Una de paralíticos

Por Laura Ramírez (@laura1decada10)

Marcos

Marcos//Foto: Laura Ramírez

Será que está aquí el otoño y ando un poco moñas o que le echo de menos sobre todo en septiembre pero yo, hoy, voy a hablaros de mi amigo Marcos.

Durante 10 años tuve un amigo tetrapléjico. Cómo llegué a él y cómo salí, lleva en medio un camino de aprendizaje para ambos, cada uno el suyo.

Le conocí al año de su accidente, la primera vez que se aventuraba a salir de vacaciones y me lo presentaron en el momento de subir al coche. Cuando llegamos a meta tuve la feliz idea de preguntar a la amiga que me había embarcado en el asunto: ¿Y este chico cómo lo lleva? A lo que ella grita: ¡Marcos! ¡Que Laura pregunta que cómo lo llevas! Me sentó en una silla en frente de él y me dejó ahí.

Supongo que la cara de susto o de póker, si no muerte, que debía de gastarme era un poema en endecasílabo porque estuvo riéndose un rato y después me dijo: Mira, no puedo comer, ni vestirme, ni lavarme la cara solo, me lo tienen que hacer todo, absolutamente todo. Por no poder, ni siquiera puedo suicidarme, como no me coma una mesa a bocaos… Después de que pude procesar esto último nos reímos los dos, me dijo que era todo una puta mierda pero que nada de lástimas y nos hicimos amigos.

Fue el primero de muchos viajes en los que pude vivir de primera mano las incomodidades de la inadaptación física, de funcionar con una silla de ruedas, de mover apenas solo la cabeza. Salvando las distancias, por supuesto, o en este caso las alturas, porque su metro con ochenta estaba destinado a ir siempre por debajo de mi metro sesenta y ocho pelao por obra y gracia de su silla de ruedas.

Por si alguien lo duda, la composición de lugar para paralíticos resulta harto difícil, no hay apenas sitios realmente adaptados. Pero es que también los paralíticos brillan por su ausencia y no es que no estén, es que no salen a la calle. ¿Cómo van a salir si está todo lleno de bordillos y coches en doble fila… y las familias llenas de prudencia y precaución? Los únicos inadaptados físicos visibles en esta, nuestra sociedad moderna son los ciegos, gracias a la ONCE. El resto de diversidades funcionales no se ven, fíjense qué paradojas… La invisibilidad y sus efectos lingüísticos y no tan lingüísticos.

Al principio crees que te haces una idea, pero nada de eso. El día a día del paralítico es en sí mismo un vericueto, especialmente en su versión tetrapléjica. Que traigan aquí ahora mismo a Ulises y a su odisea y veréis cómo se carcajean todos los tullidos del mundo.

El manual de usos y manejos del tetrapléjico incluye, por ejemplo, una ducha mañanera que engloba lavado, secado y centrifugado a mano entre dos personas mínimo, eso cuando hay suerte y cabe la silla en la ducha, que cuando no, p’adentro con él a la bañera que si no se te ahoga. Para esta maniobra, al menos cuatro personas y dos tienen que estar secas para que no se mate nadie.

Vestirse: Primero la parte de arriba, ponle tú la camiseta a un tipo de 90kg. desplomados y escurridos en una silla y que se te va para todos lados irremediablemente. Vuélcalo en la cama para los pantalones, vuelve a incorporarlo y de nuevo, móntalo en la sillita. Como un bebé pero a lo bestia.

Salir al parque y quedarse atrapado en los parterres de los parques o sin batería en lo alto de un monte, caerse en el autobús al primer frenazo, esperar dos horas muerto de frío un taxi adaptado, era el pan suyo de cada día. Y cada noche como premio, despiértale a las 4.00 a.m. para darle la vuelta en la cama en previsión de las escaras.
Seguiría, pero me ponen límite de palabras.

Por otra parte, y abundando en la inadaptación, nuestros viajes daban lugar a grupos de lo más heterogéneo en lo que a minorías se refiere y, dependiendo del día podían conformarlos: una lesbiana, uno del opus, un hemipléjico, neuróticas de varias clases, una con una válvula en la cabeza, un chico majo de Palencia, un jipi reciclado, un inmigrante normalmente grande y negro y sin papeles que hacía de ayudante, un marica gordo sudamericano, las parejas itinerantes de toda esta gente y el tetra de la silla de ruedas, o piltrafa humana, como a él le gustaba llamarse. Así íbamos de casa en hostal en caravana tragicómica, todos inadaptados, nosotros en nosotros mismos y los lugares a nosotros, pero solventábamos todo con actitud, ganas y mucha risa. Y drogas y alcohol, para qué mentir.

A lo que voy es que si no eres parte de la mayoría, afróntalo como puedas pero sobre todo con humor. Había una pegatina de Acción Mutante en la puerta de su despacho de la Universidad de Valencia en la que cursaba el doctorado, en el departamento eran tres: un ciego, un hemipléjico y él. Nunca llegué a ver el cuadro del ciego dándole un café con leche al tetra siguiendo instrucciones del hemipléjico tartamudo en la cafetería de la facultad, pero debía de ser digno de presenciar. Ya no podré verlo, murió y todavía no sé por qué.

Lo único que yo sé es que en la vida hubiera imaginado a qué se enfrenta un tetrapléjico a diario de no ser por Marcos y le agradezco profundamente la confianza. Así, de lo obvio, poco a poco fui entendiendo la enorme importancia de poder echarme agua en la cara yo solita, cada vez que quiero.

Él desde dentro y yo desde fuera pero en cualquier caso al margen de la Norma, los dos hilamos una manera de querernos y acompañarnos. Encontré en Marcos un aliado aunque de otra tribu, con el que enfrentarme a este mundo raro y, salvando las distancias y tirando las barreras, juntos creo que hemos hecho un buen camino y, lo más importante, nos hemos reído un montón. De nosotros mismos y del mundo entero.

Mi condición de lesbiana y yo a veces hemos tenido delante la misma cara de susto o de póker si no muerte, a veces me han preguntado impertinencias, a veces me han sonreído sin poder mirarme. A veces se han quedado y a veces han huido.

Sin querer comparar una cosa con la otra (que ya os veo venir a los guardianes de la demagogia) pero sí equiparando actitudes humanas, veo que ante un asunto que no nos planteábamos que existía porque no nos toca cerca, nos asustamos y podemos convertirlo en problema.

El tema es qué hacemos con ese susto. Tocar el tema, o sea, el susto, suele ser una manera. Igual, la única manera.

Por si alguien quiere conocer a Marcos:
Pincha aquí: http://www.uv.es/brizuela/utopia.htm
Pincha aquí: https://www.youtube.com/watch?v=dPqjgQQIs-M

2 comentarios · Escribe aquí tu comentario

  1. Dice ser Pedro Jesús PLV

    Pensaba que sería un chiste de paralíticos. Me salgo.

    21 septiembre 2015 | 13:24

  2. Dice ser vallotton

    Un placer haber conocido a Germán, Vicente, Santiago, Felipe, Gabi (el más ‘raro’) y, por supuesto, Marcos. Gracias por la presentación, Laura. Gran documental; toda una lección de vida. Y sí, creo que hay que tocar el susto.

    26 septiembre 2015 | 15:11

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