Homoparentalidad y familia

Por Juan Andrés Teno (@jateno_), periodista y activista LGTBI especializado en Diversidad Familiar

Foto: Caitlin Childs

Hoy se conmemora el Día Internacional de las Familias en un escenario nuevo y enclaustrado en el que nada es como antes, aunque todo siga siendo exactamente igual. La realidad se ha visto alterada por un virus, que, como peste medieval, ha recorrido los 5 continentes y ha asolado vidas y encasillado a las personas en el punto de salida.

Desde hace más de dos meses las familias permanecemos confinadas en nuestras casas y aquí estamos madres y padres multiplicando funciones y tiempo para asumir la crianza, el trabajo, la docencia, las amistades y los tiempos de ocio. Y junto con nosotros nuestras hijas, hijos e hijes nos siguen del salón a la cocina entre risas y rabietas asumiendo su universo entre cuatro paredes, ajenos con su ansia de vivir a la muerte que nos acecha con el contacto humano.

Sin embargo, pese a las crisis, las neuras, el insomnio y la claustrofobia, nosotras, las familias homoparentales estamos viviendo ahora en un mundo seguro. Dentro de nuestra casa nadie nos pone en duda, nadie nos limita el afecto, nadie nos impide ser y querernos, tocarnos, besarnos, amarnos. Cuando descansamos la cabeza en la almohada no tenemos que re-idear estrategias para que abuelas y abuelos acepten a sus nietos o la orientación sexual de sus nueras y yernos (los hijos e hijas permanecemos libres de todo mal en la mayoría de las ocasiones por gracia divina), urdir mecanismos para que por fin el colegio aborde la diversidad familiar, ensayar sonrisas de compresión cuando delante de nuestras criaturas nos preguntan si no tienen madre o padre…

No, ahora estamos a salvo. Pero la situación no nos gusta. Estamos más que acostumbradas a ondear nuestra bandera desde que salimos de nuestra casa cada mañana: en el colegio, en el trabajo, en los parques, en los cines, en las tiendas, en las reuniones familiares, ante una administración que se quedó paralizada hace 15 años y que nos ha olvidado en la vaciedad legislativa.

Para nosotras salir a la calle no sólo supone exponernos a la crueldad del COVID-19, sino a una sociedad en la que el concepto de familia sigue anclado en el siglo XIX. Pero tenemos que atravesar los quicios de nuestras puertas por que nuestras hijas e hijos tienen que ser bañados por el sol, tienen que correr, tienen que coger una flor, tienen que respirar…  Y pese a la LGTBIfobia familiar que sabemos que vamos a masticar amargamente, tenemos unas ansias terribles de volver a nuestras rutinas y con ello a enarbolar de nuevo nuestra bandera de diversidad.

Queremos parques, cines, playas y campos en flor. Queremos saborear de nuevo a una sociedad que nos sigue imponiendo normas pretéritas que, una y otra vez, derribarán nuestras hijas e hijos a fuerza de juegos y risas; queremos que la niña se plante de nuevo en jarras ante los columpios y grite: “Yo tengo dos mamás”.

Y aquí nos tenéis, esperando, agazapadas, nutriendo el activismo que nos da vida y luchando por la dignidad propia y por la de nuestras hijas, hijos e hijes.

Volveremos libres a las calles a reivindicar que, si somos mujeres, no nos obliguen a casarnos para poder filiar a nuestros hijos; a reclamar que podamos inscribirlos en el registro civil desde el hospital donde han nacido; a hacer saber que no es sólo madre la que pare, sino la que cuida y acompaña. Volveremos al sordo estado español a reclamarle que, como mujeres que somos, nos incluya en la cartera de servicios de la sanidad publica para que podamos acceder a las técnicas de reproducción asistida como nuestras vecinas.

Volveremos libres a las calles a reclamar que dos hombres pueden asumir perfectamente labores de crianza y cuidado.

Volveremos libres a las calles para denunciar situaciones de discriminación por el origen de nuestros hijos. No permitiremos ni un solo “pero” a su color de piel, al hecho de ser adoptado, acogido o haber nacido por gestación subrogada.

Volveremos mañana libres a las calles y sonreiremos en nuestra lucha y lo haremos como siempre lo hemos hechos, con paciencia, con solicitud, sin quemar situaciones y aplicando el bálsamo de la paciencia que nos han enseñado nuestras hijas e hijos.

Volveremos, pero hoy estamos aquí, seguras, hibernando en la primavera de nuestros hogares, gozando del privilegio de ser felices sentadas en el sofá y dibujando arcoíris.

Volveremos. Mientras tanto, feliz día de las familias, de todas las familias.

 

 

 

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