Su origen se remonta al Antiguo Egipto. Por entonces, cuando alguien fallecía se contrataba a unas mujeres para que llorasen e hiciesen público el lamento y dolor de la familia. Éstas eran llamadas las “plañideras. Cuanto más importante o acaudalado era el finado más plañideras acudían al funeral.
La manera en que manifestaban el dolor era variada: a través de lamentos, (que podían adoptar incluso la forma de gritos estentóreos y descontrolados), dándose golpes en el pecho, (el cual a veces dejaban al descubierto), echándose tierra sobre la cara, cabeza y cuerpo, (tratando con ello de ocultar la presumible belleza externa), o tirarse con energía de los cabellos, (despeinándolos, o incluso arrancándolos); es decir, en conjunto manifestando una conducta que diera sentida cuenta del profundo dolor que implicaba la pérdida de un ser querido, a través de un comportamiento claramente atípico y alejado del estado sosegado y tranquilo que era normal en la vida cotidiana.
Iban vestidas con una túnica de color gris-azulado, que era el color que se utilizaba para demostrar dolor o duelo.
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