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Alemania: una lesbiana xenófoba es la nueva guía de la extrema derecha

Por Andrea Puggelli (@aikkomad) activista italiano LGBTQI

Alice Weidel, líder de AfD / Foto: EFE

¿Todavía os quejáis de los políticos? ¿Todavía estáis hartos de personas que parecen simbolizar el servilismo, el arribismo personal y político? Recordáis siempre que en otros países europeos la situación es aún peor, ¿no os sirve esto de consuelo? Por supuesto que no. De hecho, lo que cabe esperar es que no se siga el mismo camino.

Mientras la ola “rosa-negra” de la extrema derecha gayfriendly como la de Pim Fortuyn parece retirarse con  todas sus incoherencias, hoy en Europa surge una serie de políticos LGTB pero anti-LGTB que se sienten muy a gusto militando en partidos que quieren borrar los derechos de las personas LGBT. Lee el resto de la entrada »

Una hija lesbiana, un político homófobo y gay, la coherencia y el amor

Por Nayra Marrero Jaén

-Tu padre nunca habría aceptado a una hija lesbiana, ya sabes lo que opinaba al respecto. Yo lo voy aceptando poco a poco, no te creas que no me cuesta, pero intento aceptarlo. Ojalá tu hermana no fuera así, pero por lo menos ha encontrado una buena mujer.

-Mamá, ¿te acuerdas de cuando papá decía que cuando uno tiene hijos ya forma parte de otra unidad familiar y debía ser autosuficiente y criticaba al vecino por mantener a su hija y a su nieto mientras ella estaba en la universidad? ¿Y qué hizo cuando fue su hija la que se quedó embarazada? Mantenerla para que terminara de estudiar. Lo que uno dice de boquilla y lo que uno hace cuando afecta a quienes quiere no suele ser lo mismo.

La coherencia es difícil de mantener porque hay muchos factores que nos hacen tambalear nuestros axiomas. La coherencia no sólo es complicada sino que no siempre es deseable porque tener en cuenta todo lo que nos rodea a la hora de aplicar nuestros ideales puede ser una ventaja. Debemos estar abiertos a equivocarnos.

Los prejuicios existen y existirán siempre. Es como pretender que cuando conozcamos a alguien vuelva a nosotras la inocencia y la candidez de la primera vez. No valoraríamos su aspecto, su tono su voz, quién nos lo presenta, en qué ambiente lo conocemos, cómo se mueve … De hecho obviar los prejuicios es enviar a la papelera una cantidad ingente de información y experiencias.

Pero si debemos ser capaces de mirar más allá de nuestros ideales mal que le pese a nuestra coherencia, debemos ser capaces de mirar más allá de nuestros prejuicios por nuestro bien y por el bien de quienes nos rodean. Admito que tengo prejuicios pero desde que tengo oportunidad los malvendo por 3 pesetas y me compro ideas nuevas sobre quienes tengo delante. Y no es consumismo, lo prometo. Sólo a través del conocimiento de alguien me atrevo a juzgarle, y procuro ser consciente de que no puedo aplicarle mis varas de medir.

Ahora bien, una vez asumes que tus ideas no valían para ti ¿puedes seguir aplicándoselas al resto? ¿Puedes esconder bajo la alfombra a tu hija para continuar criticando a la del vecino? ¿Puedes esconder tu orientación sexual para seguir reclamando el fin de la igualdad de derechos para quienes son homosexuales o bisexuales como tú?

Foto de EFE
Foto de EFE

Esto viene a cuento de Florian Philippot, número 2 del Front National, partido ultraderechista francés que ha anunciado que de llegar al poder eliminaría la igualdad en el acceso al matrimonio para dejar fuera a las parejas del mismo sexo. Florian Philippot es gay y el semanario Closer lo sacó del armario hace apenas un mes en contra de su voluntad ¿Vale aquí la falta de coherencia cuando uno es gay y pretende discriminar a otras personas por serlo?

No es el único político homófobo de orientación sexual no heterosexual pero ¿ser gay no le hace cambiar su opinión hacia la diversidad? ¿No reflexiona respecto a sus prejuicios? ¿No ve lo absurdo de que su pareja no obtenga el mismo reconocimiento jurídico y social si es mujer o si es hombre?

Suelo pensar que la visibilidad es la mejor herramienta contra la discriminación porque cuando alguien a quien conoces y quieres te cuenta que es gay, lesbiana, bisexual o transexual suelen resquebrajarse los muros de intolerancia o incluso odio que nos separan. En el caso de Florian Philippot, ¿será que lo que le falta es amor propio?