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La hora de sentar en el banquillo a intocables como Bale, Varane, Modric…

Luka Modric

Luka Modric ofrece al Bernabéu el premio a mejor jugador de la UEFA (EFE).

Se juega mucho este martes por la noche el Real Madrid en Roma. Para empezar, no llegar a la última jornada con la espada de Damocles amenazando. Pero también tratar de amarrar la primera plaza del grupo, pues quedar segundos sería pan para hoy y hambre (un rival muy, muy duro en octavos) para mañana.

El partido ante el Eibar fue un golpe durísimo, y dejó claro que hay muchos jugadores que están lejos de su mejor momento, y no solo físicamente. El madridismo echa de menos el orgullo en un equipo sin carácter. No molesta solo el buen juego, lo hace más la falta de actitud, que nadie se coma el campo, que no haya arranques de rabia, o jugadores perdiendo la cabeza ante derrotas humillantes.

El Madrid ha ganado Ligas con mucho, mucho menos talento (recordemos la de Capello, con Emerson y Diarra a los mandos en el medio del campo), una competición que se ganó a base de lucha, de esfuerzo, de no rendirse nunca, de correr más que nadie, de tener fe absoluta.

A medio plazo, eso se puede solucionar fichando en el mercado invernal (esa temporada llegaron los jovencísimos Marcelo, Higuaín y Gago), pero a corto se hace sentando a jugadores que no están rindiendo, y a los que además no se les aprecia demasiada motivación. Miro a Gareth Bale y no reconozco al jugador que ha sido clave en al menos tres finales de Champions, veo a Modric y me da la sensación de que se dejó las ganas de jugar en el Mundial, en Varane observo un jugador menor que comete un fallo tras otro. Marco Asensio no va a tirar ni de este carro ni de ningún otro, al menos ahora mismo. En las manos de Solari está elegir los jugadores adecuados.

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