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El estado de la Diversidad Sexual según Naciones Unidas

                                Por Cristina de la Serna (@CristinadelaS), es abogada especializada en protección de derechos humanos y trabaja en la organización Rights International Spain

Vitit Muntarbhorn /Foto: EFE

El Experto Independiente de Naciones Unidas sobre la protección contra la violencia y la discriminación por motivos de orientación sexual o identidad de género publica su primer informe.

Las personas que nos dedicamos a esto lo tenemos claro: los derechos humanos se ganan de abajo a arriba. Ahora bien, en lo que concierne a los derechos LGTBI se da una paradoja que no encontramos en otras áreas de los derechos humanos. Es difícil pensar en otro ámbito relacionado con los derechos y las libertades en el que haya tanto contraste entre lo que han conseguido, con su lucha, los colectivos en el plano nacional de algunos países, y la situación en la que se encuentran las personas LGTBI en otros lugares. Vivimos en un mundo en el que las relaciones consentidas con personas del mismo sexo pueden ser castigados hasta con la pena de muerte, y en el que, al mismo tiempo, las personas del mismo sexo pueden casarse y tener descendencia y las personas transexuales pueden inscribir el género con el que se identifican. En todas partes, por supuesto, sigue habiendo muchos desafíos, pero el contraste entre lo que ocurre en unos y otros lugares es muy significativo.

Esta disparidad se debe, en gran medida, a la ausencia de estándares internacionales en lo que concierne a la discriminación por la orientación sexual e identidad de género de las personas. Hasta ahora los organismos internacionales encargados de velar por los derechos humanos no han abordado con suficiente profundidad la situación de las personas LGTBI. Hasta el propio Tribunal Europeo de Derechos Humanos sigue pronunciándose de manera tan tímida como cuestionable en asuntos tan importantes como el matrimonio igualitario o la patologización de la transexualidad. En el ámbito de la ONU, el único texto reseñable que encontramos es la declaración de 12 entidades de Naciones Unidas para poner fin a la violencia y a la discriminación contra las personas lesbianas, gais, bisexuales, transgénero e intersexuales aprobada en 2015 y que, si bien supuso un pequeño avance en cuanto al posicionamiento de estas entidades, su impacto real ha sido muy escaso. En definitiva, la comunidad internacional ha dejado a su suerte al colectivo LGTBI y su inactividad a veces roza con la complicidad con los Gobiernos que reprimen y fomentan la violencia y la discriminación.

En este contexto, puede considerarse un hito histórico el nombramiento por parte del Consejo de Derechos Humanos de Naciones Unidas de un Experto Independiente sobre la protección contra la violencia y la discriminación por motivos de orientación sexual o identidad de género, que tuvo lugar, pese a las reticencias de algunos países africanos, asiáticos y del este de Europa, en noviembre del año pasado, y cuyo mandato ha asumido Vitit Muntarbhorn. Con este nombramiento, se ha creado al fin un mecanismo especializado de protección de los derechos humanos de las personas LGTBI, con competencias para realizar visitas a países (la primera ha sido a Argentina y tuvo lugar en marzo), recibir y tramitar comunicaciones y quejas individuales de víctimas, así como realizar informes temáticos con recomendaciones a los Estados para proteger debidamente los derechos del colectivo.

Además, el Consejo pidió específicamente al experto independiente que procediese a evaluar la aplicación de los instrumentos internacionales de derechos humanos para superar la discriminación y la violencia por la orientación sexual o la identidad de género, concienciar a la población acerca de esta problemática, entablar un diálogo con los Estados y los organismos internacionales para avanzar en esta cuestión, promover buenas prácticas en la aplicación de medidas que contribuyan a la protección del colectivo, identificar las formas múltiples de violencia y discriminación y apoyar el asesoramiento y la asistencia técnica para fomentar las iniciativas nacionales de lucha contra la violencia y la discriminación.

En su primer informe, que ha titulado “Diversidad en la humanidad, humanidad en la diversidad”, el Experto ha anunciado la que será su hoja de ruta a lo largo de su mandato, identificando las seis cuestiones fundamentales en las que se centrará en sus próximos informes:

  1. la despenalización de las relaciones consentidas entre las personas del mismo sexo;
  2. las medidas específicas de lucha contra la discriminación -su ausencia está íntimamente vinculada con la violencia y la discriminación-;
  3. el reconocimiento jurídico de la identidad de género sentido, sin necesidad de intervención quirúrgica o evaluación médica;
  4. la eliminación de la estigmatización vinculada de la eliminación de la patologización de la homosexualidad, bisexualidad y transexualidad;
  5. la inclusión sociocultural de las personas LGTBI, que deberían proponer los Estados y otras instituciones, incluso las religiones; y
  6. la promoción de la educación y de la empatía, como antídoto a los prejuicios y a las fobias en los que se basan la violencia y la discriminación.

Desde luego, se quedan en el tintero muchas cuestiones de vital importancia para el colectivo –yo personalmente echo en falta, como cuestión prioritaria, una defensa más decidida del derecho a la vida familiar sin discriminación-. No obstante, hay que dar la bienvenida a este informe como un primer esfuerzo para avanzar en el reconocimiento internacional de los derechos LGTBI, y es muy importante y necesario que desde la sociedad civil se haga seguimiento de la labor del Experto para que su trabajo tenga el mayor y mejor impacto posible. En este sentido, es importante destacar que el Experto hace un llamamiento a los colectivos y organizaciones de la sociedad civil para que remitan sus aportaciones para su segundo informe a la Asamblea General, a través de su correo electrónico ie-sogi@ohchr.org.

La protección efectiva de los derechos del colectivo LGTBI pasa por la aprobación de una Convención específica que aborde las formas de violencia y discriminación por la orientación sexual o identidad de género, del mismo modo que se ha hecho con otros colectivos vulnerables o minoritarios (mujeres, minorías étnicas, niños y niñas, personas con diversidad funcional…). Todavía estamos un poco lejos de conseguirlo, pero vistas las conquistas logradas a una velocidad vertiginosa por el movimiento LGTBI, seguro que la Convención tardará muy poco en ver la luz.

1 comentario · Escribe aquí tu comentario

  1. Desde luego es terrible que haya que poder etiquetas a todo en esta vida. Be happy!

    13 Julio 2017 | 11:05

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