevo de su nivel y su experiencia.