Entradas etiquetadas como ‘Crímenes de odio’

¿Dónde están los colectivos LGTB para combatir la islamofobia?

Por Enrique Anarte (@enriqueanarte)

Hubo un tiempo en el que las agresiones contra las personas que desafiaban a la norma binaria y heterosexual encabezaban los recuentos de delitos de odio (eso si acaso aparecían). La homofobia y la transfobia, así como el sexismo o el racismo (entre otras formas de opresión, desigualdad y discriminación) no solo formaban parte de forma explícita del discurso oficial de algunos de los partidos más importantes de este país, sino que además se cobraban vidas que, al parecer, valían menos. Hubo un tiempo también en el que algunos besos, algunas caricias, así como la libre y hermosa expresión del género sentido estuvieron prohibidos y fueron perseguidos, censurados y amordazados. Aquí, en este país sin recuerdos. Y no hablo de un tiempo inmemorial, no. Hablo del olvido de los que todavía viven.  Lee el resto de la entrada »

¿Y si Mónaco fuese peor país para las personas LGTB que Ucrania o Hungría?

Por Enrique Anarte (@enriqueanarte)

Mónaco / Foto: Ken Chan

Mónaco / Foto: Ken Chan

El Principado de Mónaco, segundo país más pequeño del mundo, es algo así como un paraíso en el imaginario popular, imagen que reproducen y consolidan la prensa rosa y la económica cuando ensalzan sus opulentas virtudes. La ciudad-estado, situada en un promontorio bañado por la Costa Azul, ha sido calificada como “refugio de millonarios”. En sus glamurosas calles, suntuosos edificios y exclusivos negocios se reúne la crème de la crème, alimentando el morbo y la envidia de quienes devoran  las revistas del corazón. Lee el resto de la entrada »

Cuatro años después de ser asesinada, el nombre de Noxolo no puede ser olvidado

La memoria es imprescidible para construir la historia de cualquier colectivo. Hoy hacemos memoria de la mano de Aimar Rubio Llona, politólogo especialista en violaciones de derechos humanos de las personas LGTBI en África y activista en Euskadi del grupo de Diversidad Afectivo Sexual de Amnistía Internacional

 

noxolo.psdAl igual que miles de mujeres sudafricanas de 24 años de edad, Noxolo Nogwaza regresaba a su casa la madrugada del 24 de abril de 2011 tras haber pasado la noche del sábado con sus amigos y conocidos. Sin embargo, aquella noche Noxolo se encontraría en su camino con la sinrazón de la homofobia y la violencia en Sudáfrica, un país donde la diversidad sexual no siempre encuentra el respeto que merece. Noxolo fue brutalmente violada, agredida y humillada hasta su muerte, tan solo cuatro meses después de que otro activista LGTBI, el ugandés David Kato, fuese asesinado a sangre fría en Kampala.

Como otras muchas activistas en Sudáfrica, Noxolo trabajaba defendiendo los derechos humanos de las personas LGTBI en la organización Ekurhuleni Pride Organizing Committee (EPOC), ONG ubicada en Kwa-Thema, un township próximo a Johannesburgo. Los objetivos que guían a esta organización se centran en combatir los crímenes de odio y violencia motivados por la orientación sexual e identidad de género, así como empoderar y visibilizar al colectivo LGTBI a través de diversos actos, como la celebración de la marcha del orgullo en Kwa-Thema.

En el cuarto aniversario de su asesinato, Noxolo es un símbolo en la lucha que cientos de activistas sudafricanos libran contra el miedo y acoso que sufren las personas LGTBI en el país. Noxolo también representa la figura de una mujer incansable que “vivía con la nariz pegada a un libro”, y que luchó por el bienestar de sus hijos a pesar de la precariedad laboral que le envolvía. Lee el resto de la entrada »

Si eres hombre y te arrimas a los fogones, ten cuidado… puedes volverte gay

Por Violeta Assiego (@vissibles)

 

Chilenos, chilenas… ante todo ¡felicitaciones!

Cámara de Diputados aprueba por amplia mayoría el Pacto de Unión Civil, PUC / @Movilh 2014
Cámara de Diputados aprueba por amplia mayoría el Pacto de Unión Civil, PUC / @Movilh 2014

 

Desde el pasado 28 de enero Chile se suma a la lista de países que reconocen la unión civil a las parejas del mismo sexo. Un innegable avance, sobretodo si se tiene en cuenta que para su aprobación se han tardado 11 años. Sin embargo, no deja de tener algo de preocupante que este paso pueda dejar en ‘agua de borrajas’ la aprobación del matrimonio igualitario que prometió Michele Bachelet.

A la luz de la opinión pública chilena -que en un 70 % apoya la unión civil para parejas del mismo sexo– las autoridades podrían pensar que el expediente ya está cubierto. Pero desde el prisma del derecho internacional -que recomienda el reconocimiento de la plena igualdad para evitar cualquier brizna de violencia y discriminación– esta aprobación no la reconoce al 100%. Esto no quita para que haya que reconocer el compromiso y encomieble esfuerzo del Gobierno chileno en informar del alcance de la nueva regulación de manera clara y pedagógica.

Y mientras llega el matrimonio igualitario a Chile -y muchos celebran el paso que se ha dado con las uniones civiles- hay quienes se empeñan en dar una imagen de la homosexualidad que, si no fuera por la gravedad y asiduidad de los ataques que sufre el colectivo LGBT, sonaría a chiste malo. Lee el resto de la entrada »

No culpen a nuestro orgullo: mi visibilidad no mata, su odio sí

Por Lucía Rodríguez Sampayo

Fotografía de EFE
Fotografía de EFE

 

Hablábamos de mujeres valientes. Lesbianas que salieron a la calle a reivindicar su autonomía y su placer a pesar de haber sido amenazadas, directa e indirectamente. Y hablábamos también de quienes no aceptan esa autonomía, quieren coartarla y recurren a la violencia ante las expresiones de libertad que pueden poner en peligro el sistema patriarcal, o los subsistemas de privilegios que algunos han logrado consolidar, asumiendo la exclusión de otras como un “mal necesario” para su propio bienestar.

Ese sistema habló, tras la Marcha de la Diversidad Sexual de 2014 en El Salvador, de “neutralizar” expresiones que consideraba inconvenientes. Yo hablo de más violencia. Porque no contentos con haber puesto en riesgo la integridad de aquellas mujeres que defendían sus derechos y su dignidad, quisieron hacerle creer al mundo que su disidencia, su libertad, era la que generaba la violencia. Que sus reivindicaciones tenían un impacto en el incremento de los “crímenes de odio”.

Cada año, tras el Orgullo LGBTI, aumentan en El Salvador los asesinatos de personas de la diversidad sexual, y específicamente de mujeres trans, las más expuestas por su especial situación de exclusión y desprotección . Pero no podemos consentir que se responsabilice de estos crímenes a las defensoras de los derechos humanos y de la población LGBTI. Parece que es cierto que la visibilización de las demandas, de la exigibilidad de esos derechos, exacerban los odios y la violencia de una sociedad que no tolera la diferencia, la diversidad ni la disidencia. Así lo demuestra el hecho de que, en los últimos 10 años, se haya incrementado la tasa de crímenes por odio en un 400% en El Salvador. Pero la responsabilidad es exclusivamente de los violentos, de los criminales, y de las autoridades que no hacen nada ante estos crímenes, que permiten y perpetúan la impunidad.

El Sistema de Naciones Unidas en El Salvador, de la mano del Procurador para la Defensa de los Derechos Humanos, ha puesto de manifiesto en diversas ocasiones no solamente la situación de inseguridad y exclusión de la población LGBTI, sino también y sobre todo la vulneración sistemática de sus derechos a la vida y la seguridad jurídica . En una campaña lanzada esta misma semana se ha comprometido a acompañar a las instituciones nacionales y a las organizaciones de la sociedad civil en su lucha por la exigibilidad de los derechos de las personas LGBTI. “Penaliza la violencia, no las diferencias”, busca visibilizar también la necesidad de generar un cambio cultural basado en el respeto a la diversidad, en el reconocimiento de la igual dignidad y derechos de todas las personas. No cabe duda de que ése ha de ser el primer paso. La violencia, los homicidios, son consecuencia de las fobias sociales e institucionales; y solo cuando la sociedad condene de forma unánime y sin fisuras la exclusión y la discriminación de la población LGBTI podremos dejar de hablar de crímenes de odio.

Tenemos una larga y ardua tarea por delante. Y no hay tiempo que perder.

Yo creo que podríamos empezar por los medios de comunicación. Medios que han permitido culpabilizar a las defensoras de derechos humanos de propiciar el incremento de los crímenes de odio, obviando que es el Estado el responsable de la garantía de esos derechos, de la prevención de la violencia y del delito y de la persecución de los criminales. Medios que, ante cada asesinato de una mujer trans, se empeñan en hablar de hombres que no eran. Medios que perpetúan la exclusión, la discriminación y el odio a través de titulares que niegan la dignidad de las víctimas, de sus compañeras y de sus familias. Medios que tienen que asumir su responsabilidad social, y dejar de ser cómplices de tanta violencia.

Doble moral

El pasado 20 de noviembre tuvo lugar el Día Internacional de Conmemoración Trans.

1.612 casos de asesinatos contra personas trans en 62 paises a nivel mundial han tenido lugar desde el 1 de enero de 2008 hasta el 1 de octubre de 2014. Solo en este año, la cifra asciende a 226  personas trans asesinadas. Son datos que recoge, de manera sistematica y rigurosa, el proyecto “Transrespeto versus transfobia en el mundo”.

Dentro de la diversidad sexual es el colectivo transexual el que, con diferencia, sufre el mayor grado de violencia por parte de la sociedad. Y es posiblemente el colectivo que más y mejor sabe de su doble moral. De esa parte de la sociedad que ejemplariza, ignora, rechaza y margina a la luz del día y por la noche o tras las cortinas se deja llevar por aquello que crítica o ‘pecaminiza’.

Hoy os dejamos con un video de la Fundación Triángulo que os ayudará a saber de qué estamos hablamos.

(Esta entrada es nuestro homenaje a cada una de las personas trans asesinadas)

SPOT SOBRE VISIBILIDAD TRANS (2011) from Irlanda Tambascio on Vimeo.

Hola, soy Norma y soy heterosexual

Por Violeta Assiego

Un hombre británico es condenado a 6 meses de prisión por mantener relaciones homosexuales en Marruecos donde este tipo de relaciones se castigan con penas de hasta 3 años de cárcel. De él sabemos que ha sido puesto en libertad, de su acompañante marroquí no sabemos nada más. En la provincia de Aceh, en Indonesia, se acaba de aprobar una ley que permite el castigo físico de hasta 100 latigazos a aquellos que mantengan relaciones sexuales de mutuo acuerdo con personas de su mismo sexo. En Moscú aparece degollada en su propio coche una mujer de 29 años, profesora de tango y lesbiana, y en twitter un conocido homófobo ruso se jacta de un acto tan indeseable. En París acaba de celebrarse una multitudinaria manifestación que exige al Gobierno francés la derogación con efectos retroactivos del matrimonio entre personas del mismo sexo y que estas parejas no tengan acceso a las técnicas de reproducción asistida para formar su propia familia.

Estos, y muchos otros sucesos, niegan y persiguen la diversidad sexual del ser humano tratandole de imponer la heterosexualidad bajo el paraguas de creencias religiosas, de una identidad cultural o de valores tradicionales. Pero en último caso, son los Estados los que imponen esa heterosexualidad. Lo hacen cuando en sus legislaciones criminalizan —con castigos físicos, penas de cárcel o la muerte— a una persona por su orientación sexual y/o su identidad de género; o cuando no prohíben de manera expresa las terapias reparativas que dicen curar la homosexualidad o la transexualidad y que, además del sufrimiento que provocan, trasladan una imagen distorsionada a la comunidad. Los Estados imponen la heterosexualidad cuando no tienen leyes que  prohiben y castigan cualquier acto de homofobia y transfobia dirigido humillar y menoscabar la dignidad de alguien por el hecho de ser gay, lesbiana, bisexual o trans.

La norma es heterosexual, muy especialmente las normas del Derecho de familia. Lo son cuando no permiten el matrimonio entre personas del mismo sexo; o cuando permitiéndolo, no dan acceso a los medios de los que dispone la sociedad para formar una familia; o cuando, incluso dándoselos, establecen diferentes requisitos si se trata de una pareja de mujeres por ejemplo, a si se trata de una pareja de hombre y mujer.

Octavio Salazar lo analiza con acierto cuando dice:

Nuestro orden cultural y simbólico, y por tanto nuestro orden jurídico, ha respondido y sigue respondiendo en gran medida a la construcción de un sujeto identificado con los rasgos del varón heterosexual. Él ha sido el parámetro para todo tipo de relación jurídica —‘el diligente padre de familia’ según nuestro Código Civil—, así como el vertebrador de las políticas sexuales y la referencia de simbólica en unas sociedades regidas por ‘hermandades de varones’. Sus atributos esenciales han servido incluso para darle forma a la noción moderna de ‘ciudadanía’ y han condicionado, durante mucho tiempo, la misma concepción de los Derechos Humanos.

Las normas, las leyes, tienen orientación sexual, la heterosexual. Y tienen género, el masculino. Modificar ese heteronormativismo en aras de una mayor igualdad no es, ni debería ser, una lucha exclusiva del mal llamado ‘lobby gay’. Cambiar el trasfondo de ese enfoque jurídico, cambio ya iniciado hace unos años en la propia articulación de los derechos humanos, es simplemente un paso hacia una trasformación social que va más allá de  un cambio puntual en el articulado de una ley. Se trata, nuevamente mencionando a Octavo Salazar, de:

una transformación cultural y política que haga posible la convivencia pacífica de las diferencias —incluidas también las de carácter afectivo y sexual— revisando todas las estructuras jurídicas que han condicionado las fronteras entre ‘mayorías’ y ‘minorías’, entre ‘nosotros’ y ‘vosotros’, entre lo ‘normal’ y lo ‘anormal’.

Del sufrimiento y desigualdad que provoca esta heteronormatividad, de la imperiosa necesidad de superarla y de la construcción de un nuevo modelo de ciudadanía para todos y todas, es de lo que de vez en cuando  algún colega o  yo os vendremos a hablar.

Fotografía de Laura Ramírez

Fotografía de Laura Ramírez