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Por qué deberían importarnos las elecciones del jueves en Uganda

Por Enrique Anarte (@enriqueanarte)

Foto de EFE

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Mañana jueves 18 de febrero se celebran en Uganda elecciones generales y locales. En esta cita con las urnas -la tercera a nivel estatal desde la introducción de la democracia multipartidista en 2005- los ciudadanos ugandeses no solo elegirán a sus representantes en el Parlamento sino que además deberán elegir al Presidente, una figura que en un sistema presidencialista como la República de Uganda es a la vez jefe de Estado y de Gobierno.

Dicho cargo lo ostenta Yoweri Museveni desde 1986. El mandatario, de 71 años, es uno de los caudillos africanos que más años lleva en el poder y ahora busca ampliar su mandato de treinta años a una quinta legislatura. Son varios los candidatos que se han postulado como alternativa presidencial al eterno Museveni, entre los que destacan Kizza Besigye y Amama Mbabazi. Analistas y medios de comunicación señalan, sin embargo, que la victoria del dinosaurio de la política ugandesa está cantada.

Las elecciones en este país del África oriental dudosamente recibirán especial atención en nuestros telediarios, quizás algo más en algún periódico. Como en gran parte del continente olvidado, allí rige la máxima de que aquello que pasa en África se queda en África. Organizaciones no gubernamentales, activistas e incluso otros gobiernos han acusado al régimen de Museveni de un escaso respeto por los Derechos Humanos y de tolerar la violación de las libertades y dignidades básicas de diferentes grupos y colectivos, entre los que se encuentran las personas LGTBI (lesbianas, gais, transexuales, bisexuales e intersexuales).

La historia de Uganda es hasta cierto punto conocida. El asesinato en 2011 del activista David Kato, icono del movimiento LGTBI del país, hizo saltar las alarmas dentro y fuera de sus fronteras. El odio y la violencia habían crecido de manera preocupante en los años anteriores, especialmente a partir de 1999, fecha a partir de la cual los medios de comunicación locales habían empezado a humillar y denigrar a las personas LGTBI. En agosto de 2014 el Tribunal Constitucional ugandés tumbó (por cuestiones formales) la ley por la cual Museveni pretendía castigar la homosexualidad con cadena perpetua.

Como preveían los analistas y defensores de derechos humanos, la pequeña victoria no supuso el fin de los ataques discursivos y físicos al colectivo. Es más, muchos han alertado de que es más que probable que el draconiano proyecto de ley vuelva pronto al Parlamento ugandés, con algunas modificaciones pero fiel a su inhumana esencia. Ni siquiera la presión de los gobiernos extranjeros, que se materializó entre otras cosas en sanciones por parte de Estados Unidos, ha logrado frenar la espiral de odio y violencia, acentuada por las campañas de las iglesias evangélicas.

¿Qué suponen las próximas elecciones para la situación de las personas LGTBI en Uganda? Por medios locales como Kuchu Times, centrado en la diversidad sexo-genérica ugandesa y africana, hemos podido saber que, pese a que el antiguo primer ministro y candidato a presidente Amama Mbabazi se ha erigido como opositor de la homofobia institucional de Museveni (aunque dista de ser un aliado, pues ha tildado la homosexualidad públicamente de “anormalidad”), otros han seguido la estela del presidente, cargando contra las personas LGTBI y, como es el caso de Benon Biraaro (del Partido de los Granjeros), incorporando la lucha contra la homosexualidad a su lista de prioridades en caso de resultar victorioso.

En realidad, poco importan en sí las propuestas de unos candidatos que previsiblemente serán barridos en la urnas por el sempiterno Museveni. Resulta preocupante, sin embargo, que el colectivo LGTBI se haya convertido en uno de los blanco predilectos de los diferentes actores enfrentados, quizás para evitar abordar otros de los grandes problemas del país, como el alto desempleo, la arraigada corrupción y la pésima calidad de los servicios públicos. No sería de extrañar que muchos de los activistas que reclaman derechos humanos para las personas LGTBI, pese a la violencia social e institucional a la que se exponen, fuesen víctimas de la mano dura que el gobierno podría estar aplicando contra opositores, según ONG locales e internacionales: son ya varios los casos denunciados de miembros de partidos de la oposición desaparecidos.

Casi nadie apuesta por un cambio en Uganda a partir de los resultados de que salgan de las urnas próximo jueves, que podrían demorarse si hubiese que esperar a la segunda ronda de votaciones. ¿Qué esperanzas pueden poner estos héroes anónimos en unos comicios así?  Y, a pesar de ellos, consiguen sacar las fuerzas para trabajar por un país en el que puedan ser y amar libremente. Proyectos como And we still rise (que podría traducirse por “Y todavía nos ponemos en pie”), un documental en el que dejan constancia de su combate al cruel proyecto legislativo de Museveni, resultan bellamente inspiradores y nos recuerdan el camino que hemos recorrido y todo lo que queda por caminar. Aunque sea solo por aquellos, como David Kato, que nos enseñaron a ponernos de pie, con orgullo y a pesar de todo.

2 comentarios · Escribe aquí tu comentario

  1. Dice ser ni dictaduras, ni fanatismos, ni sinrazones

    Porque todos somos terrícolas, del mismo planeta, las fronteras ya están sobrando, y los fanatismos también.
    Da vergüenza lo que se ve en este planeta desde las estrellas. Da absoluta vergüenza ver a una especie que se dice racional y superior a las demás comportándose en muchas partes del globoaún como la peor de la sbestis que ha poblado el planeta. El ser humano debería liberarse de cadenas de pasados dodne la ignorancia y la bestialidad eran la norma y convertir este planetita en un lugar verdaderaemnte digno de una especie libre, racional y feliz.

    17 febrero 2016 | 10:54

  2. Dice ser uno que pasaba por aquí

    No voy a hacer una tesis, simplemente deseo que algún día todo eso sea pasado.

    17 febrero 2016 | 23:18

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