Archivo de enero, 2021

¿Quién teme a lo queer? – Intimidad y sexo: un conjunto de órganos fragmentados

Por Victor Mora (@Victor_Mora_G ‏)

Foto: “Lulú // Louise Brooks Duplicada” por Chema Ayuso @xemasanayu

Eva Illouz habla del sexteo como una exposición fraccionada, “la visualización y la sexualización del cuerpo, entonces, disocian al cuerpo del yo para someterlo a una mirada rápida e instantánea, dentro de una interacción cuyo objeto se reduce a un órgano”. Somos, en Illouz, un conjunto de órganos fragmentados y, en la práctica del sexteo, reducimos nuestro cuerpo a una fracción cosificada que, a la vez, cosifica. El sexteo invita a leernos (y a leer los fragmentos de otre) como pedazos desapegados no sólo del resto del cuerpo, sino de cualquier otra condición, virtud o fuente relativa a la identidad social.

Como conjunto de órganos fragmentados que ha practicado y practica el sexteo, con mayor o menor frecuencia, no tengo nada que decir en contra, faltaría más. Por más que uno siempre habite la crítica y la sospecha, a veces gusta de meterse en estructuras cosificadoras y en las lógicas mercantilistas del cuerpo, “una tiene sus locas vanidades”, que nos diría Woolf.  Entre esas críticas, claro está, se encuentra el ser consciente de que entrar y salir de una práctica cosificadora del propio cuerpo (más o menos) a voluntad, es fruto de un privilegio y una agencia que, al menos, me sirve para decirme a mí mismo que soy yo quien decide fragmentarse un órgano de vez en cuando, por mucho que, quizá, sea resultado de un autoengaño y la práctica fagocite más esferas de las que creo. Lee el resto de la entrada »

¿Quién teme a lo queer? – Cuerpo en fuga: taxonomías, lechones y sirenas

Por Victor Mora (@Victor_Mora_G ‏)

 

Las viejas ideas se hacen a un lado despacio,

pues son algo más que formas y categorías abstractas.

Son hábitos, predisposiciones, actitudes de aversión

y preferencia profundamente enraizadas.

John Dewey

“Self portrait”, 2020. IG: @flowerenbxy

 

En el prefacio de Las palabras y las cosas, Michel Foucault cita la clasificación de los animales que aparece en “cierta enciclopedia china”, donde está escrito que “los animales se dividen en:

a] pertenecientes al Emperador, b] embalsamados, c] amaestrados, d] lechones, e] sirenas, f] fabulosos, g] perros sueltos, h] incluidos en esta clasificación, i] que se agitan como locos, j] innumerables, k] dibujados con un pincel finísimo de pelo de camello, l] etcétera, m] que acaban de romper el jarrón, n] que de lejos parecen moscas”.

En esta taxonomía tan divertida, que aparece en El idioma analítico de John Wilkins de Borges, se cuestiona lo arbitrario o caprichoso de las clasificaciones, y es cierto que nos hace advertir, como poco, dos cosas: la primera es que en ella efectivamente están todos los animales, dado que las propiedades que se escogen para clasificarlos los incluyen (o pueden hacerlo) ya sea por nombre (lechones, sirenas), por contexto (incluidos en esta clasificación, que acaban de romper el jarrón, que de lejos parecen moscas), o incluso por defecto (innumerables, etcétera); y la segunda es que ahí radica precisamente el problema ridículo de las clasificaciones, en la propiedad que se escoge para elaborar la taxonomía y distinguir, en este caso, unos animales de otros. Lo que hace Borges es plantear lo imposible de la clasificación o, como mínimo, poner de manifiesto su carácter caprichoso.

No quiero decir, evidentemente, que las clasificaciones sean inútiles, falsas, o instrumentos obsoletos para la explicación de las cosas. Nada más lejos. Clasificar nos permite conocer el mundo y leer sus fenómenos (los naturales, al menos) como resultado de una organización. Sin embargo, lo sugerente de la clasificación borgiana de los animales, y lo que podríamos plantearnos aquí, es la manera en la que se elaboran las taxonomías y si esa manera, quizá, ha saltado de las ciencias naturales a la conquista de otras esferas de la existencia (de la humana, particularmente, en su variable política, que poco tiene de natural y menos de clasificable). Dividir por categorías a los animales en vertebrados o invertebrados, en mamíferos, reptiles y anfibios, nos será de utilidad para organizar el mundo y sus fenómenos, desde luego.

Tendremos, eso sí, que poner nuestra atención sobre una propiedad esencial de estos seres vivos (por ejemplo, la columna) para comenzar nuestra taxonomía. Lo mismo podemos hacer con otras cosas, con las frutas, por ejemplo, y dividirlas en función de si son dulces, ácidas o amargas. Sin embargo podríamos organizarlas por colores, porqué no, en cuyo caso el plátano y el limón quedarían agrupados bajo una misma categoría, como ocurriría con la lima y la sandía. Y por poco (o muy tonto) sentido que pueda parecer que tiene esto, lo cierto es que para clasificar lo primero que hacemos es reducir al objeto a una propiedad esencial de todas las que tiene, y lo segundo es leer esa propiedad como diferencia, como oposición, para discriminar y agrupar con sentido.

El problema viene entonces, cuando nos fijamos en la diferencia para explicar una clasificación y esperamos que esa diferencia sea estable. Obviamente no hay demasiados problemas cuando nos encontramos con un limón verde, sin embargo sí los hay cuando elaboramos una taxonomía de lo humano, cuando discriminamos según una única propiedad y esperamos igualmente un comportamiento estable de los significados (que en nuestro caso, tienen carga y gravedad política). La tentación de definir lo humano por oposición binaria es tradicional, y se ha servido de todo tipo de discursos para discriminar por la diferencia desde la supremacía (blanca, cis, burguesa y heterosexual).

Cierto que ya se han quebrado algunas lógicas que se adherían al sexo (“biológico”, genital, si se quiere) y sus significados esperables dentro del marco del género. Las lógicas de la división binaria del sexo esperaban comportamientos estables de varones y mujeres que, efectivamente, serán varones y mujeres siempre que se organicen y se lean dentro de un marco cisheteronormativo. La policía del sexo se encarga de señalar a los elementos defectuosos que no encajan en la taxonomía, y condena a los cuerpos que desbordan, a los cuerpos en fuga que se escapan de la clasificación.

No hace mucho las bi, maricas y bolleras no éramos varones y mujeres, porque no cumplíamos con el régimen taxonómico heterosexual. Y no se consideraba que lo equivocado fuese el propio marco en el que debíamos encajar, era nuestro deseo el desviado, el anormal, el que hacía de nosotres un tercer género, otra cosa no encajable en la taxonomía. Lo mismo ocurre ahora con las personas trans* y no binaries, y con las salidas del armario múltiples que se pueden dar a lo largo de la vida, las que nos reorientan, nos azotan y nos desubican. La policía del sexo carga contra aquello que haga amenazar la estructura taxonómica y, en definitiva, los significados estables que se esperan, pero los cuerpos están en fuga, se escurren de todo significado que trate de sujetarlos, porque la existencia política no son ciencias naturales. Somos lechones y sirenas, somos etcétera. No hemos salido del armario para entrar en un cajón, nuestro cuerpo se pavonea y se ríe de la organización, su deseo se extiende, se multiplica, muta.

Ojalá poder decir que no nos importa lo más mínimo vuestra clasificación y orden del mundo, que no queremos caber ahí, que no queremos ser varones y mujeres, que os los quedéis, que a nadie le importan. Pero no es así, porque la única forma de reivindicar una existencia es dentro de los parámetros legibles de la taxonomía, y por eso lo que hacemos es entrar, eso sí, a codazos. Porque no se trata (nunca se ha tratado) de caber en el significado varón o mujer, se trata de cambiarlo, de ampliarlo, de estirar sus estrecheces opresivas. Se trata de hacer visible lo ridículo de las clasificaciones humanas para acceder a unos derechos civiles o a una existencia en sociedad sin miedo permanente al acoso y la violencia. Se trata de que los seres humanos no podemos reducirnos a una propiedad esencial ni a una diferencia estable, porque eso nos aleja y discrimina y, por demás, es una mentira.

El armario y las personas trans

Por Marcos Ventura Armas (@MarcosVA91) activista de Gamá, Colectivo LGTB de Canarias

Foto: Ted Eytan

Cuando empecé a hacer activismo lo hice convencida de la importancia de hacer un mundo mejor, pero también siendo consciente de que me arriesgaba a pagar un precio por ello. Ningún cambio sale gratis, todos se consiguen con sacrificio y también, lamentablemente, con sufrimiento personal.

Dado que cada día estoy más firmemente convencida de que lo personal es político, hoy quiero hablarles de un tema que han usado contra mí muy a menudo y que admito que me resulta doloroso, y es el tema del armario.

Ser una persona trans en una sociedad cisexista no es fácil. Ser una persona trans no binaria como realidad aún menos conocida y validada, tampoco lo es. Pero decidir visibilizarte como una persona trans antes de decidir hacer un tránsito, ya sea físico o de expresión de género, supone exponerte a una violencia muy grande. No me arrepiento de haber decidido hacer este activismo, creo que las personas trans que deciden no transitar necesitan tener referentes y que alguien les reconozca públicamente que su identidad es válida. Pero el cisexismo es muy violento en su defensa de que ciertas expresiones de género solo pueden vincularse a ciertas identidades. Lee el resto de la entrada »

¿Quién teme a lo queer? – Fetiches fascistas y otras sexualizaciones pop.

Por Victor Mora (@Victor_Mora_G ‏)

El fascismo es teatro

Jean Genet

Foto: “Back in Michigan for Mom’s Memorial” by tvanhoosear is licensed under CC BY-SA 2.0

El fascismo ha crecido delante de nuestros ojos, se ha instalado en las instituciones y ha comenzado a producir un espectáculo en el que, de alguna manera, participamos. Convivimos con un fascismo  diseminado que se camufla (sin demasiado esfuerzo, en ocasiones) detrás de otras palabras y que, o bien se erige como heroico liberador de las tiranías demócratas (aún en nombre de la democracia), o bien se victimiza detrás de una “libertad de expresión” arrebatada.

La manipulación del lenguaje y de la dramaturgia que, en suma, conforma el escenario social, ha llegado a extremos por parte del fascismo que sobrepasan el teatro para instalarse, con todas sus consecuencias, en el circo más disparatado.

Pero, ¿somos realmente conscientes de sus consecuencias? ¿Cómo afecta el auge del fascismo y su derrame pedagógico a las vidas disidentes, precarias, a las experiencias queer? Y sobre todo, ¿cómo (y por qué) participamos en su reproducción? Lee el resto de la entrada »

De cuidados y dignidad en tiempos de pandemia ideológica

Por Juan Andrés Teno (@jateno_), periodista y activista LGTBI especializado en Diversidad Familiar

Foto de EFE (Luca Piergiovanni)

Acabamos de cerrar un año singular en el que hemos sido sacudidos por una enfermedad que, lejos de remitir, se empeña en arrebatarnos. Comenzamos un nuevo periodo en el que ponemos la mayor de las esperanzas en una vacuna que avanza lentamente hacia nuestras venas.

Prometimos construir una nueva realidad, aprender de la separación, del dolor y de la muerte y la única respuesta que nos hemos dado es seguir siendo tan miserables como años atrás, como décadas atrás, como siglos atrás. La imposibilidad del contacto directo ha propiciado un crecimiento de la realidad virtual, y las redes y los encuentros on line han sido el caldo de cultivo perfecto para los odios y las fobias, dejando arrinconadas las filias en un lugar recóndito del corazón.

El colectivo LGTBI no ha sido inmune ni a esta pandemia si a sus consecuencias y ha sido atravesado por alfileres de odio procedentes del exterior y también nacidos de sus propias filas, que han tenido a la realidad de las personas a trans y a las familias creadas a través de la gestación subrogada como sus principales dianas. Lee el resto de la entrada »

Lo que nos quitó y nos dejó el 2020

Por Nieves Gascón, (@nigasniluznina), la cuentista de nuestro refugio

Terminó 2020, teníamos muchas ganas. Comenzar otro año nos llena de esperanza y tenemos la excusa para dar portazo a parte de lo que nos ha pasado a partir de la pandemia y recordar con

menor nostalgia lo que nos ha quitado el 2020: la primavera, el mes de abril, los viajes, los besos, los abrazos, la cercanía social.

Nuestros y nuestras mayores, han estado en situación de vulnerabilidad solas y solos, lejos de sus familias, e incluso aprendiendo a utilizar WhatsApp o Zoom para poder hablar con sus familiares, que no es lo mismo que achucharles, ni mucho menos.

Por todo esto desde estas líneas rendimos un pequeño homenaje a todas las personas mayores de sesenta y cinco años, que en muchos casos están pasando solas estas fiestas navideñas como medida preventiva o paliativa de la Covid19.

En esta ocasión especialmente, quiero mencionar a las personas que integran el Grupo de Mayores de COGAM por escribir y compartir sus historias en Escritos del Arcoíris, una publicación de Bubok Editorial, editada por COGAM con apoyo del Ayuntamiento de Madrid, en 2020. Se trata de un recopilatorio de relatos en su mayoría autobiográficos, alguno no tanto, e incluso uno describe de forma muy original una realidad distópica en relación a los polémicos vientres de alquiler. Lee el resto de la entrada »

Deseo de Año Nuevo: la vuelta al mundo

Viñeta de Teresa Castro (@tcastrocomics)