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1-D marginalizado: a por las voces que pocas veces se oyen

Por Alfredo Pazmiño (@alfredo_pazmino), activista LGTB, vih positivo y migrante.

Foto: byourself_4

 

 

Hoy, 1 de Diciembre, Día Mundial de Lucha contra el Sida, se han escrito millones de ‘bits’ y estoy seguro de que todos sumamos en una idea muy clara: el vih ya no es una condena de muerte. Afirmación no del todo cierta a nivel social, ya que son el estigma y la serofobia una de las causantes del ostracismo que viven las personas “marginalizadas” de todo este avance científico y social. La norma nos marca un camino donde los que hemos tenido privilegios lo tenemos más fácil, pero para buena parte de la sociedad, ésta se convierte en una condena ya que jamás estarán representadas en ella y, por tanto, tristemente expulsadas y marginalizadas.

Desde que se le puso nombre a aquella enfermedad terrible que ponía el foco en la población gay y drogodependienta, se viene dignificando la vida de quienes vivimos con el vih, pero, repito, no todas las personas pueden hablar en libertad del vih, en muchos casos ha significado una causa tácita para despedir a personas por el simple hecho de indicarlo en su estado serológico, sin que estuviera en detrimento de su capacidad laboral. También me gustaría hablar de las personas migrantes seropositivas que emprenden este viaje porque tener vih en muchos países del mundo, sí que es una condena de muerte.

Otro ejemplo de serofobia saltante es la vivida por las mujeres trans seropositivas ya que se las culpaba de promiscuidad y por tanto su vida tenía menos valor aún tras contraer el vih. O la situación que viven las personas con diversidad funcional e intelectual seropositivas que son infantilizadas por sistema pese a ser adultos y tener contactos sexuales. Ellos, ellas y elles son algunos de los tres grupos más visible que se encuentran marginalizados de este discurso pero, sin lugar a dudas, hay más. Nos encontramos con personas que aúnan intersección teniendo el detonante ser vih positiva.

Recibir el resultado confirmatorio, aún en España, será una condena de silencio para una parte de nuestra población que tendrá que entrar en el armario de hierro que para muchos de nosotros ha sido el vih. Cada persona que da click en estas noticias no solo hoy sino, durante todo el año, quizás es la que menos necesita leer este post.

No estamos llegando a donde necesitamos porque existen barreras idiomáticas que lo impiden. No lo estamos haciendo con la suficiente adecuación a los tiempos porque hablamos de prevención del vih desde una imposición del deber hacer frente al derecho al cuidado personal de la salud (perspectiva de derechos). Porque no tenemos referentes de personas seropositivas en espacios de reconocimiento social, público y político, porque aún en 2018 tenemos que aguantar mofas en los pseudoprogramas de televisión sobre las vías de transmisión del vih.

No es sencillo pensar en una sola conclusión para este ‘1D marginalizado’, pero algunas de las claves es no hablar en nombre de nadie, dar por finalizadas las tutelas de cualquier persona sea esta migrante, trans, con diversidad funcional, etc. y, sobre todo, integrar a los actores y actrices en la solución de los problemas. No somos invisibles, lo mismo es que la norma y lo “normal” no ha dejado un espacio para mí.

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