Un microrrelato por día y cada uno de 150 palabras. Ni una más, ni una menos.

Archivo de marzo, 2011

La postura simulada

Ignacio era un hombre que tenía la gran capacidad de transformar su propio cuerpo cuando lo necesitaba, y las transformaciones se daban, mayoritariamente, mientras había una mujer presente. Ignacio, poseedor de un don ciertamente extraño, podía inflar el pecho, enderezar la espalda, meter la panza hacia adentro y formar unas marcadas abdominales en cuestión de segundos. Al principio no lograba aguantar la mutación durante mucho tiempo y por lo tanto, pasado los 2 o 3 minutos, le era necesario soltarse. Dejaba que su cuerpo volviera a su estado normal y en ese preciso momento renacían las grasas, se caían sus hombros y se desinflaba su pecho. Aún así, Ignacio continuó entrenando y mejorando su destreza, aguantando cada vez más y más la postura ideal hasta que hoy día, experto en su metamorfosis, sólo suelta la panza de noche, recostado sobre su cama, cuando ya nadie puede ver su verdadera figura.

Justificación de la inexistencia

El guía del museo se para delante del cuadro y el grupo se coloca en semicírculo para poder apreciar un lienzo totalmente vacío, carente de colores y formas. Mientras todos se miran de reojo tratando de entender lo que parece ser una tomada de pelo, el guía se esfuerza por encontrar el arte de la pintura:
—En esta obra podemos ver cómo el artista expresa «la nada» gestada en su trabajo. En la pintura, olvidada antes de comenzar, vacía como un cuerpo sin alma, simplemente vemos un lienzo. La inexistencia del trabajo expuesto está planteada por el pintor a modo de reflexionar sobre la presencia real del mismo. Una pieza excepcional, exenta de pinceladas, representa tanto el comienzo como el fin, cuestionando la relación del espectador respecto al tiempo presente, dejando que la tonalidad de la tela sea el punto cero, al mismo tiempo que final y definitivo —explica entusiasmado.

Jugando con la ropa limpia

Arranca una hoja cuadriculada y menospreciando la advertencia de su madre, David sale a jugar con la ropa limpia al patio de su casa donde la lluvia del día anterior todavía se hace presente en algunos charcos de agua. Elige el charco más grande para simular el mar de su futuro barco de papel y con la habilidad de un artesano, realiza los pliegos necesarios. Cuando el barco está terminado, lo apoya sobre el agua para probar su resistencia. Al ver que la compleja obra de ingeniería naval no se hunde, comienzan a subir los marineros y cuando todo está listo, un soplido de David le da inicio a la travesía. El barco navega durante algunos segundos hasta hundirse al impactar contra una rama. Cientos de personas se ahogan en el fondo del charco mientras la madre de David se desespera al ver a su hijo jugando con ropa limpia.

La tanda publicitaria

En un lugar de la Mancha, de cuyo nombre no quiero acordarme, no ha mucho tiempo que vivía un hidalgo de los de lanza en astillero, adarga antigua, «No se pierda nuestras increíbles ofertas del mes. Visite nuestro sitio web y aproveche los mejores precios en tecnología: notebooks, netbooks, gigas, cámaras digitales, pixeles y todo lo necesario para ser feliz» rocín flaco y galgo corredor. Una olla de algo más vaca que carnero, salpicón las más noches, duelos y quebrantos los sábados, lantejas los viernes, algún palomino de añadidura los domingos, consumían las tres partes de su hacienda. El resto della concluían sayo de velarte, calzas de velludo para las fiestas, «Que la temporada primavera verano no la agarre desprevenida. Haga click aquí y conozca nuestra nueva línea de calzados» con sus pantuflos de lo mesmo, y los días de entresemana se honraba con su vellorí de lo más fino.

Las apariencias te engañan

Siempre traté de no juzgar a las personas por su apariencia. Gracias a mi experiencia como presidente de la empresa, aprendí que ciertas veces es necesario desconfiar de una persona prolijamente vestida, y confiar en otra con la camisa afuera. La gente, para bien o para mal, no suele ser lo que aparenta y por lo tanto hay que tener los ojos bien abiertos. Aún así, nunca me había visto ante un dilema tan complejo. Un zombie se presentó en mi oficina la semana pasada. Su currículum era intachable. Tenía una gran experiencia como encargado de compras y de no ser por la ropa manchada con sangre y su monstruosa forma de caminar, su perfil calzaba perfecto. Decidí dejar de lado la apariencia y le di una oportunidad. Nunca tomé una decisión tan acertada. El hombre no es muy rápido que digamos, pero hay que ver lo bien que negocia.

Tarjetita de cumpleaños

El niño observó con particular atención el comportamiento de sus compañeritos de escuela. Como un Papá Noel no tan rellenito, mucho más joven, sin barba y rozando el metro y medio de estatura, analizó cómo era tratado por sus amigos y amigas y de verse atacado o avergonzado por uno de ellos, dictaba su sentencia en el acto. «Ahora no te voy a invitar a mi cumpleaños», informaba sin titubear, y a lo largo del año tuvo la necesidad de realizar la amenaza en siete ocasiones distintas. Tal es así que una semana antes de su cumpleaños, ayudado por su madre, mandó los sobres con las invitaciones a todos sus amigos. Pero para los siete Judas que de alguna u otra manera lo habían ofendido, él mismo se encargó de preparar siete tarjetas especiales. «Te recuerdo que no estás invitado a mi fiestita de cumpleaños», escribió a modo de venganza.

Es una cuestión física

—Canales de televisión mostrando abdominales trabajados, brazos fuertes, senos voluminosos, piernas firmes y culos de otro planeta a cualquier hora del día. Carteles en la vía pública exhibiendo magníficos conjuntos de ropa interior que rozan el pecado y encienden la curiosidad del ser humano. Modelos masculinos y femeninos en tapas de revistas, posando sus virtudes, viviendo de las curvas de sus cuerpos, brindando su imagen como estereotipo de belleza. Veamos las imágenes —invitó Carlos Oratorio en un simposio internacional sobre el calentamiento global. Las luces se apagaron y los espectadores enfocaron la vista para prestarle atención a las fotos del PowerPoint que mostraba una secuencia de modelos femeninos y masculinos, vistiendo ropa interior y trajes de baño. Al terminar, la sala volvió a iluminarse.
—Como ustedes podrán deducir, el derretimiento de los polos es consecuencia directa de la calentura humana —afirmó Carlos Oratorio, gritando su teoría a los cuatro vientos.

La diversidad alienígena

Hay ciertos animales habitando el planeta que me despiertan una gran curiosidad, ya que muchos de ellos parecen haber venido de otro mundo. Patas desparramadas por todo el cuerpo, aletas, pezuñas, crestas, trompas, ojos pares, ojos impares, pelajes, plumajes, escamas, cuernos, alas. Una incontable diversidad de increíbles formas y tamaños. Millones de seres que actualmente nadan en nuestros océanos, vuelan por nuestros aires o caminan sobre nuestra tierra y que, quién sabe, ya han nadado, volado, caminado y habitado otros mundos. Imagino meteoritos existentes desde el inicio de los tiempos, transportando vida alienígena, impactando sobre la superficie y sembrando nuestro mundo como si el mismo se tratara de una inmensa maceta. Hace varios años obtuve material para respaldar mi teoría, cuando conocí, calculo yo, algo que seguramente no ha sido engendrado sobre este planeta. Tenía ojos pardos, rulos color azabache y un magnífico cuerpo, digno de una exótica belleza alienígena.

Camino a la soledad

Para lograr una soledad plena, es necesario desprenderse de casi todo lazo afectivo. Perder contacto con la mayoría de las personas, ayudará a que todo individuo le sea indistinto y por lo tanto, les será imposible interferir en su vida. Habiendo logrado ese primer paso, el mundo le parecerá vacío, como si nadie existiese. Vivirá tan ideológicamente aislado que no será capaz de ver a las personas que caminan por las aceras. Chocar contra ellas será como chocar contra el viento. Tan solo se sentirá, tan felizmente solo, que podrá comenzar a hacer y deshacer sin vergüenzas, sin represiones, incluso hasta sin miedos. Nada importará cuando sienta aquellos dedos juiciosos señalando sus acciones. Muchos podrán tildarlo de loco, y lo harán, pero ya no tendrá oídos para escucharlos. Finalmente llegará un día en que sólo el sol le hará compañía. Será un buen momento para esconderse detrás de la luna.

Reflejos de un espejo

El espejo me reflejó con tan exacta perfección, que la imagen se hizo realidad. Salió caminando desde el cristal, me saludó estrechándome fuertemente la mano y se fue de la habitación cerrando la puerta a su paso. Yo, nervioso, asustado, confundido por la situación, miré nuevamente al espejo y ahí estaba, otra vez yo, reflejado, tan soberbiamente reflejado que la figura se volvió realidad, salió caminando desde el cristal y al igual que la anterior, me saludó muy amablemente y se marchó de la habitación cerrando la puerta a su paso, dejando un marcado aroma a melancolía en el aire. Rápidamente me aparté del cristal para evitar verme nuevamente clonado y después de reflexionar sobre lo sucedido, decidí tirar una manta sobre el espejo para taparlo y colocarlo boca abajo. Luego salí de la habitación y cerré la puerta a mi paso para comenzar la búsqueda de mis otros yo.