Archivo de diciembre, 2021

Ni un paso atrás, etc. (de ampliaciones horizontales, cuerpos urgentes y alianzas queer).

Por Victor Mora (@Victor_Mora_G ‏)

 

El término queer no alude a la identidad de una persona, sino a su alianza
Judith Butler.

 

Me pregunto si merece la pena un balance del año basado en dos columnas de lo bueno y lo malo, de logros y derrotas, como si fueran equiparables los eventos, como si enumerarlos y hacer listas pudiera hacer también que el número más alto gane. No es posible unlance en esos términos porque el dolor y la violencia, como la alegría, no son resultado de sucesos que puedan contraponerse o equipararse y, por demás, no es útil ni realista pensarnos así. Hay cosas que están cambiando, otras que permanecen, emergen nuevas violencias que se superponen y asimilan a viejos fantasmas, como también brotan insólitas formas de resistencia y protesta. Ocurren, como todas las demás cosas, en paralelo. No hay pasos hacia atrás ni hacia delante, porque todo está ocurriendo a la vez, en sincronía. El fin de año y las listas nos invitan a hacer resumen para comenzar de nuevo, como si el año plantease un reseteo, una línea de salida, y así visto no hay, quizá, cosa más absurda, porque parece que es entonces asunto nuestro decidir cuándo y cómo podemos plantarnos y volver a comenzar. ¿Es así?

Yo este fin de año sigo preguntándome, también, qué nos hace falta para comprender el nexo entre la teoría y la práctica, entre lo abstracto de una reflexión y la conexión necesaria que ésta tiene con la realidad física, inmediata, con los cuerpos a los que esas teorías (o esos abstractos que dejan, entonces, de ser abstractos) atraviesan. Todavía cuesta entender que lo simbólico (por ejemplo, el lenguaje) tiene efectos materiales sobre las vidas que nombra y distribuye, que la violencia verbal carga con todo el peso político del estigma, y que todo ello condiciona los espacios que habitamos (virtuales y no virtuales). No se hace la relación. En otras palabras: no bajamos a tierra lo que tan felizmente transitamos en terrenos simbólicos, como si no fuera unido, como si no fuera “real”.

No hay nada de casual en el incremento de la violencia contra determinadas realidades, como no hay nada de inocente en elegir hacer “chistes” sobre unas vidas y no sobre otras, o sobre unos dolores y no sobre otros, sobre dolores ajenos que no se comprenden porque no son los propios. Eso ya lo sabemos. Y lejos de hacer el ejercicio continuo de ver (ver) a ese otro cuerpo que no es el mío, que tiene otras condiciones y que precisa de otras herramientas, parece que, como conjunto, hemos optado por la competición, y estamos, pues, en el más triste de los mapas.

El resumen sería que mi opresión sí que vale y la tuya no, o la mía vale más, o la mía va primero. La cartografía de la competición no permite otro resultado que el binario, el nosotros/ellos; el fatal conmigo o contra mí que impide, efectivamente, la convivencia. Y una vez convertidos en enemigos, qué. ¿Qué hacemos ahora? ¿Cómo vamos a imaginar el futuro? ¿Qué futuro es el que imaginamos? ¿Quiénes imaginamos qué cosas? Si hemos llegado a este punto de atomización sólo nos queda pensar en reconstruir las alianzas, en repensarlas y cambiar de foco. Lo cierto es que aunque el día 1 se parezca tanto al 31, como se parece cualquier día al anterior, siempre estamos ante un posible territorio nuevo, que podemos construir con esperanza. Pero ¿cuál es ese terreno que imaginamos? ¿Hay acaso un nosotros, un nosotras, un nosotres común? Perder, como hemos perdido, el sujeto colectivo desde el que enunciar el horizonte, nos ha devuelto a lugares de violencia que, aunque conocidos, dibujan una realidad que parece más distópica que presente y tangible. ¿Es acaso posible, o necesario, un sujeto colectivo? ¿Cómo configurarlo?

Si el año que termina nos ofrece una oportunidad de resumen para un “nuevo comienzo”, por absurdo que suene, en realidad es un espacio tan bueno como cualquier otro para hacer una reinterpretación crítica de nuestro lugar, que deje atrás las listas de logros y derrotas, es decir, que abandone la lógica ridícula de la organización binaria que contamina toda visión del mundo, toda pregunta y todo posicionamiento, y comencemos a hacernos otras preguntas. Es un momento tan bueno como cualquier otro para pensar en las alianzas. Porque, quizá, algo que sí hemos hecho y nos ha hecho perder mucho (honestamente: mucho) tiempo, es señalar hasta la extenuación a quienes se aliaban con el fascismo, a quienes elegían hacer chistes sobre dolores ajenos, a quienes temiendo por su redistribución eligieron deshumanizar a otres. Sin dejar, evidentemente, de denunciarlo, un buen propósito sería dejar de alimentar con atención inagotable a quienes quiebran la convivencia y enfocar nuestra mirada (y nuestro cuidado más atento) a la reconstrucción prospectiva de una alianza en aumento, una alianza queer que deje atrás (esto sí) la relación binaria con el mundo.

Aliarse no significa, recordemos, ser un grupo homogéneo, un colectivo homogéneo (no existe tal cosa como un ‘colectivo homogéneo’); aliarse significa (al menos en este texto) compartir espacios de lucha y escucha desde la inclinación al cuidado. Aliarse significa incorporar las diferencias como aquello que explica en qué consiste la convivencia y lo común. Las alianzas son, en definitiva, lo que va a delimitar el mapa de lo posible. Es evidente que cualquier persona que se alce como voz de un proyecto (por muy emancipatoria que asegure ser) que establezca alianzas con el fascismo es, desde luego, cómplice de ese mismo fascismo. Es evidente que cualquier persona que se autodenomine feminista, antirracista (o pro LGTBIQ+, signifique eso lo que signifique) y que a la vez defienda una jerarquía discriminatoria y excluyente, únicamente defiende esa jerarquía discriminatoria y excluyente. 2021 ha sido el año en el que el fantasma de la peligrosidad social asociado a nuestros cuerpos ha resucitado definitivamente, pero, ¿qué cuerpos son, entonces, esos que decimos nuestros

Un buen día se anunció que la Comunidad de Madrid iba a derogar las leyes LGTBI y Trans. Era evidente, se dirá entonces, que iba a ser exactamente así. Era evidente que no hay derechas, por lo visto, que no vayan a tener felices encuentros entre sus extremas partes, en lo que refiere al menos a recortes (tanto económicos como sociales). También era evidente que lo que dijo la Presidenta (como lo dijeron antes otros muchos políticos conservadores), era cierto: que no le importa lo que cada uno haga en su cama; y claro está, faltaba más, qué simpática es en las distancias cortas. Las leyes LGTBI y Trans se derogarán, o no, o se “corregirán sus excesos”, como ocurrirá con las de violencia de género… las manifestaciones en contra (y las manifestaciones en general) les importan lo mismo que nuestras camas, es decir, menos que nada, y al final lo mismo da derogarlas que no, ¿verdad? ¿Qué importa si con no cumplirlas es suficiente? Lo triste de nuestras camas (en soledad o en compañía) es que nada tienen que ver, en realidad, con la cartografía política que organiza y distribuye a los cuerpos según condiciones estructurales de derechos, subordinación, redistribución de recursos, privilegios y opresiones. Ya lo sabemos, ya sabemos que lo personal es político. Y ya nos sabemos también lo que hay que hacer cuando se publica en los periódicos que quieren derogar nuestros derechos, que no se negocian, que nos tendrán en frente, que ni un paso atrás, etc. (y nuestra respuesta, por cierto, está más que medida y sopesada).

Era evidente que al final la derecha haría lo que dijo que iba a hacer, era evidente que lo iba a disfrazar de cualquier excusa, de las más tonta que se te ocurra, la que quieras, cógela. Que la violencia hacia nuestros cuerpos está en la cabeza de la izquierda, o que es esa misma izquierda malvada la que quiere colectivizarnos. Que ya somos iguales por ley, que qué privilegios queréis, que lobby x que tal y cual… en fin, decíamos: era evidente que el recorte progresivo iba a ocurrir y que habrá violencia y cuerpos que quedarán en el camino, y así se dirá, sin embargo, cuando haya pasado el tiempo suficiente. Cuando podamos mirar con distancia. Era evidente y así se dirá cuando ya sea tarde para todos los cuerpos que hoy se quedan sin tiempo. ¿Son los cuerpos que se quedan sin tiempo nuestros cuerpos?

Este gobierno de Madrid pasará a la Historia, entre otras cosas, como aquél que abandonó a su muerte a miles de personas en residencias, y como aquél que dejó sin acceso sanitario (y sin previo aviso) a decenas de miles de personas, como aquél que resucitó el estigma del VIH para instrumentalizarlo en favor de un nosotros/ellos xenófobo, como aquél que inclinó la balanza y sopesó que dejar morir era más conveniente. La necropolítica, como cualquier estrategia de gobierno, escribe un imaginario que se utiliza para hacer sólida una idea de lo común. Aquí, que hay cuerpos válidos y otros que no lo son. Que hay vidas llorables y otras, las migrantes, en este último caso, que conviene eliminar, eso sí, con la conciencia tranquila porque no son problema nuestro. Esa es la imagen de lo común que se dibuja, y  ha llevado el debate y la atención hacia otro lado.

Pero ¿qué cuerpos son nuestros cuerpos? ¿Qué cuerpos son, efectivamente, nuestro problema? Lo común (lo nuestro) es precisamente el imaginario que está en juego, es el espacio social del reconocimiento y la redistribución. Hay que luchar por mirar hacia los lados, hay que luchar por ampliar lo común, sobre todo, porque el lugar del reconocimiento político (es decir, el lugar social de agencia, autonomía, libertad y derecho a tener derechos), es un lugar móvil, que va cambiando. Si no luchamos por conseguir que cada vez sea más amplio, ese lugar mengua. Por eso tenemos que apostar por una dirección opuesta, de ampliación de espacio, de hacer colectiva la diferencia, la diversidad, una alianza queer. La amenaza de recortes de derechos en Madrid y los casos de violencia extrema, desde las agresiones callejeras hasta el terrible asesinato de Samuel, nos han puesto en guardia porque es una violencia contra cuerpos sobre los que no esperábamos que hubiera tal violencia. Sin embargo esos casos son el extremo de un mapa de violencias que ya ocurrían, que estaban (y están) ocurriendo delante de nuestros ojos, en un régimen de invisibilidad, quizá, ¿por qué?  ¿Porque se producían contra cuerpos no nuestros? ¿Quién es el sujeto colectivo, el nosotros, nosotras, nosotres, quién imagina lo común, para quién? ¿A quién apela el ‘ni un paso atrás’ cuando hay cuerpos que no están siquiera en los parámetros proyectados por el antes y el después? ¿A quién apela el progreso? 

El término queer, en palabras de Butler, “no alude a la identidad de una persona, sino a su alianza” y por su propio significado de anómalo, extraño, torcido, nos inclina también hacia las alianzas impredecibles en la lucha por la justicia social, política, económica y cultural. Quiero decir que, quizá, para protestar contra la imposición de un nosotros/ellos excluyente y violento, hemos caído en la trampa de una contraofensiva en los mismos términos, sin mirar hacia los lados, sin coger a quien estaba ya quedándose atrás. Y probablemente nos hemos preocupado más de responder rápidamente dentro de un marco argumentativo que era en sí mismo el engaño, el cepo. Nos ha atrapado la fuerza centrípeta de lo concreto y la personalización, en lugar de ampliar y ver la estructura, lo complejo del mapa a vista de pájaro.

Esa es la trampa de evaluarlo todo según el antes y el después, esa es la trampa de pensar que “ni un paso atrás” significa que hay una línea de progreso, de avance, en la que todo funciona bien de facto. No. No hay un antes homogéneo en las violencias, como no hay un ahora homogéneo, como no hay tal cosa como un colectivo homogéneo. Lo que sí hay es una posibilidad de empezar a pensarnos horizontalmente, donde no quepa un binarismo que excluya, donde no haya un nosotros/ellos que dinamite toda posibilidad de convivencia. Lo que sí hay es un nuestro inclinado a la escucha, al afecto y al cuidado de la diferencia. Donde entendamos las diversidades y cada necesidad específica como necesidades colectivas, donde nos comprendamos, por fin, como la suma que articula la vida en común, la comunidad.

Feliz sincronía, feliz alianza queer. Feliz año nuevo, etc.

 

Los largos tentáculos de la represión de las disidencias sexuales

Pablo Morterero (@pabloMorterero)

 

Candela García fue detenida y encarcelada en Barcelona en los años sesenta por realizar “ademanes de homosexualidad”. Cuando presentó su solicitud para acogerse a los beneficios previstos para las víctimas de la Ley de Vagos y Maleantes y de Peligrosidad y Rehabilitación Social, aprobados durante el gobierno de Rodríguez Zapatero, vio como se la rechazaban, ya que a ella no se le aplicó la Ley de Vagos, vigente en ese momento, sino el artículo de escándalo público previsto en el Código Penal. A pesar de ser detenida y torturada por homosexualidad, a ojos de la legislación actual, no fue víctima del franquismo.

Uno de los errores que hemos cometido desde el activismo LGTBI ha sido no comprender que la represión de las disidencias sexuales (en el pasado y en el presente) tiene un componente sistémico, más allá de tal o cual circunstancia. Y esto viene ocurriendo tanto en las investigaciones históricas sobre la represión durante el franquismo como en las estrategias destinadas a superar muchos de los obstáculos a los que nos enfrentamos.

Cuando estudiamos la represión franquista de las personas homosexuales (gais y lesbianas), bisexuales, trans e intersex, solemos fijarnos en determinadas leyes, como la de Vagos y Maleantes y su sucesora, la de Peligrosidad y Rehabilitación Social. Esta mirada reduccionista nos ha llevado a no observar otras vías por la que el régimen de la Dictadura perseguía la homosexualidad y la transexualidad, como determinados artículos del Código Penal (como el de escándalo público o la diferencia de edad de consentimiento para relaciones homosexuales y heterosexuales) e incluso las actuaciones de los Tribunales de Honor. Pero aun teniendo en cuenta estas normas, seguiremos sin comprender la dimensión real de la persecución.

Y es que debemos partir del hecho (no privativo de la dictadura franquista) del carácter cisendoheteronormativo del sistema que automáticamente expulsaba a las márgenes todas aquellas realidades y comportamientos que no se ajustan a la norma.

Es decir, que la represión franquista no se puede explicar exclusivamente a través de las leyes sino del complejo proceso legal y social (médico, educativo, laboral, deportivo, etc.) que hacía que las personas homosexuales, bisexuales, trans e intersex sufrieran la exclusión, la persecución y, por último, la represión, ya fuese física (terapias y mutilaciones), social (sistema educativo, sanitario, laboral, religioso, etc.) o penal (encarcelamiento, destierros, etc.)

Y esta mirada sistémica debemos extenderla al presente. Cuando en los 70 se luchó por la derogación de la Ley de Peligrosidad y Rehabilitación Social, nadie parecía darse cuenta que en los 80 sería el artículo de escándalo público el que nos persiguiera. Cuando se luchó, y consiguió, modificar el Código Civil para permitir el matrimonio igualitario de forma que se evitara cualquier aplicación discriminatoria, no nos imaginábamos que, a la hora de registrar conjuntamente a un bebé por parte de las parejas de hecho de mujeres, se les exigiese estar casadas, requisito no exigible a las parejas de hecho integradas por un hombre y una mujer. O que cuando una mujer o una pareja de un hombre y una mujer van al registro civil consular para registrar a un bebé, nadie pregunta si han sido progenitores por gestación por subrogación, cosa que sí se exige a un hombre solo o a una pareja de hombres.

Debemos aceptar que, tanto ayer como hoy, cualquier interpretación de las normas legales y sociales se hará desde una perspectiva cisendoheteronormativa, que nuestra orientación, nuestra identidad o nuestra corporalidad será analizada y valorada dentro de lo correcto/incorrecto, lo deseable/indeseable, y lo beneficioso/perjudicial. Es decir, no se nos enjuiciará por lo que hacemos, sino por lo que somos.

Por eso no deja de sorprender la convicción de aquellas personas LGTBI que sostienen que ellas no han sufrido ninguna discriminación por su orientación, su identidad o su corporalidad.

Pero nada más lejos de mi intención el promover desde el activismo cualquier tipo de victimismo. Como pedía Séneca a Helvia, no deseemos para nosotros el más despreciable de los méritos, el parecer los más desgraciados.

Pero sí asumir el carácter sistémico de la represión y la discriminación, saber que cuando investigamos el pasado, o luchamos contra una norma, ya sea social o legal, nos enfrentamos solo a uno de los muchos tentáculos de la cisendoheteronormatividad, cuya denuncia y superación debe ser el objetivo final de nuestra lucha.

 

Lenguaje inclusivo

Viñeta de Teresa Castro (@tcastrocomics)

 

Zonas libres de miedo

Viñeta de Teresa Castro (@tcastrocomics)

 

Contar la vihda en pastillas

Por Daniel Cortez Abreu (@doctokind)

“Todes se preocupan del tiempo(…) se han buscado categorías universales para explicarlo y medirlo, para darle palabras a esa experiencia. Yo tengo frascos, frascos que contienen pastillas, pastillas que contienen días. Treinta días transcurren antes de abrir otro frasco, no se trata de una categoría abstracta: el tiempo toca mi lengua, tiene sabor, se desliza por mi garganta y luego se disuelve en mi estomago, El tiempo es una realidad material. El tiempo nunca había tenido una forma más concreta

Palabras de Lucas Nuñez y Rodrigo Ortega en su obra Prospectos, expuesta en “Cero Positivo” de Mueganxs

 

Hace unas semanas comencé a contar las pastillas con mayor atención. No solamente a nivel numérico, sino también discursivo. Como muches, desde que me dieron el primer bote, he medido una parte de mi vida basándome en ellas. Es como tener un propio “antes y después de la era común”, pero mi comunidad temporal es otra. La última vez que conté con atención, cuantifiqué unas decenas de pastillas, las suficientes hasta que me toque recoger la próxima tanda de botes de medicación, que ni siquiera sé si tendré. Y aunque logre obtener los siguientes botes, con lo que se siente como el “beneplácito” del sistema, la ansiedad seguirá rasgando y haciéndome mella hasta la próxima cita. Entonces la vida y el tiempo se muestran como un ciclo, aunque sepamos que no lo son. El recordatorio es infalible: es el sistema el que siempre decidirá si puedo seguir manteniendo a raya el virus en sangre, si tengo cabida dentro de la tan celebrada cifra de personas con estatus virológico indetectable en el proyecto político del Estado español. Porque la indetectabilidad no es exclusivamente una posibilidad biológica y farmacológica: es una cuestión de clase social, de racialidad y migración, de género, de afectos y estigma. La indetectabilidad no es lo que me otorga validez y humanidad, y aún así muchos se centran en que nuestra vida gire en torno a ello sin ni siquiera garantizarnos las condiciones básicas, no solo para lograrla, sino también para mantenerla. No obstante, para muches estos ciclos son tan débiles que se rompen con la posibilidad de que en la próxima cita te toque la desafortunada lotería y la farmaceuta de turno en el hospital te diga “lo siento, el sistema no nos permite dispensarte otro bote más”.

Han pasado varias semanas desde que la Comunidad de Madrid anunció las medidas que institucionalmente excluyen a cientos de personas inmigrantes con VIH del sistema madrileño de salud. Desde entonces las pastillas como parámetro temporal tienen otra carga simbólica, tienen otro efecto en mi mente, en mi cuerpo, en nuestra lucha, en nuestra supervihvencia. El peso de las pastillas ahora es otro: ya no son exclusivamente una unidad de medida temporal, también se transforman en una magnitud de ansiedad y preocupación, su fuerza gravitatoria se expande. Ahora pesan diferente en mis manos, dentro de mí estomago y en mi mente. Si estas medidas son otra forma de la necropolítica, se me ocurre que transcurren en una dimensión temporal a la que, teoricamente, nadie es ajena: la farmacotemporalidad. Especialmente nuestros cuerpos con VIH saben vivir inmersos en ella.

Casi al mismo de que la situación en Madrid se agravara, Mueganxs —un colectivo mexicano que se define como una “red de vinculación creativa de la disidencia sexual y de género/antirracista”— anunciaba su expozición digital “Cero Positivo: infectar las narrativas, parasitar los espacios”. Esta experiencia, al alcance de un móvil inteligente, ha sido un sacudón que de virtual poco tiene: lo sentí hasta en la última célula. Escuchar, leer y observar el trabajo de compañeras como Camila Arce ha sido un reencuentro motivador, pero sobre todo he sentido cada palabra de Lucas Nuñez, narrada por la voz de Rodrigo Ortega, como si me tocaran. Su voz retumba y te inunda, así como inunda el espacio que se explora a través de la pantalla. A mi me tocó, además, una fibra especial que he tenido todas estas semanas sensible; Lucas y Rodrigo hablan sobre el tiempo medido en pastillas de antirretrovirales, una realidad material, no una categoría abstracta. Nuestra vida se mide en pastillas: las que te quedan para ver si puedes viajar, las que has guardado para pasar la noche fuera de casa, las que te has tomado desde el diagnostico, las que te sobraron del cambio de tratamiento, las que has consumido desde que se implementó una medida que marca y discrimina a miles de cuerpos, las que nos tomábamos mientras preferían no hablar de nosotres, o las que te saltas para ver si llegas a rendir el bote que no sabes si en la próxima cita del hospital vas a poder renovar.

Sin embargo, más allá de la magnitud temporal, de mi calculo burdo de más o menos cincuenta botes consumidos y apelando a la polisemia de la palabra “contar”, me pregunto por las historias que nuestras pastillas pueden relatar: ¿qué narrarían nuestros botes? No quiero quedarme solo con el afán de medir la vida en parámetros numéricos y colocarla en una línea cronológica, también quiero pensar en los discursos que transcurren con cada bote: ¿qué puedo contar de la vida que ha pasado mientras he ido gastando cada uno? ¿qué ha pasado mientras cada pastilla se diluye en mi organismo para mantener la indetectabilidad? ¿quiénes han llegado a mi vihda y que cuerpos ya no existen desde que abrí cada bote? ¿qué historias no habrán podido contar los cuerpos de quienes nunca tuvieron un bote entre las suyas? ¿cómo han sido mis relaciones, mis afectos, los cuidados y los errores cometidos al desechar cada bote? ¿Cómo serían las historias de todos los botes que un cuerpo con VIH, con sida, con estigma, bichoso, infectado y marcado, tienen para narrar? No tengo dudas de que estás preguntas no tienen respuesta simples y exclusivamente individuales. Sin embargo, la tasación de nuestra vida, en números, en la percepción etnocéntrica de un tiempo que “avanza” hacia lo mejor, mientras deja “atrás” a esos cuerpos otrerizados me hace pensar en la necesidad de rescatar la respuesta y la reflexión colectiva.

Pienso en mis respuestas y leo las de mis amigas mientras me retumban las palabras de Lucas y Rodrigo:

“(…) pienso en que llegará el día en que podré inundar mi pieza con ellos, podré hacer el camino al hospital con frascos, incluso podría construir el mismo hospital, armar sus pasillos y murallas.”

Finalmente, mientras me pregunto sobre las historias que cada persona que es excluida del sistema sanitario tiene para contar y como marca a todos los cuerpos que se ven afectados –directa o indirectamente– por la materialidad de estas medidas que se piensan ajenas e insensibles, caigo en la misma reflexión a la que siempre volvemos muches y con la que concluyen Rodrigo y Lucas en su obra: “me pregunto cuantos frascos tendré que tomar antes de ver una cura…”.

Agradecimientos. Gracias a Lucas Nuñez por permitirme usar su texto como medio de reflexión y sanación. Puedes escuchar, ver y apreciar la obra de Lucas, Rodrigo Ortega, Camila Arce, Saúl de León y otres maravilloses artistas en “Cero Positivo: infectar las narrativas, parasitar los espacios” en el perfil de Mueganxs, disponible en el siguiente enlace: http://mueganxs.com/cero.html 

 

Derechas y derechos

Viñeta de Teresa Castro (@tcastrocomics)

 

Tove Jansson y sus tiernos troles

Por Charo Alises (@viborillapicara)

#Mujereslesbianas

 

Escritora, Ilustradora, historietista y pintora finlandesa, Tove Marika Jansson nació en Helsinki (Finlandia) el cuatro de agosto de 1914 en el seno de una familia de artistas. Su padre, Viktor Bernhard Jansson, era escultor, y su madre, Signe Hammarsten, diseñadora gráfica e ilustradora. Sus hermanos también se decantaron por el arte: Per Olov  se dedicó a la  fotografía y Lars se convirtió en escritor e historietista. Jansson se crió en un entorno hogareño excéntrico y ruidoso. Su mascota fue un mono tití y tuvo una niñera que leía a Platón.

Con esta infancia no es de extrañar que la artista creara un mundo de ficción poblado de personajes soñadores y filósofos.

Tove se formó en  Konstfack, la Escuela Superior de Arte, Artesanía y Diseño de Estocolmo, entre 1930 y 1933 y posteriormente en la Escuela de Artes Gráficas de la Academia Finlandesa de Bellas Artes entre 1933 y 1937. Janson completaría su formación en L’École d’Adrien Holy y L’École des Beaux-Arts de París en 1938. Participó en exposiciones colectivas y realizó su primera muestra en solitario en 1943.

Durante la Segunda Guerra Mundial, Jansson decidió sacudirse el sentimiento de depresión que la embargaba creando algo inocente y tierno. Así nacieron los Mumin, una familia de troles blancos y redondos parecidos a los hipopótamos. Unos seres generosos y sabios que recorren montañas y mares del mundo. Amantes del sol y de la sopa de verano, viven en familia rodeados de sus amistades. Los Mumin tienen elementos de la literatura nórdica —como los seres fantasiosos, las brujas, los dragones y, en especial,  los troles— vistos desde un prisma más tierno donde la naturaleza tiene un papel fundamental. Con los Mumin, Jasson aportó una visión distinta de los troles que, hasta ese momento, en la tradición Nórdica, eran descritos siempre como seres tontos y temibles.

En 1945 aparece el primer libro de los MuminSmåtrollen och den stora översvämningen ( Los Mumin y la gran inundación). Alcanzó la popularidad con los dos siguientes, Kometjakten (La llegada del cometa, 1946)Trollkarlens hatt (La familia Mumin, 1948). Escribió seis libros más de los Mumin, varios libros de ilustraciones y tiras cómicas. Su fama se extendió con rapidez convirtiéndose en la escritora finesa más leída en el extranjero. ​En 1966 obtuvo el Premio Hans Christian Andersen de literatura infantil, por el conjunto de su obra. ​

Desde principios de 1970 espació sus historias sobre los Mumin. Incursionó en la literatura para adultos con  Bildhuggarens dotter (La hija del escultor), un libro semiautobiográfico escrito en 1968. Después vieron la luz otras novelas suyas, entre las que destaca Sommarboken (El libro del verano, 1972), y cinco colecciones de historias cortas.

Tove vivió gran parte de su vida con su pareja, la artista gráfica Tuulikki Pietilä, en una pequeña isla llamada Klovharu, en el golfo de Finlandia, junto a la ciudad de Porvoo. En el 2020 se estrenó la película finlandesa Tove , dirigida por Zaida Bergroth, biopic de la artista que indaga en sus relaciones personales y en la creación de los populares libros de Los Mumin.

 

¿Estará dispuesto Casado a derogar el matrimonio igualitario para ser presidente con el apoyo de Vox?

Pablo Morterero (@pabloMorterero)

 

En España, centenares de miles de personas LGTBI estamos expectantes a la reacción de la presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, ante la anunciada presentación de una propuesta de Ley en la Asamblea de Madrid, por parte de Vox, para derogar las leyes autonómicas LGTBI y trans.

Vox nunca ha ocultado que una parte fundamental de su proyecto radical es acabar con algunos derechos humanos que hemos conseguido en los últimos años, no solo en el campo de la orientación y la identidad sino también en el campo del género. Por eso, no ha sido una sorpresa el anuncio de la formación radical de ultraderecha, pero sí ha generado preocupación el momento y el lugar anunciado para presentar la propuesta de Ley.

La presidenta de la Comunidad de Madrid nunca ha ocultado sentirse cómoda con muchos de los postulados de la formación radical, y ha hecho continuos guiños a su electorado para conseguir una mayoría suficiente para gobernar. Escorarse tanto a la ultraderecha, ha hecho que la única opción parlamentaria del gobierno de Díaz Ayuso para sacar adelante las leyes en la Asamblea de Madrid sea el concurso de la formación radical de ultraderecha. Hace unos días se formalizó el pacto para los Presupuestos de la Comunidad para 2022, y justamente después, Vox anunció la presentación de la propuesta de Ley.

La deriva de la gran formación política de centro-derecha española hacia una posición radical de ultraderechas es preocupante. Porque cada vez más, se verá condicionada por la formación radical ultraconservadora, que además necesita diferenciar su discurso político respecto a un PP escorado hacia la ultraderecha, radicalizándolo.

Si la señora Diaz Ayuso acepta el envite, y acepta derogar o modificar las leyes trans y LGTBI, no solo salen perjudicadas las personas LGTBI madrileñas y sus familias, sino las de todo el país. Porque fortalecidos por el éxito, el siguiente objetivo serán las leyes del resto de Comunidades Autónomas, y el premio “gordo”: el matrimonio igualitario.

No podemos olvidar que el PP no solo se opuso al matrimonio igualitario en las Cortes Generales si no que también presentó un recurso de inconstitucionalidad, finalmente rechazado por el Alto Tribunal. Y es que la derecha española nunca se ha sentido cómoda con extender la institución matrimonial a las parejas de dos personas del mismo sexo. Porque enfrenta el espíritu liberal existente en la formación de centro derecha, con el neoconservador que ido ganando posiciones en las últimas décadas.

Cada pacto que firma el PP con Vox, es un eslabón más de la cadena que ata a la formación de centro-derecha al programa radical ultraconservador. Tras gobernar comunidades autónomas como Andalucía, Castilla-León, Madrid o Murcia, y decenas de ayuntamiento, en las próximas elecciones generales, donde presumiblemente el candidato “popular” sería Pablo Casado, cualquier posibilidad para gobernar en minoría pasará inevitablemente por un pacto con el partido de Santiago Abascal.

Y ya sabemos cual será una de las “piezas” que querrá cobrarse el lobby político ultraconservador radical: el matrimonio igualitario. ¿Será capaz Casado de renunciar a gobernar y facilitar un gobierno de centro-izquierda, por no “sacrificar” el matrimonio igualitario?

Por eso es tan importante el éxito de la movilización del próximo 15 de diciembre en diferentes partes de España contra la anunciada petición de derogación de las leyes madrileñas trans y LGTBI. Solo si el PP asume que ceder y sacrificar derechos de las personas LGTBI y sus familias en el altar de la gobernabilidad con Vox supone la pérdida de una parte importante de su electorado más liberal, podemos asegurar que una posible mayoría de centro-derecha en las próximas Cortes Generales no suponga el fin del matrimonio igualitario.

Porque si no, lo que nos queda es rezar. Para aquellos que tengan fe, naturalmente.

 

¡No sin la H!

Viñeta de Teresa Castro (@tcastrocomics)

 

Gertrude Stein, pionera del modernismo

Por Charo Alises (@viborillapicara)

#Mujereslesbianas

 

Pionera de la literatura modernista, Gertrude Stein vino al mundo en Allegheny, Estados Unidos; el  3 de febrero de 1874. Nació en el seno de una familia de clase alta que se mudó a Viena y luego a París cuando Stein tenía solo tres años. Después de un año de estancia en Europa, se instalarían en California. Sus padres le inculcaron desde pequeña el interés por la cultura y Stein se convertiría pasado el tiempo, en una importante coleccionista de arte moderno.

Gertrude estudió en el Radclife College, un anexo de la Universidad de Harvard, desde 1893 hasta 1897. Allí fue alumna del psicólogo William James. Bajo la supervisión de James, Stein y otro estudiante, León Méndez Solomons, llevaron a cabo experimentos de automatismo motor normal (normal motor automatism), hipótesis sobre un fenómeno que se observa en personas cuya atención se divide entre dos actividades inteligentes simultáneas como la escritura y el habla.

Los experimentos de automatismo motor normal dieron lugar a formas de escritura que se incluirían en la llamada corriente de conciencia, influyó en autores como Virginia Wolf y James Joyce

Stein jamás aceptó la teoría de la escritura automática:
Puede haber movimientos automáticos, pero no escritura automática. Escribir para la persona normal es demasiado complicado para considerarse una actividad realizable de manera automática.

James, consciente del potencial del Stein, la animó a inscribirse en la escuela de medicina, a pesar de que Gertrude no tenía ningún interés en estudiar esa carrera .

Tras cuatro años en la Escuela de Medicina Johns Hopkins, la abandonó sin obtener el título. El desinterés de Stein por los estudios hizo que se dedicara a dar paseos nocturnos y acudir a citas culturales.

Durante su etapa universitaria, Gertrude es consciente de no ser una mujer convencional: no usaba corsé y vestía de un modo excéntrico por el que recibió múltiples críticas, incluso llegaron a describirla como una mujer grande, floja, en sandalias y sin importarle un comino.

En su juventud, se revela en algunos textos (Things As They Are, 1903) como una mujer deprimida consciente de no encajar en el rol femenino imperante en una cultura machista.

En 1899 impartió una conferencia a un grupo de mujeres de Baltimore. Allí dio un polémico discurso: El valor de la educación universitaria para las mujeres, toda una provocación para un público de clase media:
La mujer de clase media promedio (mantenida por algún varón) no es considerada económicamente importante. Esta dependencia económica la llevó a convertirse en un objeto sexual… adaptándose al deseo anormal del varón, convirtiéndose en una criatura que debería haber sido primero un ser humano y luego una mujer, no en una que es mujer primero y siempre.

Durante su etapa universitaria, Stein experimentó el despertar de su sexualidad. Se enamoró de Mary Bookstaver. Mary tenía una relación con la estudiante de medicina, Mabel Haynes por lo que Gertrude se vio inmersa en un triángulo amoroso. Probablemente, este hecho influyó en su decisión de dejar la carrera de medicina. A raíz de esa experiencia, Stein escribiría una de las primeras historias homosexuales “Q.E.D” (publicado en 1950 como Things as They Are)

En 1902, marcha con su hermano, Leo hacia Londres y al año siguiente los dos se trasladaron a París, donde Leo pensaba prosperar como artista.

Gertrude y Leo compartieron una casa en la Rive gauche de París (27 Rue de Fleurus) desde 1903 hasta 1914. Su residencia, situada cerca de los Jardines de Luxemburgo, era un edificio de dos pisos con un estudio adyacente. Fue ahí donde acumularon la colección de obras de arte que sería famosa por su clarividencia e importancia histórica. Esta casa fue el lugar donde confluyeron talento y pensamiento que ayudarían a definir el modernismo en la literatura y el arte. Asiduos a las tertulias que se organizaban en el salón Stein, fueron Pablo Picasso, Ernest Hemingway, F. Scott Fitzgerald, , Francis Picabia y  Henri Matisse

La escritora conoció a su compañera de vida, Alice B. Toklas, el 8 de septiembre de 1907, el primer día de Toklas en París, en el apartamento de Sarah y Michael Stein​ Toklas escribió del encuentro con Stein:

Ella era una presencia dorada, quemada por el sol de la Toscana y con un brillo de oro en su cabello marrón cálido. Estaba vestida con un traje de pana marrón. Llevaba un gran broche de coral redondo y cuando hablaba, muy poco, o reía, pensaba que la voz provenía de ese broche. No se era como ninguna otra voz, profunda, completa, aterciopelada, como dos voces.
 

En 1933 Gertrude publica  Autobiografía de Alice B. Toklas, con la que alcanza el éxito comercial y el reconocimiento del público. En esta obra abandona sus experimentos literarios para acercarse al gusto de los lectores.

La prosa de Stein se podría incardinar en tres categorías: hermética, ilustrada en The Making of Americans: La Familia Hersland; escritos populares como The Autobiography of Alice B. Toklas, y redacción de discursos del que  Brewsie and Willie un buen ejemplo. Sus obras incluyen novelas, obras de teatro, cuentos, libretos y poemas escritos en un estilo muy peculiar, juguetón, repetitivo, y humorístico.

Stein fue operada de un cáncer de estómago el 27 de julio de 1947 y falleció antes de despertar de la anestesia. Sobre la tarde de la cirugía, Toklas escribió :
Me senté junto a ella y me preguntó, aún temprano, ¿Cuál es la respuesta? Yo estaba en silencio. Ella preguntó ¿Cuál es la pregunta?