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Lesbianas en resistencia

Marcha durante los encuentros. Foto @prodymil
Marcha durante el X Encuentro Lésbico Feminista de Abya Yala. Foto @prodymil

                                                                                                   

                                                  Por Verónica Reyna, lesbiana feminista de Abya Yala  (concretamente del pulgarcito llamado El Salvador, esa tierra que se retuerce entre la injusticia)

Hace cuatro años era lesbiana, cuatro años después me nombro lesbiana feminista de Abya Yala -tierra de sangre vital, mal conocida como América. Luego de estos años, de miles de conversaciones absurdas, incoherentes y llorosas con mis gordas, esas amigas que por tan distintas terminan rebalsando en similitudes, he visto atrás y reconozco un camino andado.

Estos años representan esos pasos en un nuevo camino, que como todos tiene sus deslices y grises en distintas tonalidades. El X Encuentro Lésbico Feminista de Abya Yala (Colombia, Octubre 2014) ha sido el más reciente paso en mi caminar (no el último), y me ha comprometido a seguir luchando en esta tierra saqueada, invadida y golpeada (todavía hoy).

Nombrarse lesbiana, nombrarse feminista, nombrarse lesbiana feminista, desde El Salvador, desde Latinoamérica, desde Abya Yala, representa una postura personal y, por tanto, política con la que he logrado identificarme en este camino. Son mis pasos profundos en esta tierra que no quiero dejar y a la que quiero responder, en la colectividad y el abrazo permanente de un pueblo herido por el racismo, las políticas neocoloniales y el militarismo, donde hay todavía mucho dolor al cual se suman nuevos golpes y nuevas invasiones, y donde mi ser responde con cada nervio traducido en piel, donde mis pies quieren seguir andando.

Escribir en un Blog que se difunde principalmente en España resulta complicado luego de una semana en la que se removieron tantas heridas de una tierra violada mil veces desde la invasión española. “En El Salvador no hay racismo” –escuché tantas veces- “porque no hay negros…” y porque tampoco hay indígenas…[1] El Salvador tiene una historia masacrada y enterrada en los ríos, en los montes, debajo de mis pies. Abya Yala es un pueblo de mestizaje (léase violación) forzado(a), de desmemoria, de olvido y perdón. Pero ver llorar a una mujer al recordar la guerra en Guatemala y su temor de que (otra vez) no se vea otro camino más que el de tomar las armas; ver a otra hablar de las armas y su daño mientras sostiene un pene en forma de pistola; ver a dos mujeres abrazarse, llorando, por el dolor que representa el olvido en el que viven; revuelve las tripas, te hace un hoyito en el corazón y te atraganta en el sufrimiento. Ver mi piel y saber que el orgullo blanco de mi tata es el producto de miles de violaciones a mi pueblo, es sentir un dolor viejo desde dentro, volver a reafirmar la estupidez de un orgullo racista.

Nombrarse lesbiana, en este lado del charco,  sigue siendo un acto de resistencia ante un sistema que te dice que recibimos apoyo de países cooperantes, que nos brindan ayuda humanitaria, que habla de diversidad cultural, derechos humanos y equidad de género con la soltura de la ignorancia de este dolor que se vive (todavía hoy). Nombrarse feminista también escupe a un sistema que quiere traducir una lucha de mujeres valientes a un ligero “enfoque de género”. Nombrarse lesbiana feminista antirracista, antimilitarista, anticolonialista, implica no dejar de gritar lo que es injusto, no dejar de evidenciar el saqueo, el robo y el engaño.

Volver a mi país, sin haber salido nunca de mis tierras, me hace enterrar mis pies en una lucha que recupere la memoria, el dolor, que sane heridas y reconstruya desde lo que se pretendió sepultar. Me ha removido el cuerpo, las entrañas, para seguir luchando entre este pueblo que (todavía hoy) se rebusca en la desmemoria, pero que sigue caminando.

[1] Sí hay indígenas, sí hay población negra, sí hay pueblos que buscan sobrevivir al olvido.

El viaje de Carla es el viaje de todos

Nos sumamos con estas entradas a las acciones globales por la despatologización trans

 

                                                                      Por Fernando Olmeda, periodista, profesional de la televisión, director de documentales, autor de libros y director de ‘El Viaje de Carla’

La idea de realizar un documental biográfico sobre Carla Antonelli nació en 2009, cuando recibió el Premio Cardón, la distinción más importante de Güímar (Tenerife), su pueblo natal. Iniciamos entonces un rodaje que, por diferentes causas, fue posponiéndose, hasta que, en la primavera del año pasado, decidimos concretar el guion y desarrollar el proyecto hasta el final.

El argumento es tan sencillo como emotivo: treinta y dos años después de verse obligada a marcharse de Canarias para conseguir una existencia acorde a su identidad de género y libre de los prejuicios sociales vigentes en los años setenta, Carla Antonelli -activista y referente nacional e internacional del colectivo LGTB, actriz, tertuliana de televisión y diputada en la Asamblea de Madrid- regresa para reencontrarse con sus recuerdos y hacer balance de su vida. El viaje de Carla explora el viaje interior que significó aquel regreso en dos etapas, que se inició en 2009 y finalizó en 2013, cuando participó en la fiesta mayor de Güímar, a la que no asistía desde 1976.

El documental narra los momentos clave que influyeron decisivamente en su singladura vital. Muchos de esos momentos son desconocidos. Porque su faceta pública se conoce bastante, pero es menos conocido el resto de su biografía. En los ambientes nocturnos del espectáculo y el trabajo sexual callejero, Carla vivió todo tipo de situaciones; por su trayectoria en defensa de los derechos del colectivo transexual -y especialmente la Ley de Identidad de Género-, se convirtió en referente indiscutible; como actriz, participó en películas y series de televisión; como diputada autonómica madrileña, ha ampliado su ámbito de actuación a otros campos, como la problemática de los menores o el drama de los niños robados durante el franquismo.

Se trata de un proyecto personal que he desarrollado con un excelente grupo de profesionales, y que cuenta como valor añadido con una hermosa banda sonora que incluye temas de intérpretes como Alicia Ramos, cantautora transexual también natural de Güímar. Participan amigos de la infancia, familiares, compañeras del espectáculo, estrellas de televisión, políticos, vecinos de Güímar y activistas LGTB. Destacan los testimonios de Pedro Zerolo, Jordi González y Boti García Rodrigo. Creo que, gracias al tratamiento visual elegido, la abundancia de voces y las imágenes inéditas que rescatamos, hemos logrado un documental con un enfoque positivo, hermoso y vibrante.

He querido destacar la lucha denodada de personas como Carla por vivir conforme a su identidad de género; el compromiso de personas como Carla con la lucha en favor de la igualdad legal y social; la capacidad de superación de personas como Carla, que, aun teniendo casi todo en su contra, logran salir adelante.

Además de su carácter biográfico, El viaje de Carla tiene espíritu combativo. Mi objetivo es exhibirlo en festivales de temática social y LGTB, así como en colectivos y entidades ciudadanas, en España, y en América Latina y Europa. Hay que seguir luchando contra la discriminación y la estigmatización del colectivo transexual. Hay que seguir apoyando a los padres y madres de niños y niñas transexuales que, sin ser precisamente ideal y con muchas carencias aún por resolver, crecen y viven un entorno mucho más favorable que el que vivió Carla.

El viaje de Carla es el viaje de Carla Antonelli. Pero es también el viaje de todas las personas LGTB. Es el viaje de todos nosotros.

Viaje de Carla

Foto de El Viaje de Carla