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"El fútbol no es una cosa de vida o muerte, es mucho más que eso". Bill Shankly

Archivo de julio, 2018

Más fichajes del Valencia para el Barça no, por favor

El titular de todas las portadas de los diarios deportivos de Barcelona la semana pasada era: Ernesto Valverde lucha por Dani Parejo. Una noticia que viene rumoreándose desde hace varios días y que ya se tanteó la temporada pasada. Y mi primer pensamiento al ver estas informaciones fue: más fichajes del Valencia no, por favor.

Dani Parejo en rueda de prensa.

Dani Parejo en rueda de prensa.

Y es que muchos han sido los jugadores que han llegado al Barça después de jugar en el equipo ché en la última década. Y otros muchos de los que llegaron (exceptuando a David Villa y Jordi Alba) se fueron del club con más pena que gloria; sin triunfar y con millones desperdiciados o devaluados. Es verdad que la presencia del exvalencianista Robert Fernández como secretario técnico fue clave en estos acuerdos y que ahora ya no está. Pero, por favor, hay que pensar antes de fichar.

Valverde “conoce bien a Parejo de su breve paso por Mestalla y cree que encajará a la perfección en el equipo” —dicen los medios consultados—. Pero esto es algo que debería tener muy claro antes de pagar su cláusula: 50 millones, que no es poco. El del centrocampista valencianista me recuerda, así de primeras y sin todavía haber pisado el Camp Nou, a otros casos que han sido un fiasco. Como si fuera una intuición, el pesimismo se impone.

Desde Mathieu hasta Alcácer, pasando por André Gomes… fueron algunos de los jugadores que llegaron al Barça después de triunfar en el Valencia. Pero en la Ciudad Condal resultaron ser poco resolutivas y nada destacables. Es más, los dos últimos mencionados siguen siendo un escollo para el club catalán, que no sabe (hablando en plata) cómo quitárselos de encima.

Mathieu en su presentación con el Barça.

Jeremy Mathieu.

Jeremy Mathieu costó 20 millones de euros y se fue por cero, con una resolución anticipada del contrato. Llegó en la temporada 2014/15 y se fue tres años después al Sporting de Portugal. Con el Barça, el francés ganó nueve títulos (dos Ligas, tres Copas, una Champions, una Supercopa de Europa, una de España y un Mundial de Clubes). Jugó 91 partidos oficiales y marcó 4 goles. Pero le castigaron las lesiones, sobre todo en su última temporada, cuando tuvo cinco y solo disputó 16 partidos.

André Gomes.

André Gomes.

André Gomes fichó en la temporada 2016/2017 y hasta el ejercicio 2020-21. El FC Barcelona pagó 35 millones de euros fijos más otros 20 en función de variables. En el acuerdo se incluyó una cláusula adicional: un premio especial de hasta 15 millones de euros si el jugador ganara el Balón de Oro. En estas dos temporadas ha jugado 78 partidos oficiales, ha marcado tres goles y ha ganado seis títulos (una Supercopa de España, tres Copas del Rey, una Liga, una Champions Cup y una Supercopa de Cataluña).

Paco Alcácer.

Paco Alcácer.

Paco Alcácer. El Barça lo fichó en la temporada 2016/2017 por 30 millones de euros fijos y unos variables de 2 millones en función de los resultados y los partidos jugados. Firmó un contrato de 5 temporadas con un salario de 2 millones de euros y una cláusula de rescisión de 100. Ha jugado 51 partidos oficiales de azulgrana y ha marcado 15 goles, muy pocos para los que se le exige a un delantero nato. En su palmarés se pueden ver tres títulos ganados con el Barça: dos copas del Rey y una Liga.

El Real Madrid tiene que hacer ya su equipo femenino… aunque lo del Barça no sea su culpa

El FC Barcelona hizo viajar a su equipo masculino en Business y al femenino en turista en el vuelo a EE UU. Y, como toda polémica que se precie, el Real Madrid se ha visto involucrado. La excusa, en esta ocasión, es que el club no tiene sección femenina, como sí ocurre con la gran mayoría de grandes equipos de España.

 El equipo masculino y femenino del Barcelona

El equipo masculino y femenino del Barça antes de partir a EE UU (TWITTER BARÇA).

Aquí, se mezclan dos temas. Por un lado, lo que hizo el Barça está mal, muy mal, y la culpa es única y exclusivamente de sus dirigentes, los de los mil conflictos que no viene a cuento ahora enumerar. Fueron torpes, y merecen ser criticados por ello, si los dos equipos van, o todos en Business, o todos en turista si no hay espacio para todos, por muy incómodo que sea para las estrellas. Y señalar a otro equipo es absurdo. Entiendo perfectamente el cansancio de muchos aficionados madridistas, pues parece que absolutamente todo lo que pasa es culpa del Real Madrid, desde la eliminación de la selección del Mundial hasta la muerte de Manolete.

Una vez aclarado este tema, vamos al otro. ¿Hace mal no teniendo equipo femenino el Real Madrid? Sí, rotundamente. Presumir de ser el mejor club de la historia y de seguir siéndolo (los éxitos deportivos lo avalan, además) exige estar acorde a los tiempos que corren, y estos demandan dar un papel protagonista a la mujer. En el caso del club blanco, ello debe hacerse creando una sección femenina de una vez, ya va algo tarde.

Esto, además, debe hacerse bien, con una apuesta económica acorde (que no sería tanto, dicho sea de paso) que permita al nuevo equipo competir con los grandes dominadores en España (Atlético y Barça últimamente) y en Europa (el PSG). La creación de este Real Madrid femenino daría un impulso brutal a la Liga Iberdrola, pues pondría a competir entre ellos a los colosos del fútbol nacional, algo necesario para contribuir al crecimiento del deporte rey también en su vertiente femenina. ¿Se imaginan un Madrid – Barça en un Bernabéu o Camp Nou lleno de aficionados? Qué mejor escaparate.

Florentino Pérez no ha cerrado la puerta a su creación, pero ha sido ambiguo con el cuándo, diciendo que se hará pero sin poner una fecha a ello. Y el momento es cuanto antes, mejor mañana que pasado.

Cristiano Ronaldo: desagradecido, egoísta, altivo y calculador

Hay madridistas descepcionados porque Cristiano Ronaldo se ha olvidado muy rápido de ellos. Ni una palabra bonita, ni una lágrima, ni un gesto de cariño… Una fría carta de despedida y nada más. Incluso ha dicho que irse del Real Madrid (o lo que es lo mismo: fichar por la Juventus) ha sido “fácil”. Y ¿dónde quedaron los reconocimientos a un club que le ha posicionado entre los mejores jugadores del mundo, que le ha llevado a ganar cuatro Champions, que le ha hecho ser cuatro veces Balón de Oro?

Ronaldo, antes del reconocimiento médico con la Juve. (EFE)

Ronaldo, antes del reconocimiento médico con la Juve. (EFE)

En su presentación de este lunes como nuevo jugador del equipo turinés, solamente supo dar las gracias, y con la boca pequeña, a una afición blanca que siempre lo ha idolatrado, pero que ahora lo critica por “desagradecido”. Y razones no le faltan. Cristiano llegó del Manchester como una promesa no del todo consolidada y se hizo realmente estrella en Madrid. Su talento, pero también la publicidad y el palmarés que le dio fichar por el club blanco (unido a que en La Liga está su eterno rival en lo individual: Leo Messi), lo alzaron a lo más alto del fútbol mundial. Sin embargo, el crack portugués se olvida rápido de lo que debe. Pero ¿a quién le sorprende?

Echemos la vista atrás. ¿Qué es lo que Cristiano más ansía? Ser el mejor, estar por encima de los demás, le pese a quien le pese y caiga quien caiga. Los goles, el dinero y ganar son las mayores ambiciones del luso. Su ego se ha visto reflejado sobre el terreno de juego, pero también en sus palabras. Recordemos sus polémicas frases: “Mi futbolista favorito soy yo”, “soy el primer, segundo y tercer mejor jugador del mundo” o “soy rico, guapo y buen jugador. Me tienen envidia”. Eso es lo que quiere, causar envidia. Es su obsesión. Pero también es su marca. La marca Cristiano requiere eso: chulería, egoísmo y todos los adjetivos contrarios a la humildad. Con eso se ha hecho grande y es algo que nunca va a cambiar.

Y en Turín volvió a demostrarlo. “He hecho una historia brillante en el Real Madrid”, afirmó el luso en la rueda de prensa. Solo él ha hecho historia, nada de compañeros, nada de club. Él, él, él y siempre él. Cristiano quiere desafíos, dijo, pero también quiere dinero, digo. Y es que lo que el portugués realmente ansiaba era que el Real Madrid le subiera el sueldo porque ganaba poco, claro, en comparación con Messi. Chantaje tras chantaje no consiguió que Florentino cediera y pidió que lo dejaran irse para cobrar más. Para salir en todos los titulares y para decepcionar (aunque no se sabe si queriendo) a una afición que lo tenía posicionado en un altar.

Cristiano es un polémico jugador, siempre criticado por algunos sectores, pero muy querido por otros. Algo que no ha valorado. Pero, tranquilos, tampoco lo hará con los bianconeros. No vale la pena lamentarse por esto, era la crónica de una despedida anunciada. Y… casi mejor que se vaya a defraudar a otro país.

Griezmann es el encargado de destronar a Messi y Cristiano del Balón de Oro

Cristiano y Messi levantan un Balón de Oro.

Cristiano y Messi levantan un Balón de Oro.

Si el Balón de Oro se diera al mejor jugador del mundo y no al mejor jugador de la temporada, siempre se lo llevaría Leo Messi. Es una realidad como una catedral de grande. Pero, claro, no sería ni justo ni atractivo. Su talento es indiscutible (le preguntes a quien le preguntes) y su aportación al Barça totalmente necesaria. Es verdad que con la Albiceleste tiene un gafe que no ha podido quitarse y no triunfa como un jugador de su calaña debería. Y, en año de Mundial, esto juega una mala pasada a la hora de elegir al ganador de trofeo. Esto, previsiblemente es lo que pasará este año.

Messi no se lo llevará, pero tampoco Cristiano Ronaldo, quien los últimos años ha seguido su estela e incluso ha logrado igualarlo con cinco balones dorados sobre su vitrina. Si es verdad que el luso ha ganado una Champions y comenzó la cita mundialista enchufado, pero ni siquiera logró llegar a los cuartos con Portugal. Se acabó la competición entre Messi y Cristiano, tanto en la Liga como en la lucha por el Balón de Oro. Tampoco Neymar —el que se creía que podía ser sucesor de los dos craks— será el que impida que alguno de ellos gane el sexto premio debido a su ‘no descacada’ presencia en Rusia.

Y es que estamos ante una nueva era, siempre que los periodistas que votan lo permitan. Y ojalá que así sea. El Balón de Oro “está considerado como el mayor honor individual a nivel futbolístico del mundo”, afirman desde France Football, la revista especializada que lo otorga. Para obtenerlo, no vale con ganar una Liga o una Champions, tienes que haber ganado algo más difícil, como lo es un Mundial.

En nuestra memoria siempre quedará aquel Balón de Oro que debería haber ganado Andrés Iniesta (2010, cuando España ganó el Mundial de Sudáfrica). Antes, en año mundialista, se lo llevaron Fabio Cannavaro, después de que Italia se alzara como Campeona del Mundo; Ronaldo Nazàrio cuando la ganadora fue Brasil o Zinedine Zidane, con Francia en lo más alto.

Y es que (exceptuando el año 2014 y 2010, que se lo llevó Messi), en años de Mundial, lo habitual es que lo gane algún integrante de la selección campeona. Este año estaba merodeando entre croatas y franceses, y no era desmesurado meter en la quiniela a estrellas del estilo de Mbappé (Francia), Modric o Rakitic (ambos de Croacia). Sin embargo, tras la gran final, el firme candidato que arrasa todas las apuestas es Antoine Griezzman, actual campeón del Mundo con los galos y autor de uno de los cuatro goles que dieron la victoria a su selección. También fue el que provocó el autogol de Mandzukic y el que lanzó el córner que provocó el penalti que marcó. No podía hacer más en 90 minutos y eso podría llevarlo a lo más alto.

De esta manera, por fin, Cristiano y Messi dejan de ser los claros favoritos para ganar el Balón de Oro y…. Griezmann (que también ganó la Europa League este año con el Atlético de Madrid) es un gran sustituto. Lo veremos a final de año, para lo que todavía queda mucho, casi un mundo.

Adiós, Cristiano: fuiste el enemigo perfecto

Cristiano y Koke, en el último derbi madrileño (EFE)

El otro día decía que me sentía como un bicho raro por ser colchonero y no estar contento por la marcha de Cristiano Ronaldo del Real Madrid y de nuestra Liga. En el fondo, tengo sensaciones enfrentadas. Por un lado, la satisfacción de no verlo (si las bolas de los sorteos de Champions no lo evitan) amenazar la defensa atlética. Por otro, cierta penilla. Sí, es así: era el enemigo perfecto.

¿Qué sería de Harry Potter sin Voldemort? ¿De Luke Skywalker sin Darth Vader? ¿De Sherlock Holmes sin Moriarty? Cristiano Ronaldo era un villano tan completo que parecía creado en la ficción.

Era tan fácil odiarle (por favor, entiéndase que en el sentido deportivo de la palabra): Su teatralidad, su gestualidad, su pomposidad, su mal ganar, su peor perder, sus estilismos, su ego, su caterva de aduladores, un club plegado a sus deseos y a sus caprichos… lo teníamos a huevo.

Ahora, qué… no podemos detestar a Bale, que es un muchacho sano y poco dado a teatros. O a Modric, ese amigo que decide no beber para llevar él el coche (este chiste lo vi por Twitter -lamento no recordar el autor- y tenía que compartirlo). O a Isco, que al fin y al cabo es una de las estrellas de la selección.

Esto sólo lo puede solucionar el propio Real Madrid. ¿Cómo? Fichando al que sería la gran némesis de los rivales del Real Madrid por todo el orbe. Un jugador que, a su lado, Cristiano parecería un chico majete. Sí, me refiero a Neymar Júnior. Sería más fácil para todos. El brasileño nos cae mal de serie.

El madridismo te está agradecido, Cristiano, pero te equivocas yéndote

Empecemos primero por el final: cuando alguien quiere acabar con una relación, es mejor abrirle la puerta, en todos los aspectos de la vida. El que no quiera estar, que no esté. Vale para el amor, para una amistad, para una empresa y, por supuesto, también para el fútbol.

Cristiano Ronaldo

Cristiano Ronaldo besando la Champions (ARCHIVO).

Y ahora, vamos al principio, al porqué del eterno agradecimiento que le debe el aficionado del Real Madrid a Cristiano Ronaldo. Cuando llegó, el club estaba absolutamente destruido, en la miseria deportiva. El Barça acababa de ganarlo todo con un fútbol que enamoraba y con un equipo joven, con un estilo atractivo, y con el mejor jugador del mundo, Messi. Era tal la desesperación blanca, que se celebró una Copa del Rey (2011) como si de una Champions se tratara. El gol, ese 1-0 al eterno rival, lo marcó, por supuesto, él.

Fueron duros esos primeros años, con pocos títulos y más derrotas que victorias ante ese tremendo Barcelona, el mejor de la historia. Poco a poco, la tendencia fue cambiando, y el gran culpable fue una bestia parda, un jugador que metía más de un gol por partido, el único capaz de plantar cara a Leo, de llegar finalmente a derrotarle.

De Cristiano se puede criticar su carácter egoísta, esa forma chulesca que tiene de hablar, cómo se cree el centro del universo, su carácter obsesivo. Pero todo eso, precisamente, es lo que le ha llevado a ser lo que es. Y, sobre todo, lo que ha hecho que el Real Madrid haya ganado tres Champions seguidas, cuatro de cinco, que el madridismo viva días de vino y rosas.

Creo, sinceramente, que te equivocas, Cristiano, que sales perdiendo con esta decisión, que te arrepentirás. Estás muy, muy cerca de alcanzar a Messi. De superarle, incluso. Y marchándote te lo pones más difícil a ti mismo, ojalá te vaya mejor que a otros que aún hoy se arrepienten de haberse ido.

¿Vender a Cristiano? Solo si vienen o Neymar o Mbappé

Hace tiempo que muchos madridistas quieren vender a Cristiano Ronaldo. Su carácter no gusta, en general. Es egoísta, nadie lo discute. Le gusta ser el gran protagonista, da igual en qué circunstancia, como si su equipo acaba de ganar la final de la Champions. Es capaz de estropear, en parte, la fiesta a muchos hablando de él, de si seguirá, del dinero que debe ganar, de lo que se merece. ¿Celebrar que tu equipo ha ganado una Champions? No, él ha venido a ‘hablar de su libro’.

Mbappé y Cristiano

Cristiano y Mbappé tras el Real Madrid – PSG de Champions (EFE).

Pero esto no va de simpatías, va de ganar. Y con Cristiano se gana, y mucho. Tres Copas de Europa seguidas, cuatro en cinco años. Está el Madrid en uno de los mejores momentos de su historia, y no por ello hay que caer en la autocomplacencia. Es una costumbre bastante molesta del club blanco en los últimos años relajarse, en cuanto a fichajes se refiere, después de ganar la Champions. Pasó en 2014, y la cosa acabó en triplete del Barça. También en 2016 y 2017, este último año con desbandada de los Morata, James y compañía que debilitaron claramente una plantilla que se quedó corta.

Cristiano tiene ya 33 años, por mucho que él se sienta como si tuviera 23. Puede dar todavía algún año más al máximo nivel, pero no demasiados. Uno, dos, quizás tres. Y es por ello que si él no se siente cómodo, es buena opción hacer caja y sacar un buen saco de millones vendiéndolo. Pero ojo, pongo una condición a ver bien esa venta.

Si se va, hay que fichar a un súper crack sí o sí. O Neymar, o Mbappé, no hay más en el mercado. Porque después de cuatro años gastando poco e ingresando mucho, solo faltaba que ahora se permitiera irse al mejor jugador del equipo y que no venga un sustituto a su altura. Y si es imposible fichar a ‘un Neymar’, hay que decirle a Cristiano que o trae los mil kilos, o una cifra escandalosa, o que se tiene que quedar. La posición de fuerza es la del Madrid.

España no solo aburre, fue cobarde y toca pedir responsabilidades a Rubiales

España ha muerto víctima de un estilo llevado al extremo, al absurdo. La posesión para no atacar, el pase horizontal para que no te metan gol, la parodia del tikitaka. Qué esperpento el partido ante Rusia en el Mundial.

Diego Costa y Aspas

Iago Aspas entra por Diego Costa en el España – Rusia.

Es momento de reflexionar en nuestro país sobre qué es jugar bien, porque esto no lo es. Poner a un grupo de jugones a pasarse el balón en el centro del campo sin ninguna intención de marcar un gol no es fútbol, al menos el concepto de buen fútbol que todos tenemos. Sinceramente, lo de la primera parte, ganando 1-0 a un rival menor, fue de vergüenza ajena.

Si la primera parte fue el no querer, la segunda fue el no poder. Un equipo de jugadores tan parecidos que da igual que jugara Silva o que entrara Iniesta. Nadie disparaba a puerta desde lejos, porque ninguno está acostumbrado a ello. Nadie encaraba en la banda para buscar un pase desde un lateral. Siempre el pase atrás, el pase interior con suerte entre la nube de defensas rusos.

Y España fue cobarde. Sí, cobarde. Con empate en el marcador, los cambios fueron de hombre por hombre, posición por posición. Ni un solo riesgo. Siempre el doble pivote, con Busquets y Koke solapándose en una labor defensiva que ya era inútil. Se quiso asegurar los penaltis, y los penaltis nos condenaron.

El señalado en estos casos suele ser el entrenador, pero cómo se va a culpar solamente a Fernando Hierro de eso, un hombre que solo había entrenado al Oviedo y que bastante hizo con aceptar el desafío/marrón de dirigir a España. Sus cambios no fueron valientes, aunque la responsabilidad no es solo suya, es del que decidió cargarse un proyecto a dos días del Mundial por un ataque de cuernos. Gracias, señor Rubiales. Disfrute la decisión que tomó.