Contractivismo: ¿por qué tu opinión vale más que la mía?

Por Marta Márquez (@marta_lakme) escritora y presidenta de Galehi, asociación de familias LGTBI

Foto de Robert Couse-Baker

 

”La normalidad es una ilusión; lo que es normal para una araña es el caos para una mosca”

Morticia Addams

 

Y en esas vive el mundo entero. En decidir qué es la normalidad, qué está bien y qué no. Lo que pasa es que decidir qué es lo correcto para siete mil millones de personas igual se nos va de las manos, ¿no?.

La decisión es algo que se construye a través del conocimiento, o debería ser. Se presenta algo nuevo en nuestras vidas, tratamos de saber qué es y, en base a nuestro aprendizaje anterior, decidimos si es bueno para nosotres o no. Parece fácil, pero es algo que el ser humano lleva tratando de explicar y de entender desde que tenemos conciencia. La filosofía se ha encargado de tratar de devanarse los sesos para conseguir llegar al kit de la cuestión y desde Sócrates hasta Judith Butler las preguntas han sido siempre muy parecidas.

El construccionismo y el constructivismo son dos corrientes que han tratado de explicar cómo llegamos a entender el mundo que nos rodea y, para mí, tiene mucho que ver con lo que está sucediendo dentro del activismo (entorno a las cuestiones LGTBI). Aunque tanto el construccionismo como el constructivismo social tienen que ver con la forma en la que los fenómenos sociales se desarrollan, son distintas. El construccionismo social se refiere al desarrollo de los fenómenos relativos a los contextos sociales, mientras que el constructivismo social se refiere a la creación de sentido individual de los conocimientos en relación con el contexto social. Así, el construccionismo se describe como una construcción sociológica mientras que el constructivismo lo hace como una construcción psicológica. O sea, que somos quienes somos dependiendo de nuestras experiencias y nuestro entorno social.

Esto hace que nadie se parezca a nadie, pues aunque vivamos en la misma sociedad nuestras vivencias serán necesariamente diferentes ante hechos similares. ¿Por qué entonces hay gente con la que tenemos un punto de vista parecido? Pues porque realmente las opciones no son tantas y porque nuestros puntos en común estarán llenos de matices personales que, si dejamos a un lado, se quedarán en la esencia de una idea; mucho más fácil de manejar a mi entender.

Intentar explicar cuál es la naturaleza del conocimiento humano es asumir que nada viene de nada sino que todo viene de algo, que un conocimiento previo dará lugar a uno nuevo y, por ende, que el conocimiento es subjetivo y que no hay nada que sea inamovible. Y esto me lleva a la historia, a cómo es contada dependiendo de quién la narre y, debido a eso, los buenos a veces serán los malos y viceversa. Entonces, si Aristóteles considera que el bien supremo es la felicidad del ser humano y a un ser humano le hace feliz vejar a otro, ¿eso está bien? Sin embargo, Platón creía que el Bien hace bueno al ser humano. O sea, ¿qué las buenas personas hacen el Bien y nunca el Mal? Obviamente, esto es simplificar mucho un pensamiento, pero lo que nos hace entender es que llevamos miles de años tratando de explicar por qué nos comportamos como lo hacemos y por qué tenemos pensamientos tan distintos.

Siguiendo con la filosofía, el constructivismo postula la necesidad de entregar a quien tiene que aprender las herramientas necesarias que le permitan construir sus propios procedimientos para resolver una situación problemática, lo que implica que sus ideas puedan verse modificadas y siga aprendiendo. Deberíamos ser capaces de crear un pensamiento único y crítico, sin embargo eso nos lleva darnos cuenta de que entraremos en un círculo vicioso del que sería difícil salir porque si el objeto a criticar resulta no tener una única respuesta válida será casi imposible estar en la posición correcta.

En realidad, simplificar todos estos conceptos es una forma de tratar de comprender por qué dentro del activismo hemos llegado a tener puntos de vista tan diferentes. Quizá siempre los tuvimos y es que ahora estamos hilando ya tan fino que resulta todo muy complejo.

Yo, que me considero una mujer cis y lesbiana, defiendo que las mujeres trans son tan mujeres como lo soy yo, que los hombres trans son tan hombres como cualquier hombre cis y que el no binarismo es tan aceptable como que la tierra gira alrededor del sol.

Defiendo que la ciencia está al servicio del ser humano y que quien quiera hormonarse o pasar por una o varias cirugías para adaptar su cuerpo a su sentir está en su pleno derecho. También defiendo que los conceptos hombre/mujer están predefinidos por la sociedad y que depende de esa sociedad serán una cosa u otra, más o menos parecida. No obstante, ¿debería ser así? Si el género y la autodeterminación del género vienen a significar que no hay nada que de manera precisa indique quién es hombre y quién mujer o cómo se es hombre o mujer, ¿qué es ser hombre y qué es ser mujer?, ¿por qué tengo tan claro que soy una mujer si no sé explicar el porqué?, ¿destruir el género será la forma de librarnos de la discriminación o solo nos dejará más vulnerables?

Podríamos definir al activismo y a las activistas como “alguien que está activo en una campaña a favor del cambio, normalmente en cuestiones políticas o sociales”. Entonces, el contractivismo debería ser  una forma de entender que existen otras activistas que tienen puntos de vista distintos a los tuyos y ser capaces de coger esa nueva información y convertirla en un nuevo aprendizaje y no el boicotear el activismo por parte de las propias activistas. Algo así como “si no piensas igual que yo tus acciones no valen nada. Es más, voy a ir contra ti y voy a machacarte públicamente hasta que no te queden ganas de seguir”. Vamos a ver, queridas feministas, si todas buscamos que las mujeres seamos libres y vivamos en igualdad de derechos y oportunidades, ¿por qué tu opinión vale más que la mía? De hecho, ¿por qué te empeñas en decirme si puedo o no hacer algo?

Puedo entender una crítica brutal por parte de ciertos sectores de la sociedad que están absolutamente en el lado opuesto del que estamos las feministas y el colectivo LGTBI, pero me cuesta asimilarlo si viene desde dentro. Realmente, considero que lo que se consigue es que se nos vea como un movimiento fracturado y fácil de quebrantar. Y eso sí que debería preocuparnos, ya que la España más rancia está a la espera de que hagamos el más mínimo movimiento en falso para atacar con todas sus armas y desmontar todo lo que llevamos años construyendo. Así que, un poquito más de filosofía, de empatía y de asertividad y de preguntarse qué pasaría si, por algún motivo azaroso de la vida, no llevo razón.

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