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Lanzarote y la necesidad de su Orgullo

Por Nayra Marrero (@nayramar)

Foto: Pedro Pérez en Alsolajero.com

Detrás de esas ventanas,
también hay lesbianas,
detrás de los balcones,
también hay maricones…

Hora y media de cánticos marcaron la tarde del sábado 5 de agosto por las calles principales de Arrecife, la capital de Lanzarote. Cánticos de denuncia, de visibilidad, de Orgullo. Porque la manifestación del Orgullo 2017 se celebró también en la isla, aun a destiempo, tras unos años de silencio.

Apenas 100 personas marchamos con el lema “Por los derechos LGTBI en todo el mundo”, convocados de la Asociación Lánzate, pero muchas otras nos miraban desde las terrazas a pie de calle o en los edificios, desde la playa, mientras ondeábamos banderas arcoíris y trans y nos dejábamos la voz.

Fue emocionante ver cómo nos unimos, nos dimos apoyo, disfrutamos juntas, personas anónimas o representantes políticas y de colectivos, para poner la realidad LGTBI en las calles de Lanzarote, porque en las marchas grandes esa sensación de comunidad no es tan compartida. Pero es que Lánzate invitó a las otras organizaciones canarias, a Altihay de Fuerteventura, al Colectivo Gamá de Gran Canaria, a Algarabía de Tenerife, y a la FELGTB, para ayudarles a sacar adelante su Orgullo desde el activismo y no solo desde el festival de música y color que se organiza en otros lugares, de espaldas a quienes ejemplifican la lucha, sufren discriminación y defienden derechos.
Volviendo a Lanzarote, me gustó vivir su Orgullo. Me gustó ver las caras sonrojadas cuando cantábamos “yo soy maricón, maricón, maricón”, y cómo eso se iba convirtiendo en fortaleza, alzando la voz, convirtiéndose en grito unánime, haciendo un insulto histórico baluarte de una lucha común, porque fuéramos o no maricones quienes cantábamos, era la defensa de los derechos LGTBI la que nos tenía a todos en la calle.

Fue bonito, y a ser posible lo seguirá siendo, porque el Orgullo de Lanzarote viene para quedarse, y la gente, más allá de la manifestación, lo acogió participando en sus actividades, disfrutando de sus conciertos, conviviendo desde el respeto o al menos la tolerancia.

Además fue necesario, porque contrarresta lo vivido hace tan solo unas semanas. El 28 de junio, Día Internacional del Orgullo, el Cabildo de Lanzarote se iluminó emulando la bandera LGTBI. Y con la luz se puso foco al problema, porque quienes estaban allí celebrando lo que representaban aquellos colores recibieron insultos de varios coches, valientes LGTBfóbicos que simplemente pasaban por allí. Se les llamó maricones, esa palabra que nos llenó la boca en la manifestación, porque en nuestra garganta es motivo de Orgullo, pero en la suya sonaba a reproche. Esta anécdota, una más, una de tantas, nos sirve para explicar por qué es necesario el Orgullo y nos marca el camino sobre el que trabajar.

Así que seguiremos en las calles, en todos los rincones, en el Orgullo, se celebre cuando se celebre, y cada día del resto del año, construyendo igualdad.

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