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Curiosidades, anécdotas e historias sorprendentes para ser cada día un poco más listos.

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Media docena de curiosas expresiones relacionadas con la Semana Santa

Media docena de curiosas expresiones relacionadas con la Semana Santa

Nuestro lenguaje cotidiano está lleno de frases hechas que las utilizamos comúnmente para referirnos a innumerables situaciones.

Las hay de todo tipo: relacionadas con la meteorología, la agricultura, los distintos oficios, el santoral, de hechos históricos, religiosos… y es que de estos últimos hay un buen puñado que están relacionados (directa o indirectamente) con la Semana Santa. Aquí tenéis media docena:

 

‘Estar pasando un calvario’

Proviene del monte en el que fue crucificado Jesús, llamado Monte Calvario (calvarium en latín quiere decir calavera) ya que en aquel lugar era donde se amontonaban las calaveras de todos aquellos condenados que habían sido ejecutados.

En referencia al sufrimiento de Jesús en la cruz, se utiliza la expresión ‘estar pasando un calvario’ para referirse a las penurias y desgracias por las que atraviesa una persona.

 

‘Hacer una barrabasada’

La expresión tiene relación con Barrabás, un personaje que, según los evangelios, estaba preso a la espera de ser ejecutado en la cruz. Cuando Jesús fue apresado, Poncio Pilatos (jefe militar de la provincia romana de Judea) dio a elegir a la multitud a quién querían que indultase y la multitud eligió a Barrabás, por lo que Jesús acabó crucificado.

De esa toma de decisión desacertada surgió el término ‘barrabasada’ como  aquel acto que provoca un gran daño o perjuicio.

 

‘Ser un tonto de capirote’

El capirote es el gorro en forma de cucurucho invertido que portan sobre la cabeza los nazarenos.

Antes de ser usado por  los penitentes que desfilan en las procesiones de Semana Santa, el capirote lo utilizó la Santa Inquisición para colocárselo (a modo de escarnio público) en la cabeza a todo aquel al que acusaba de algún delito, pecado o herejía. Esto provocaba que el ‘populacho’ hiciera burla del reo, llamándole entro otras cosas ‘tonto’.

Durante las primeras procesiones religiosas (en la Edad Media) era muy común que algunos de los penitentes que en ellas desfilaban fuesen los presos mencionados en el párrafo anterior, quienes, arrepentidos de sus actos, querían arrepentirse de sus pecados, motivo por el que se incorporó esta pieza a este recorrido religioso.

 

‘La procesión va por dentro’

Muchas son las ocasiones en las que una procesión no ha podido realizarse por las calles de una población a causa de inclemencias meteorológicas, algo que compungía y llenaba de tristeza a todos los miembros de la cofradía.

Por tal motivo dicha procesión terminaba realizándose dando vueltas por el interior o claustro de los conventos y templos religiosos donde se guardaban las imágenes.

Este acto, que solía ser de gran pena para los procesionarios que participaban en el acto y que llevaban todo el año esperando la llegada de ese día es lo que dio origen a la expresión ‘La procesión va por dentro’ con la que se señala aquel que a pesar de estar pasando por un mal momento lo disimula y no exterioriza el dolor.

 

‘No ser nada del otro jueves’

La tradición católica marcaba que durante la Cuaresma y Semana Santa, los viernes debía llevarse a cabo lo que es conocido como ‘abstinencia’ y que consistía en no poder comer carne y ciertos alimentos durante esa jornada. Eso llevó a que, aquellos que se lo podían permitir, el día anterior (el jueves) comieran opíparamente.

Esto era muy común en el Jueves Santo, ya que al día siguiente no solo debía realizarse la abstinencia sino que también se tenía que hacer ayuno de cualquier alimento (estar todo el Viernes Santo sin comer, a excepción de pequeñas porciones de dulces que le aportaran energía.

Pero no todos los jueves podían realizarse un banquete de exquisiteces, habiendo algunos jueves en el que el menú no era mucho más abundante o sabroso que otros. De ahí que surgiera la expresión ‘No ser nada del otro jueves’, al no haber diferencia entre uno y otro día.

 

‘Llorar como una Magdalena’

Algunas personas erróneamente pronuncian esta expresión diciendo ‘llorar como una madalena’, pero no, nada tiene que ver ese pequeño y redondeado bollo de repostería con la expresión original.

La Magdalena a la que se refiere el dicho es ‘María Magdalena’, personaje bíblico salvada por Jesús de ser lapidada cuando la acusaron de adultera (según el evangelio de Juan) y que estuvo presente durante la crucifixión, llorando amargamente la muerte del Mesías.

Este hecho es el que dio origen a la expresión para referirse a aquella persona que llora mucho y desconsoladamente.

 

 

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Fuente de la imagen: Wikimedia commons

El origen de la expresión ‘dar la matraca’ y su relación con la Semana Santa

El origen de la expresión ‘dar la matraca’ y su relación con la Semana Santa

Una matraca es un instrumento de madera en el que cuelgan unos mazos que, al hacerlos girar, produce un sonido molesto de mucha intensidad y muy repetitivo que desde la Edad Media se encuentra en muchos conventos siendo utilizado desde entonces a primerísima hora de la mañana, en el momento más temprano del amanecer, para convocar a la oración matutina (conocida como maitines).

Era tal el ruido y resultaba tan desapacible que la matraca se convirtió en sinónimo de algo molesto e incordio, acuñándose la expresión ‘dar la matraca’ para referirse a aquellas personas pesadas e insistentes en alguna cosa y que termina cansándonos e incluso sacándonos de nuestras casillas.

Durante la Semana Santa y ante la costumbre de no realizarse toques de campana, debido a que por tradición éstas enmudecen durante los días centrales de ese periodo litúrgico (del Jueves Santo al Domingo de Resurrección) se convocaba a los feligreses a acudir a los santos oficios a través de las matracas, algo que se convertía en ensordecedor, molesto y repetitivo.

Durante la Semana Santa también son utilizadas en un gran número de procesiones las ‘carracas’, que vienen a ser unos pequeños instrumentos de madera que al hacerlo girar producen un sonido similar a la matraca.

En el siguiente vídeo podréis comprobar cómo es el sonido de una matraca

Y en este otro vídeo podréis visionar la sección que realizo en el programa ‘Ben trobats’, junto a Clara Tena, en la Xarxa de Televisión Locals de Catalunya, donde (a partir del minuto 1;30) explico un puñado de curiosidades relacionadas con la Semana Santa (en catalán)

 

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Portada Vuelve el listo que todo lo sabe

 

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¿Cuál es el primer libro que se publicó sobre gramática castellana?

¿Cuál es el primer libro que se publicó en español sobre gramática castellana? Los historiadores datan el final de la Edad Media a partir de la segunda mitad del siglo XV, coincidiendo con importantes hechos que hicieron poner fin a ese periodo que duró un milenio.

La invención de la imprenta, el fin de la Guerra de los Cien Años, la caída del Imperio bizantino, el descubrimiento del Nuevo Mundo (América) o la Reconquista por parte de los Reinos Cristianos de Castilla y Aragón en la Península Ibérica son claros ejemplos de lo que aconteció en aquel tiempo.

Se daba un paso hacia la Edad Moderna y había que adecuar la lengua a las nuevas costumbres, de ahí que fuese de vital necesidad la creación de una obra que se dedicase al estudio de la lengua española o, mejor dicho, castellana, que era la que se hablaba en la mayor parte del Reino. El latín se había ido abandonando progresivamente como lengua vehicular y su lugar lo había tomado el castellano.

Un castellano al que el tránsito de culturas y lenguas por la península había modificado y evolucionado de forma diferente según las zonas geográficas donde se hablaba.

Para intentar regular un uso común, en 1492 se publicó la primera edición de la obra Gramática de la Lengua Castellana escrita por Antonio de Nebrija (originalmente titulado ‘Grammatica Antonii Nebrissensis’)y que se convertiría en una importantísima obra en la que figuraban las normas y reglas lingüísticas y que sería de gran ayuda para la difusión y expansión de la lengua en un momento en el que se construía un imperio en ultramar.

En el siguiente enlace podréis encontrar el texto completo del libro ‘Gramática de la Lengua Castellana’ de Antonio de Nebrija en su versión digital (y gratuita): http://www.antoniodenebrija.org/indice.html

 

 

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¿Cuál es el origen del término ‘pordiosero’?

¿Cuál es el origen del término ‘pordiosero’? Se conoce como ‘pordiosero’ a aquella persona sin recursos que vive y se sustenta de pedir limosna.

El término surgió en la Edad Media y comenzó a utilizarse para hacer referencia a aquellos individuos que se ganaban la vida pidiendo limosnas a los demás, ya que éstos utilizaban la coletilla ‘por Dios’ con cada petición: ‘Deme una limosna, por Dios’, ‘Por Dios dele una limosna a este pobre mendigo’, ‘Por Dios, una limosna’.

Al estar convencidos de que se trataba de auténticos profesionales de la mendicidad, se le añadió el sufijo ‘ero’ al final de la coletilla que utilizaban (invocando a Dios), al igual que se hacía con otros oficios: tabernero, alfarero, herrero, carpintero…

Así es como surgió el término pordiosero: ‘por-dios-ero’.

 

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Destripando mitos: ¿sirve de algo poner un bistec crudo sobre un ojo morado?

Destripando mitos: ¿sirve de algo poner un bistec crudo sobre un ojo morado?

Hoy en día, cuando alguien ha recibido un golpe y le está saliendo un hematoma, uno de los remedios más efectivos y rápidos es ponerse algo frio en la zona golpeada (como una bolsita de gel guardad previamente en el congelador, hielo dentro de una bolsa o envuelto en un paño, guisantes congelados en una bolsa…) y posteriormente aplicar una pomada que contenga ‘pentosano polisulfato’ (comercializada como ‘Thrombocid’), que ayuda a mejorar la irrigación sanguínea de la zona afectada, previniendo la formación de trombos.

Pero muchas son las ocasiones en las que, ya sea a través del cine, la televisión, la literatura e incluso por trasmisión oral, hemos visto que como remedio para bajar el hinchazón y el hematoma (comúnmente de un ojo morado) era colocando un bistec de carne crudo sobre la zona amoratada.

Hoy en día esto tiene poco sentido de hacerlo. Si alivia algo el poner la carne sobre un ojo morado es por el frío del bistec, que es conservado en un frigorífico, pero si realmente se quiere aplicar algo que por su baja temperatura ayude a bajar un hinchazón lo que hay que hacer es usar uno de los productos mencionados al inicio de este post.

El hecho de poner el bistec sobre el moratón fue una costumbre que se popularizó sobre todo a mediados del siglo XX, siendo un recurso frecuente utilizado en innumerables películas y series de la época. Esto es así no por la efectividad del remedio, sino porque visualmente la escena quedaba mucho más impactante de cara al espectador que si se colocaba una bolsa con hielo.

Pero también cabe destacar que no fue un recurso inventado por la ficción cinematográfica, sino que viene de mucho más atrás.

Hoy en día todas las neveras disponen de una parte con congelador donde se produce hielo o se almacenan productos congelados, pero hace varias décadas atrás muchos eran los refrigeradores que tan solo tenían la propiedad de enfriar los alimentos, por lo que era más frecuente tener un bistec guardado ahí que unos cubitos de hielo. Éste solía venderse ambulantemente y en bloques, por lo que salía mucho más barato y fácil utilizar carne para aplicar a un hematoma que hielo.

Pero el hecho de que se pensara que aplicar un bistec era un buen remedio no surgió de la nada y porque fuese uno de los productos más frescos que se tenían, sino que era una costumbre heredada desde la antigüedad.

Muchísimos son los tratados médicos de hace varios siglos en los que se indica que la carne era un buen remedio para aliviar los golpes y, de hecho, durante la Edad Media se realizaba una ‘cataplasma de carne’ en la que se mezclaban varias hierbas medicinales con carne previamente machacada (picada) y que se aplicaba ya no solo en un hematoma, sino sobre heridas, llagas, úlceras, etc.

Actualmente esto estaría totalmente contraindicado, debido a que aplicar carne cruda sobre una herida abierta infectaría ésta de bacterias y, sobre todo, teniendo en cuenta que siglos atrás no existía la higiene de hoy en día.

Esto se hacía no porque la carne estuviera fría (que por aquel entonces no lo estaba) sino porque se había recibido como enseñanza médica desde la época de la Antigua Grecia en la que el médico Hipócrates de Cos (que vivió entre el 460 a.C y el 370 a.C) formuló su ‘Teoría de los humores’ en la que catalogaba la personalidad de cada individuo en cuatro estados: colérico, melancólico, sanguíneo y flemático; cada estado producía un tipo de fluido (humores) y tenía un modo diferente de sanarse.

Los hematomas se englobaban en el ‘sanguíneo’ y el remedio para curarlos era aplicando carne de vacuno, ya que, al ser roja y sangrienta, atraería la hinchazón.

De ahí que durante la mayor parte de la Historia (hasta bien entrado el siglo XIX) la teoría humoral fuese la más extendida y difundida entre los médicos.

En resumida cuentas ¿sirve de algo poner un bistec crudo sobre un ojo morado? Hoy en día tiene poco sentido hacerlo pero si no se tiene nada más a mano y esa carne se saca del frigorífico sí que puede aliviar un poco la hinchazón, pero no porque la carne tenga propiedades curativas, sino por el hecho de aplicar algo frío sobre el golpe. Eso sí, si la herida está abierta es totalmente desaconsejable aplicar un bistec crudo (por las bacterias que contiene éste y la infección que podría causar).

 

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Fuente de la imagen: Captura vídeo dailymotion (episodio ‘The Apology’ -9×09- de la serie ‘Seinfeld’)

Destripando mitos: La mayonesa no se corta ni las flores se marchitan por estar menstruando

Destripando mitos: La mayonesa no se corta ni las flores se marchitan por estar menstruando

La mayoría de los mitos que existen están relacionados con algún aspecto de la salud y es, quizás, el hecho de que desde la antigüedad ya preocupaba todo lo que estaba implicado con la anatomía humana (aunque todavía no se tenía un conocimiento tan exacto en multitud de temas como hoy en día se tiene) lo que provocó que surgieran innumerables invenciones y estúpidos consejos que advertían de lo insalubre o perjudicial que podría resultar realizar ciertas actividades… quién no ha escuchado alguna vez que si te tragas un chicle  tarda siete años en digerirse, la advertencia sobre lo peligroso que es dormir en una habitación con plantas, que dar azúcar a los niños los vuelve hiperactivos o que si te das un baño después de comer puede darte un corte de digestión

Entre mis recuerdos de infancia y adolescencia están las muchas veces que escuché a mi madre y abuela advertir a mis hermanas sobre el peligro de bañarse durante los días que tenían la regla e incluso que tampoco debían lavarse el cabello (afortunadamente, mis hermanas jamás hicieron caso a esos avisos).

Y es que alrededor de la menstruación existen infinidad de mitos que advierten de lo peligroso que puede ser realizar según qué actividades e incluso absurdas teorías sobre lo que se puede hacer o no, debido a que, según se creía desde la antigüedad (y hay quien todavía los cree) la mujer durante los días de periodo irradiaba influjos y toxinas que perjudicaba a las plantas, alimentos e incluso que podían hacer enfermar a los animales de compañía.

Durante muchísimos años las mujeres se han visto privadas de poder realizar cosas tan cotidianas como trasplantar una maceta o regar unas flores ante el temor de que éstas marchitaran. O tal y como cito en el título del post: el hecho de que la mayonesa se corta si se realiza durante los días de menstruación es un mito que todavía hoy sigue muy presente en nuestra sociedad.

¿De dónde surge el mito que indica que durante la menstruación si se hace mayonesa ésta se cortará?No existe ni una sola evidencia científica que asegure que por el solo hecho de estar menstruando se vaya a cortar la mayonesa. Es un mito sin fundamento alguno que lleva arrastrándose durante demasiado tiempo. La mayonesa es una salsa en la que se debe emulsionar dos elementos bien diststintos: el aceite y el huevo. Si batiésemos por un lado un huevo (que es acuoso) y le echásemos un chorro de aceite podríamos comprobar como el segundo ‘flota’ sobre el primero sin llegar a mezclarse (como ocurre cuando intentamos mezclar aceite y agua). Es a través de batir ambos elementos juntos, mientras se va echando el aceite poco a poco y el huevo está a temperatura ambiente, lo que hará que emulsionen perfectamente y den como resultado una riquísima y cremosa mayonesa. Pero hay infinidad de motivos por el que una salsa mayonesa se nos pueda cortar cuando la estamos haciendo (y nada tienen que ver con la menstruación, ya que a mí mismo me ha ocurrido bastantes veces): echar el aceite muy deprisa, que el huevo esté recién sacado de la nevera o todavía esté frío, que la batidora tenga más revoluciones de las que se necesitan para la emulsión, que el recipiente tenga restos de otro líquido o elemento, que no batamos demasiado rápido (si lo hacemos a mano con unas varillas), etc. Infinidad son las posibles causas que provocarían que, a cualquier persona, se le corte una mayonesa. Seguro que entre las lectoras de este post debe haber docenas de ellas que han realizado una mayonesa durante el periodo menstrual y nunca se le ha cortado. Simplemente no debemos hacer caso a este tipo de absurdas creencias.

Pero, evidentemente, esas invenciones y mitos alrededor de la menstruación no han surgido de la nada y hay un origen y un cuándo se originaron. En este caso debemos viajar hacia atrás un par de milenios para encontrarnos los primeros escritos en los que se advertía (sin fundamento alguno) de los peligros que rodeaban a las mujeres que estaban menstruando.

Por ejemplo, en el siglo I d.C., Plinio el Viejo dedicó un capítulo a la menstruación en su ‘Naturalis historia’ (concretamente en el Libro XXVIII) en el que indica lo siguiente:

[…] El contacto con el flujo mensual de la mujer amarga el vino nuevo, hace que las cosechas se marchiten, mata los injertos, seca semillas en los jardines, causa que las frutas se caigan de los árboles, opaca la superficie de los espejos, embota el filo del acero y el destello del marfil, mata abejas, enmohece el hierro y el bronce, y causa un terrible mal olor en el ambiente. Los perros que prueban la sangre se vuelven locos, y su mordedura se vuelve venenosa como las de la rabia. El Mar Muerto, espeso por la sal, no puede separarse excepto por un hilo empapado en el venenoso fluido de la sangre menstrual. Un hilo de un vestido infectado es suficiente. El lino, cuando lo toca la mujer mientras lo hierve y lava en agua, se vuelve negro. Tan mágico es el poder de las mujeres durante sus períodos menstruales, que se dice que lluvias de granizo y remolinos son ahuyentados si el fluido menstrual es expuesto al golpe de un rayo […]

En el Antiguo Testamento también podemos encontrar en el Levítico 15:19-30 algunas ‘joyitas’ como las siguientes:

[…]La mujer que padece un derrame, tratándose de su sangre, permanecerá en su impureza por espacio de siete días. Quien la toque será impuro hasta la tarde. Todo aquello en que se acueste durante su impureza quedará impuro, lo mismo que todo aquello sobre lo que se siente. Quien toque su cama lavará sus vestidos y permanecerá impuro hasta la tarde. Quien toque un mueble cualquiera sobre el que ella se haya sentado, lavará sus vestidos, se bañará y quedará impuro hasta la tarde. Quien toque algo que esté puesto sobre el techo o sobre el mueble donde ella se sienta quedará impuro hasta la tarde. Una vez que sane de su derrame, contará siete días quedando después pura. Al octavo día tomará para sí dos tórtolas o dos pichones y los presentará al sacerdote a la entrada de la Tienda de las Citas. Éste los ofrecerá, uno como sacrificio por el pecado y el otro como holocausto y hará el rito de absolución por ella ante Yavé, por el derrame que la hacía impura […]

En la Edad Media encontramos que entre el siglo XIII y XIV apareció el tratado de medicina ‘De Secretis Mulierum’ (atribuido al filósofo y estudioso de la ciencia Albertus Magnus, nacido en Baviera) y en el que también soltaba algunas perlas acerca de las mujeres y la menstruación como:

[…] Las mujeres que menstrúan emiten humos nocivos que envenenarán los ojos de los niños que yacen en sus cunas de un solo vistazo. Los niños concebidos por mujeres que están menstruando tienden a tener epilepsia y lepra porque la materia menstrual es extremadamente venenosa [….]

En base a lo que indicó Plinio el Viejo, así como lo que ponía en el Levítico, el tratado De Secretis Mulierum (y otros escritos del estilo), durante decenas de siglos se tomó como referencia lo que decían y se estigmatizó a la mujer que menstruaba.

¿De dónde surge el mito que indica que durante la menstruación si se hace mayonesa ésta se cortará?Pero una vez iniciado el siglo XX y cuando viejos mitos deberían haber sido desterrados, gracias a los avances que se hizo en la medicina durante la segunda mitad de 1800, a Béla Schick, médico de cierta relevancia que dirigía el departamento de pediatría del hospital Monte Sinaí de Nueva York durante la década de 1920, se le ocurrió asociar el hecho de que cuando alguien llevaba un ramo de flores al hospital y era cogido por una de sus enfermadas, si ésta estaba menstruando las flores marchitaban antes.

Ello lo achacó a la ‘menotoxina’, unas supuestas sustancias tóxicas que, según él, se expulsan durante la menstruación y que eran las causantes de marchitar las flores pero también de perjudicar el proceso de la levadura y la fermentación de ésta, agriar el vino, la cerveza y un buen número de alimentos (entre ellos cortar la mencionada mayonesa)

En base a esta hipótesis, sin fundamento científico alguno, otros médicos se pusieron a estudiar sobre el influjo negativo de la mujer durante sus días de menstruación a lo largo del siglo XX y aunque ninguno de ellos pudo demostrar que fuera cierto (todo lo contrario, hubo quien desestimó por completo la absurda teoría de la menotoxina) el mito ya estaba muy instalado en la sociedad, por lo que generación tras generación infinidad han sido las personas que lo han dado por bueno.

 

 

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Fuentes de consulta: womenpriests / mum / BBC / uchicago / scientificamerican / brepols / bitnavegante / sexomandamiento
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¿De dónde proviene la expresión ‘Dejar a alguien en la estacada’?

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La expresión ‘Dejar a alguien en la estacada’ es comúnmente utilizada para señalar cuando a una persona se la ha dejado abandonada a su suerte en una situación que podría ser peligrosa, apurada o de difícil solución, no brindándole la ayuda o auxilio que precisa.

Para encontrar el origen de la expresión debemos retroceder hasta la Edad Media, en la que los caballeros realizaban sus torneos y competiciones en un campo de batalla cuyo terreno era delimitado por estacas (postes de madera clavados en el suelo) a modo de vallado.

Ese terreno cercado era el que recibía el nombre de ‘estacada’ y, cuando se enfrentaban dos contendientes, el que perdía o caía de su caballo al suelo era el que ‘quedaba en la estacada’ (normalmente malherido), ya que el ganador abandonaba el lugar entre vítores sin darle auxilio alguno.

 

 

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¿De dónde surge llamar ‘villano’ a una persona malvada?

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Es muy común utilizar el término ‘villano’ para referirse a alguien que se comporta de una manera maliciosa. De hecho, como vocablo es uno de los preferidos por muchos autores a la hora de calificar a los adversarios de los protagonistas o héroes de sus obras (por ejemplo el personaje del Joker, que ilustra este post, es el famoso villano y antagonista de las historias de Batman).

Pero no siempre tuvo esa connotación negativa y durante muchísimos siglos villano simplemente quería decir: ‘que procede de una villa’ (casa o conjunto de casas de campo que se encontraban alejadas de la población principal). Así pues, esos originarios villanos no eran más que hombres o mujeres rurales.

Todo indica que fue a partir de la Edad Media cuando empezó a utilizarse el vocablo villano de una manera despectiva. Por aquel entonces se comenzó a tener el convencimiento que aquellos que vivían en las villas carecían de los modales, educación, honor y moral que poseían por naturaleza los que residían en las urbes importantes, como los burgueses, la nobleza o aristocracia, los caballeros, los cortesanos e incluso aquellos que trabajaban como maestros artesanos (a quienes se les otorgaba la naturaleza de ser leales y de buen corazón, algo que no se le concedía a los villanos o personas del entorno rural).

Así fue como, con el tiempo perduró el término villano para designar a alguien ruin, malvado o indigno, aunque su procedencia ya no fuera de una villa. Algo similar a lo que ocurrió con el término ‘pagano‘ -del latín paganus- (aldeano), el cual era el vocablo con el que se denominaba en la Antigua Roma a aquellos que vivían en los pagos -pagus- (aldea) y que acabó sirviendo para designar a quienes veneraban a divinidades, imágenes y seguían costumbres fuera del cristianismo.

 

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¿De dónde proviene el término ‘carnaval’?

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El carnaval es una de las fiestas más populares y que se celebra en un gran número de lugares de todo el planeta.

Aunque el concepto de celebrar festejos utilizando disfraces y máscaras es antiquísimo, el origen del término con el que se acabó designando a esta popular celebración debemos situarlo en la Edad Media, tras ser impuesto por el cristianismo un periodo obligado de penitencia, recogimiento, ayuno y oración que duraba cuarenta días (de ahí el término Cuaresma) y llegaba hasta el Domingo de Resurrección (Semana Santa).

Y es que los tres días previos a dar inicio a la Cuaresma se celebraban haciendo una despedida a la carne (ya que esta estaba prohibida consumirla) y se bautizó bajo el término ‘carnaval’ cuya etimología proviene del término italiano  ‘carnevale’  y éste a su vez del latín ‘carnem levare’ cuyo significado literal es ‘quitar la carne’ (carnem: carne – levare: quitar).

 

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¿De dónde surge llamar ‘obra maestra’ a la creación más relevante de un artista?

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Cuando se quiere hacer referencia al mejor y más relevante trabajo que ha realizado alguna persona suele utilizarse el término ‘obra maestra’. Importantes creaciones artísticas, musicales, literarias o del séptimo arte son catalogadas bajo esa locución.

Ya en la antigüedad se utilizaba el término en latín ‘magnum opus’, cuya traducción literal venía significar ‘gran/importante/ilustre trabajo’ y se utilizaba para destacar aquellas obras más importantes.

Pero también nos encontramos que en la Edad Media comenzó a utilizarse el término ‘obra maestra’ para referirse a la pieza maestra o magistral que realizaba aquel que aspiraba al grado de ‘maestro’ de un gremio (carpintero, herrero, panadero, joyero, etc). Éste debía demostrar su experiencia y habilidad en el oficio ejecutando un trabajo perfecto que después era valorado por los grandes maestros artesanos del oficio.

Si pasaba la prueba, a partir de ese momento era considerado como maestro del oficio y ya podía establecerse su propio taller o negocio. De lo contrario debería seguir trabajando como asalariado para otro.

 

 

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Post realizado a raíz de una consulta de Judith Núñez enviada a través del apartado de contacto.
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