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Entradas etiquetadas como ‘pseudociencia’

¿De dónde surge el mito que indica que el ‘alma’ pesa 21 gramos?

¿De dónde surge el mito que indica que el ‘alma’ pesa 21 gramos?Existe la creencia de que el peso del alma es de 21 gramos. Al menos así lo señalan aquellos defensores de esta teoría, asegurando que esos gramos son los que exactamente se pierden en el momento posterior al fallecimiento.

Evidentemente se trata de una teoría avalada mayoritariamente por aquellas personas, colectivos y religiones que defienden que todo ser humano está constituido por un cuerpo y una esencia inmortal (llamada alma o espíritu) y que está sale del organismo una vez llegada la muerte del individuo.

A pesar de tratarse de un supuesto pseudocientífico ampliamente refutado, este es uno de los mitos en los que más personas creen en él, existiendo la errónea convicción de que el alma pesa 21 gramos. De hecho está tan incorporada en la cultura popular que incluso se filmó una película en el año 2003 que llevaba por título ’21 gramos’ y que fue dirigida por Alejandro González Iñárritu.

Para encontrar de dónde surge este mito hemos de trasladarnos hasta principios del siglo XX, época en la que el médico estadounidense Duncan MacDougall, doctor en biología, realizó una serie de experimentos con seis personas moribundas a las que pesó e inmediatamente después del fallecimiento de éstas anotó lo que pesaban.

Con todo lo anotado hizo una sencilla operación matemática con la que le salió la media de 21 gramos (por lo que no todos los fallecidos dieron el mismo resultado).

Una vez determinado que cada persona perdía como media esa cantidad de gramos el siguiente paso era averiguar cuál era la causa, a lo que el doctor MacDougall en lugar de buscar respuestas científicas y pruebas que demostrasen que podía ser debido a la pérdida de fluidos corporales, incluso del aire o gases contenido en el organismo una vez exhalado, prefirió tirar por el camino de la creencia religiosa y avalar la teoría de que los seres humanos poseemos alma.

Cabe destacar que finales del siglo XIX y las primeras décadas del XX fue una época en la que tuvo una gran influencia el espiritismo y todo lo relacionado con los temas paranormales sobre almas, muerte y el más allá.

El doctor Duncan MacDougall dio a conocer sus conclusiones a través de un comunicado a la prensa a principios de 1907, por lo que  The New York Times publicó un artículo titulado ‘Soul has weight, physician thinks’ (El alma tiene peso, el facultativo piensa) el 11 de marzo de aquel mismo año, haciéndose eco del ‘descubrimiento’ del médico. El 11 de mayo en el ‘Journal of the American Society for Psychical Research’ (publicación de la organización de parapsicología de la que formaba parte MacDougall) publicó el artículo firmado por el propio médico: ‘Hypothesis concerning soul substance together with experimental evidence of the existence of such substance’ (Hipótesis relativa a la sustancia del alma junto con evidencia experimental de la existencia de tal sustancia).

Desde entonces (y gracias a la gran influencia que tuvo este tipo de temas en la sociedad) se ha tenido la convicción en ciertos sectores de que el alma pesa exactamente 21 gramos.

Como nota curiosa cabe destacar que el propio Duncan MacDougall hizo el experimento con quince perros, a los que pesó antes y después de morir, no dándole apenas variación en el peso, por lo que determinó que los perros no tenían alma, otro de los mitos también ampliamente difundido y rebatido en su día por el también médico Augustus P. Clarke, quien apuntó que las conclusiones de su colega eran erróneas debido a que en el momento de la muerte se produce un repentino incremento de la temperatura corporal a causa de que los pulmones dejan de enfriar la sangre y que el consecuente incremento de la sudoración podría explicar fácilmente los 21 gramos de menos defendido por MacDougall, además de que hay que tener en cuenta que los perros carecen de glándulas sudoríparas por lo que no es de extrañar que el peso de estos animales no sufriera ningún cambio súbito en el momento de morir.

 

 

Lee y descubre más historias como esta en el apartado ‘Destripando Mitos’

 

 

Fuentes de consulta: xatakaciencia / cienciadesofa / pseudociencia.wikia / snopes / nytimes (pdf) / diogenesii (pdf)
Fuente de la imagen: pixabay

‘Argumento ad hominem’: recurrir a la descalificación cuando no se está de acuerdo con alguien

'Argumento ad hominem' recurrir a la descalificación cuando no se está de acuerdo con alguien (Mercedes Milá y JM Mulet)

Numerosos son los ejemplos que, casi a diario, podemos ver en cualquier medio de comunicación o red social en el que, en el trascurso de un debate o discusión, una de las partes ataca al contrario (o a un tercero) utilizando argumentos con los que intenta desacreditarlo, ya sea por su aspecto personal, género, rasgo físico, opción sexual, nacionalidad, cultura o religión.

Esto es conocido como ‘Argumento ad hominem’ que, traducido del latín, significa ‘Argumento contra el hombre’ (la persona) y se trata de una de las falacias más famosas y utilizadas en múltiples discusiones cuando una de las partes en lugar de rebatir lo que la parte contraria dice y argumentar su postura con algo demostrable que le dé la razón lo que hace es ofender al contrincante.

No solo es utilizado en discusiones, sino que en cualquier conversación entre dos personas conocidas una de ellas en un momento dado no esté de acuerdo con algo de lo que expresa la otra y traté de tener razón con ese tipo de falacia.

Algunos ejemplos prácticos:
Los niños pequeños quitan mucha libertad / Tú que sabrás si no tienes hijos
Deberías tomar algo para la alopecia / Y me lo dice uno que parece una bola de billar
Pues a mí me parece una chica monísima / Pero si tú eres homosexual, qué vas a saber de mujeres

Uno de los casos de ‘Argumento ad hominem’ que más ha dado que hablar en los últimos días es el que tuvo lugar la noche del pasado domingo 5 de marzo en el programa Chester in love que presenta Risto Mejide en el canal Cuatro.

El programa de ese día llevaba por título ‘Life’ y la primera invitada (entrevistada) fue Mercedes Milá, gran defensora desde hace unos años de ‘La enzima prodigiosa’ del japonés Hiromi Shinya, un libro sobre una supuesta ‘dieta milagro’ que ha vendido más de dos millones de ejemplares pero ha sido muy criticado por la mayor parte del colectivo científico.

Risto Mejide, buen experto en proporcionar momentos de gran audiencia en los programas en los que trabaja, conociendo el carácter y talante de Mercedes Milá (a la que se le calienta la boca con facilidad, tal y como ha demostrado en otras entrevistas), llevó al plató a José Miguel Mulet (@jmmulet) profesor titular de biotecnología (área de bioquímica y biología molecular) en la Universidad Politécnica de Valencia (entre otras muchas cosas) además de amigo personal mío (de quién he recomendado varios de sus libros en este blog) y gran experto en el tema, quien argumentó, entre otras cosas:

‘No existen enzimas prodigiosas, no hay ninguna enzima madre que se vaya convirtiendo en otras enzimas y no hay alimentos que contengan enzimas’

La respuesta de Mercedes Milá fue un ataque directo a José Miguel Mulet utilizando la táctica del ‘Argumento ad hominem’:

‘Lo primero que te digo es que te leas el libro y adelgaces porque estás gordo’

Una respuesta que ha generado mucha polémica en las redes sociales y medios de comunicación y que quedará como uno de los argumentos ad hominem más famosos de los últimos años.

A continuación podéis visionar el vídeo con ese momento

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Este post, tres horas después de ser publicado, ha conseguido convertirse en la ‘noticia más viral en español’ en twitter

Fuente de la imagen: Captura vídeo Cuatro.com

¿Cuál es el origen de la homeopatía?

¿Cuál es el origen de la homeopatía?La homeopatía (considerada por unos como un modo de medicina alternativa, por otros como una pseudociencia inofensiva que lo único que produce en aquel que lo toma es el ‘efecto placebo’ y por una gran parte de personas como una soberana tomadura de pelo) fue creada por el médico alemán Samuel Hahnemann a mediados de la última década del siglo XVIII, en la que investigó y buscó métodos alternativos a la medicina convencional de la época, la cual todavía era muy precaria y con la que no estaba conforme. Cabe destacar que ese tipo de medicina con la que Hahnemann tenía discordancias era en aquel tiempo la que se basaba en realizar e intentar curar a través de los famosos desangrados/sangrías (pues se tenía el convencimiento que el exceso de sangre en las personas los hacía enfermar) y las purgaciones (o vaciado intestinal mediante laxantes) y en el que el resultado final para el paciente solía ser mucho peor que la propia enfermedad por la que había sido tratado. Sin contar que, por aquel entonces, se producían más fallecimientos que curaciones.

En sus años de juventud Hahnemann destacó por haber sido un gran estudiante, aprendiendo diversos idiomas que lo llevaron a leer innumerables obras de autores clásicos y de otras culturas, impactando en él la máxima ‘Similia similibus curantur’ (Lo similar se cura con lo similar) la cual decidió que fuese el principio básico de un nuevo tipo de medicina en la que se puso a trabajar e investigar: la homeopatía, dándola a conocer a través de un artículo titulado ‘Ensayo sobre un nuevo principio’ publicado en 1796.

Samuel Hahnemann, inventor de la homeopatíaEl término ‘homeopatía’ proviene de las palabras griegas homoios (similar) y pathos (sufrimiento), por lo que con esta palabra quedaba bien definido el concepto que aplicaba en su nueva doctrina: aquello que enferma a una persona sana debe ser lo mismo que la cure.

Probó en sí mismo los efectos que producía la ingesta de cinchona (planta de donde se extrae la quinina y que se usaba para tratar entre otras cosas el paludismo) comprobando que ésta le causaban unas fiebres altas similares a las que tenían aquellos que padecían malaria, por lo que esa similitud lo volvió a llevar a su concepto de ‘similia’ por el que regía sus conocimientos terapéuticos.

Pero Samuel Hahnemann quiso darle una vuelta de tuerca a ese aforismo, por lo que se planteo que si aquello que enfermaba a alguien estaba en estado puro lo que debía curarlo debería estar diluido.

Partiendo del erróneo concepto, que ya se tenía por aquel entonces, de que el agua tiene memoria comenzó a elaborar sus preparados, aplicándoles diluciones sucesivas, para que, después de un largo proceso, quedase en una proporción aproximada de 1:100. Son tantas las diluciones que se realizan que la mayor parte de los, mal llamados, medicamentos homeopáticos son simple y únicamente agua y, en la mayoría de casos, con un poquito de azúcar para darle sabor.

En los dos siglos que han pasado desde entonces, la medicina convencional ha evolucionado vertiginosamente, mientras que los conceptos de la homeopatía siguen siendo exactamente los mismos.

¿Cuál es el origen de la homeopatía?La mayor parte de la profesión médica y científica del planeta niega que la homeopatía pueda considerarse medicina, apuntando que el principio de la supuesta curación de los preparados homeopáticos se basa en el ‘efecto placebo’ y en el ‘a mí me funciona’ como argumento entre los defensores de esta medicina alternativa.

Cabe destacar los numerosos casos de ‘suicidios homeopáticos’ en los que personas voluntarias ingieren grandes cantidades de preparados homeopáticos no sucediéndoles absolutamente nada a sus organismos, siendo tan inocuo para ellos como el haber tomado simplemente agua.

Tal y como explica la web ¿Qué es la homeopatía?, la forma más habitual de preparación de una dilución homeopática es la siguiente:

Se coge 1 ml de la sustancia original (“tintura madre”) y se mezcla con 99 ml de agua. Se agita este preparado(*) y se obtiene una dilución de 1 CH (Centesimal de Hahnemann). A continuación, se coge 1 ml de este producto y se repite la operación; así se consigue una dilución de 2 CH. Cada vez que se realiza una de estas mezclas, la sustancia original queda diluida 100 veces más en el preparado final. Se supone que estos productos son más efectivos cuanto más diluidos están. Un simple cálculo permite saber que una dilución de 12 CH no contiene ya ninguna molécula del principio activo.

(*)Según las instrucciones de Samuel Hahnemann para realizarlo y ser más efectivo, cuando se agitaba el preparado debía ir golpeándose sobre una Biblia encuadernada en cuero.

 

Este post ha sido elaborado a raíz de que el pasado jueves día 27 de febrero mi compañera del blog ‘Madre reciente (cada vez menos)’ publicó una entrada titulada ‘Antes de dar a mis hijos homeopatía les daría un vaso de agua, que al menos hidrata’, la cual enlacé en mi redes sociales (con el consiguiente enfado de algunos de mis seguidores que llegaron a comentar que, a partir de ese momento, dejaban de serlo). A raíz de estos comentarios publiqué un tweet , surgiendo una conversación con la propia @madrereciente y a la que se fueron sumando (entre otros) @educasado (Qué fue de…), @juan_revenga (El nutricionista de la general), @_spanjaard (Runstorming) y @FerFrias (La lista de la vergüenza), quedando que publicaría un post sobre el origen de la homeopatía.

 

Fuentes de consulta: queeslahomeopatia.com / naukas 1 / naukas 2 / listadelaverguenza / ncahf / lacienciaesbella / charlatanes / magonia
Fuentes de las imágenes: Wikimedia commons / freedigitalphotos

El encéfalo y la personalidad, según Franz Joseph Gall [Anécdota]

El encéfalo y la personalidad según Franz Joseph Gall [Anécdota]El anatomista y fisiólogo de origen alemán Franz Joseph Gall, creador de la pseudociencia conocida como ‘frenología’, se vanagloriaba de conocer el carácter y aptitudes de las personas según la forma de la cabeza de éstas. Entre otras muchas cosas también fue conocido por ser autor de la famosa “protuberancia de las matemáticas”, con la que intentaba demostrar que la persona que poseía determinado tipo de cráneo tenía unas dotes innatas para el cálculo numérico.

En cierta ocasión realizó una visita al manicomio de Bicêtre con la intención de demostrar cómo era capaz de acertar sobre las tendencias criminales de los enfermos allí recluidos con un simple y rápido estudio de la forma del encéfalo.

Mientras exploraba a uno de ellos le preguntó:

«¿Por qué está usted aquí? En su cráneo no encuentro ningún tipo de locura»

«No le extrañe, doctor,- contestó el enfermo – porque esta no es mi cabeza, sino una que me puse para sustituir la que me cortaron durante la Revolución»

 

Fuente de la imagen: wikimedia commons