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Contamos historias extraordinariamente cotidianas que nombran cada una de las realidades de la diversidad sexual y de género.

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Contando homosexuales

Por Moscas de Colores (@moscadecolores)

We are everywhere (Estamos en todas partes) / Foto: San Diego Democrats For Equality

La idea de que una de cada diez personas es homosexual es quizás uno de los “mitos” más conocidos y recurrentes en torno a la homosexualidad. Ha pasado a formar parte de nuestro imaginario y a pesar de haber sido muy contestado por cierto grupos “conservadores” y de la aparición, cada cierto tiempo, de nuevas encuestas, informes y estudios que lo cuestionan, es difícil dejarlo atrás porque nos lleva acompañando desde finales de los años 70, lo que para mi es toda la vida.

Incluso recuerdo haberme sorprendido alguna vez, de adolescente, calculando “estadísticamente” cuántos, en el metro, en el autobús o en la clase de gimnasia eran “así”. Aunque también recuerdo que por aquel entonces nunca me incluía en el cálculo. Y si bien nunca me planteé de donde salía ese 10% tan reconfortante para algunos e inquietante para otros, en algún momento lo asocie a la figura de Kinsey y sus dos famosos informes sobre el comportamiento sexual, que revolucionaron y escandalizaron a la sociedad de los años 50 al sacar la homosexualidad de las sombras y convertirla en un fenómeno relativamente común. Tanto, que según Kinsey, al menos el 37% de la población masculina y el 20% de la femenina había tenido alguna experiencia homosexual entre la adolescencia y la vejez.

Sin embargo, en sus informes no encontraremos la estadística del 10%, porque si bien es cierto que el dato está relacionado con ese investigador y esos estudios, el hecho cierto, por lo menos según Bruce Voeller, científico y miembro fundador de la National Gay Task Force (actualmente National LGBTQ Task Force), es que ellxs se “inventaron” la cifra haciendo una media entre los hombres (13%) y las mujeres (7%) que según esos informes eran predominantemente homosexuales. Trece más siete, dividido entre dos, igual a diez.

Así nació la famosa estadística que afirmaba que el 10% de la población era homosexual y que sirvió para apoyar una de las grandes campañas a favor de los derechos LGBT de la época que tuvo por eslogan “we are everywhere”Esta idea de que “estamos por todas partes” apoyada por la mágica cifra del 10%  fue un rotundo éxito. Tanto que la cifra, usada una y otra vez, ha llegado a convertirse casi en un hecho aceptado, convirtiendo la estadística y la demografía homosexual en una herramienta y/o un arma en el campo de batalla político entre defensores y detractores de los derechos de las personas LGBT y como derivada poniendo el foco en el espinoso hecho de que tras más de un siglo desde que apareciera el concepto de homosexualidad no se ha conseguido responder a la pregunta de qué es o qué se entiende por homosexual.

A pesar de llevar 70 años contando homosexuales parece que los autores, estudiosos, especialistas y expertos que realizan estos estudios no se terminan de poner de acuerdo sobre el asunto y cada uno suele usar un modelo taxonómico propio que, no solo determina el resultado de la investigación, sino que se termina concretando para el gran público, en titulares más o menos llamativos en los que la población LG,LGB,LGBT,LGBTI, LGBTI+… puede estar tanto por debajo del 1% como por encima del 20%. Si bien podemos ver este baile de cifras como algo casi anecdótico, la realidad es que estos resultados, así como los parámetros usados para obtenerlos, terminan siendo fundamentales a la hora de situarnos en relación con el resto de la humanidad (“normal”) desde un punto de vista sociopolítico e incluso biológico.

Porque en estos estudios no solo se trata de saber cuántos somos, sino de por qué somos diferentes, y al partir de esta premisa de la diferencia estamos asumiendo y reafirmando, un modelo de heterosexualidad hegemónica esencialista que sigue siendo casi intocable, incluso en estos tiempos tan posmodernos. En base a ese paradigma, que se nos cuenta, se nos estudia, se nos define, se nos explica y, también, quizás sobre todo, se nos tolera, integra, persigue o rechaza dependiendo de cuán numerosos o escasos podamos ser.

Porque no es lo mismo perseguir o, en el mejor de los casos, ignorar a un 1% de la población que a ese mágico 10% que gracias a Kinsey, Voeller o quien sea nos convirtió en una minoría y por lo tanto, en sujetos de derechos. Porque ese 10 %, real o imaginario, nos asegura el derecho a ser visibles, nos da voz. Pero sin embargo ese 10% también nos obliga existir en relación con un paradigma que ya hace tiempo que ha empezado a hacer aguas.

La idea de que la sexualidad de una persona es dinámica, fluida, cambiante, y versátil, que funciona más allá de una identidad fija, determinada y estable que pueda ser definida mediante un término, es el gran secreto a voces que ya desde los tiempos de Kinsey nos cuesta tanto asumir, porque implica renunciar a la seguridad de las etiquetas. Implica tener que afrontar el mañana sin la seguridad de saber quiénes somos, y por lo tanto qué se espera de nosotrxs.

Conceptos como diversidad sexual se siguen aplicando a nivel de especie, cuando en realidad se deben aplicar a nivel de individuo. La diversidad sexual no es algo que atañe a una parte de la especie humana haciendo que existan diversos grupos de personas con características diferentes, sino que es algo que ha de entenderse como un elemento intrínsecamente unido a cada individuo. No es que existan humanos gay, bi o heteros, sino que todos los seres humanos tenemos la maravillosa capacidad de poder amar y gozar de muy diferentes modos dependiendo de las circunstancias.

Contar homosexuales no hace otra cosa que reforzar esa dicotomía entre lo normal y lo diferente, y si realmente queremos avanzar debemos abandonar ese paradigma, útil durante un tiempo pero que hoy es insuficiente, porque la sexualidad humana, de las personas, de todxs nosotrxs es plástica, y esa es su esencialidad.

370 alumnos y 20 vídeos por el respeto a la diversidad sexual

Esta semana tuvimos noticia de que El Corte Inglés salió del armario. En un gesto sin precedentes, la cadena de grandes almacenes –la misma que ha sido denunciada por vender libros para prevenir la homosexualidad– ha decidido colaborar, #PensandoEnSanValentín, con cinco cortos que narran historias de amor, entre los cuales hay uno de amor gay. Este se desarrolla en la sección de perfumería pero reconocemos que nos hubiera dado mucho más morbo si el encuentro entre varones hubiera tenido lugar en la de librería, mientras ojeaban los libros homófobos de Nicolosi.

Pero hoy desde el blog nos alejamos del formato comercial para recomendaros otro tipo de publicidad. La que hacen los vídeos que han realizado las diferentes tribus que participan en el concurso Culturas, organizado por el Instituto de la Juventud de Extremadura.

Un total de 20 vídeos que con la temática de la ‘Publicidad del Buen Amor’ han buscado lanzar los mejores mensajes a favor del derecho y el respeto a la identidad de género y la orientación sexual de cada persona. Todos ellos fantásticos aunque os dejamos con el vídeo de la tribu Colenix.

‘Same Love’ ha sido realizado por chicos y chicas de 4º de la  ESO del IESO “Colonos” de Gévora (Badajoz) y en menos de 5 minutos desmonta mitos, prejuicios y estereotipos populares y absurdos sobre la diversidad sexual. Desde aquí nuestro agradecimiento y más sincera felicitación.

¿Cueces o enriqueces?

                    Por Almudena Ferrer. Curiosa, se dedica a la formación y a la comunicación. Le interesa el sexo, las plantas y las series

Cueces o enriqueces

Todos sabemos que la diversidad enriquece y que, aplicada a las personas, hace que crezcamos como sociedad. Sin embargo, es inevitable reconocer que ésta no nos resulta cómoda. La diversidad nos hace pensarnos, conocernos y en cierta manera argumentar con quienes todavía no se han tomado un tiempo para pensar en cualquier otra realidad.

Si al sustantivo “diversidad” le unimos el adjetivo “sexual” nuestro enunciado no sólo no resulta cómodo, sino que es posible que se dé de bruces con las creencias más arraigadas que anidan en nuestra cabeza y que consideramos inamovibles. Cuando hablamos de diversidad sexual nos referimos tanto a la diversidad dentro de la orientación sexual como a todas las formas de identidad sexual, tanto si son definidas como indefinidas. Y a menudo la tenemos mucho más cerca de lo que nos creemos. Por ejemplo, una de las fantasías más comunes entre las mujeres es tener sexo con alguien de su mismo género, aunque consideren su sexualidad 100% heterosexual. Siendo así ¿no podríamos pensar que el deseo nos está diciendo algo?

Lo que no muestras no existe, y esta actitud hace que la vida de todos sea más pobre. Intentar “normalizar” a todo el mundo según un mismo patrón predefinido, excluye o margina al diferente, o penaliza la exploración de otras opciones, siquiera anecdóticas. ¿No seríamos mucho más felices si nos liberáramos de los prejuicios inculcados sobre lo que es “correcto” y nos permitiéramos explorar la diversidad si nos apetece, o aplaudir a otros cuando lo hagan?

DiversidadPero la diversidad también es conflicto. Los códigos sociales se resisten a disolverse, aunque hayamos conseguido avances y ya aceptemos que, además de las peras y las manzanas, en el mundo hay piñas y plátanos. Todavía no hemos conseguido que sea universalmente aceptada la macedonia.

Es una lucha entre quienes se resisten a abandonar la comodidad de la uniformidad, y quienes aspiran a que su “anormalidad” sea respetada, aunque no necesariamente compartida. Bastaría con que todos aceptáramos unos códigos universales de respeto y libertad mutua garantizada, y la pugna cesaría. Sin embargo, algo tan sencillo choca con el instinto de tribu que tiende a marginalizar al diferente como parte de un proceso de socialización que nos acompaña desde que éramos primates protohumanos.

Hemos caminado mucho desde que nos erguimos sobre dos pies en la sabana africana. Tal vez sea hora de trascender del todo aquellos instintos necesarios para la supervivencia en entornos hostiles, y abrazar la diversidad con todos sus beneficios.