Archivo de junio, 2021

Soy Luisa, la monstrua

Juan Andrés Teno (@jateno_)

Soy Luisa la Monstrua, vieja, fea y pobre; aunque hace muchos años fui un niño guapo que jugaba, feliz, saltando la espuma del mar. Tuve una madre con manos impregnadas en jabón que me abrazaba y me llenaba de besos y un padre que me incrustó la plancha ardiendo en la cara cuando me sorprendió vistiendo las enaguas de mi hermana. Alcancé la madurez con el golpe y supe quien era buscando la causa de las quemaduras.

Un día de primavera robé los ahorros de mi casita marinera y me planté radiante en una Barcelona que creía me daría la oportunidad de ser lo que siempre fui y nunca me dejaron ser. Aunque cantaba y baila como la que más, mi deformidad facial me vomitó directamente a la noche del barrio chino, a los abrazos de veinticinco pesetas y al sexo no deseado de hombres oscuros.

Mi dinero de puta de calle me procuró las primeras hormonas y, años más tarde, muchos años más tarde, una operación clandestina que me robó cualquier placer en la cama, pero que me devolvió la dignidad plena de mujer que nunca deberían haberme negado.

Pasé por la cárcel, como muchas otras, no por vender mi cuerpo, sino por ser un peligro social en un país que estaba enfermo. Lloré mucho hasta ser una mujer reconocida por todas y cuando lo tuve en mis manos supe que seguiría sufriendo por no ser hombre y perder privilegios.

Un 26 de junio, en año 77 del siglo pasado, me lancé a Las Ramblas con mi pancartita de puta feliz, soñando con un país más amable para quienes apenas salíamos a pasear al sol y derretíamos nuestro futuro en sábanas usadas de miserables pensiones.

Esa España de libertad, que me metió en las venas un chico rubio del FAGC, llegó, pero lo hizo demasiado tarde para mi. Es cierto que puede adoptar con orgullo el nombre mi madre en mis papeles oficiales. Sí, ya era Luisa, aunque nunca dejé de ser La Monstrua. 

Fui joven y alegre y tuve un novio alto y fuerte, un toro azul que me bebía la vida en cada mirada. Besaba mis cicatrices con pasión y en sus brazos era una diosa inmaculada y pura. En sólo tres años el sida me lo robó lleno de llagas y terriblemente delgado. A él le dediqué todos mis ahorros en un entierro maldito al que no quiso acompañarme nadie. Con mis lágrimas aboné una tumba de margaritas que nunca pude olvidar.

Me lancé de nuevo a la calle y seguí amando mentiras y mojando camas que no eran la mía, soñando siempre con aquel hombre joven que seguía susurrándome versos al oído. Crecieron cicatrices en mi espalda y el sudor y el olor a tabaco de hombres ajenos me envolvían día y noche mientras devoraba todos los libros que caían en mis manos, libros que me llevaban a otros lugares y otros destinos donde poder ser feliz.

Se hizo una luz catódica en nuestro camino. A mis compañeras de calle las entrevistaban periodistas sedientas de otra Veneno en el chino barcelonés, pero mi cara quemada y las inyecciones baratas de silicona clandestina me hacían imposible reivindicar ante una cámara, aunque fuese la que más había leído, la que más sabia: seguía siendo Luisa la Monstrua.

Una mañana de invierno tuve que llorar a mi madre muerta en la puerta de la iglesia, primero, y tras la verja del cementerio, después, porque mi padre me negó la entrada y me zarandeó entre insultos y amenazas policiales. Dos años después, fui yo, sola, la que le limpió los últimos humores y la que lo amortajé con el triste y raído traje de su boda. Acaricié sus nervadas manos no queriendo olvidar las tardes de otoño en las me enseñó a pescar mientras acariciaba mis rizados cabellos. Supe que tenía que perdonarle para poder seguir viviendo.

Me llegó la vejez y la acepté plácidamente, pero seguía trabajando con mi cuerpo, ya agrietado por los años, frio, casi inerte, siempre suspirando por aquel novio joven que me envolvió en sonrisas durante tres veranos. Mi esfuerzo era intentar ahorrar para que cuando mis huesos se quebrasen pudiera comer, aunque fuera una vez al día. Sólo tenía a mis queridas amigas de la calle, con quienes compartía el chocolate caliente en el que mojábamos nuestras lágrimas y regábamos con carcajadas estruendosas antes de volver a las esquinas.

Hace unos meses escuché en la radio que nos llaman mutantes, que abusamos de los niños, que lo nuestro sólo es un deseo, que no es real. Ese no es el feminismo que he leído y la sororidad que he practicado en las calles. Me levanto, me miro al espejo y las cicatrices me recuerdan lo mucho que me ha costado llegar y que no puedo claudicar. Mi dolor no pueden heredarlo las que vienen detrás, ni los golpes, ni las zonas oscuras… Nunca, nunca renunciaré, aquel chico del FAGC me lo inoculó y mi activismo durará siempre.

Tengo la alacena de mi pequeño piso del Raval llena de lentejas y arroz. Vivo en cuarentena constante y no es la pandemia lo que me preocupa sino que no haya nadie que me cierre los ojos cuando todo acabe. He tenido la triste suerte de cumplir demasiados años y ver morir, una a una, a todas mis amigas del Chino. A todas las maquillé dentro de su ataúd, todas volaron guapas y lloradas. Pero para mí no habrá lágrimas.

La semana pasada salí por última vez de la casa y una chica que se ofreció a llevar mis bolsas hasta la casa me dijo “señora”. En 95 años era la primera vez que lo oía: “señora”, “señora”, “señora”.

Hace dos días que no puedo levantarme a hervir arroz, el único alimento que ingiero desde el martes. Sólo tengo fuerzas para manejar este lapicero que brinca desbocado entre reglones.

Las persianas están bajadas y no sé si es de día o de noche.

Tengo sueño, mucho sueño.

A veces creo que veo amanecer desde la casita de mi infancia.

Siento que el sol y la brisa acarician mi rostro.

Oigo que me llama mi madre.

Huelo sus manos.

Tengo sueño

Soy tu hija, mamá ¿dónde estás?

JUAN ANDRÉS TENO

Periodista y activista LGTBI especializado en Diversidad Familiar

Cuenta en Twitter: @jateno_ 

Blog: https://familiasdecolores.wordpress.com/

 

50 Años del Pasaje Begoña: de la Gran Redada a ser declarado Lugar de Interés Turístico

Por José Luis Yagüe Ormad. 

Asociación Pasaje Begoña (@pasajebegona)

 

EL PASAJE BEGOÑA EN LA MEMORIA LGTBI+. Parte I.*

*(Con motivo del 50 aniversario de la redada del Pasaje Begoña, en 1 de cada 10 vamos a dedicar varios días a compartir textos sobre su memoria, curiosidades, clientela habitual y devenires. Gracias a Asociación Pasaje Begoña por compartirlo en este espacio.) 

 

El 24 de junio del 2021 se cumplen 50 años de la Gran Redada de Torremolinos que acabó con el esplendor y el halo de libertad y modernidad que se respiraba en el famoso Pasaje Begoña. En Sevilla, el alcalde Juan Espadas, acompañado del alcalde de Torremolinos José Ortiz y otras personalidades, entre las que se espera la presencia del ministro del Interior, Fernando Grande-Marlaska y representantes de Stonewall, de Nueva York y de Pulse, en Orlando, van a presidir un acto conmemorativo en la sede de la Fundación Cajasol.

Aquella monumental Redada que precisó movilizar a todas las fuerzas de Orden Público de Málaga y provincia para detener a más de 400 personas, que fueron hacinadas en la pequeña travesía lateral del Edificio de La Aduana, en cuyos bajos estaba la Comisaria de la Policia Nacional y en los pisos superiores las dependencias del Gobierno Civil y la residencia del gobernador, fue vivida de forma directa por el periodista José Luis Yagüe Ormad, aquel día actuando como Redactor Jefe al frente de la Redacción, situada en una primera planta de la Alameda Principal, del Diario “SOL de España”, cuya Dirección, Redacción, Rotativa y Talleres de impresión se encontraban entonces en la calle Valentuñana alta, en Marbella. 

Dos jóvenes e intrépidos becarios que hacían las prácticas de periodismo en aquella Redacción situada encima de “Electrodomésticos Gallardo”, en el lateral derecho de la Alameda, subieron corriendo las escaleras sofocados. “Tenemos la exclusiva del año, exclamaba Luis. Pero la Policía Armada (los grises) nos ha requisado los magnetófonos donde teníamos entrevistas y testimonios, que vamos a tratar de reconstruir”, decía a José Luis Yagüe, que pronto los animó a escribir todo y pasar a informarse el mismo de la situación.

De esta forma fue como el diario “SOL de España” dio un amplio reportaje sobre lo sucedido. Los otros medios se limitaron a una escueta “nota oficial” donde se trataba de justificar la Gran Redada. Pero ya las cancillerías europeas se habían puesto en marcha para reclamar a Franco la libertad inmediata de sus súbditos, ya que además de turistas de diversos países, entre los detenidos había hijos de ministros y personalidades de relieve en Europa. La prensa extranjera se hizo eco dando la relevancia extrema que merecía.

  Hoy, 50 años después, el periodista José Luis Yagüe Ormad que vivió el esplendor de las noches de Torremolinos y el deslumbrante mundo de arte y libertad que se disfrutaba en el Pasaje Begoña, nos regala el siguiente relato:

 

Torremolinos, donde nació el auge turístico de la Costa del Sol

En los años 65-70 Torremolinos era la joya de la corona del turismo español. La plaza Costa del Sol era un hervidero de gentes dispuestas a pasarlo bien. El tablao flamenco El Jaleo ofrecía su llamativo cartel. Sentarse a tomar algo y ver pasar a la gente en el mítico bar Pedro’s era un privilegio. El flamenco hacía furor. Se hicieron famosas las juergas flamencas en El Mañana y más tarde en Las Cuevas, en la cuesta de Las Mercedes, que era una sucursal de Las Brujas de Madrid. Cuando actuó La Contrahecha con el ballet de Las Brujas, aquello fue un acontecimiento.

 Pero el ambiente se concentraba en torno a la plaza Costa del Sol. Allí en un sótano estaba la discoteca Le Bilboquet con un ambientazo increíble. Y subiendo un poco la cuesta hacia el Mercado, El Dorado tuvo unos años de gran esplendor.

No hacía mucho que Frank Sinatra había sido detenido por la Policía Armada en el hotel Pez Espada, harto de insultar a Franco. El Pez Espada era el no va más y sus propietarios el joyero Mato, de Madrid y el constructor vasco Alberola, lo mimaban en todos sus detalles. Al lado, el Remo concitaba a muchas personalidades y el club de playa era una gozada. Y Antonio, que nunca ocultó su condición gay, abría la hilera de monumentos al “pescaito” de La Carihuela, compitiendo con Prudencio, cuyo sobrino Félix Cabeza, era el camarero más simpático y avispado de la plantilla. Tanto que en pocos años después, montó el imperio de La Dorada con los mejores restaurantes de pescado de Sevilla, Madrid, Barcelona y hasta París.

En Torremolinos se despertó el auge del turismo en España. Conocí a un juerguista constructor vasco que triunfaba en Londres, Jesús Tamborero, que harto de que la Guardia Civil le cerrase una y otra noche el local nocturno de su pequeña urbanización de bungalows en la desembocadura del rio Guadarranque, lleno de ingleses que volaban hasta Gibraltar, aprovechó que el ministro del Aire, general González Gallarza (uno de los dueños de la Ginebra Larios) empezó a permitir que la cerrada base militar de El Rompedizo donde se posaban 50 bombarderos alemanes Heinkel-111, los famosos “Pedros”, recibiera vuelos comerciales de Gran Bretaña, Bélgica y Francia para empezar a traer a Torremolinos los primeros charter de ingleses, a los que pronto se unieron los vuelos de Sabena, belga,  la holandesa  KLM y más tarde Transavia que le llenaba el hotel Alay a Miguel Sánchez, su entonces director.

Era el boom del Turismo. Y Torremolinos había cogido la delantera. Hasta el príncipe Alfonso de Hohenlohe a la sazón presidente de la Cooperativa de Promotores de la Costa del Sol que construyó el Palacio de Congresos de Torremolinos, había montado una sucursal del Marbella Club en el King Club de la Nogalera, con un restaurante de gran lujo y exquisiteces junto a una deliciosa boite que contribuía a dar ambiente a las ya famosas noches de Torremolinos, casi enfrente de la recién inaugurada Tifanys.

Aquel ambientazo de la plaza principal de Torremolinos discurría hacia la playa del Bajondillo por la calle San Miguel, todo tiendas con la última moda, algún souvenir para contentar a los turistas y allí mismo el asador de Frutos, abierto hasta la madrugada con sus chuletones a la parrilla y las exquisteces de esa cocina castellana que le ha hecho famoso. Frutos Herrranz Sanz llegó desde Castilla y su primer chiringuito lo tuvo en la gasolinera Los Alamos, justo al lado de donde luego construyó su gran restaurante. Frutos era el gran complemento de la calle San Miguel y sobre todo de su más famoso punto de encuentro: el pasaje Begoña.

El Pasaje Begoña era algo único en aquella España que  quería abrirse al turismo y a las libertades de disfrute y ocio,  tal y como pensaba y deseaba el ministro Manuel Fraga con su mente abierta a la Europa que se estaba fraguando.

Era el Pasaje Begoña algo único e impensable en aquellos últimos años del franquismo. Un reducto de luces de colores, de la mejor música, de bares de diferente ambiente y música.

Pia Beck encandilaba con su romántica música al piano, mientras las parejas de chicas se cogían de la mano, se acariciaban y besaban dando rienda suelta a sus verdaderos sentimientos. 

En cada uno de aquellos sitios de música, ambiente y placer había algo diferente. Algunos de aquellos bares, con entreplantas, permitían el goce de la compañía de dos chicos que se gustaban y se complacían. Y también otros donde el hetereosesual podía estar con la chica que le apetecía. No había distingos. El pasaje Begoña, con sus bares y pubs uno tras otro era el paraíso de la libertad y el disfrute. No hacía falta ser gay o lesbi para disfrutar de la música, del ambiente, de tomar una copa a gusto, de la compañía grata que no tenía porqué ser obligatoriamente del mismo sexo. Había muchas parejas que iban a tomar una copa al pasaje Begoña, para oír el piano de Pía Beck o para deleitarse con la intimidad de las luces de colorines del neón, con la música y el ambiente.

En el Pasaje Begoña, igual que en el Bilboquet, en El Dorado o en El Jaleo, veías gentes de media Europa. Las suecas venían en bandadas a Torremolinos y venían a disfrutar. De Madrid se hacían escapadas de fin de semana, a veces utilizando “el Golfo”, el avión Caravelle de Aviaco que hacia el vuelo de Madrid a Málaga, de madrugada con escala en Sevilla y que llegaba a punto de coger el ambiente del Pasaje Begoña y de Torremolinos en su mejor momento, antes de las claras del día.

Toda marchaba que era una delicia. Y pasar una noche en Torremolinos era el deseo de la gente joven, con inclinación sexual o sin ella.

Pero, hete aquí, que un día, la mujer del gobernador civil Victor Arroyo había recibido a unas amigas de Madrid y éstas, querían conocer Torremolinos. Las llevó por las tiendas de La Nogalera y la calle San Miguel, viendo bañadores y llamativos pareos de diferentes colores. De pronto se metieron en el Pasaje Begoña, atraídas como libélulas en la noche por sus luces de colores. Metieron sus narices en el interior de algunos bares y salieron espantadas de lo que “vieron” allí. La señora, ni corta ni perezosa se fue el despacho del gobernador civil de la provincia y Jefe Provincial del Movimiento, Victor Arroyo y cómo le pondría la cabeza que “ordeno y mando” movilizó a todas las fuerzas de Orden Público disponibles y como no había bastantes autobuses ni vehículos para transportarlas, movilizó a aquellos camiones grises con toldo, del cercano Correos con matrícula PMM (Parque Móvil de los Ministerios) que sirvieron para “amontonar” de cualquier manera a los cientos de detenidos. Hay alguna versión que opina que ya el gobernador tenía en su cabeza intervenir en el Pasaje Begoña, pero fueron los gritos de la exaltada gobernadora, los que provocaron la inmediata decisión de llevar a cabo la Gran Redada del Pasaje Begoña.

Se calculaba que entre 400 y 500 fueron los detenidos en aquella Gran Redada del Pasaje Begoña. Contaban quienes la sufrieron que aquello tenía el más puro sello nazi, propio de la Dictadura que aún perduraba en España.  No valieron excusas, ni el “yo soy”. ¡Cállese y arriba al camión!. 

Se cerraron los accesos al pasaje Begoña y por allí no podía escapar nadie. Todos a los camiones. Los gritos y los lamentos eran estremecedores. Y los grises acallándolos con sus porras. Sin distinción, fuesen gays o simpatizantes o simples clientes, camareros o trabajadores del Pasaje.

Llevaron a todos los detenidos a Málaga. Cerraron el pasaje donde estaba la Comisaría cruzando unos camiones y con un doble cordón policial, para que no escapara ni uno. Mientras, se intentaba fichar a los detenidos uno a uno. Y a más de uno proponiéndolo para aplicarles la ley de Vagos y Maleantes que, sobre todas las cosas, se cebaba en aquellos gays que se manifestaban como eran. Triste y lamentable. 

Con aquella acción del gobernador Víctor Arroyo, España se echó un manchón de tinta negra en sus comienzos como potencia turística y la repercusión internacional fue impresionante. 

Hoy, 50 años después, el colectivo LGTB quiere recordar al Pasaje Begoña como el primer canto a la libertad sexual que se escuchó en España y la tremenda forma de represión con que se intentó ahogarlo. Y se vincula con la triste historia de Stonewall, el bar gay del Greenwich Village de Nueva York objeto de la redada policial que tuvo lugar en la madrugada del 28 de junio de 1969, dando origen a los disturbios que en ese mismo año propiciaron el auge del movimiento en favor de los derechos LGTB en los Estados Unidos, luego refrendados por Barak Obama.

Jorge M. Pérez García, como presidente de la Asociación Pasaje Begoña, y el conjunto de esa institución ha obtenido éxitos en su lucha por recuperar el buen nombre del Pasaje y lo que supuso como embrión del movimiento LGTBI consiguiendo reconocimientos importantes a nivel andaluz, nacional e internacional.

Y es que, el recuerdo y el reconocimientos a todos aquellos cientos de personas que fueron apaleadas por su condición sexual en aquel horrible monumento al fascismo más intransigente que fue la Gran Redada, no debe olvidarse, como la página más negra en la historia del turismo en la Costa del Sol.

José Luis Yagüe Ormad.

Decano de los periodistas de Málaga, Marbella, el Campo de Gibraltar y la Costa del Sol.

 

Poema a Marsha P. Johnson

Roberta Marrero (@roberta__marrero)

 

 

Marsha P. Johnson por Roberta Marrero

Vidas contagiosas, aulas limpias

Rodrigo García Marina (@rodrigogmarina)

 

A efectos prácticos, si algo podemos ver con claridad tras las decisiones políticas del gobierno de extrema derecha húngaro son algunas de las debilidades de los argumentos que, en el pasado, empleamos para defender a nuestra comunidad LGTB. Hace unos meses, cuando las personas trans ponían el cuerpo en los espacios virtuales y políticos para la aprobación de la Ley de autodeterminación de género, fue común volver a una noción ingenua del derecho. Se consideraba que la razón última para la aprobación de esta misma ley era un sustrato inherente a ese cajón del desastre denominado “Derechos Humanos”, el cual pareciera contener una serie de derechos naturales obviando que la historia de la justicia es justo una historia de la lucha por alcanzarla e incluso, si decidimos ir más allá, un constante ciclo de su paulatina ganancia-pérdida. Sin dar por válida la consecución argumentativa de los multiculturalistas políticos, cabe aceptar una de sus contraargumentaciones: estos “Derechos Humanos” son un tipo de derechos que solo se exigen fuera de la comunidad occidental. Lo cual, más allá de las buenas intenciones, indica que, si las personas trans son personas, todavía queda alguien-algo en el límite que coteja lo humano y transita el plano de la monstruosidad.

Hannah Arendt en “Los orígenes del totalitarismo” nos explica que, a lo largo del siglo XX, pese a existir una noción común de ser humano, los Estados consintieron que distintos grupos sociales, étnicos, sexuales quedaran fuera de la jurisdicción. “Quedar fuera” de la regulación jurídica es ante todo estar al margen de la norma en un sentido menos obvio de lo que quizá esta frase pretende. Pues quien queda fuera, no solo está excluido por una vía negativa del disfrute de una serie de garantías que lo convierten en sujeto jurídico, sino que se expone a la vulnerabilidad de la imposibilidad real del afuera. Por eso, el margen no es un margen como tal, sino una posición política de subordinación totalizante produciendo, como señala Butler, que estas personas no solo vivan ausentes de derecho, sino que la ley misma les conduce a problemas. Por ejemplo, cuando un policía interpela constantemente a una persona racializada en la búsqueda de “los papeles”. En definitiva, en la búsqueda del afuera con el que cualquier entidad jurídica puede oponerse a quien no queda bajo la regulación positiva de la ley.

La cuestión es más capciosa de lo que cualquiera primeramente pudiera llegar a imaginar. Cabe preguntarse qué se prohíbe realmente cuando se prohíbe hablar sobre cuestiones LGTB en un aula y por qué en un aula y no, por ejemplo, en la parada de autobús, el supermercado o el hospital. Lejos de lo que las campañas de desprestigio han querido vender tanto en Hungría como en España con el auge de la ultraderecha, la promoción de diversidad sexual en las escuelas son proyectos didácticos cuyos objetivos quedan difícilmente definidos en el momento en el que es complejo calibrar para quiénes sirve. En el plano de lo político ocurre que la aprobación de medidas para particulares afecta al cómputo total del grupo. Pongamos un ejemplo: si se adecúa el espacio para que personas con diversidad funcional puedan acceder más fácilmente al aparcamiento, la virtud política no se ejecuta exclusivamente sobre las personas que por sus capacidades físicas tienen una mayor dificultad para operar en carretera. También transforma la totalidad de la sociedad, haciendo entender que determinados sujetos requieren de determinados servicios de los que otros quedamos exentos. Por ello, la educación en diversidad sexual puede serle de utilidad a aquel menor LGTB que se encuentra habitualmente en una situación de exclusión escolar para entender que no es la única persona en el mundo de su condición y que, de hecho, el mundo, pese a las distintas regulaciones y persecuciones sexuales a lo largo de su historia y geografía, posee dicha diversidad. Y también sirve para desenmascarar a acosadores y cómplices, para sensibilizar a compañerxs que a partir de ese momento pueden decidir “poner el cuerpo” como escudo. Ese cuerpo que nos obligan a “poner”, no permitiéndonos salir de núcleos de auto referencialidad constante y que nos hace estar tan cansadxs. Compañerxs: ¡necesitamos tantos escudos solidarios! 

Althusser, un filósofo marxista estructuralista francés explicó que, en la medida en la que el policía dice “alto” y te para, el poder interpela a las personas. Esta interpelación en el análisis del discurso reparte unos papeles muy distintos entre conversadores. Una de las cuestiones que más pudo consternarme durante el prolongado debate de la “Ley Trans” fue el torticero cambio de tornas. Se puede, y, de hecho, por salud democrática, se debe ser críticxs con los anteproyectos de ley en términos generales. Sin embargo, lo que podría haber sido una discusión acerca de la garantía jurídica rápidamente se convirtió en una cuestión ontológica donde las mujeres trans, para la ultraderecha y algunxs activistas de izquierdas, eran simplemente hombres travestidos con infinitas ganas de entrar en las cárceles y baños públicos para así poder violar a las mujeres cis. Estas barbaridades, junto con las falacias voluntaristas de la identidad y la orientación (habría que preguntarles si acaso ellxs eligieron su condición sexual o si fue, más bien, un modo complejo de expresión con el que viven) lo único que señala es algo que, lejos de ser nuevo ocurre desde hace siglos: la imperiosa lucha por marginalizar nuestras vidas y volverlas contingentes frente a la seudonecesidad cisheterosexual. Toda esta infamia, entre otras cosas, tan solo ha servido para proporcionarle puestos de poder en redacciones a determinadas personas (espero que estén contentxs con el espectáculo montado a costa del dolor ajeno) y generar una imposibilidad de debate acerca de la garantía jurídica y la protección no exclusoria de distintos colectivos.

Sin embargo, esto no ha podido darse sin el surgimiento de una palabra contagiosa y la lucha por la toma del lugar de enunciación. Sigo observando con sorpresa cómo estxs activistxs de izquierdas llevan más de un año tuiteando diariamente sobre las vidas trans. Obviando justo lo esencial: que el anteproyecto de ley acoge vidas y que estas vidas son usualmente precarias. ¿Acaso no existían más problemas sociales? ¿No era necesario alzar la voz a raíz de otras injusticias? El absurdo es tal, que se ha llegado a exigir responsabilidades políticas a la ministra de Igualdad tras la barbarie de la violencia vicaria como una falsa consecuencia compartida con la defensa de la Ley Trans.

Cualquier persona es crítica frente a determinadas cuestiones del tipo que sean, incluso de aquellas que no nos interpelan directamente, pero ¿qué es aquello que nos conduce a enunciarlo día tras día? La interpelación del poderoso. En la medida en la que alguien habla, la otra persona calla pues si no, no podría mantenerse una conversación. En pocas ocasiones consentimos que alguien nos interpele durante el tiempo que quiera sin necesidad de obtener una respuesta por nuestra parte. Las palabras contagiosas, las que por lo visto pregonamos, producen un radical daño en la infancia, en la familia, en la regulación heteronormada de producción social. Necesitan fuerza de trabajo empobrecida e imágenes culturales que reproduzcan el futuro de la servidumbre. Nuestras palabras, como nuestras vidas, cumplen la virtud de ser peligrosas en su contagio. Pues en la medida en la que se expresan, evidencian otro modo de estar en el mundo permitiendo que potencialmente el testigo se libere. La transición política de orden mundial hacia un espectro más conservador requiere del borramiento de lo monstruoso: aquello cuya condición es mostrar o revelar en sueños la existencia de otra cosa. No son acciones disparejas. La paulatina precarización de las relaciones laborales y el empobrecimiento produce sumisión. La muerte del tejido sindical produce sumisión. La a-historización del mundo produce sumisión. Que nuestras vidas no puedan ser vividas produce sumisión.

Seamos víricas. Tomemos sus tribunas, pongamos nuestra voz.

 

“Happy Gay Pride?” by A.Davey is licensed under CC BY-NC-ND 2.0

Manifiesto de la izquierda brilli-brilli: Samantha habla por nuestra diferencia

Ira T. 

 

¿No habrá un maricón en alguna esquina

desequilibrando el futuro de su hombre nuevo?

                                                                                                                          —Pedro Lemebel, Manifiesto, 1986

El pasado miércoles, la artista travesti Samantha Hudson fue invitada al programa Playz para participar en una mesa de debate sobre políticas identitarias y lucha de clases. En dicho debate, voces del obrerismo reaccionario contrapusieron una supuesta “identidad de clase” al resto de “identidades fragmentarias”, invitando así respuestas desde una perspectiva interseccional desde las que se reivindicaba que las distintas opresiones no podían entenderse sino en un conjunto indisoluble. Samantha fue, precisamente, la única participante del debate que mostró atisbos de comprender las distintas relaciones opresivas con las que convivimos como parte de una misma totalidad capitalista. Cayó la noche y prendieron las antorchas. Desde aquel instante, Samantha ha sufrido en las redes sociales un acoso sanguinario por parte de personas que se dicen a sí mismas revolucionarias. Asimismo, esta pasada semana, una conocida feminista radical ha tenido a bien regalarnos el “agravio” de izquierda brilli-brilli, sumándose junto con el “mutantes” de Lidia Falcón al repertorio de injurias reapropiadas que nos chiflan a las transmaribibolleras. Es desde este escenario que escribo, con una urgencia y una rabia que me son impropias, pero con la firme convicción de estar en el lado correcto de la Historia. Dejad a esta transmarika contaros qué puede decirnos el odio a Samantha Hudson sobre la izquierda revolucionaria, y con suerte, en el desenlace del texto, habremos recuperado una brizna de solidaridad de clase.

Hubo una militante lesbiana y comunista en el MEHL (Movimiento Español de Liberación Homosexual) apodada Amanda Klein. En 1973, ella escribió una gacetilla llamada Explicación materialista del origen de la represión sexual, en la que relacionaba la institucionalización de la heterosexualidad con las contingencias históricas de la sociedad de clases. Su brillante conclusión declaraba: “Así pues, propiedad privada, matrimonio y sexualidad monógama heterosexual, son tres aspectos de manifestarse de un mismo fenómeno: La explotación del hombre por otro ser humano.” Amanda Klein vivió una doble militancia clandestina, en el movimiento gai y en el movimiento comunista, fue condenada a luchar sin nombre por la emancipación del género humano, mientras velaba su deseo entre visillos con cortinas tricolor. Amanda sigue viva, nunca sabremos su verdadero nombre, nunca sabremos su historia, y todo porque los prejuicios de quienes anhelaban una revolución no repararon en que la sexualidad también era una relación social a revolucionar. Cruzando los Pirineos, en una organización gai hermana (FHAR), un varón maricón y comunista apodado Jean Nicolas publicó cinco años más tarde un libro llamado La cuestión homosexual. En sus furtivas páginas se leía “Hay que abordar la sexualidad como un conjunto de relaciones sociales, regidas por normas diferentes según su adscripción a una forma dada de producción” y proseguía “una estrategia centrada únicamente la lucha contra la normalidad estaría condenada a ir cortando incesablemente las cabezas que de continuo renacerían en una inasequible medusa, sin llegar nunca a abatirle alcanzándole el corazón. Por el contrario, una estrategia anticapitalista encerrada en una lucha economista … desvirtuaría profundamente la dinámica de la sociedad de transición hacia el socialismo … que apunta a una transformación total de las relaciones sociales.” No sabemos si Jean sigue vivo, nunca sabremos su verdadero nombre, nunca sabremos su historia. 

Al otro lado del océano, en 1975, una célula de lesbianas maoístas de California respondía a los discursos homofóbicos que estaban floreciendo en las organizaciones comunistas estadounidenses. Esta réplica se denominó Towards a Scientific Analysis of the Gay Question. En ella, Los Angeles Research Group aseveraban: “Es precísamente una de las funciones de la ideología burguesa promover la idea de que hay un muro entre la vida productiva y la vida personal… debemos derribar ese muro” y resolvían “La historia de la civilización también ha sido la de los intentos de las clases dominantes de reforzar la conexión entre la sexualidad y la reproducción, para así mantener la propiedad privada mediante la institución de la herencia”. Así, su análisis materialista histórico y dialéctico concluía, como otrora había hecho Amanda Klein, que la homofobia no tenía lugar en la lucha revolucionaria; pues pertenecía a la forma burguesa de entender el mundo, donde aquellos sujetos que desnaturalizaban la economía política capitalista, como era el caso de las personas LGTBI con la familia monogámica, debían ser arrastrados a los márgenes, para así asegurar que la acumulación de plusvalía seguía viéndose como el orden natural de las cosas. No sabemos si las mujeres de Los Angeles Research Group siguen vivas, nunca sabremos su verdadero nombre, nunca sabremos su historia. Más allá de los Andes, en 1986, la escritora marica y comunista Lemebel compartía con las desposeidas invertidas del mundo, un himno al dolor proletario y disidente, su poema Manifiesto, con el subtítulo “Hablo por mi diferencia”. Los versos de este poema no estaban escritos con tinta, sino con las lágrimas de la penita negra travesti, con la sangre de tantas compañeras que “no llegaron nunca a la costa” por no ser nunca hombres de verdad. Este poema, a parte de una maravillosa obra literaria, es un fracaso político de la izquierda. En él, Lemebel, pobre como las ratas, confiesa haber perdido la utopía del horizonte comunista por toda la violencia homofóbica que recibió en su militancia, confiesa no haber tenido más remedio que huir del tren siberiano que pasaba por las pupilas de quien creía sus camaradas cuando su voz se ponía demasiado dulce. Lemebel sigue viviendo en tanto viva su poesía, conocemos su nombre, conocemos su historia, pero él murió fuera del partido.

 

Hoy, en 2021, Samantha Hudson se ha convertido en el chivo que debe expiar el pecado del borrado de la mujer (sin ser ella nada de eso), en el opio de la juventud según dicen los miserables, en las abstracciones talmúdicas que deberían arder en la pira purificadora de occidente. Mi hermana Alana Portero, y mi querido Christo Casas lo han dejado bien claro: Decid que odiáis a los maricones y dejaos de brasas. Eso sí, devolved el pin del triángulo rojo por el camino. Lo que molesta de Samantha es lo mismo que molestó de Lemebel, lo que se le pide ocultar a Samantha es lo mismo que escondió toda su vida Amanda. Por la sangre de mis ancestras degeneradas que no vamos a repetir la historia una vez más; que esta vez quienes mueran fuera del partido serán los reaccionarios que no toleran a quienes se salen de lo que el capital dice que es un hombre y una mujer de verdad. Ni una sola de las críticas a Samantha que he leído han conseguido sacudirse el polvo de la homofobia más añeja, y no quería quedarme sin preguntaros: ¿Qué os asusta tanto a quienes convertís la purpurina en injuria? ¿Se puede con tamaña cobardía edificar un mundo nuevo? ¿Tanto os importunan las femmes, las maricas, las locazas, las travestis y las trans que, a pesar de toda la violencia cotidiana del capital, se mantienen erguidas con su brilli-brilli, y lucen su feminidad prohibida con el orgullo del rebelde? En cierta ocasión le preguntaron al militante trans y comunista Leslie Feinberg qué opinaba de los discursos transfóbicos de Mary Daly y Janice Raymond, a lo que elle espetó: “Cada vez que un grupo social oprimido es demonizado, se promueve una división que no puede verse sino antagónica con el tipo de movimiento que quiero construir.” Cierto sector del feminismo hoy acusa a la feminidad que se presenta en los cuerpos que fueron nombrados en masculino en su mutismo de ser un caballo de Troya, yo no puedo sino decir que la retórica de chivos expiatorios, la misma que hoy dirigís contra Samantha, es el peor caballo de Troya del capitalismo en la lucha solidaria por imaginar otros futuros posibles en común. Para concluir, me permito el legado de hacer mías las últimas palabras del Manifiesto de Lemebel: Hay tantos niños que van a nacer con una alita rota, y yo quiero que vuelen compañero. Que su revolución les dé un pedazo de cielo rojo para que puedan volar.

 

 

Históricas LBT: Stormé DeLarverie

Por Charo Alises (@viborillapicara)

#MujeresLesbianas

 

Stonewall fue una rebelión, un levantamiento, una desobediencia a los derechos civiles, no fue un maldito motín.

Stormé DeLarverie

 

El Stonewall era un bar regentado por la mafia, situado en el barrio neoyorkino de Greenwich Village. En este local,  se daban cita personas LGTB rechazadas por una sociedad y un sistema legal que criminalizaba la disidencia sexual. El bar sufría constantes redadas policiales y los abusos de autoridad con la clientela eran habituales.  En la madrugada del 28 de junio de 1969, en una de esas redadas, se produjo una revuelta que sería el origen de la lucha por los derechos civiles de las personas LGTBI en Estados Unidos y en el resto del mundo. Una de las protagonistas de esa rebelión fue Stormé DeLarverie. Durante unos minutos peleó con varios policías que intentaban detenerla, jurando y gritando. Según algún testigo era “una típica butch de la ciudad de Nueva York” y “una dyke-stone butch”. La golpearon con fuerza en la cabeza por denunciar que le apretaban mucho las esposas. Dicen quienes presenciaron aquello, que Stormé sangraba por una herida en la cabeza mientras peleaba. “¿Por qué no hacéis algo?”, gritó a la gente que miraba impasible la situación. Cuando fue detenida y encerrada en un furgón, la multitud estalló.

Stormé nació en Nueva Orleans el 24 de diciembre de 1920. El padre de DeLarverie era blanco y su madre  una mujer afroamericana, trabajaba como sirvienta para su familia. No tenía certeza sobre su fecha de nacimiento,  así que celebraba su cumpleaños el 24 de diciembre.​ Lee el resto de la entrada »

LA DIVERSIDAD EN LAS AULAS

Francisco Navarro  (@imfranxu)

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Por desgracia, la LGTBIfobia ha estado presente en la gran mayoría de los ámbitos de la vida de las personas LGTBIQ +, en la escuela, en el trabajo, en la familia… 

Y la misma, no considero que sea una fobia; no es nada más y nada menos que una reacción maquillada de intolerancia y odio hacia lo no-normativo; odio hacia lo que es contrario a lo que la sociedad tradicional y el estigma social nos implanta

La categoría que más me da que pensar es la que está presente en las aulas. 

Más del 60%  de los jóvenes que sufren Bullying en la escuela o en el instituto se debe a razones de orientación sexual o diversidad de género. Partiendo de aquí, existen muchos centros educativos en los que no existe un protocolo para estos casos, o no lo tienen en marcha. 

Personalmente en mi infancia tuve que enfrentarme a la homofobia en el instituto; Ya en el colegio me llamaban “maricón”, cuando ni siquiera conocía el significado de aquella palabra. Hacían bromas molestas y ofensivas de manera continua y para mí era muy duro.

Conforme crecía, todo empeoraba un poco más, y las bromas se convertían en insultos, y los insultos en amenazas, y las amenazas pues, en agresiones físicas. Recibía vejaciones a diario, a la vista de directivos del centro que catalogaban sus actos como “cosas de críos” o como ” una broma”. 

Salir con miedo al patio, y seguir sintiéndolo camino a casa tras la salida. 

Me hicieron volverme frío, inseguro y asocial; perder las ganas de continuar con mi vida social y académica, y no querer salir de casa. 

Todo ello me hace pensar en varias cosas que se vienen a mi mente como si de un huracán se tratase. ¿Realmente esos niños eran tan crueles? ¿ De verdad esos profesores y profesoras consideraban las vejaciones una broma?. 

¿Cómo podría ser una broma algo que se ha cobrado la vida de muchos jóvenes que se han quitado la vida a causa de ello? Aquellas “bromas” como las llamaban y aquellos comentarios me hacían sentir vulnerable, que no era válido o que era un mero bicho raro diferente a los demás, un ser que no merecía el respeto de la multitud. Es triste que tres, cuatro o diez sinvergüenzas te hagan olvidar quién eres o cuál es el verdadero significado de la felicidad; que solo consigan que  te familiarices con el miedo y la vergüenza, o que te acostumbres a ver la impunidad de tus agresores a ojos de un equipo directivo de un centro educativo en el cuál no escuchan tu manifiesto y tu llamado de ayuda. 

Con el paso de los años pude darme cuenta de que no estaba tan solo, porque comencé a conocer gente de mi condición, gente “rara” que era como yo y me aceptaba tal y como soy. 

He intentando sacar algo bueno de tanto dolor, llegué a la conclusión de que ahora veía el mundo de otra manera, porque conocí la empatía, por las nuevas generaciones que estaban por venir y que por desgracia estaban expuestas a todo aquello. 

Me hizo ver que todos esos agresores solo eran títeres movidos por la desinformación y las ideas cognitivas de sus padres y madres. 

Que la raíz de todo mi dolor y el dolor de las personas pertenecientes al colectivo se solucionaba con algo tan sencillo como lo es la educación. A día de hoy sigo teniendo secuelas de todo aquello; me derivó en ansiedad y en agorafobia* ( es la fobia a los lugares públicos. En particular se trata de un trastorno de ansiedad ante espacios sin límites claros o situaciones en las cuales la amplitud del lugar impide al afectado poder escapar o incluso recibir ayuda en caso de un ataque de pánico) . Me sigo preguntando por qué a día de hoy no enseñan a estos niños y niñas que existen distintos tipos de orientación sexual y la gran diversidad que existe con respecto al género, y por qué no enseñaron a mis agresores que yo era igual que los demás y que los demás eran igual que yo. 

Nuestra infancia es uno de los pilares fundamentales en la construcción de nuestra personalidad, y tenemos que asegurarnos de que nuestras nuevas generaciones crecen en igualdad y rodeados de respeto ; en aulas en las que todos sean válidos. 

Todo aquello que sufrí me animó a seguir luchando, y a día de hoy, sigo en guerra por dar visibilidad en los centros educativos a estas problemáticas, para así evitar que otros y otras jóvenes sufran lo que yo sufrí. 

 

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CRÓNICAS DEL MARGEN – CUIR MADRIZ

Por Victor Mora (@Victor_Mora_G ‏)

 

 Dado que lo líquido, al final, es un contexto por el que moverse y escribirse con otros parámetros, los propios formatos narrativos también han ido fluctuando hacia lugares fluidos, casi gaseosos, desde la instalación de lo social digital como forma de expresión y vía hegemónica de comunicaciones. Y eso sí, convengamos, hay veces  que nos agota y otras, claro está, que se pierde por el camino. La rapidez implacable del contenido digital nos desborda y nos somete a una frecuencia que no es fácil habitar, o para la cual simplemente no siempre hay ganas.

Con todo, podremos convenir que hay solideces que sí nos gustan y que no son, desde luego, las del género y el sexo. Nos gustan las que siguen contra viento y marea habitando, a la vez, la tangente de lo efímero fuera de lo digital, las que nos bajan al suelo con fotocopias y grapas, las que nos invitan a sentarnos a leer con imperdibles y cromos, las que son un tesoro perdurable y dan forma al archivo de la disidencia. Objetos de contraedición limitada que poseen, para el caso, un aura mágica por ser tangibles y exclusivos. Nuestra genealogía se escribe también en fanzines, de forma autogestionada e independiente, y además de leerla tantas veces como queramos, podemos tocarla con las manos. 

Hoy, en Crónicas del Margen, CUIR MADRIZ.

Hablé con las Cuir Madriz hace dos años, para publicar una entrevista que ya no está disponible, precisamente, por estos barridos inesperados que ocurren a veces en el universo digital. Me contaron que surgen de esta visión autogestionada para lanzar un discurso crítico sobre las realidades y experiencias cuir, filtradas por una mirada transfeminista. Hoy siguen en pie  y mejor que nunca después de varios años de eventos, pinchadas, textos, ilustraciones y alianzas fanzineras. El mes pasado asistí a la segunda presentación en la Villana de Vallekas de su cuarto número (que es el #3 porque empezaron por el #0, como no se cansan de repetir para las pazguatas como yo, que nos seguimos liando). 

Marikas, bi y bolleras, cis y trans, binarias y no binarias, provincianas y urbanitas, han (hemos) pasado por ser plumas de Cuir Madriz que, al final, se ha convertido en un archivo fotocopiado de muchas voces de la disidencia coetánea. Plumas maribibollo, transfeministas y antifascistas, que a golpe de palabra, ilustración o diseño, reivindican la memoria del margen combativo.

 

En este número podréis encontrar, entre sus 50 páginas, fotografías y carteles, ilustraciones, narrativas y referentas aliadas. Desde preciosos homenajes a Divine y a Cocó Cielo hasta reflexiones sobre cómo la arquitectura distribuye a los cuerpos cuir en el espacio. Desde un ejercicio disidente de escritura automática hasta un repaso por referentes tecno-pop de la escena queer-punk de la Yugoslavia socialista. Experiencias en verso y muchos más temas de plumas editoras como Lorenzo Romanista o Rebe Kämpfer, o invitadas como Andrea Galaxina (o servidora, que para el caso contribuyó con un texto sobre Elliot Page y el cuerpo en tránsito). 

Cuir Madriz es un flujo sólido, un torrente narrativo de imágenes y formatos poliédricos. No es extraño, por tanto, encontrarse entre las páginas de Cuir Madriz con poemas y dibujos, con repors y posters, el cuiróscopo y, por supuesto, con la colección de CROMAS cuir. Ya advirtieron las artífizas fanzineras que para el próximo encuentro es posible que encontremos un álbum para pegarlas, que las guardemos con cuidado, que las podremos intercambiar como lo hacíamos de peques, (a mí en este número me ha tocado, entre otres, el guapo de Miquel Missé). 

Podéis encontrar los fanzines, también, en la librería Mary Read, nuevo espacio aliade transfeminista del que hablaremos aquí muy pronto… De momento, sigue a las CUIR MADRIZ en redes y no faltes a sus citas:

https://cuirmadrizcom.wordpress.com/

Fb @cuirmadriz

Ig @cuirmadriz

 

Larga vida a la escena antifascista fanzinera, al punk disidente y a las Cuir Madriz!

Asómate a la Diversidad

Manolo Rosado – Presidente Red Estatal de Municipios Orgullosos

 

El pasado año 2020, pudimos detectar que la crisis sanitaria, económica y social provocada por el Covid-19 agravó muchas de las situaciones discriminatorias que ya sufrían las personas y familias LGTBI. Especialmente en aquellas más vulnerables que viven situaciones de extrema necesidad. Con más azote, en los pueblos pequeños donde la ausencia de empleo o garantías de protección laboral durante la pandemia ha obligado a sobrevivir en entornos familiares hostiles donde la convivencia podía ser un auténtico infierno.

En esta época de reconstrucción social, económica y sanitaria, donde empezamos a ver la luz al final del túnel con las vacunaciones masivas, es necesario que un pilar básico a tener en cuenta sea la igualdad de derechos y la protección de la dignidad de todas las personas independientemente de su identidad de género, su orientación sexual, su corporalidad, raza, edad o factor humano relacionado con la diversidad.

Estamos hablando de una crisis sanitaria que afecta muy de lleno a la desigualdad estructural que ya sufrían muchas personas y familias LGTBI en nuestros pueblos y ciudades y que se ha agravado notablemente con esta situación. Muchas y muchos ya sufrían a diario la vulneración de sus derechos fundamentales con acosos y violencias motivadas por la LGTBIfobia, cuyas consecuencias se traducen en discriminaciones. 

El Orgullo es la herramienta política más importante que tenemos actualmente para visibilizar y denunciar esta realidad. Este Orgullo LGTBI, que vivimos en nuestro pueblo al unísono junto con un centenar de territorios que configuramos la Red Española de Municipios Orgullosos, volverá a reclamar la puesta en marcha de medidas específicas para paliar los efectos de la crisis. Reivindicamos, una vez más, la aprobación urgente de la Ley de Igualdad Social y No Discriminación de las personas LGTBI (Ley Estatal LGTBI) que en estos días se tramita y, entre otros aspectos, incluye la despatologización de las personas trans. 

Como feministas, denunciamos y rechazamos la doble discriminación a la que están expuestas las mujeres lesbianas, trans y bisexuales que son víctimas de cualquier manifestación de machismos o misoginias.

Y por supuesto, seguimos trabajando en conseguir abrir los armarios de nuestros pueblos, en atender a nuestros mayores LGTBI y en seguir reivindicando con fuerza la protección de los menores y bebés intersex de esa barbarie que son las “cirujías cosméticas”. 

Pero es necesario que también hagamos cumplir la ley con acciones y políticas en favor de la desde nuestras propias competencias, corrigiendo cualquier tipo de discriminación, acoso y fobias que se den en nuestro pueblo y enriqueciendo la educación y la cultura en valores de respeto a ser como cada persona se identifique. 

“Asómate a la Diversidad” es el lema que la Red Estatal de Municipios Orgullosos ha elegido para el Orgullo de este Orgullo LGTBI 2021. Porque además del compromiso de las instituciones y las entidades LGTBI por mostrar y explicar el amplio abanico de orientaciones, identidades o corporalidades, tenemos que trasladar de manera clara y contundente a nuestras vecinas y vecinos la invitación a participar de manera activa en nuestro noble empeño para conseguir pueblos y ciudades mejores.   

Nuevos territorios que se suman cada año a trabajar en red por la diversidad, y aunque con vértigo, celebramos con enorme la ampliación de nuevos municipios, provincias y autonomías que se suman a trabajar en red por la diversidad. 

Volvemos a celebrar nuestro Orgullo en los balcones, para asomarnos y lucir los colores y animar así a nuestros vecinos a participar en este Orgullo e inundarlos con los con los colores del arcoíris y mensajes reivindicativos. Pero también tenemos que ir recuperando los espacios públicos poco a poco, con responsabilidad y con cautela. 

Los más de cien ayuntamientos, mancomunidades o distritos que conforman la Red Estatal de Municipios Orgullosos presentan una agenda reivindicativa y cultural para visibilizar la diversidad como actores responsables y comprometidos con el conjunto de la ciudadanía. Pero como señalábamos antes, la invitación en este Mes de la Diversidad se hace extensiva al tejido asociativo, a los establecimientos hoteleros, a los bares y restaurantes, a las comunidades de vecinos de cada territorio a que celebren y se contagien del espíritu de la igualdad. 

Porque esta es una agenda que no solo pertenece al colectivo LGTBI, sino al conjunto de la sociedad. Una sociedad diversa es una sociedad mejor. Invitemos a asomarse a la diversidad a nuestros familiares y amigos. Pongamos en valor nuestro todo nuestro potencial para atraer a un turismo diverso, para crear nuevas fuentes de riqueza e, incluso, para ofrecer nuestro pueblo como un espacio amable en el que las familias LGTBI se queden a vivir contrarrestando la despoblación.

Volvemos a solicitar la implicación un año más de las distintas administraciones: Gobierno Central, Comunidad Autónoma y, especialmente, la diputación provincial por su carácter eminentemente municipalista y potente institución que tanto ayuda a los pueblos menores de 20.000 habitantes. 

Insistimos. Asómate a la Diversidad. 

 

Históricas LTB: Marsha P. Johnson

Por Charo Alises (@viborillapicara#MujeresTrans

 

Si no apoyas a la gente negra, a las mujeres trans, a las trabajadoras sexuales y a las personas que viven con VIH, no está celebrando el Orgullo.

 

Mujer negra, trans, pobre, prostituta, VIH positiva, modelo, drag y activista LGTBI. Nació como  Malcom Michaels Jr., en Nueva Jersey, Estados Unidos el 24 de agosto de 1945. Fue una de las activistas más destacadas por los derechos de las personas LGTB

A los cinco años Marsha empezó a usar vestidos pero tuvo que dejar de hacerlo por las agresiones de algunos niños. Con  trece años fue violada por otro menor. En esa época ella no sabía nada sobre las personas LGTB.

Con 18 años, una maleta de ropa y quince dólares en el bolsillo, se marcha a Nueva York.

No eran tiempos  propicios para la disidencia sexual. Aunque el Estado de Nueva York había cambiado la sodomía de un delito a una falta, la homosexualidad seguía siendo criminalizada, Las personas homosexuales no podían bailar juntas y estaba prohibido servirles alcohol en los bares. Vestir ropa del sexo opuesto podía suponer una acusación de desviación sexual.

Reina Callejera muy conocida en la ciudad de Nueva York,​ Johnson fue una de las  activistas más destacadas en los enfrentamientos con la policía durante los disturbios de Stonewall, ocurridos durante la madrugada del 28 de junio de 1969 . Esta revuelta   sentó las bases de la lucha por los derechos civiles de las personas LGTB en Estados Unidos y en el resto del mundo. En 1970 Marsha fue una de las caras visibles de la primera marcha del Orgullo.

Johnson y su amiga Sylvia Rivera, preocupadas por las jóvenes trans sin hogar,  cofundaron a principios de los setenta, la organización Street Transvestite Action Revolutionaries (STAR; Revolucionarias activistas travestidas callejeras); juntas eran una presencia visible en las marchas a favor de los derechos de las personas LGTB y participaban en otras  acciones políticas radicales en defensa  de diferentes causas sociales.

Junto con Rivera, Johnson era madre de la Casa STAR, recogiendo ropa y comida para ayudar  a las jóvenes drag queens, mujeres trans y chicos sin hogar que vivían en los muelles de la calle Christopher.

En la década de 1980,  continuó su activismo en la calle como organizadora  de ACT UP, acrónimo de AID Coalition to Unleash Power, un grupo de acción directa creado en 1987 para llamar la atención sobre la pandemia del sida y las personas  que lo padecían con objeto de conseguir legislaciones favorables , promover la investigación científica y la asistencia a quienes lo  sufrían  hasta conseguir todas las políticas necesarias para alcanzar el fin de la enfermedad.

Cuando un  juez preguntó a Marsha, ¿Qué significa la ‘P’ del nombre?; Johnson contestó: Pay it No Mind (No le hagas caso). ​Esta frase se convertiría en su distintivo.

En 1974  Andy Warhol la fotografió como parte de una serie de polaroids titulada señoras y caballeros, que se centraba en drag queens.​ Johnson también era miembro de la troupe de drag queens de Warhol, Hot Peaches, que ha sido comparada con otra similar de San Francisco, The Cockettes.​

En julio 1992,  encontraron el cuerpo de Marsha  flotando en el río Hudson, no lejos del muelle del West Village, poco después de la Marcha del Orgullo.​ La policía consideró la muerte un suicidio.​ Los amigos y seguidores de Johnson dijeron que no tenía tendencias suicidas​ y una campaña de pósteres más tarde afirmaba que Johnson había sido acosada el día de su muerte cerca de donde se encontró su cuerpo. Los esfuerzos para conseguir que la policía investigase la causa de la muerte fueron infructuosos. ​ Después de una fuerte campaña dirigida por la activista Mariah López, en noviembre 2012 el departamento de policía de la Nueva York reabrió el caso como un posible homicidio.​

Las amistades cercanas de Johnson la consideraban una persona profundamente espiritual, que atendía a todas las iglesias y templos y regalaba lo poco que tenía para ayudar a las personas  que malvivían en las calles.

Sólo dos días antes de su muerte, Johnson fue entrevistada extensamente sobre su vida. La entrevista forma el núcleo del documental de 2012, Pay it No Mind: The Life and Times of Marsha P. Johnson, dirigido por Michael Kasino y Richard Morrison.

En el lugar del río Hudson donde se recogió su cadáver se ha instalado una fuente en su memoria.

 

“Marsha P Johnson” by Glaurung_Quena is licensed under CC BY-NC-ND 2.0