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Cuando la pequeña pantalla se comió a la grande

El ascenso y caída de Sarah Palin en ‘Game Change’

«No fue una campaña, fue un reality show.» Con esta contundente frase resume el personaje de Steve Schmidt, interpretado por Woody Harrelson, la temática de ‘Game Change’, flamante ganadora del Emmy 2012 y del Golden Globe 2013 en la categoría de mejor película o miniserie. La historia, basada en el libro homónimo de los periodistas John Heilemann y Mark Halperin, describe la elección, preparación y lanzamiento de la gobernadora de Alaska Sarah Palin para optar al cargo de vicepresidenta de los EE UU, de la mano de John McCain. Pero, sobre todo, la película muestra las distintas facetas de su personalidad, su ideología y su viaje personal y moral, plagado de grandes éxitos y duras caídas, durante las elecciones presidenciales de 2008.

Avalada por el sello de calidad de la HBO y dirigida por Jay Roach, la película se adentra el mundo de las campañas, el papel de los asesores y el espectáculo que constituye el juego político. ‘Game Change’ posee un guión ágil y bien urdido y, sobre todo, destaca en el terreno de la interpretación, con una Julianne Moore camaleónica que consigue meterse por completo en la piel de Sarah Palin, con un parecido físico casi sobrenatural. Por esta actuación, Moore recibió el premio Emmy y Golden Globe a mejor actriz principal en miniserie o telefilme.

Magnífica también es la interpretación de Woody Harrelson, que da vida al experto asesor Steve Schmidt, uno de los responsables de la elección de Palin. En un papel secundario, aunque también interesante, Ed Harris efectúa una creíble interpretación como John McCain, que le valió el Golden Globe 2013 al mejor actor secundario en miniserie o telefilme. También encontramos otros rostros conocidos: Sarah Paulson es Nicolle Wallace, la sufrida jefa de prensa de la campaña, y Peter MacNicol, el ‘bizcochito’ de Ally McBeal, Rick Davis, miembro del equipo de asesores.

La película, con una tendencia ideológica claramente definida, analiza la preparación de las campañas y lo impostado del mundo de la política. Las elecciones presidenciales son un gran espectáculo para las masas, y los candidatos «deben poseer el carisma de una estrella de cine», como dice MacNicol. «Palin lo tiene. Obama también.» Sin embargo, como se verá a lo largo de la narración, las diferencias entre ambos son abismales. La improvisada elección de Sarah Palin para optar un cargo tan relevante acarrea consecuencias inesperadas y devastadoras. 

Palin, elegida por su poder de convocatoria y su discurso demagogo y populista, representa a esa América religiosa, ultraconservadora y familiar. Es una hockey mom (término para designar a la típica ama de casa de clase media), madre de cinco hijos (uno de ellos destinado en Irak y otro con síndrome de Down), una política ambiciosa, una osada ignorante, una gran actriz capaz de conmover con su discurso y de provocar empatía en quien la escucha. También posee una ambición desmedida. Pero, según la lucha electoral se recrudece y los candidatos deben salir de su zona de confort en los mítines y realizar entrevistas en los medios, comienzan a verse sus enormes déficits. De hecho, Palin es presentada como una absoluta ignorante que no sabe ni tan siquiera que el primer ministro de Gran Bretaña es el jefe de Gobierno, con tremendas carencias en temas fundamentales para el cargo.

Tina Fey se ríe de Palin (ATENCIÓN, SPOILERS)
Es en este punto cuando la historia cobra mayor fuerza: con los intentos desesperados de los asesores por llenar las lagunas de la gobernadora. Y no es tarea fácil, porque hay que partir prácticamente de cero. Palin asiste a clases, prepara tarjetas con contenidos básicos que intenta memorizar. Pero son tantos y tan vastos los conocimientos que debe adquirir que empieza a sentirse abrumada, superada. La jefa de prensa no puede postergar por más tiempo la concesión de entrevistas con periodistas políticos muy bien preparados, pero sabe que aquí la gobernadora se la juega. Su preocupación no es en vano. En una entrevista con una importante cadena, Palin comete un fallo garrafal que la pone en ridículo y la convierte en el blanco de la sátira política. De hecho, la película recoge los sketches de ‘Saturday Night Live’, con Tina Fey como Palin y Amy Poehler como entrevistadora. Aquí os dejo el momento.

Con el estrés y la presión, Palin se convierte en un personaje desquiciado. Cuando los asesores tratan de que se prepare a fondo para las entrevistas, se queda paralizada. Parece que, en cualquier momento, va a ser presa de una crisis nerviosa. Hasta tal punto vemos al personaje fuera de control, alejado de su red de seguridad y de su familia, que llegamos a empatizar con él. Sin embargo, nuestra implicación emocional dura poco. Es aquí cuando Palin muestra su lado más oscuro, su falta absoluta de autocrítica y sus arrebatos egocéntricos, que evidencian su soberbia, cinismo y el deseo más turbio por lograr el poder, al que no quiere renunciar después de su baño de multitudes. Palin es tan despreciable que sus propios asesores se sienten profundamente preocupados por el monstruo que han creado y encumbrado.

Sarah Palin

Explotar su talento como actriz
Lograr encontrar el modo de salvar la campaña se convierte en el leit motiv del equipo de asesores. McCain permanece ajeno a lo que sucede con su segundo de abordo. Si antes el problema a superar eran las entrevistas en profundidad, el siguiente reto es el debate. Como en ‘Gran Hermano’, los asesores-concursantes deben encontrar la solución para que su candidata no quede a la altura del betún. Las tarjetas no han funcionado, así que ¿por qué no explotar su talento natural para la actuación? Aprenderse un texto y repetirlo con énfasis es la solución. Detrás de los discursos preparados sabemos que hay un personaje hueco, tan deficiente moral como intelectualmente, pero ¿qué más da si puede ganar elecciones? Ésta es la verdadera cuestión que se plantea en el film. Pero no. No todo vale.

Una vez superada la crisis y ganado el debate, Palin vuelve a convertirse en el mismo ser endiosado y fuera de la realidad. Sabe que arrastra a las masas más radicales, y su discurso se empieza a fanatizar con un mensaje que, no sólo se opone al programa de McCain en determinadas cuestiones, sino que directamente arremete contra el adversario con mentiras y mensajes exaltados, próximos a los sectores ultraconservadores. Llamar terrorista a Obama o permitir que la gente que asiste a sus mítines pida su cabeza son algunas de las lindezas. Hasta el propio McCain defiende a Obama en un mitin, explicando que esos argumentos fanáticos están muy alejados de la realidad.

En este sentido, Palin dinamita la campaña de McCain, intentando atraer el voto de los elementos más ultra. También dinamita las relaciones con su propio equipo asesor, que la llega a considerar una elección equivocada. En el fondo de ‘Game Change’ subyace una idea fundamental: aunque la política sea un juego y todo esté preparado y medido, hay límites de decencia que no hay que traspasar, aunque esta decisión conlleve la pérdida de electores. A diferencia de Palin, McCain posee una calidad moral de respeto a su adversario y de dignidad que lo salva de la crítica despiadada a la que es sometida la gobernadora de Alaska. La única (y seria) pega que se le puede hacer al film es su excesivo sesgo ideológico que, aunque intenta recoger también las facetas más humanas de Palin −sobre todo en lo que se refiera a sus relaciones familiares−, se acaba convirtiendo en una declaración de intenciones pro-demócratas.

Nota en Mis Puntuaciones

4 comentarios · Escribe aquí tu comentario

  1. Dice ser Anonymous

    Me decidí a ver la película cuando me enteré de los premios y me sorprendió para bien. Entiendo que la cinta peque de querer dirigir al público hacia una ideología pro-demócrata, como bien dices, pero también hay que ver cómo es tratado McCain, a quien se le presenta como un buen republicano, con una ideología no tan extrema e interesado en el bien común. La política es un juego de poder e intereses y yo creo que está claro el mensaje de la película: “todo vale” con tal de llegar y el poso de incertidumbre que deja después de verla. El cambio de juego salió mal, pero eso no quiere decir que en otros casos sí se llegara a buen puerto, dejando al país más poderoso de la tierra en manos de perfectos ineptos. Saludos y enhorabuena, suelo asomarme por aquí y me gusta leer tus opiniones sobre series “futuribles”. Una recomendación: Garrow´s Law, terminé de verla hace poco y me pareció muy interesante. Juicios a la usanza de finales del s. XVII, recreados por la BBC. Tres temporadas.

    06 febrero 2013 | 20:39

  2. Dice ser Cecilia García

    Muchas gracias por el comentario y por pasarte a visitarme a menudo! Sí, tienes razón en que a veces (la mayoría de las veces) el juego funciona y el Gobierno más poderoso del mundo cae en manos de ineptos, no hay más que recordar a George Bush. Quizá en este sentido la peli sea una poco utópica y le falte todavía más autocrítica. Por otra parte, gracias por la recomendación de la serie!! No la conocía. Ahora mismo también estoy viendo otra inglesa, de época y con juicios: ‘Bleak House’. Un saludo!!

    07 febrero 2013 | 09:50

  3. Disfruta Bleak House, es buenísima, estoy por decirte que se disfruta casi tanto como el libro y es menos extensa. A mí me gustó Game Change y no sólo por la portentosa interpretación de Julianne Moore sino por su ritmo endiablado, en ningún momento decae, no puedes perder de vista la pantalla ni un segundo porque te pierdes un gesto o una frase importante. No voy a entrar en cuestiones políticas, sólo que es totalmente creíble en la película y por tanto me creo que fuera en la realidad que un mal trabajo de todo el equipo, los asesores que tenían que elegir el candidato a vicepresidente, diera un mal resultado. Es lo que suele pasar, las chapuzas se pagan y las malas decisiones también, por eso, creo que el personaje del candidato McCain, no se ensaña con Sara Palin, es su fracaso y lo asume. Muy buena crítica.

    07 febrero 2013 | 16:30

  4. Dice ser Cecilia García

    Gracias Marien, es una de las cosas que más me interesan, la asunción de la culpabilidad del equipo y de McCain. Es algo de lo que tendrían que tomar nota los políticos de nuestro país, porque es cierto: las malas decisiones se acaban pagando. Por otra parte, de Bleak House he oído muy buenas cosas, y ahora que me la recomiendas tú pues todavía mejor. Un saludo y gracias de nuevo por tu interesante comentario.

    08 febrero 2013 | 09:59

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