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¿Por qué cuando tenemos hambre nos ponemos de mal humor?

11 diciembre 2012

Recibo un correo electrónico en el que Beatriz Capdevila me consulta: ¿por qué cuando tenemos hambre o hacemos dieta solemos ponernos de mal humor?.

Como ya os he explicado en otros post, nuestro organismo es sabio y sabe en cada momento qué es lo que necesita para seguir en condiciones óptimas. Si tenemos frio se contraen y relajan, rápida y repetidamente, algunos de nuestros músculos para producirnos tiritera y así poder mantener nuestros órganos internos a una temperatura óptima. Pues cuando tenemos hambre pasa algo parecido… nuestro cuerpo se pone en marcha para autoalimentarse.

Esto hace que vaya echando mano de las reservas energéticas que tenemos (glucógeno), pudiendo provocar que el nivel de glucosa en nuestra sangre descienda  y ello nos provoque el  típico enfado y mal humor tan común en muchas personas  cuando tienen hambre.

Quienes más lo padecen son los niños, cuyas reservas son menores y necesitan ingerir alimentos en periodos más cortos de tiempo, llegando a ponerse insoportables y/o con un buen berrinche.

Pero hay otro elemento que puede provocar que nos enojemos con más facilidad cuando tenemos hambre y éste es la serotonina. Cuando sus niveles son bajos es uno de los causantes de nuestra irritación. La serotonina es una hormona encargada de controlar nuestros diferentes estados, como la ira, ansiedad, apetito, excitación, sueño, angustia, etc…

También debemos tener en cuenta que el ayuno prolongado y posterior descenso de glucosa en sangre (hipoglucemia) puede venir acompañado de algún mareo y malestar; algo que comúnmente muchas personas describen como “un bajón de azúcar”, el cual suele pasarse tras tomar algún alimento o bebida dulce.

 

Fuentes de consulta: fisterra / nbcnews
Fuente de la imagen: somospacientes

¿Por qué entra sueño después de comer?

04 julio 2008

Las “caídas del sistema” que sufrimos tras una opípara pitanza pueden ser responsabilidad directa de la glucosa, que hace descender en el hipotálamo los niveles de orexina, una clase de proteínas cuya misión es mantenernos alerta. Denis Burdakov y su equipo de investigadores de la Universidad de Manchester, demostraron que incluso una subida casi imperceptible de glucosa disminuye sensiblemente la actividad neuronal.

Por eso, si se quiere seguir despierto se deberá evitar las comidas ricas en carbohidratos o grasa; en cambio, mantendrá los ojos bien abiertos tras un banquete de proteínas. Hay, no obstante, voces discrepantes. Según Eduard Estivill, director de la Unidad de Alteraciones del Sueño del Instituto Dexeus de Barcelona, esta sensación de sueño simplemente responde a la necesidad de descansar tras ocho horas de vigilia.

 

 

(Fuente: Muy Interesante)

¿Cuál es la fase REM del sueño?

25 junio 2006

La fase REM es la tercera del sueño, su nombre es abreviación de Rapid Eye Movements que en español se traduce como Movimientos Oculares Rápidos (MOR).

La profundidad del sueño no es igual en toda su duración. La etapa MOR es la tercera fase del dormir. Durante ésta, el individuo se encuentra profundamente dormido, goza de intensa relajación muscular y pueden apreciarse los movimientos oculares típicos, perfectamente visibles si se observan los párpados de un durmiente durante esta etapa. Además se dan alteraciones en la frecuencia cardiaca y respiratoria y, en los varones, aparecen erecciones con regularidad.

El período MOR supone el 25 por 100 del total del dormir en el adulto y es más dilatado en los niños, hasta el punto de que en el recién nacido alcanza casi la mitad del tiempo absoluto. Es en este momento cuando ocurren los sueños: la actividad cerebral es máxima, lo que delata el carácter activo de estos períodos en contraposición a otras interpretaciones que los concebían como fruto de la relajación y la inconsciencia.

“Durante la siesta, es conveniente no llegar a la fase REM del sueño. Si llegamos al sueño profundo y nos despertamos, tendremos una sensación de aturdimiento que nos resultará desagradable de cara al trabajo. Por ello se recomienda que la siesta no supere los cuarenta y cinco minutos. En este sentido, algunos estudios incluso defienden una duración del descanso de quince minutos”