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Cuando la pequeña pantalla se comió a la grande

Archivo de noviembre, 2016

Gilmore Girls: A Year in the Life, los claroscuros del esperado regreso

gilmore_girls_a_year_in_the_life_averseriesGilmore Girls fue de esas series que vi en perfecto maratón. Cuando empecé a vivir con mi marido, él la tenía grabada entera y, al regresar del trabajo me sentaba en mi butaca reclinable y me olvidaba del mundo. Stars Hollow es uno de esos pueblecitos idílicos del mundo de las series, quizás el más parecido a Cicely (Doctor en Alaska) por la peculiaridad de sus personajes y, sobre todo, porque está habitado por buenas personas. No hay asesinos (Mujeres desesperadas) ni el mal sobrevuela la comunidad (Twin Peaks). La vida fluye apaciblemente entre parterres de flores, tazas de café, luces de Navidad, adornos otoñales y vecinos que se saludaban los unos a los otros al pasar.

Si a este contexto le sumas unos personajes carismáticos, una relación madre e hija —que también son las mejores amigas del mundo—, unos guiones plagados de referencias literarias y de la cultura pop («llevas más maquillaje que RuPaul») y relaciones sentimentales y familiares, ya tienes una de esas series que las féminas (y también algunos hombres, pero menos) adoramos. Es el escapismo perfecto. Sabes que, aunque las cosas se puedan torcer, ninguna cabeza rodará por el suelo (ay, Ned) y al final volverá a brillar la luz del sol.

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Un momento de Treme para vosotros en el Día de la Música

El anticlimático pero excelente final de The Fall

the-fallLas dos últimas semanas las publicaciones del blog han sido un poco irregulares porque ando muy ocupada preparándoos una sorpresita de la que pronto tendréis conocimiento (tacháan) y, además, apareció The Crown para poner mi parrilla televisiva patas arriba. Sin embargo, no quería que pasara más tiempo sin comentar la conclusión de una de las series más perturbadoras que he visto nunca: The Fall, una narración que tiene como protagonista a uno de los psicópatas que más miedo me han dado: Paul Spector, interpretado por Jamie despiertapasiones Dornan.

Cuando The Fall llegó a nuestras vidas lo hizo con una declaración de intenciones: 1) ni siquiera los musculitos de Dornan iban a evitar que se nos revolviera el estómago con sus acciones de violencia extrema contra las mujeres y 2) su antagonista, la detective Stella Gibson (Gillian Anderson) de Scotland Yard, encarnaría todo lo que Spector quería anular: una mujer independiente y dueña de su vida, inteligente y elegante, que no se somete a los hombres y que gracias a su profesionalidad ha llegado a una posición de poder.

El conflicto estaba servido. (Atención, Spoilers)

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The Crown, la mejor serie de Netflix

thecrown_averseriesEl otro día escribía en Twitter que, si continuaba de la misma manera que había arrancado, The Crown iba a convertirse en la serie más sobresaliente de Netflix hasta la fecha. Pues bien, lo ha conseguido. Los diez episodios de este biopic de presupuesto desorbitado —la promoción hablaba de «la serie más cara de Netflix»— sobre la vida de Isabel II de Inglaterra me han hecho sentir desde el primer momento esa fantástica sensación de entretenimiento y placer estético e intelectual que se experimenta ante una gran historia, sea en el formato que sea.

The Crown, creada por Peter Morgan (que ya abordó el tema de la casa real en el guion de The Queen, de Stephen Frears) destila calidad por todos sus poros: la producción es un deleite visual, cuidado hasta el último detalle en la puesta en escena y ambientación; la elegancia en la dirección y supervisión de Stephen Daldry (que dirige algunos episodios y es productor ejecutivo) se manifiesta en cada plano y la exquisita banda sonora logra realzar el dramatismo y emoción de las escenas. (Puedes leer sin riesgo a spoilers)

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Black Mirror y el fin de la sorpresa

black-mirror-season-3-mackenzie-davisCharlie Brooker se ha convertido en uno de los creadores actuales que mejor saben pulsar los hilos de la conciencia. La reflexión sobre el uso pervertido de la tecnología, capaz de aislar al individuo en su propio mundo de egocentrismo y obsesión, ha permitido que Black Mirror se convierta en una serie de culto. Sus escasos episodios —siete en total si contamos el especial de Navidad—, hacían de la emisión de la serie un acontecimiento que creaba tantas expectativas como apasionadas conversaciones posteriores.

El salto de Channel 4 a Netflix, es decir, de la televisión británica a la americana, y la ampliación de la duración de la tercera temporada (seis episodios, casi el total de los emitidos hasta la fecha), crearon dudas acerca del mantenimiento de su calidad narrativa y, sobre todo, de si el consumo de los episodios en maratón, sin la dosificación semanal, proporcionaría la adecuada dosis de impacto a la que nos tenía acostumbrados.

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