La piel está formada por dos capas principales, la dermis y la epidermis (la parte más externa), con un espacio intermedio entre ambas. La piel actúa como barrera de protección frente al exterior, aunque no es totalmente impermeable y absorbe agua del aire, y también agua cuando nos bañamos, siendo este efecto más pronunciado en la piel de los dedos al ser más gruesa que el resto de la piel del cuerpo, en el cual no se da el efecto de arrugamiento.
Esta absorción se produce por parte de la queratina, presente en la epidermis y provoca que ésta se hinche más y más separándose de la dermis y formando surcos especialmente en las yemas, que es donde las dos capas están más separadas que en las palmas y plantas; el interior de los dedos no sufre ningún abultamiento.
Pero también nos encontramos que, según la teoría publicada en la revista Brain, Behavior and Evolution, el neurobiólogo Mark Changizi defiende que, la causa de que nuestros dedos se arruguen tras estar un tiempo prolongado en contacto con el agua, es debido a un sofisticado mecanismo de defensa corporal que fue desarrollado por nuestros antepasados y que nos permite poder agarrarnos mejor a superficies húmedas, ya que las arrugas de las yemas crean canales que drenan el agua mientras presionamos los dedos contra una superficie mojada, permitiendo un contacto mayor y por tanto una mejor adherencia.
A través de un correo electrónico, Dama-san me plantea la siguiente consulta:
Tannya Rdz a través de
Si nos miramos el reverso de la mano o la parte interna de las muñecas percibiremos que debajo de la piel hay venas que son claramente azules. Se sabe que la sangre que fluye por ellas es roja. ¿Sugiere esto como conclusión que son los propios vasos los que tienen un color azul? Pues no lo son, y si se observan con atención se comprueba que las palmas de las manos, por ejemplo, están cruzadas por una fina red roja. Y también las mejillas se nos ponen rojas de vez en cuando. Lo que se observa en estos casos son tanto los vasos como la sangre roja que circula por ellas. Las venas sólo parecen azules cuando están situadas a 0,5 milímetros por debajo de la epidermis. La luz blanca que se forma con todos los colores del espectro penetra hasta esa profundidad. Su componente de luz roja, de gran longitud de onda, penetra muy profunda y es absorbida por la sangre. La luz azul es de corta longitud de onda, incide en las venas, se refleja y llega así al ojo humano.


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