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Contamos historias extraordinariamente cotidianas que nombran cada una de las realidades de la diversidad sexual y de género.

La dramática situación de las mujeres trans en México

Por Carolina Laferre (@femnia), de Trans·socialmedia – Identidades 3.0 

Josselin Aguilar

En el mundo en el que vivimos, pasado el ecuador del segundo decenio del siglo XXI, están ocurriendo demasiados acontecimientos de forma simultánea que mantienen a la HUMANIDAD confusa, desorientada y, en demasiadas ocasiones, INDIGNADA. Vivimos una época de grandes CONTRADICCIONES, con el deseo común de cambiar la SOCIEDAD, basándonos en unos valores universales de SOLIDARIDAD, RESPETO e IGUALDAD para todos los seres humanos, sin excepción.

Algunas historias se utilizan siempre para despojar y calumniar. Pero muchas historias también importan. Porque las historias también se pueden utilizar para potenciar y para humanizar. Las historias pueden romper la dignidad de un pueblo, pero también pueden reparar esa dignidad rota.

En una ocasión Judith Butler dijo que “El género es una actuación”. Dijo esto entre muchas otras cosas, obviamente. Una cita agradable después de todo. Tal vez hay personas que no se percatan del impacto total de sus palabras. Pero cuando alguien escucha a una mujer trans como Josseline Aguilar es imposible pensar que se trate de una actuación. 

En un esfuerzo individual y personal por aumentar la conciencia de forma continuada la transexualidad como sentido de vida, Josseline pone de manifiesto que realidad de las personas trans en México, ilumina con una esperanza cualquier entorno, aunque se trate del más hostil. Joss es la Presidenta de Orgullo Ecatepec, ciudad y centro de los feminicidos en la actualidad. Después de compartir con ella dos semanas de alcoba, ir de shopping por Madrid, vivir el World Pride entre risas, también algunas lágrimas, de intercambiar preocupaciones y opiniones y de comprender una situación que aún me deja perpleja y con el alma arañada… creo que es preciso contar la realidad. Y contarla así aquí.

Joss me comentó que actualmente no hay protecciones específicas contra la discriminación de las personas trans en su país. Las mujeres transexuales de México, por ejemplo, son mujeres que representan la vida restringida de las minorías:

  • Un 11% de las mujeres trans vive en la calle.
  • El 25% han pasado por prisión y hasta un 46% iniciaron su transición sin control ni seguimiento médico.
  • Por si esto fuera poco, un 83% de chicas trans han reportado malestar en su adolescencia.

Los espeluznantes datos y testimonios como los de Josseline Aguilar llenan las páginas de sucesos con descripciones del abuso policial al que se ven sometidas, la discriminación en el empleo, la extorsión y el acoso, la falta de atención de la salud, el rechazo y abusos por parte de miembros de la familia y otros tipos de violaciones que hacen de su hogar, de su propio país, un infierno. Se han redactado centenares, miles de informes, en los que también se señalan el alto nivel de violencia a la que se enfrentan a diario.

La organización de derechos civiles Transgender Europe ha documentado 247 asesinatos de personas transgénero en México entre enero de 2008 y abril de 2016. Alrdedor de 20 ya en lo que llevamos de año. No hay que olvidar que México ocupa el segundo lugar después de Brasil en el número de mujeres trans mutiladas y asesinadas en la últimas décadas, normalizando así el estado de violencia con el que se encuentran de forma cotidiana porque, SER TRANS en México, trae una nueva capa entera de sesgo y discriminación social, una cuestión de vida o muerte en la “realidad real” de sus ciudades y estados, mientras la expectativa de vida es de 35 años, según la Comisión Interaméricana de Derechos Humanos.

Asi, somos muchos los que tenemos pocas dudas sobre por qué la violencia ha alcanzado proporciones epidémicas; se trata de un problema de Estado.

En este punto es irónico comprobar cómo organizaciones católicas y evangelistas que se autodenominan Frente Nacional para la Familia y que tienden a ver la transexualidad como una opción de estilo de vida -nada más y nada menos- solicitan de forma caprichosa garantías matrimoniales en defensa de su concepto reaccionario de “familia natural” y el correcto binario mientras apoyan, no el amor por los demás, sino el odio letal hacia las personas trans.

A pesar de que existen mujeres trans preparadas y formadas entre las nuevas generaciones, Josselin confiesa que la gran mayoría conforman la parte más vulnerable de población y se han constituido como las únicas en la calle, realizando el único trabajo que este país “de doble moral” les permite tener. Esos directores de empresas que de día les niegan una oportunidad laboral, las buscan en las esquinas en las horas prohibidas de la noche.

Culpar a la víctima no trata únicamente sobre cómo evitar la responsabilidad, también, de invisibilizar la vulnerabilidad. Lo que sí puedo decir es que es importante dar a conocer desde fuera la precariedad y la posición inerme de las mujeres transexuales que viven en México. Algunas de ellas creen en la Santa Muerte, porque la violencia contra las mujeres transexuales en este país es común y su asociación con la muerte las enfrenta a la amenaza persistente de clientes violentos y del odio transfóbico generalizado.

Leed bien esto: las asesinan “gratis” y sus asesinos se refugian en la impunidad, en la acracia y desidia absoluta por parte de aquellos que deben velar, proteger y custodiar la seguridad del Estado.

Hay que trabajar aún muy duro desde la misma base de los DDHH -casi inexistentes- para demostrar que a pesar los mínimos cambios que se han realizado, el país todavía no ha hecho ningún avance que impacte socialmente, y mucho menos, en el día a día del colectivo. Evidentemente, se debe y se tiene que tratar de ofrecer cambios notorios y visibles para que la humanidad comience a sentirse cómoda con la transexualidad, puesto que es una simple y absoluta condición humana cotidiana, habitual, universal y LEGÍTIMA. Excepto como víctimas, las mujeres trans son virtualmente invisibles para el resto de la ciudadanía mexicana. Incluso brutales asesinatos quedan relegados a las últimas páginas de periódicos locales. Los logros conseguidos, tanto de forma individual como colectiva, no llegan a los medios.

Es necesario dejar de curar cicatrices para comenzar a dejar huella, cambiar discurso y unificar criterios entre las asociaciones y grupos activistas en México para conseguir una mejora en la calidad de vida. Una buena manera de proporcionar una educación positiva a la comunidad trans en México, sería a través de materiales educativos/informativos específicos para toda clase de público. Personalmente tuve la oportunidad de acercarme a sus ávidos estudiantes universitarios acompañada de Josseline y he podido comprobar claramente que se interesan por este y otros temas tan especialmente trascendentales: quieren saber más y conocer de cerca la cuestión trans. También del porqué de su marginación y estigmatización devastadora de os últimos años.

Y es que, el miedo, no sólo habita entre la comunidad LGTB. Es algo que se explora de forma habitual cuando un gobierno corrupto, licencioso, enviciado, deshonesto e inmoral, deja de la mano de Dios a sus conciudadanos de forma tan insidiosa. Hay miedo, a exigir respuestas. Amedrentando y amenazando desde el poder es imposible que un país CREZCA con deseos de futuro inmediato.

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