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Curiosidades, anécdotas e historias sorprendentes para ser cada día un poco más listos.

Entradas etiquetadas como ‘Antigua Grecia’

Destripando mitos: ¿sirve de algo poner un bistec crudo sobre un ojo morado?

Destripando mitos: ¿sirve de algo poner un bistec crudo sobre un ojo morado?

Hoy en día, cuando alguien ha recibido un golpe y le está saliendo un hematoma, uno de los remedios más efectivos y rápidos es ponerse algo frio en la zona golpeada (como una bolsita de gel guardad previamente en el congelador, hielo dentro de una bolsa o envuelto en un paño, guisantes congelados en una bolsa…) y posteriormente aplicar una pomada que contenga ‘pentosano polisulfato’ (comercializada como ‘Thrombocid’), que ayuda a mejorar la irrigación sanguínea de la zona afectada, previniendo la formación de trombos.

Pero muchas son las ocasiones en las que, ya sea a través del cine, la televisión, la literatura e incluso por trasmisión oral, hemos visto que como remedio para bajar el hinchazón y el hematoma (comúnmente de un ojo morado) era colocando un bistec de carne crudo sobre la zona amoratada.

Hoy en día esto tiene poco sentido de hacerlo. Si alivia algo el poner la carne sobre un ojo morado es por el frío del bistec, que es conservado en un frigorífico, pero si realmente se quiere aplicar algo que por su baja temperatura ayude a bajar un hinchazón lo que hay que hacer es usar uno de los productos mencionados al inicio de este post.

El hecho de poner el bistec sobre el moratón fue una costumbre que se popularizó sobre todo a mediados del siglo XX, siendo un recurso frecuente utilizado en innumerables películas y series de la época. Esto es así no por la efectividad del remedio, sino porque visualmente la escena quedaba mucho más impactante de cara al espectador que si se colocaba una bolsa con hielo.

Pero también cabe destacar que no fue un recurso inventado por la ficción cinematográfica, sino que viene de mucho más atrás.

Hoy en día todas las neveras disponen de una parte con congelador donde se produce hielo o se almacenan productos congelados, pero hace varias décadas atrás muchos eran los refrigeradores que tan solo tenían la propiedad de enfriar los alimentos, por lo que era más frecuente tener un bistec guardado ahí que unos cubitos de hielo. Éste solía venderse ambulantemente y en bloques, por lo que salía mucho más barato y fácil utilizar carne para aplicar a un hematoma que hielo.

Pero el hecho de que se pensara que aplicar un bistec era un buen remedio no surgió de la nada y porque fuese uno de los productos más frescos que se tenían, sino que era una costumbre heredada desde la antigüedad.

Muchísimos son los tratados médicos de hace varios siglos en los que se indica que la carne era un buen remedio para aliviar los golpes y, de hecho, durante la Edad Media se realizaba una ‘cataplasma de carne’ en la que se mezclaban varias hierbas medicinales con carne previamente machacada (picada) y que se aplicaba ya no solo en un hematoma, sino sobre heridas, llagas, úlceras, etc.

Actualmente esto estaría totalmente contraindicado, debido a que aplicar carne cruda sobre una herida abierta infectaría ésta de bacterias y, sobre todo, teniendo en cuenta que siglos atrás no existía la higiene de hoy en día.

Esto se hacía no porque la carne estuviera fría (que por aquel entonces no lo estaba) sino porque se había recibido como enseñanza médica desde la época de la Antigua Grecia en la que el médico Hipócrates de Cos (que vivió entre el 460 a.C y el 370 a.C) formuló su ‘Teoría de los humores’ en la que catalogaba la personalidad de cada individuo en cuatro estados: colérico, melancólico, sanguíneo y flemático; cada estado producía un tipo de fluido (humores) y tenía un modo diferente de sanarse.

Los hematomas se englobaban en el ‘sanguíneo’ y el remedio para curarlos era aplicando carne de vacuno, ya que, al ser roja y sangrienta, atraería la hinchazón.

De ahí que durante la mayor parte de la Historia (hasta bien entrado el siglo XIX) la teoría humoral fuese la más extendida y difundida entre los médicos.

En resumida cuentas ¿sirve de algo poner un bistec crudo sobre un ojo morado? Hoy en día tiene poco sentido hacerlo pero si no se tiene nada más a mano y esa carne se saca del frigorífico sí que puede aliviar un poco la hinchazón, pero no porque la carne tenga propiedades curativas, sino por el hecho de aplicar algo frío sobre el golpe. Eso sí, si la herida está abierta es totalmente desaconsejable aplicar un bistec crudo (por las bacterias que contiene éste y la infección que podría causar).

 

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Fuente de la imagen: Captura vídeo dailymotion (episodio ‘The Apology’ -9×09- de la serie ‘Seinfeld’)

El curioso origen del término ‘proxeneta’

El curioso origen del término ‘proxeneta’

Se utiliza hoy en día el término ‘proxeneta’ para referirse a aquel hombre o mujer que obtiene algún beneficio económico a través de la prostitución ejercida por otra persona.

Para encontrar el origen del término (que no de la acepción, ya que ésta es relativamente moderna) debemos ir hacia atrás hasta los tiempos de la Antigua Grecia en el que se conocía como ‘proxenētēs’ a aquel que mediaba en algún asunto o negocio, sobre todo que tenía que ver con personas extranjeras. Venía a ser como una especie de cónsul encargado de intermediar. También se le llamaba de ese modo a algunos de los comerciantes o comisionistas dedicados al negocio de la esclavitud.

En la Antigua Roma también se llamó ‘proxenēta’ al que se llevaba una comisión por realizar trabajos de mediación entre personas que necesitaban cerrar un negocio o acuerdo.

A partir de la Edad Media los proxenetas ampliaron sus negocios, siendo también intermediarios en arreglar casamientos. No aparecía con tal acepción en el Diccionario de autoridades, donde se usaba el término para dar significado a la palabra ‘corredor’ (en relación al que se dedica a la compra y venta de todo género de cosas).

No fue hasta 1788 cuando apareció por primera vez el término ‘proxeneta’ en un diccionario (concretamente en el de Esteban de Terreros y Pando) y lo hacía dándole el significado de ‘especie de oficio en la antigüedad romana, casamentero o intérprete. Intermediario para ventas, compras y casamientos’.

De hecho fue a partir de 1895 (en el Diccionario enciclopédico de la lengua castellana de Elías Zerolo) cuando aparece por primera vez únicamente con el significado de ‘alcahuete’.

Ya en el siglo XX, se comenzó a señalar como proxenetas a aquellos que se dedicaban no solo a intermediar entre quienes estaban interesados en contraer matrimonio sino también entre quienes ejercían la prostitución y sus clientes, desapareciendo la acepción de ‘casamentero y alcahuete’ en el Diccionario de la RAE y dándole únicamente el significado: ‘Persona que obtiene beneficios de la prostitución de otra persona’.

 

 

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Fuente de la imagen: Captura de Youtube

La cruel manera que tenían en la Antigua Grecia de expiar sus desgracias culpando a alguien inocente

La cruel manera que tenían en la Antigua Grecia de expiar sus desgracias culpando a alguien inocenteA lo largo de la Historia cada cultura, pueblo y religión ha tenido una manera propia de expiar sus pecados o echar la culpa a algo o alguien de las desgracias y penurias que padecían.

Había quien hacia responsables a unos dioses concretos (ciertas deidades encomendadas a llevar el infortunio), también quien usaba animales como forma de expiación (por ejemplo la ceremonia del rito judío que consistía en elegir un macho cabrío –chivo- que era llevado al desierto, apedrearlo y abandonarlo con el fin de que pagase por los pecados cometidos por el pueblo… de ahí nació el término ‘Chivo expiatorio’).

La manera que tenían en la Antigua Grecia de purgar sus pecados y hacer a alguien responsable de todas las penurias y calamidades que habían ocurrido a lo largo del año era conocido como ‘Pharmakos’ y consistía en escoger a ciudadanos a los que se les culpaba de todas sus desgracias (aunque no tuvieran nada que ver con ello).

Dicho sacrificio tenía lugar durante las ‘Targelias’, festividades atenienses en honor a las deidades Apolo y Artemisa, que se celebraban los días sexto y séptimo del mes de Targelión, en el calendario ateniense (hacia finales de mayo en el calendario gregoriano por el que nos regimos actualmente).

Las personas escogidas para ser sacrificadas en el Pharmakos solía ser un hombre y una mujer (a veces varios individuos de un mismo sexo) y el criterio para escoger quién sería el elegido podía ser arbitrariamente alguien con alguna malformación, delincuentes que tenían alguna pena pendiente por cumplir e incluso algunos que ya habían cumplido con la justicia (algo así como ‘echar el muerto a otro‘).

Estas personas eran expulsadas de la ‘polis’ (ciudad) y, dependiendo de la gravedad de la desgracia por la que se le hacía responsable (una plaga, terremoto, invasión, hambre…) se le enviaba al ostracismo durante un tiempo o incluso se le podía sacrificar (ya fuera a pedradas, fustigándoles los genitales hasta hacerles morir o mediante el linchamiento).

El término griego Pharmakos significaba literalmente ‘remedio’ (aunque también tenía otros muchos significados como: veneno, antídoto, droga… de ahí que los medicamentos también se les llame ‘fármacos’).

 

 

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Fuente de la imagen: Pinterest

¿Cuál es el origen de los mercenarios?

¿Cuál es el origen de los mercenarios?

Aunque originalmente el término mercenario hiciese referencia al soldado que prestaba sus servicios a ejércitos extranjeros o a fines particulares a cambio de una retribución económica, hoy en día también se utiliza para referirse a todo aquel que trabaja por cuenta ajena y se ofrece al mejor postor, no importándole cambiar continuamente de empleo, aunque con ello se le acuse de deslealtad a la empresa o competencia desleal.

Originariamente los mercenarios eran soldados de la Antigua Grecia o del Imperio Romano que habían sido contratados para vigilar una mercancía (de ahí su etimología). El salario que percibían era relativamente bajo, algo que provocaba que en muchas ocasiones robasen algo de género que estaban custodiando o dejasen plantados a sus patrones por irse a trabajar con otro que les pagaba más, de ahí la mala fama que cogieron.

Cuando no había mercancías que custodiar se enrolaban como asalariados en el ejército (propio o de otro país) y cobraban por luchar.

 

 

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Fuente de la imagen: Wikimedia commons

¿Sabías que la ‘antorcha olímpica’ fue un invento nazi?

¿Sabías que la ‘antorcha olímpica’ fue un invento nazi?Cada cuatro años, los días previos a dar inicio unos Juegos Olímpicos, uno de las tradiciones que se realizan y más expectación genera es el hecho de portar la antorcha con la ‘llama olímpica’ desde Olimpia (ciudad de la Antigua Grecia donde se celebraban los antiguos JJOO) hasta la población encargada de albergar las Olimpiadas.

Así como la llama olímpica es un símbolo ya utilizado desde los juegos celebrados en la antigüedad no lo es el hecho de realizar el mencionado recorrido, ya que el mismo se llevó a cabo por primera vez en 1936, con motivo de los JJOO de Berlín.

En los primeros Juegos Olímpicos de la Era moderna (como fueron conocidos inicialmente) promovidos por el barón Pierre de Coubertain no hubo pebetero ni llama olímpica y así ocurrió en los siguientes juegos. No fue hasta la novena olimpiada celebrada en Ámsterdam en 1928 cuando se recuperó la antigua tradición de colocar un pebetero que mantuvo la llama encendida durante todo el tiempo que duraron los juegos, pero este fuego no fue llevado desde Olimpia sino que fue encendido allí mismo.

Lo mismo sucedió en la siguiente cita olímpica de Los Ángeles 1932, pero en los JJOO que iban a celebrarse en la Alemania nazi de Adolf Hitler algo cambió: se introdujo el recorrido por relevos de la llama olímpica desde Grecia (Olimpia) hasta el estadio olímpico de Berlín. La idea surgió de Carl Diem, uno de los responsables en la organización de aquellos juegos.

¿Sabías que la ‘antorcha olímpica’ fue un invento nazi?

A lo largo de 3.187 kilómetros (la distancia que separa Olimpia de Berlín) 3.331 voluntarios portaron la antorcha olímpica, relevándose aproximadamente cada mil metros. Fue un recorrido que se realizó durante doce días y filmado por las cámaras de la cineasta Leni Riefenstahl, quien tenía el encargo de rodar una película documental sobre los juegos que encumbrasen al Führer y al Tercer Reich.

Desde entonces los siguientes juegos fueron adoptando esta costumbre iniciada por los nazis y que ha acabado convirtiéndose en toda una tradición.

 

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Fuentes de consulta: olympic.org (pdf) / BBC / ushmm
Fuentes de las imágenes: publicdomainpictures / Wikipedia

El origen de algunas expresiones que nombran un animal y que nada tienen que ver con animales

El origen de algunas expresiones que nombran un animal y que nada tienen que ver con animales

Nuestra lengua es rica en expresiones, refranes y aforismos que tratan sobre cualquier tema y ocasión. Los tenemos dedicados a temas meteorológicos, a las diferentes estaciones del año, a los meses y los que mencionan personas, lugares y animales (por poner unos pocos ejemplos).

Entre toda la amalgama de expresiones que existen hay algunas muy concretas en las que en el enunciado se menciona a algún animal, pero que, curiosamente, poco o nada tienen que ver realmente con los animales, ya que muchas de ellas han acabado nombrándolos por la perversión del lenguaje oral que ha ido pasando de una generación a otra o simplemente porque ese vocablo ha sido creado por alguna jerga (como el de la germanía) que lo utilizaban metafóricamente para referirse a otra cosa sin que los demás se enteraran.

Montar un pollo

La forma original (y correcta) de la expresión es ‘montar un poyo’, aunque el diccionario de la RAE admite que se escriba ‘montar un pollo’ aunque la locución no se refiera al animal.

El poyo (pollo) al que hace referencia es al podio o pequeña tribuna portátil (que tenía que ser montada) sobre las que se subían oradores que llegaban a una plaza pública y desde la que hablaban a los presentes. Normalmente eran consignas políticas que atacaban a algún partido político o al gobierno, por lo que, a menudo, solía armarse algún que otro altercado entre los asistentes y el orador. Dicha tribuna portátil  era conocida popularmente como ‘poyo’, un término que proviene de la palabra en latín ‘pódium’ y cuyo significado es ‘podio’.

El origen de algunas expresiones que nombran un animal y que nada tienen que ver con animales

El origen de algunas expresiones que nombran un animal y que nada tienen que ver con animales

Tener la mosca detrás de la oreja

La mosca a la que se refiere la expresión (que viene a indicarnos el acto de estar alerta, atento o expectante ante una situación) no es al insecto, sino a la ‘mecha’ (también llamada llave de mecha o serpentín) con la que antiguamente se encendía el arcabuz (arma de fuego utilizada entre los siglos XV y XVII) para hacerlo disparar. El soldado portador de dicha arma, también conocido como arcabucero, se colocaba la mecha sobre la oreja (del mismo modo que algunos operarios pueden ponerse un lapicero o alguien llevar un cigarrillo) y se mantenía alerta y preparado ante un posible ataque. En caso de necesidad solo tenía que echar rápidamente mano de ella, encender el arma y disparar.

Llevarse el gato al agua

El gato de esta expresión es una forma metafórica de indicar cómo se dejaba al adversario tras un ejercicio de resistencia y fuerza (a cuatro patas, o lo que es lo mismo… a gatas) y que ya se practicaba en la Antigua Grecia.

En sus inicios, este ejercicio se realizaba en las instrucciones militares y con los años ha acabado convirtiéndose es el famoso juego llamado ‘tira y afloja’, el cual consiste en que dos grupos contrincantes tiran cada uno desde una extremidad, hasta tumbar/arrastrar unos a los otros.

En sus orígenes se realizaba teniendo un charco o rio de por medio y ganaba aquel equipo que lograba lanzar al suelo y arrastrar a sus contrincantes hacia el terreno de ellos, cruzando la línea divisoria que marcaba el agua. De ahí que quedasen a gatas.

El origen de algunas expresiones que nombran un animal y que nada tienen que ver con animales

Aburrirse como una ostra

El origen de la expresión no debemos buscarlo en el comportamiento de este preciado molusco (el cual, evidentemente, no se sabe si se aburre o no) sino al apócope de la palabra ‘ostracismo’, que era el término con que era conocido el destierro que se practicaba antiguamente la Antigua Grecia y al que se sometía a aquellos individuos que eran considerados como un ‘elemento peligroso para la comunidad’, teniendo que abandonar Atenas y permanecer exiliados y alejados de cualquier contacto con otras personas durante un tiempo (semanas, meses, años…). Ese destierro obligatorio los condenaba a estar lejos de la familia y vivir en soledad, y en consecuencia al aburrimiento, lo que dio origen a la expresión ‘aburrirse como un ostracista’, que, con el tiempo acabó en el apócope de ostra.

La palabra ostracismo no proviene de ‘ostra’ sino de óstrakon que es el modo al que se le llamaba a la concha de cerámica en la que se escribía el nombre de la persona a la que se quería desterrar.

El origen de algunas expresiones que nombran un animal y que nada tienen que ver con animales

Aflojar la mosca

Nuevamente nos encontramos con otra expresión que utiliza el término ‘mosca’ y que no se refiere al insecto ni a una mecha (como la de la expresión ‘Tener la mosca detrás de la oreja’), sino que este fue un vocablo inventado y utilizado entre los pícaros y ladronzuelos del conocido como ‘Siglo de Oro’ (siglos XVI y XVII) para referirse al dinero con la intención de solo entenderse entre ellos.

Al dinero lo llamaban ‘mosca’, ya que éste lo conseguían como el que atrapa una mosca al vuelo (en clara referencia al insecto), quedando esas monedas bien sujetas en el puño del ladronzuelo. A la hora de repartir el botín con sus compinches se debía aflojar la mosca (abrir el puño para que los demás cogieran su parte).

El origen de algunas expresiones que nombran un animal y que nada tienen que ver con animales

 

El origen de algunas expresiones que nombran un animal y que nada tienen que ver con animales

Aquí hay gato encerrado

Sin dejar el Siglo de Oro ni a los pícaros ladrones, la expresión ‘aquí hay gato encerrado’ no hace referencia a minino alguno sino a la bolsa o talego en el que en esa época se guardaba el dinero.

Ese saquito con las monedas solía guardarse entre las ropas con el fin de no ser robado, pero la víctima que estaba en el punto de mira de los rateros era observado para ver si llevaba y dónde se lo metía, por lo que la consigna que se daban entre sí los ladrones era diciendo que había allí había ‘gato encerrado’ o, lo que es lo mismo, una bolsa escondida con dinero.

El origen de algunas expresiones que nombran un animal y que nada tienen que ver con animales

Tener vista de lince

En realidad la expresión debería ser ‘tener vista de Linceo’ y en su origen hacía referencia a un personaje de la mitología griega conocido por tener una vista prodigiosa (que alcanzaba hasta lo inimaginable y que incluso podía atravesar los objetos). Linceo fue uno de los argonautas que junto a Jason fueron a la búsqueda del ‘vellocino de oro’.

Con el tiempo la expresión cambió a ‘tener vista de lince’ y muchos fueron lo que creyeron que la locución provenía del felino, debido a que este animal también se le otorgaba una prodigiosa vista (de hecho el lince se llama así por Linceo).

Sudar como un cerdo

Los cerdos no sudan (al carecer de glándulas sudoríparas) y por tanto la locución no puede referirse al animal.

El origen de algunas expresiones que nombran un animal y que nada tienen que ver con animalesEn realidad esta expresión la recibimos del inglés y es una traducción literal de su ‘Sweating Like A Pig!’ (¡sudar como un cerdo!), pero el cerdo al que se refiere la expresión anglosajona no es el animal sino el ‘pig iron’ (lo que en nuestra lengua se conoce como ‘arrabio’, que es el producto resultante de la fundición del hierro en un alto horno).

Los ingleses le dieron el nombre de ‘pig iron’ debido a que cuando el mineral era convertido en hierro líquido (fundiéndolo a temperaturas extremas) era pasado a unos moldes donde debía enfriarse sin ser movido. Ese molde recibía el nombre de ‘pigs’ debido a que recordaba por su forma  a las mamas de una cerda. Se sabía que ya estaba lo suficientemente frío para poder ser trasladado cuando se creaba una capa de rocío (sudor) sobre la placa: sweat pig (cerda sudorosa).

De ahí surgió la expresión ‘Sweating Like A Pig’ que nosotros tradujimos como ‘sudar como un cerdo’ (o una cerda) pero que nada tiene que ver con el animal o su transpiración y sí con el molde donde se deja enfriar el hierro fundido.

 

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Fuentes de las imágenes: Leonard Bentley (Fickr)ocesaronada / captura Youtube / Wikimedia commons / pixabay / Wikimedia commons / fifasoccerblog / ariescbautista

El curioso motivo de llamar ‘academia’ a algunas instituciones docentes

El curioso motivo de llamar ‘academia’ a algunas instituciones docentes

Entre las miles de leyendas que conforman la mitología griega nos podemos encontrar con la historia que hace referencia a Akádêmos, un legendario héroe que intervino en el mito del rapto de Helena por parte de Teseo.

Según dicha leyenda, el lugar donde había sido enterrado el héroe Akádêmos y al que se le había dedicado unos jardines (algunas fuentes se refieren a ese sitio como un olivar) fue el escogido por Platón, uno de los más grandes filósofos griegos, para fundar su escuela donde impartiría, entre otras cosas, clases de filosofía, dialéctica y retórica, matemáticas, astronomía, medicina y otras ciencias naturales, siendo conocida con el nombre de Akademeia y llegando hasta nosotros como ‘Academia de Atenas’.

La importancia de este lugar, como epicentro de las más importantes enseñanzas, fue lo que originó que el término ‘Academia’ (Akademeia) fuese utilizado para hacer referencia a todas aquellas instituciones docentes, sociedades literarias, científicas o artísticas, y, en definitiva, establecimientos donde se impartía algún tipo de doctrina o adiestramiento (Real Academia de la Lengua, academia de policía, academia militar, academia de idiomas, academia de cine…).

 

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Fuente de la imagen: Wikimedia commons

El histórico origen del término ‘asilo’

El histórico origen del término ‘asilo’

Se utiliza el término ‘asilo’ para hacer referencia a aquel lugar donde se recoge y da asistencia a los ancianos o personas desprotegidas y sin recursos y también al acto de dar amparo y refugio a aquel que es perseguido por sus ideales (asilo político).

El origen del vocablo nos llega a través del latín ‘asȳlum’ y a éste desde el griego ‘ásylon’ (ἄσυλον) cuyo significado literal era ‘lugar/sitio/templo inviolable’.

Al igual que hoy en día contamos con ciertos lugares donde una persona puede acogerse al derecho de asilo (siempre y cuando reúna los requisitos necesarios para que se lo concedan) como son las embajadas, consulados, residencias diplomáticas e incluso barcos anclados en alta mar o en un puerto extranjero, en la antigua civilización grecorromana también se crearon una serie de lugares considerados como inviolables, los cuales estaban exentos de ser saqueados.

Habitualmente solían ser templos sagrados donde se rendía culto a las deidades y hasta allí llegaban viajeros de otras ciudades/Estados con la intención de alojarse durante el tiempo que permanecieran en la población. Como la mayoría de éstos solían ser hombres de negocio que llevaban consigo grande cantidades de dinero para realizar sus transacciones mercantiles, el hospedarse en los asȳlum les proporcionaba seguridad y protección.

Muchos fueron los cristianos que fueron a refugiarse en estos asilos (en tiempos en el que el cristianismo estaba prohibido y perseguido) y gracias a ello lograron sobrevivir. A partir del siglo IV, tras ser promulgado el Edicto de Milán que permitía la libertad de culto, las iglesias católicas también tomaron el carácter de asilo, dando cobijo y asistencia a los más necesitados: menesterosos (que no tenían recursos para vivir y que habitualmente eran detenidos/expulsados de la población en base a ordenanzas), personas enfermas o con discapacidades físicas o mentales, huérfanos y ancianos que no podían valerse por si mismos y no tenían a nadie que pudiera cuidar de ellos.

De ahí que el término ‘asilo’ acabase adquiriendo el significado tanto como lugar donde se da refugio a los perseguidos y el de establecimiento benéfico donde se recogen y se da cuidado a personas necesitadas.

Cabe destacar que son varios los idiomas donde se utiliza la forma ‘asylum’ para referirse a las instituciones psiquiátricas, habiendo un nutrido número de obras literarias y películas (de terror) tituladas de ese modo.

 

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Post realizado a raíz de una consulta de Borja González enviada a través del apartado de contacto.
Fuente de la imagen: Ulrich Joho (Flickr)

La obra más valiosa de Praxíteles [Anécdota]

La obra más valiosa de Praxíteles [Anécdota]

El escultor clásico Praxíteles estaba prendado de Friné, su joven y hermosa amante, quien le sirvió de modelo de algunas de sus más insignes obras.

A modo de agradecimiento quiso obsequiar a la muchacha con una de sus esculturas, pero ésta, desconocedora del valor de las mismas, no sabía por cuál decidirse. Para sacar información al escultor sobre su obra más valiosa, y por tanto saber cuál elegir, decidió compincharse con uno de los sirvientes al que pidió que durante la cena gritase que el taller estaba en llamas.

Esa noche, durante la cena, el criado, tal y como había quedado con Friné, dio la voz de alarma a modo de ‘¡Fuego, fuego en el taller!’.

Plaxíteles sobresaltado exclamó sin pensárselo dos veces:

«¡Mi Cupido, que alguien salve mi Cupido!»

Fue entonces cuando Friné confesó que se trataba de una broma y añadió:

«Ahora ya sé qué obra debería escoger: ese Cupido al que tanto hubieras lamentado perder»

 

 

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Fuente de la imagen: Wikimedia commons

¿De dónde proviene llamar ‘calendario’ al sistema que marca los días del año?

¿De dónde proviene llamar ‘calendario’ al sistema que marca los días del año?

El término ‘calendario’ proviene etimológicamente del vocablo en latín ‘calendarĭum‘ que era el nombre con el que la Antigua Roma se le llamaba al libro donde se anotaba la contabilidad.

Y es que el mencionado ‘calendarĭum’ provenía a su vez del término ‘kalendae’ (calendas) con el que se designaba al primer día del mes romano y, por tanto, al día en que estaba estipulado efectuar los pagos (en las transacciones comerciales, tributos…)

Fueron las calendas lo que dieron origen al término calendario con el que designamos al sistema que marca los días del año (y que actualmente también podemos llamar anuario o almanaque). El primer día de mes era el más temido por todos aquellos que tenían que hacer frente algún pago, debido a que era cuando se les presentaba la persona encargada de cobrarles (comúnmente llamado ‘contador’) que iba provisto de su libro de cuentas (calendarĭum) donde anotaba quien pagaba y quién no.

Aquellos que no podían hacer frente a sus pagos y quedaban como morosos eran comparados con los griegos, utilizándose la expresión ‘ad calendas graecas’ que significaba ‘en las calendas griegas‘, ya que en el calendario de la Antigua Grecia no tenían calendas, no habiendo un día estipulado para el cobro y, por tanto, los plazos o pagos no solían cumplirse.

Como dato curioso, debemos tener en cuenta que el antiguo calendario romano era muy diferente a como hoy lo conocemos y en él podemos encontrarnos que el año era lunar, comenzaba en marzo y constaba de tan solo diez meses. Así se mantuvo desde el siglo VIII a.C. hasta el año 46 d.C. en el que Julio César introdujo el ‘calendario juliano’. El que utilizamos hoy en día es el ‘calendario gregoriano’ en vigencia desde 1582.

 

 

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Fuentes de consulta: etimologias.dechile / RAE 1 / RAE 2 / RAE 3 / aliso.pntic
Fuente de la imagen: pixabay