Entradas etiquetadas como ‘lgtbfobia’

Si no callas quién eres lo haremos nosotros

Por Violeta Assiego

No puedo más que dar la razón a Paco Tomás cuando el otro día me comentaba lo ridículo, cómico y también preocupante de la escena de unos hombres en Rusia retirando un iphone gigante del patio de una universidad de San Petersburgo al entender que su presencia era una ilegalidad. El iPhone gigante, monumento a Steve Jobs, fundador de Apple, era tachado de propaganda homosexual por parte del grupo empresarial que financió el proyecto (ZEFS) a raíz de las declaraciones de Tim Cook en las que reconocía abiertamente su homosexualidad. La imagen, lejos de ser inocente, subraya el mensaje que desde 2010 la autoridades rusas lanzan a sus ciudadanos con la aprobación de leyes que prohíben la propaganda homosexual: la homosexualidad es mala y hay que proteger a los menores de edad de esa ‘libertad sexual’ que amenaza los valores tradicionales de la familia y de la cultura rusa. Es decir, nada de hablar de ella en público, ni en las escuelas ni en la calle, ni en los medios de comunicaciones ni en las webs, ni en la universidad, ni que haya asociaciones LGBTI; nada de hacer cultura ni de facilitar información objetiva que pueda servir a los chicos y chicas a identificarse y no sufrir y a los adultos a no rechazarles ni acosarles. Y por supuesto, nada de celebrar el Orgullo o una Pride.

Retirada del Iphone en Rusia (ATLAS)

De hecho si el programa del propio Paco Tomás, Wisteria Lane en Radio 5, se emitiera en Rusia en vez de en España hubiera sido sancionado con cuantiosas multas económicas por hablar como periodista de diversidad sexual, al igual que nos pasaría a Nayra y a mi por publicar este blog.

La ley que prohíbe la propaganda homosexual en Rusia, además de rozar lo irracional, viola derechos humanos tan importantes para la buena salud de la convivencia social como el derecho a libertad de expresión, de asociación y de reunión. Pero a su vez viola derechos individuales clave como el de recibir información objetiva y el derecho a la intimidad. Y lo más alarmante de todo es que el propio Estado ruso es el que debiera proteger, garantizar y desde luego respetar esos derechos humanos en vez de violarlos.

Retirar un iphone gigante del patio de una universidad parece cómico pero resulta preocupante, y no sólo por la simbología que esconde ese acto de ensalzamiento de ‘los valores tradicionales rusos’ desde un plano geopolítico, sino por las consecuencias directas que tiene en las personas homosexuales, bisexuales y transexuales rusas que desde la aprobación de la ley sufren el acoso y violencia lgbtfóbico sin amparo institucional ninguno. Y por supuesto alarmante al ver la situación de vulnerabilidad en la que quedan los chicos y chicas LGBTI, menores de edad, que no pueden acceder a información objetiva que nombre lo que les pasa y lo que sienten (información objetiva como la que hasta hace unos meses en nuestro país se recogía en la asignatura de Educación para la Ciudadanía y ahora no se incluye en ningún contenido curricular, pero esa es otra historia).

Niños y niñas como los de Children 404, sobre cuya situación se hizo una película cuyo trailer encontráis a continuación y que fue presentando en festivales tan imprescindibles como el @LesGaiMadrid y que a través de la sección de documentales dan a a conocer situaciones como esta:

Carta a un chico gay agredido en Caravaca de la Cruz, Murcia

Por Nayra Marrero

Sales del instituto con una amiga, comentando, tranquilo y muerto de hambre, con ganas de llegar a casa. Entonces les escuchas acercarse, gritarte maricón, gritarle a ella bollera, y las ganas de llegar a casa se multiplican. Aceleras el paso, ella a tu lado; ellos, justo detrás.

Escuchas sus risas y sus insultos y sientes que el espacio que os separa es demasiado escaso y te preguntas por qué, otra vez, tienes que aguantar esta mierda.

Foto de Martijn Van Dalen
Foto de Martijn Van Dalen

Les pides que te dejen en paz y empiezan a lanzaros piedras. Corres, corréis, y escuchas la pedrada que impacta sobre la cabeza de tu amiga. Cae. Siguen cayendo piedras del cielo y tú sigues corriendo. Ellos se paran donde está ella, en el suelo, tirada. Sientes cómo el coraje y el miedo se mezclan con el sudor y las lágrimas.

Ves que hay gente que estaba por la calle y que interviene. Se acercan a ella, ellos se van y tú vuelves a su lado sintiéndote mal, culpable, derrotado.

Ella llora, se levanta y os vais a casa. Ella tendrá que contárselo a sus padres: tiene sangre y es evidente que le han pegado, pero desde fuera del armario puede además contarles los 15 minutos de infierno que sólo reflejan una situación que dura mucho más en el tiempo, que es mucho más cansada que la agresión en sí. Irá al hospital acompañada, la curarán y le harán un informe que podrá presentar a la policía si al final se anima a denunciar, que es lo suyo.

Tú te irás a casa sintiéndote mal porque se te nota demasiado la pluma, porque no fuiste capaz de callarte e ignorarles por completo, por no haberla defendido, por no haber sabido plantarles cara. Por todo y por nada. Te irás a casa agotado y tendrás que pasar el rato de la comida dejando que hablen de las noticias o de lo que quieran. No has encontrado el momento de contarles que eres gay y quizá creas que ese momento no llegará nunca, así que con la comida te tragarás las palabras que no puedes compartir todavía.

Te meterás en tu cuarto y buscarás apoyo en las redes, como tantas otras veces, y encontrarás a alguien con quien compartir tu frustración, tus dudas, tus miedos. Alguien que te saque una sonrisa cuando te diga que de culpable nada, que te sientas orgulloso de ser maricón, nunca culpable.

Mañana te encontrarás con ellos otra vez en el instituto, creyéndose impunes, orgullosos, cual gallitos. Pero mañana no se acaba el mundo porque quedan muchos días después en los que tú vivirás una vida ajena a ellos, al miedo, donde quizá cuentes esta historia como un episodio desagradable de la España de ayer, porque tú podrás contarlo pero a ellos, con el tiempo, la vergüenza les hará ocultarlo ¿o crees que alguien les aplaudiría la hazaña?

Desde 1 de cada 10 te mandamos ánimo, un abrazo virtual y mucha fuerza. Esperamos que encuentres el momento de compartir con tu familia lo que te inquieta y lo que te gusta. Esperamos que un día sientas su apoyo como hoy tienes el nuestro y el de los colectivos LGTB. Esperamos que tu centro escolar afronte que tiene un problema de LGTBfobia en sus aulas y que tiene la responsabilidad de abordarlo: si no sabe cómo, que busque ayuda. Esperamos que encontréis impulso para denunciar y que los delitos de odio como este tengan consecuencias sobre los agresores. Esperamos un mundo mejor para ti, contigo.

Esta historia está basada en los acontecimientos que tuvieron lugar en el entorno de un instituto de Caravaca de la Cruz, Murcia, el pasado lunes 20 de octubre de 2014.