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"El fútbol no es una cosa de vida o muerte, es mucho más que eso". Bill Shankly

Archivo de febrero, 2018

¿A qué hora es la Champions?

El fútbol moderno está acabando con todo, absolutamente con todo. El último de los placeres que nos arrebata vendrá la temporada que viene, con el cambio en los horarios de la Champions.

Gol de Cristiano al Bayern

Gol de Cristiano al Bayern (EFE).

Ese momento en el que alguien pregunta “¿A qué hora es la Champions?” es uno de los favoritos en redacciones y grupos de amigos. Al principio era algo que molestaba un poco, la verdad, pero con el paso de los años se ha convertido en una situación de lo más graciosa. “Joder, a las nueve menos cuarto, como desde hace 20 años”, suelta siempre alguien entre las risas generalizadas por todos, incluso los que pasan del deporte rey.

Ahora, con los nuevos cambios, nos han quitado eso. El “¿A qué hora es la Champions?” cobra sentido, habrá partidos a las 18.55 (¿¿??) y a las 21.00 horas. Se acabó mofarse de la persona en cuestión, ese tiempo ahora hay que dedicarlo, los que somos periodistas, a hacer noticias de “Horario del partido de hoy de la Champions”.

El caso Simeone-Torres: en este río revuelto los pescadores no son del Atleti

Simeone y Torres, en un partido de la temporada pasada (GTRES).

Recuerdo hace unos años, en plena efervescencia del enfrentamiento interno en el madridismo entre ‘casillistas’ y ‘mourinhistas’, muchos atléticos nos dábamos golpes de pechos pensando que eso no nos iba a pasar a nosotros. Y sí, amigos, nos está pasando. Con el Cholo Simeone y con Fernando Torres.

“Qué disgusto me ha dado el Cholo con lo de mi Niño, no se lo perdono”, he leído esta mañana en un grupo de WhatsApp en el que estoy y donde las rayas rojas y blancas son las predominantes. ‘TwitterAtleti’ echa humo. Y es que este miércoles Simeone respondió con un “no” a la pregunta: “¿Estaría dispuesto a intentar que Torres continuase también una temporada más?”.

Algunos medios deportivos, especialistas en abrir portada con las desgracias a unos pero nunca con las de otros, han puesto en grandes titulares este asunto, representando incluso una ruptura física entre los dos principales símbolos del Atleti en la actualidad (con permiso de don Gabriel Luis Fernández Arenas): Diego Simeone y Fernando Torres.

Se sienten los ‘torristas’ dolidos por las palabras del Cholo, más aún cuando hace unos días instó a la afición a que hiciese “todo lo posible” por retener a Griezmann, indiscutible estrella del club que no pasa por su mejor momento en su relación con la hinchada. En cambio, al mito, al Niño, al canterano le muestra la puerta de salida.

Los ‘cholistas’ replican que es la respuesta lógica a una campaña de acoso y derribo que el ‘entorno’ (esta palabra me encanta: sirve para todo) de Torres ha iniciado contra Simeone, bien por su juego, por sus alineaciones o directamente, por no sacar a Torres más.

Yo tengo mi opinión al respecto. El que me conoce sabe perfectamente de qué lado estoy. Pero no voy a añadir nada, porque creo que del lado del que debemos estar todos es el del Atlético de Madrid. En estos ríos revueltos ganan los pescadores y, creedme, ninguno de ellos es del Atleti. El equipo está en una fantástica posición en Liga. No queda mucho para el partido ante el Barça, el que será definitivo para el futuro del campeonato, y entrar en estas polémicas de instituto no hace más que perjudicar.

Ahora bien: la afición debe mantenerse al margen, pero tampoco estaría de más que el jugador diera un puñetazo en la mesa y acallara a su ‘entorno’. Y el Cholo, que contara hasta diez antes de responder. O mejor aún: hacer lo que mejor hacen los argentinos: hablar, hablar mucho, pero sin decir nada.

Y ahora, Copenhague.

Cinco motivos por los que el Atlético de Madrid debe ir a muerte a por la Europa League

Así celebró el Atlético la Europa League hace seis años (EFE).

El invierno futbolístico ha pasado y regresan las competiciones europeas. Pero para el Atlético de Madrid no suena ya el pegadizo himno de la Champions, sino que lo se escuchará en el flamante Wanda Metropolitano será el himno de la Europa League (admítanlo, no recuerdan la melodía).

Pero lejos de caer en el desánimo o la desidia, creo que el Atlético de Madrid debe afrontar al máximo esta competición. Voy a darles cinco motivos.

  1. Hay que visitar Neptuno. La última vez que los colchoneros se dieron un baño de masas ante el dios romano del mar fue tras la Liga de 2014. Después saborearon el amargo gusto de las dos derrotas en Champions. Este periodo inolvidable de ‘cholismo’ necesita un alegrón de este calibre.
  2. Nos trae buenísimos recuerdos. Les seré sinceros (y me consta que le pasa a muchos atléticos): detesto la Champions. La odio. Me ha hecho sufrir mucho. Me pasa lo contrario con la Europa League, a la que le tengo un cariño especial cuando pienso en Hamburgo, el Fulham, Bucarest o aquella final ante el Athletic Club con Falcao y Diego Ribas en plan estrella.
  3. Hay rivales de prestigio. El año pasado la ganó el todopoderoso Manchester United de Mourinho. Y este año hay equipos de tronío: el Borussia Dortmund, el Arsenal, el Olympique de Lyon, la Lazio, el Nápoles o el Milan. Aunque alguno de ellos no esté pasando por su mejor momento, jugar en San Siro o San Paolo, el Emirates o en el Westfalenstadion lo mola todo.
  4. Ganarla te asegura la Champions. Sí, ya sé que en Liga está todo de cara para la clasificación de la Champions 2018/2019. Pero no te puedes confiar y asegurarte jugar la máxima competición europea es fundamental, más que nada por lo económico.
  5. Hay que desempatar. Actualmente, Atlético de Madrid y Sevilla están empatados en número de títulos internacionales (6 cada uno). Los colchoneros, si ganaran este año un título europeo, igualarían a equipos como el Oporto o el Manchester United.

Así que ya saben: ¡A animar!

San Valentín: día perfecto para reconciliarse con el Real Madrid… o ruptura definitiva

Hace un par de sábados, me indigné un poco con un grupo de aficionados del Real Madrid. Corría el minuto 82 del partido ante el Levante, e Isco marcó el segundo gol de los blancos, el que se suponía que iba a dar la victoria. Lo celebraron por todo lo alto, como si fuera un tanto clave en la lucha por la Liga, como si enfrente estuviera el PSG y no un equipo de la zona baja de la clasificación.

Cristiano Ronaldo

Cristiano Ronaldo se mira la brecha en el móvil (EFE).

Me alegré de ese gol, que nadie lo dude, pero no me sale esbozar más allá de una sonrisa. Me parecía hasta insultante celebrar por todo lo alto que le íbamos a meter tres puntos más de ventaja al quinto clasificado, o que podíamos recortar la distancia con el tercero.

Viendo mi reacción, me ha dado por pensar qué pasaría si el Real Madrid, por un casual de la vida, elimina al Paris Saint-Germain en los octavos de la Champions. ¿Compensaría todos estos meses de disgustos, de derrotas sonrojantes, de momentos humillantes? Por triste que parezca, me parece que la respuesta es que no, que se necesita mucho más que una victoria ante un súper equipo para reconciliarnos con este equipo. No vale con un par de partidos buenos, porque encima nos dejaría con la sensación de que todo lo que ha pasado esta temporada es porque han elegido cuándo jugar bien, qué día mostrar su mejor versión.

En estos cinco meses, este equipo que nos ha dado tantas alegrías (dos Champions seguidas, me gusta recordarlo) también nos ha quitado la ilusión de verle, de celebrar con rabia sus goles. Y ese debe ser el objetivo de lo que queda de año y del proyecto que se hará este verano: no es solo volver a ganar, es volver a ilusionar. Enamorarnos de nuevo de este Real Madrid, poco a poco. Y qué mejor fecha que empezar a hacerlo que en San Valentín y ante el equipo parisino.

La final de OT la vio menos gente que un partido random de la Copa: el fútbol sigue siendo el rey

Hoy, es un buen día para venir a hablar de mi libro, que diría Umbral. Toca hablar de audiencias, de qué ve la gente en televisión, qué es lo que elige para desconectar después de una, probablemente, semana de mierda con mal tiempo y pocos planes que hacer.

Barça - Valencia

Barça – Valencia (EFE).

El fútbol, el blanco fácil de cualquier cultureta, ese deporte que quita espacio a la cultura, que diría Leticia Dolera, que reúne a más de 100.000 personas en un campo que creen que La Regenta es una peli porno, sigue siendo lo que la gente prefiere ver en televisión.

Ayer, la gala de OT (que no me perdí, por supuesto, no quiero quedarme fuera de muchas conversaciones) reunió a casi 4 millones de personas. Un exitazo, al parecer. Récord de audiencia. Pues bien, un partido random de la Copa del Rey, la ida de las semifinales de la Copa del Rey de la semana pasada, que registró además la peor entrada de la temporada en el Camp Nou, fue vista por… casi 5,5 millones de personas (entre Telecinco y Gol).

No hay que irse a una final de la Champions (casi 10 millones la del Real Madrid ante la Juve el pasado junio), no. Un partido de interés medio, sin el equipo que más audiencia da, ya iguala a la final de Operación Triunfo… y tiene un millón más que los Goya. No está mal recordar qué les apetece ver a los españoles. Guste, o no guste.

Piqué da al Espanyol de su misma medicina

Gerard Piqué no dijo lo que dijo ni hizo lo que hizo en vano. Tenía un por qué: vengar los insultos que desde la grada de Cornellà-El Prat dirigen en cada derbi los aficionados del Espanyol a su mujer y a sus hijos. Comenzaron con una pancarta donde se podía leer “Shakira es de todos”, y siguieron con gritos como “Shakira es una puta”, “Milan muérete” o “Shakira tiene rabo, tu hijo es de Wakaso”. Y no fue una vez, fueron varias las ocasiones en las que muchos (seguro que no todos) de los hinchas pericos ofendieron a coro a la familia de Piqué. La última, este pasado domingo.

Gerard Piqué manda callar a los aficionados del Espanyol. (EFE)

Gerard Piqué manda callar a los aficionados del Espanyol. (EFE)

LaLiga ya multó la pasada temporada con 24.000 € al Espanyol. El equipo pagó la sanción. Pero ¿de qué sirvió si su afición sigue faltando el respeto del contrario? Eso mismo se preguntará Piqué, que harto de que se metan con su familia, se ha tomado la justicia por su mano. Una justicia que ha fallado y que ha pasado por alto muchas de las ofensas de la grada. Piqué no hace más que defender a los suyos, una y otra vez, como haríamos cualquiera.

Se ha jugado que el Comité de Competición de la Federación Española de Fútbol (RFEF) le abriera un expediente y que le critiquen más de lo que ya lo hacían. Y es que prefiere ser él quien esté en ojo del huracán, no sus hijos ni su mujer. Por eso el domingo el central culé hizo un gesto para mandar callar a los pericos (como ya hicieron muchos jugadores en otros estadios). Por eso dijo que “el Espanyol está desarraigado”. Porque intenta lograr que, al menos, se pongan en su lugar con su misma medicina.