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Curiosidades, anécdotas e historias sorprendentes para ser cada día un poco más listos.

Entradas etiquetadas como ‘Diccionario de la RAE’

¿De dónde surge llamar ‘chapero’ al joven que se prostituye con otros hombres?

¿De dónde surge llamar ‘chapero’ al hombre joven que se prostituye con otros hombres?

Se conoce como ‘chapero’ a aquel hombre (generalmente joven) que se prostituye y tiene como clientes a personas de su mismo sexo y mucho mayor que ellos.

En el Diccionario de la RAE encontramos que define el término como ‘Homosexual masculino que ejerce la prostitución’; una descripción con la que no están de acuerdo la mayoría de colectivos gais al entender que el prostituto conocido como chapero no siempre es homosexual (la mayoría de ellos aseguran no serlo, aunque mantienen ese tipo de relaciones con un fin lucrativo). La definición más acertada del término sería: ‘Hombre (joven) que se prostituye con otros hombres’.

El origen de dicho término está muy discutido y son varios los posibles orígenes que se le dan. Uno de los más compartidos es el que apunta que chapero proviene de la palabra chapa, siendo así como se le llamaba antiguamente a las monedas sueltas (calderilla).

Parece ser que los servicios sexuales que el joven prostituto ofrecía al cliente maduro (conocido tiempo atrás como ‘carroza’) eran pagados con monedas sueltas y de escaso valor (chapas), de ahí que al recibirlas era un chapero.

También hay quien señala (como es el caso del etimólogo Joan Corominas) quien señala que el término chapero proviene de la germanía (lenguaje jergal hablado por rufianes y maleantes) y que deriva de chapa (tapón utilizado para cerrar botellas) en el sentido de que con la relación sexual mantenida entre el joven prostituto y su cliente el orificio anal quedaba cerrado (chapado). Teniendo en cuenta que el término ‘chapar’, como sinónimo de cerrar es muy utilizado desde hace bastante tiempo, el origen propuesto por Corominas parece no ser descabellado.

Pero no quiero terminar el post sin incluir un tercer posible origen del término, que, aunque no es apoyado por un gran número de expertos, hay quien lo defiende. Se trata de ubicarlo como una de las variantes del vocablo ‘chaperón’ usado desde hace varios siglos en Castilla para señalar a aquel que con poca experiencia realizaba un trabajo eventual para el cual no estaba especializado, por lo que el resultado acababa siendo una ‘chapuza’. En base a que el chapero solía ser un muchacho joven y sin apenas experiencia, a menudo esa relación sexual solía hacerse rápido y de cualquier manera, y por tanto se decía que habían hecho un chaperón, de ahí que probablemente se les comenzara a llamar chaperos. Pero tal y como indico al inicio de este párrafo, es un posible origen que no es defendido por demasiadas personas.

Como dato curioso, cabe destacar que el término ‘chaperón’ también era utilizado antiguamente para designar a aquel adulto que acompañaba a una pareja de jóvenes con la intención de vigilar para que estos no estuvieran solos y evitar que mantuvieran relaciones  (lo que comúnmente se conoce como ‘carabina’, ‘hacer de vela’…)

 

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Fuente de la imagen: Archivo 20minutos.es

¿De dónde surge el término ‘cachondeo’?

¿De dónde surge el término ‘cachondeo’?

Se denomina ‘cachondeo’ al jolgorio, hacer burla, la falta de seriedad o a los momentos de desorden y desbarajuste.

Es un término que puede abarcar desde el acto de estar pasándoselo bien en una fiesta o lugar de ocio (‘Fulanito se ha ido toda la noche de cachondeo’) a la guasa o mofa que se puede hacer hacia otra persona (‘Menganito se está cachondeando de mí’) e incluso se deriva hacia un vocablo con el que se señala un estado de excitación sexual (‘Zutano va cachondo perdido’).

El origen etimológico de este término está muy discutido y aunque hay tras de sí toda una provincia que defiende y reclama la autoría de la palabra nada queda en claro, al menos para los expertos.  Voy a intentar daros las diferentes opciones que se barajan sobre el mismo.

Por una parte nos encontramos con quienes defienden que el origen del término ‘cachondeo’ proviene de Cádiz, más concretamente de Zahara de los Atunes, una localidad bañada por el río Cachón y es precisamente éste el que dicen que dio pie a la palabra. Según cuentan los zahareños, en la rivera de este río era donde se juntaban los pescadores de atún (conocidos como almadraberos) y organizaban sus fiestas y jolgorios tras la jornada de trabajo.

Algunos indican que allí era donde solían rondar las prostitutas en busca de clientes, por lo que al acto de ir de fiesta y hacer bromas entre risas pasó a ser conocido como cachondeo.

Pero tal y como indico al inicio de esta curiosidad, hay quien no está de acuerdo con esta explicación señalando que la raíz etimológica del término cachondeo está en la palabra ‘cachorro’. Y es por el ruido y alboroto que ocasionan las crías de perros lo que le dio origen. Esta tesis fue defendida por el experto Joan Corominas en su Breve Diccionario Etimológico de la Lengua Española. Cabe destacar que el Diccionario de la RAE en su entrada ‘cachondo’ señala el mismo origen etimológico aportado por Corominas.

 

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¿De dónde proviene llamar ‘Cotolengo’ a algunas instituciones de asistencia a personas con necesidades especiales?

¿De dónde proviene llamar ‘Cotolengo’ a algunas instituciones de asistencia a personas con necesidades especiales?

Se conoce comúnmente como ‘cotolengo’ (o cottolengo) a algunas instituciones de carácter religioso en donde se da cobijo y cuidados a personas con necesidades especiales y que no pueden valerse por si mismas (ancianos, discapacitados mentales o físicos …).

El término provine del apellido del sacerdote italiano Giuseppe Benedetto Cottolengo, quien dedicó gran parte de su vida al cuidado y auxilio de los más desfavorecidos tras darse cuenta que había cierto grupo de personas en la sociedad que no eran bien admitidas por ésta y a las que no se las atendía como se debía en la mayoría de hospitales, hospicios e instituciones.

Por ello, recién iniciado el año 1828, abrió un pequeño hospital en el centro de Turín donde se atendería a personas con necesidades especiales, sin recursos o enfermedades y que otros no querían tratar.

Cabe destacar que en aquella época los individuos a los que se les podía calificar como de necesidades especiales englobaba a los sordomudos, epilépticos o con cualquier discapacidad física o intelectual.

Desafortunadamente el pequeño hospital (llamado ‘Ospedaletto della Volta Rossa’) fue clausurado por las autoridades cuatro años después, debido a que su ubicación en la ciudad no era del agrado del gobierno municipal y, sobre todo, tras una epidemia de cólera en la que se acogió a un gran número de enfermos no deseados por la sociedad turinense.

¿De dónde proviene llamar ‘Cotolengo’ a algunas instituciones de asistencia a personas con necesidades especiales?Fue en abril de 1832 cuando en un suburbio de Turín abre la ‘Piccola Casa della Divina Provvidenza’, que con el tiempo sería conocida por el apellido de su fundador ‘Cottolengo’ y que se convertiría en el germen de lo que hoy en día es una amplia red a nivel mundial de asilos donde se acoge y atiende a todas aquellas personas que tienen necesidades especiales. Uno de los ejemplos es el ‘Cottolengo del Padre Alegre’, fundado en Barcelona en 1932 y con expansión por España, Portugal y Colombia.

Es frecuente encontrar el término Cottolengo castellanizado en Cotolengo, aunque cabe destacar que ninguno de los dos vocablos está recogidos por el Diccionario de la RAE, pero, tal y como indican en Fundéu, el hecho de que no se recoja o aparezca en este diccionario no quiere decir que no exista ni que el uso de esta palabra sea incorrecto.

 

 

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Fuente de la imagen: museotorino / cottolengopalegre

El curioso origen del término ‘proxeneta’

El curioso origen del término ‘proxeneta’

Se utiliza hoy en día el término ‘proxeneta’ para referirse a aquel hombre o mujer que obtiene algún beneficio económico a través de la prostitución ejercida por otra persona.

Para encontrar el origen del término (que no de la acepción, ya que ésta es relativamente moderna) debemos ir hacia atrás hasta los tiempos de la Antigua Grecia en el que se conocía como ‘proxenētēs’ a aquel que mediaba en algún asunto o negocio, sobre todo que tenía que ver con personas extranjeras. Venía a ser como una especie de cónsul encargado de intermediar. También se le llamaba de ese modo a algunos de los comerciantes o comisionistas dedicados al negocio de la esclavitud.

En la Antigua Roma también se llamó ‘proxenēta’ al que se llevaba una comisión por realizar trabajos de mediación entre personas que necesitaban cerrar un negocio o acuerdo.

A partir de la Edad Media los proxenetas ampliaron sus negocios, siendo también intermediarios en arreglar casamientos. No aparecía con tal acepción en el Diccionario de autoridades, donde se usaba el término para dar significado a la palabra ‘corredor’ (en relación al que se dedica a la compra y venta de todo género de cosas).

No fue hasta 1788 cuando apareció por primera vez el término ‘proxeneta’ en un diccionario (concretamente en el de Esteban de Terreros y Pando) y lo hacía dándole el significado de ‘especie de oficio en la antigüedad romana, casamentero o intérprete. Intermediario para ventas, compras y casamientos’.

De hecho fue a partir de 1895 (en el Diccionario enciclopédico de la lengua castellana de Elías Zerolo) cuando aparece por primera vez únicamente con el significado de ‘alcahuete’.

Ya en el siglo XX, se comenzó a señalar como proxenetas a aquellos que se dedicaban no solo a intermediar entre quienes estaban interesados en contraer matrimonio sino también entre quienes ejercían la prostitución y sus clientes, desapareciendo la acepción de ‘casamentero y alcahuete’ en el Diccionario de la RAE y dándole únicamente el significado: ‘Persona que obtiene beneficios de la prostitución de otra persona’.

 

 

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Fuente de la imagen: Captura de Youtube

El erróneo uso que se hace en castellano del término ‘bizarro’

El erróneo uso que se hace en castellano del término ‘bizarro’

Si nos pusiéramos a preguntar a todos nuestros conocidos sobre el significado de la palabra ‘bizarro’, muy posiblemente, un gran número de personas nos daría como respuesta que bizarro se utiliza para señalar algo que es ‘extraño’, ‘raro’, ‘extravagante’ e incluso ‘escatológico’. Esta respuesta es debida al uso que se le da en internet a este término, ya que son muchas las personas que han adoptado las acepciones que se le da al vocablo desde el inglés y francés ‘bizarre’, pero en este caso se trata de lo que es conocido como ‘false friend’ o ‘faux-ami’ (‘falso amigo’, vocablo de otro idioma que se parece, en la escritura o en la pronunciación, a una palabra de la lengua materna del hablante, pero que tiene un significado diferente).

En realidad, en nuestro idioma castellano el término bizarro significa literalmente ‘valiente, esforzado, generoso, lucido y espléndido’ (tal y como indica el Diccionario de la RAE) y el término proviene etimológicamente del italiano ‘bizzarro’ cuyo significado es ‘iracundo’ (que muestra ira o es propenso a ella).

Y es que antiguamente se tenía el convencimiento de que una persona iracunda era alguien valiente y arriesgada. Fue al llegar a nuestro idioma cuando se le comenzó a aplicar el término bizarro a algunos militares, con la intención de señalar la gallardía de éstos y, por tanto, acabó siendo también sinónimo de ser generoso, esforzado, audaz, intrépido, lucido y espléndido.

Por su parte, el idioma francés tomó el mismo vocablo (bizzarro) también desde el italiano, pero en lugar de utilizar el término para referirse a una persona valiente (como fue en el caso del castellano) hizo que la acepción de alguien iracundo fuese ‘extraño o peculiar’. Del francés fue tomado por la lengua inglesa que terminó de darle a la palabra los significados de extravagante, raro y escatológico que muchas personas también han adoptado, erróneamente, cuando usan el término en español.

Cabe destacar que es común utilizar el término ‘bizarre’ para referirse a ciertos personajes, tendencias o arte excesivamente extraño (algunos señalan como grotesco) y también a un subgénero cinematográfico de películas surrealistas, de terror e incluso pornográficas.

 

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Fuente de la imagen: Wikimedia commons

¿De dónde surge llamar ‘pusilánime’ al falto de ánimo y valor?

¿De dónde surge llamar ‘pusilánime’ al falto de ánimo y valor?

Pusilánime es uno de esos términos que parecen estar destinados a desaparecer de nuestro vocabulario y que cada vez es menos utilizado.

Su significado literal, según el Diccionario de la RAE, es ‘falta de ánimo y valor para tomar decisiones o afrontar situaciones comprometidas’ y se consideran sinónimos vocablos como ‘achantado’, ‘medroso’, ‘apocado’, ‘cobarde’, ‘miedoso’, ‘timorato’ o ‘vergonzoso’.

El término lo recibimos directamente del latín ‘pusillanĭmis’ que era la contracción de la expresión ‘pusillus animus’ y que venía a significar ‘de alma o espíritu pequeño’ (pusillus: pequeño – animus: alma/espíritu) y se aplicaba a aquel que era apocado, cobarde y sin valor. Por poner un ejemplo, un personaje ‘pusilánime’ podría considerarse a ‘Zeke’, el león cobarde de ‘El mago de Oz’.

Por el contrario, los romanos crearon el término ‘magnanĭmus’ (magnánimo) para referirse a todo lo contrario, a aquel que tenía ‘gran alma/espíritu y valor’ (magna: grande – animus: alma/espíritu).

 

 

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Fuente de la imagen: fdctsevilla (Flickr)

¿Sabías que la expresión ‘echar pestes’ nada tiene que ver con la enfermedad ni el mar olor?

 

 

¿Sabías que la expresión ‘echar pestes’ nada tiene que ver con la enfermedad ni el mar olor?

Se conoce como ‘peste’ a una enfermedad contagiosa y de gran mortandad, además de usarse el término como sinónimo de mal olor.

Expresiones como ‘echar pestes’ o ‘hablar/decir pestes de alguien’ son frecuentemente utilizadas para referirnos a la acción que hace una persona de hablar mal de otra. Debido a la coincidencia del uso del vocablo pestes es muy común pensar que esas ‘pestes’ a la que se refiere la locución tengan que ver con decir algo maloliente o mórbido, aunque en realidad son dos vocablos de diferente origen y que nada tiene que ver entre si.

En realidad el término pestes, utilizado en dicha locución, es la evolución que se le dio, a través de los años, al vocablo ‘pésete’ el cual significaba literalmente ‘especie de juramento, maldición o execración’ y que ya recogía el Diccionario de Autoridades de 1737 en su volumen V.

El famoso lexicógrafo del siglo XVIII, Esteban Terreros y Pando, también lo recoge en su ‘Diccionario castellano con las voces de ciencias y artes y sus correspondientes en las tres lenguas francesa, latina e italiana’ indicando que el término ‘pésete’ proviene del latín ‘pesiami/pesiati’ e incluso añade que, por aquel tiempo, execrar (maldecir) sobre alguien se decía ‘pesetear’.

No se sabe a ciencia cierta por qué ni cuando, pero el término pésete acabó diciéndose en la forma ‘pestes’, quizás como un modo más fácil de pronunciar.

El termino pésete sigue siendo recogido por el Diccionario de la RAE, aunque indica que está en desuso.

 

 

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Fuente de la imagen: pixabay / mailxmail

¿De dónde proviene utilizar el término ‘potra’ para indicar que alguien tiene buena suerte?

¿De dónde proviene utilizar el término ‘potra’ para indicar que alguien tiene buena suerte?

Al contrario de lo que muchas personas creen, el término ‘potra’ no ha surgido de la jerga juvenil sino que como vocablo hay constancia de su uso desde hace varios siglos y ya aparece descrito en el Diccionario de Autoridades de 1737, aunque, en sus inicios, a la palabra no se le dio el sentido de buena suerte que se le otorga hoy.

Tal y como se describía en el mencionado diccionario y hoy en día le da la RAE (en sus dos primeras acepciones), la potra era la hernia de una víscera u otra parte blanda o en el escroto (nada que ver con la hembra del potro, cría del caballo).

Dicha dolencia otorgaba a aquel que la tenía un pequeño privilegio (o al menos eso decían quienes la padecían): sentir molestias cuando el tiempo iba a cambiar -semejante a lo que le pasa a algunas personas que tienen problemas en las articulaciones-. A pesar del inconveniente del dolor que suponía, era de apreciar ese ‘sexto sentido’ (como algunos lo llamaban) con el que podían detectar con antelación (incluso de varios días) el cambio meteorológico, la llegada de una tormenta, nevada… El saberlo con suficiente anticipación ayudaba a que muchos agricultores pudiesen salvar sus cosechas.

Así pues, a ese tipo de hernia (la potra) con el tiempo se le comenzó a considerar como algo bueno y de ahí que al que la padecía se le acabó considerando como alguien suertudo, dando lugar con los años a expresiones del tipo ‘menuda potra tiene’, ‘vaya potra he tenido’, ‘a ver si tenemos potra’…

Cabe destacar que el término ‘potra’ se aplica muy a menudo sobre todo para señalar a aquel que ha conseguido/ganado algo de pura casualidad.

 

 

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Fuente de la imagen: pixabay

¿De dónde surge el término ‘sadomasoquismo’?

¿De dónde surge el término ‘sadomasoquismo’?

Se conoce como ‘sadomasoquismo’ a la práctica sexual en la que se alcanza placer a través de causar y recibir dolor y/o humillación. Esta parafilia de comportamiento sexual (a la que el Diccionario de la RAE acuña como ‘perversión’), tiene una antigüedad que se pierde en el tiempo (nuestros ancestros ya disfrutaban dando o recibiendo algún tipo de daño).

Pero el término sadomasoquismo, con el que lo conocemos, en realidad está compuesto de dos vocablos (sado/sadismo y masoquismo) que corresponden a dos famosos escritores: el primero a Donatien Alphonse François, comúnmente conocido como ‘marqués de Sade’, quien introdujo en algunas de sus obras a personajes que encontraban excitación y placer sexual al provocar dolor y humillación en otras personas. El propio marqués de Sade disfrutaba con este tipo de prácticas.

Por otro lado nos encontramos con el escritor de origen austriaco Leopold von Sacher-Masoch, quien en algunas de sus obras introdujo situaciones en las que alguno de sus personajes disfrutaban y alcanzaban el clímax sexual al verse humillado o maltratado por otra persona.

Fue en el año 1890 cuando el psiquiatra alemán Richard von Krafft-Ebing publicó un tratado sobre la psicopatología de la conducta sexual y en él señalaba que el patrón de comportamiento se ciertos individuos que sentían placer sexual a través del dolor y/o humillación (ya fuese dando como recibiendo) se asemejaba a lo descrito tanto por el marqués de Sade (los que infligen dolor) como por Leopold von Sacher-Masoch (los que lo reciben).

Así fue como acuñó ambos comportamientos con la distinción nominal de ambos ‘Sadismo’ por el marqués de Sade y ‘Masoquismo’ derivado de Masoch y de la unión de ambos surgió ‘Sadomasoquismo‘.

Cabe puntualizar que una persona que es sometida al sadismo no tiene porque sentir placer de esa práctica (el que lo siente es quien produce el dolor) ni en el caso del masoquismo ser la persona que lo inflige (pues el placer lo disfruta quien recibe el castigo).

 

Parte de esta curiosidad es una de las que expliqué la pasada madrugada en el programa ‘Contigo dentro’ de la Cadena SER en la fantástica entrevista que me realizó Celia Blanco (@Latanace).
Puedes escuchar mi intervención en el siguiente enlace:

 

 

Fuente de la imagen: Wikimedia commons (1) / Wikimedia commons (2)

El curioso origen de llamar ‘carroza’ a una persona mayor o anticuada

El curioso origen de llamar ‘carroza’ a una persona mayor o anticuada

Es muy común escuchar o utilizar el término ‘carroza’ para referirse a una persona mayor e incluso para indicarle a alguien que se está haciendo ‘viejo’ o está ‘anticuado’.

Como bien es sabido, una carroza es un coche de caballos, normalmente grande y ricamente adornado (tal y como indica el diccionario de la RAE en su primera acepción).

Muchos son los que opinan que el que se compare  una persona mayor con una carroza se debía al balanceo al andar que recordaba al vaivén de los coches de caballos e incluso al recargamiento en las vestimentas de los ancianos.

Y aunque esa referencia tiene que ver con los carruajes, en realidad se originó de una manera la mar de curiosa: en los ambientes de prostitución callejera, a partir de mediados del siglo XVIII, en los que los clientes (que solían ser de una edad adulta) acudían a recoger a las jóvenes prostitutas montados en sus elegantes coches de caballos; de ahí que cuando entre las meretrices se referían a sus clientes lo hacían con alusión al carruaje: ‘Por ahí viene a recogerme mi carroza’. Con el tiempo quedó asociado el término ‘carroza’ con el de hombre mayor y asiduo a los servicios de prostitución.

Cabe destacar que algunos son los que apuntan que si bien esa referencia se originó en dichos ambientes, no lo hizo con las prostitutas femeninas sino con los jóvenes prostitutos (comúnmente conocidos como ‘chaperos’). De hecho, en su Diccionario cheli, Francisco Umbral hacía la siguiente definición de carroza:

Dícese del homosexual de edad que todavía pretende aparentar; dícese por extensión, de toda persona de edad que desea aparentar; dícese, ya por inflación del término, de toda persona de edad.

El término lo acuñan los homosexuales jóvenes de alquiler o putos para referirse despectivamente al viejo que viene a alquilarles, y es el equivalente de los viejos verdes de las meretrices. Ajeno a estas connotaciones, el burgués de edad se llama ya carroza a sí mismo: Yo soy ya mayor, hija, estoy hecho un carroza. Esta metáfora sugiere, con ese cruce de vejez y enlucido de las carrozas, al viejo homosexual atildado. Carroza es halagüeño por lo nobiliario, y mortificante por lo vetusto.

 

 

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Post realizado a raíz de la consulta realizada por Javier Moreno a través del apartado de contacto de este blog
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