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¿Quién teme a lo queer? – Citas con Elizabeth Duval, sobre palabras y silencios

Por Victor Mora (@Victor_Mora_G ‏)

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Elizabeth Duval estudia Filosofía en la Université Paris I Panthéon-Sorbonne y Letras Modernas en la Université Paris III Sorbonne Nouvelle. Ha participado en antologías de ficción como Cuadernos de Medusa (Amor de Madre, 2018) y la recopilación de poesía De Chueca al Cielo (Ayuntamiento de Madrid, 2019). Recientemente como dramaturga, creadora e intérprete, junto con Consuelo Trujillo y Ana Rossetti, en la pieza teatral-performance multidisciplinar Y el cuerpo se hace nombre (2018-2019).

Sus reflexiones y poemas inundan también las redes, y hoy cerramos temporada de ¿Quién teme a lo queer? con ella. Esta no es una entrevista al uso (¿cómo iba a serlo?). Le propuse a la poeta una serie de citas, de fragmentos, versos y trozos de texto, para saber qué le sugerían, qué tendría que decir al respecto… Este es el resultado: Lee el resto de la entrada »

¿Quién teme a lo queer? – Florecer será un crimen

Por Victor Mora (@Victor_Mora_G ‏)

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te preguntaré mil y una veces / de qué soy yo para ti el significante, mi amor; / adiós, adiós al significante; / yo tan sólo quiero / trascenderte / como nunca podría hacerlo una palabra, sin / cuestionarse torpemente entre las palmas vacías, / sin la indiferencia, igual, así; justo así, justo / mi amor, / como el sujeto más puro de mi deseo.

Elizabeth Duval. Fragmento de ‘Symploké’

Imagen: ‘Lorca’ de Roberta Marrero (2018)

Federico García Lorca creó el concepto de “epentismo”. Él era epéntico. Un sintagma adjetival encriptado, referencia oculta a la forma de ser y desear que aún en tiempos republicanos se mantenía proscrita. Una estrategia de comunicación con allegados para hablar (sin decir) sobre lo que se prohibía nombrar. Lo epéntico podía ser, quizá, además de apunte a orientaciones clandestinas, aquello que emerge de pronto, de improviso, como significante espontáneo en un contexto que ni lo espera ni, desde luego, aprueba formas disidentes de existencia.

De esta forma Federico ya nos enseñaba que el lenguaje bien podía ser un arma (cargada de futuro, como aquellas de Celaya). Su práctica poética distorsionaba los límites de lo lineal y comprensible, trazaba nuevas posibilidades míticas, ontologías otras para el relato y sus direcciones, para nuestra relación con el mundo y la realidad que se escapa siempre al nombre. Federico epéntico sembró clandestino campos de flores y fue, como sabemos, perseguido, castigado, asesinado, desaparecido. Devino fantasma de esta condena a la desmemoria, devino hueso enterrado en tierra opaca, exiliada en el interior de la España que olvida a la fuerza. Lee el resto de la entrada »