El 10 de mayo de 1713 se promulgaba el nuevo Reglamento de Sucesión a la Corona Española aprobado por Felipe V. En dicha ley se limitaba el papel de las mujeres en cuanto a heredar el trono, no permitiendo que las mismas pudiesen reinar siempre y cuando, dentro de la familia del rey a sustituir, no hubiese varones de descendencia directa (hijos) o no tuviese hermanos ni sobrinos.
Sólo en el caso de no existir varón alguno (de forma descendente o lateral), una mujer podría acceder al trono de España.
Muchos son los que sostienen que la Ley de Sucesión Fundamental de Felipe V era equiparable a la Ley Sálica promulgada en el siglo VI y puesta en práctica por un gran número de monarquías europeas.
Aunque entre ambas leyes había ciertos puntos de coincidencia, hay que tener en cuenta que la Ley Sálica excluía por completo a las hembras como sucesoras del trono y no dejaba ningún supuesto para que éstas pudiesen acceder al mismo, ya que las múltiples combinaciones que se podían realizar no dejaban ni un ápice de posibilidades de que ocurriese.
La Ley de Sucesión Fundamental estuvo en vigor durante poco más de un siglo, ya que, el 29 de marzo de 1830, quedó derogada tras la promulgación de la Pragmática Sanción aprobada por Fernando VII y en la que se devolvía a las mujeres el derecho a la sucesión del trono de España.
Esta ley en realidad ponía en vigor la aprobada por Carlos IV en 1789 y que no se había llevado a cabo por motivos de política exterior.
La Pragmática Sanción de 1830 se aprobó tras la necesidad de encontrar sucesión para Fernando VII, tras cuatro matrimonios y no tener ningún descendiente varón. Esta ley sucesoria es la que, tras el fallecimiento del rey, daría pie a la Guerra Carlista que enfrentaría en una guerra civil a los partidarios de la regente Cristina (cuarta esposa de Fernando VII y madre de Isabel II, la heredera al trono) y los de Carlos María Isidro (hermano del monarca fallecido).
En la actualidad sigue vigente la Pragmática Sanción y lo que respecta a la sucesión a la Corona de España viene recogido en el artículo 57.1, de la Constitución aprobada en 1978, que fija el orden sucesorio hacia el futuro de la siguiente manera:
“La sucesión en el trono seguirá el orden regular de primogenitura y representación, siendo preferida siempre la línea anterior a las posteriores; en la misma línea, el grado más próximo al más remoto; en el mismo grado, el varón a la mujer y, en el mismo sexo, la persona de más edad a la de menos”
Posiblemente en alguna ocasión os habéis encontrado con una escena en la que alguien estaba explicando algo y lo hacía de forma larga y poniéndole todo tipo de detalles a su relato, a lo que otra persona le ha apremiado y le ha espetado un ‘ve al grano y deja de andarte con florituras’.
Esas ‘florituras’ no provienen del campo, sino del mundo de la música y es el modo con el que se bautizó en Italia al hecho de introducir un ‘adorno en el canto’.
Era habitual que cuando un cantante añadía (voluntariamente) una nota (o varias) en una composición musical, con el ánimo de embellecer la obra de un compositor, se le llamase la atención para que no se anduviese con florituras, o sea, que no adornase con notas extras dicha obra.
Con el tiempo, el término floritura acabó utilizándose para definir a aquello que estaba más adornado de lo normal o incluso a los propios adornos que se añaden como complementos.
Algunas fuentes indican que, posiblemente, también provenga del preludio que se realiza con el florete por parte de los practicantes de esgrima (esos movimientos que se hace con la espada en el aire), pero esto en realidad es conocido como ‘floreo’ y se utilizaría en expresiones como ‘andarse con floreos’, sirviendo perfectamente como sustituta de la frase ‘andarse con florituras’.
Dos palabras que se asemejan (floritura y floreo), de distintas procedencias y que se pueden utilizar para referirse a lo mismo.
Fuentes de consulta: RAE 1 / RAE 2 / Abecedario de Dichos y Frases Hechas – Guillermo Suazo Pascual
Fuente de la imagen: twainquotes
Recibo un correo electrónico de Manuel Rodríguez en el que me pregunta sobre el origen y el motivo por el que las hojas de los periódicos de información económica son de color salmón.
Hoy en día es muy común encontrarnos con que un gran número de periódicos especializados en información financiera, o las páginas dedicadas a hablar de economía de muchos diarios generalistas, tengan ese característico color salmón. El hecho de que sean tantos los que coincidan viene originado por una rivalidad entre dos publicaciones de este tipo de noticias que tuvo lugar a finales del siglo XIX.
Desde su aparición en 1884, el periódico británico de noticias económicas ‘Financial News’ tenía la hegemonía en el mercado, pero en 1888 apareció el ‘Financial Times’, el cual llegaba dispuesto a ‘robar’ un gran número de lectores a su competidor. Por aquel entonces, ambos diarios se imprimían en el mismo tipo de papel y color que el del resto de la prensa convencional.
Fue a partir del 2 de enero de 1893 cuando Sydney Murray (nombrado nuevo director del Financial Times unos meses atrás) decide dar un golpe de efecto y comenzar a imprimir el periódico en papel de color salmón, con el fin de llamar la atención de aquellos lectores que se acercaban hasta el punto de venta y lograr que eligiesen su diario frente al de su competidor, el Financial News. El hecho de diferenciar ambos rotativos con colores diferentes también ayudaría al comprador a distinguirlo, ya que tenían nombres similares y se tendía a la confusión.
El motivo de la elección del color salmón para las nuevas hojas del periódico fue por la sencilla razón de que resultaba mucho más ‘económico’ que cualquier otro.
Esta estrategia marcó favorablemente el camino ascendente del Financial Times convirtiéndose en referente de la prensa dedicada a hablar de noticias económicas. En 1945 se fusionó con el Financial News, manteniendo el nombre de The Financial Times y su característico color salmón, el cual sirvió como ejemplo para otros periódicos que han ido apareciendo posteriormente.
A través del apartado de contacto, Mª Isabel Crespo me pregunta sobre el término ‘pinta’ y de dónde surge para indicar que alguna cosa o alguien tiene un buen o mal aspecto y me pone como ejemplo una frase que muchas veces le ha dicho su madre: “Hija ¿no irás a salir a la calle con esa pinta?”
La utilización del término ‘pinta’ es tan antigua como las barajas de cartas que todos estamos acostumbrados a utilizar para los juegos de mesa y/o apuesta.
La pinta es el nombre con el que se designaba a la señal/raya que tienen los naipes de la baraja española en sus extremos y que, sin tener que descubrirlos por entero, uno puede saber de qué palo es la carta (oros, copas, espadas o bastos) y, por lo tanto, saber por la pinta si tienes una buena o mala mano.
Frecuente era escuchar entre los jugadores frases tan típicas como: “A ver qué pinta tienen las cartas que me has dado” y/o pensar para sus adentros “Estas cartas no tienen muy buena pinta”.
Con el tiempo se popularizó en el lenguaje cotidiano y comenzó a utilizarse para definir a muchas personas por sus vestimentas (buenas o malas pintas) y también para señalar según qué situaciones o lugares: “Hoy tiene pinta de que va a llover”, “Según sea la pinta del restaurante nos quedamos a comer o no”.
Seguro que en más de una ocasión habéis escuchado o leído que, tras dictar la sentencia, un juez ha declarado al acusado como no culpable… ¿Eso quiere decir que es inocente?
Pues no. La diferencia entre declararlo inocente o no culpable es que en el primero de los dos se ha podido comprobar la inocencia del acusado y por lo tanto queda libre de todo cargo.
Por el contrario el segundo supuesto se aplica cuando, aun existiendo evidencias que apuntan que el acusado podría ser culpable del delito, no existen suficientes pruebas que lo demuestren, éstas se han conseguido de un modo ilegal o que cometió el delito bajo cualquier atenuante (por ejemplo, un cuadro psicótico), por lo que hay que declararlo como no culpable.
No sólo se realizan cameos en las películas, ya que podemos encontrarnos muchos ejemplos en obras de teatro, numerosas series y, cada vez más, en programas de televisión.
Fue precisamente en el teatro donde se originó la costumbre de llamar cameo a la aparición fugaz de algún personaje famoso.
A mediados del siglo XIX, durante el reinado de Victoria del Reino Unido, hubo un gran interés y apoyo hacia las artes escénicas, representándose importantes obras de teatro en las que de vez en cuando se invitaba a algún personaje destacado de la época a aparecer en escena interpretando un pequeño papel.
La mayoría de ocasiones esas apariciones no llevaban consigo ningún tipo de texto en la obra, sino que simplemente en un momento dado de la misma aparecía el personaje en cuestión en algún punto del escenario (ya fuese cruzándolo, quedándose quieto en un lado o simplemente para hacer ‘bulto’).
A esas intervenciones se les empezó a llamar ‘cameo’ que es el modo en el que se llama en inglés a los ‘camafeos’ (piedra tallada que suele representar alguna figura humana y que van insertados normalmente en un broche) muy famosos en aquella época, en el que casi todas las mujeres (que se lo podían permitir) lucían uno.
Todo parece indicar que el hecho de utilizar el término cameo (refiriéndose a camafeo) viene por el estado inmóvil (y normalmente de perfil) en el que aparecían los invitados a realizar su pequeña intervención en las obras de teatro.
A pesar de provenir de la misma palabra, en cada idioma tienen su forma propia de llamar al camafeo (camée en francés, Kamee en alemán, cammeo en italiano o camafeu en portugués) pero en la gran mayoría de los países (entre los que se encuentra España) han adoptado el término anglosajón ‘cameo’ para referirse a las apariciones fugaces y esporádicas en alguna obra escénica.
Famosos son los cameos que realizó el director de cine británico Alfred Hitchcock, apareciendo fugazmente en 37 de las 58 películas que dirigió. A continuación podréis visionar un vídeo con un buen número de ellos.
A través de la página en Facebook de este blog, Maribel Santamaría me pregunta sobre el origen de los famosos pañuelos de papel desechables, más comúnmente conocidos como ‘kleenex’.
Cabe destacar que el término ‘kleenex’, con el que nos referimos comúnmente a los pañuelos desechablesde papel, en realidad es la marca con la que se comercializa desde 1924.
Los pañuelos desechables son la consecuencia directa del desarrollo de una celulosa que creó en 1914 la compañía norteamericana Kimberly-Clark. Este material se produjo para ser introducido como filtro en las máscaras antigás, durante la Primera Guerra Mundial.
Una vez acabada la guerra se trató de buscar una salida comercial a esa celulosa, por lo que se desarrollaron diferentes productos muy relacionados con la higiene personal femenina y, bajo el nombre de Kotex, se comercializaron compresas, diferentes tipos de apósitos y unas prácticas toallitas para desmaquillarse.
Estas últimas fueron muy bien acogidas por el gremio de profesionales dedicados a maquillar (y desmaquillar) a los artistas de Hollywood, en la famosa época dorada de los felices años 20.
Muchos eran aquellos de la Meca del cine que aprovechaban el tener a mano esas finas toallitas de papel para utilizarlas también como pañuelo y sonarse la nariz, algo que llevó a la empresa Kimberly-Clark a desarrollar un nuevo producto de usar y tirar que sustituyera a los pañuelos de tela.
Ahí nació el Kleenex, cuyo nombre (según explican en su propia web) es una combinación de las palabras ‘clean’ (limpiar) y Kotex (el producto antecesor del pañuelo desechable).
Un año después, 1925, los pañuelos desechables Kleenex ya se comercializaban en todos los Estados unidos, vendiéndose millones de unidades y con una gran presencia en todos los medios de comunicación.
Recibo un correo electrónico de Eva Martín en el que me pregunta sobre el origen y a quién se le ocurrió incluir la coletilla de ‘una hora menos en Canarias’ cuando se dice por la tele o la radio la hora que es.
Tanto en la radio como en la televisión cuando nos dicen la hora que es o nos indican la hora en la que tendrá lugar algún evento lo hacen diciéndolo de dos posibles formas: «son las doce de la mañana, las once en las Islas Canarias» o de otra manera que se ha hecho incluso más popular que es: «son las doce, una hora menos en Canarias».
La costumbre de añadir cualquiera de estas dos coletillas junto a la hora correspondiente proviene de los inicios del mítico programa Protagonistas, que se emitía en Radio Nacional de España y era presentado en aquella época (1969) por José Ferrer.
Cuando el programa comenzaba a la seis de la mañana y a lo largo de toda la duración de éste, se iba dando la hora peninsular, por lo que José Antonio Pardellas, corresponsal de la emisora en Tenerife, comentó a sus superiores el desconcierto que había en las islas Canarias cada vez que por la radio se informaba de la hora, ya que allí tenían un huso horario diferente al de la península y por lo tanto no sabían si el locutor se refería a la hora insular o peninsular. A raíz de esta queja se incorporó la ya famosa coletilla y que estamos tan habituados a escuchar.
Cabe destacar que, Luis del Olmo no se pondría al frente del programa Protagonistas hasta el 1 de julio de 1973 y, a día de hoy, el leonés continúa siendo el presentador desde hace casi 40 años, del programa, aunque actualmente sólo lo realiza en formato entrevista de media hora, cada viernes a partir de las 12:00… una hora menos en Canarias.
Esta curiosidad forma parte del libro “Ya está el listo que todo lo sabe” (366 curiosidades para descubrir el porqué de las cosas cada día) de Alfred López y publicado por la Editorial Léeme Libros
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Es sorprendente ver cómo muchos de los utensilios de mesa, que utilizamos con asiduidad en nuestro día a día, fueron creados por la necesidad de ser usados. Por ejemplo, el cuchillo o la cuchara eran imprescindibles para poder cortar/matar y/o comer sopas, caldos o brebajes habiendo múltiples evidencias de su existencia hace ya la friolera de 5.000 años (e incluso más).
Nuestros ancestros no precisaron el uso del tenedor ya que antiguamente era común comer (sin excepción de clases sociales ni rangos) cualquier alimento sólido con las manos o pinchando directamente con los afilados y bastos cuchillos, provocando éstos muchos accidentes y cortes involuntarios en la boca y encías.
La aparición del tenedor, como utensilio de mesa, no tuvo lugar hasta finales del siglo XI en el que una delicada princesa bizantina, llamada Teodora Ana Ducaina (hija del emperador Constantino X Ducas) se negó a tocar los alimentos, que debía ingerir, con sus delicados dedos.
La cándida Teodora mandó que se le fabricase algún tipo de artilugio con el que pinchar los alimentos y poder llevárselos a la boca sin tener que utilizar las manos ni el cuchillo para hacerlo. De ahí que apareciese un utensilio realizado de oro macizo (según explican algunas crónicas) y al que bautizaron con el nombre de fourchette (pincho) el cual estaba provisto de un par de púas.
Cabe destacar que el invento no tuvo éxito alguno, siendo denominado como ‘instrumento del diablo’ por la arcaica sociedad bizantina. No sucedió así con la exquisita sociedad veneciana al trasladarse a vivir allí, en el año 1075, tras contraer matrimonio Teodora con Doménico Selvo, Gran Dux y máximo dirigente de la república veneciana.
En sus inicios, el fourchette tan solo era utilizado por la refinada clase alta, aunque su uso era escaso ya que la falta de costumbre provocó numerosos accidentes, algo que no ayudó a popularizar el invento y que no fue hasta bien entrado el siglo XVI en el que se trasladó y difundió su utilización en la selecta corte francesa, gran pionera de muchas modas de aquella época y que ayudó a la difusión y conocimiento popular del tenedor.
De ahí fue pasando de un país a otro a través de las diferentes casas reales y a su total popularización en los inicios del siglo XIX gracias a Thomas Coyat, un empedernido viajero británico que extendió el conocimiento de un gran número de costumbres europeas.
Solemos utilizar el término ‘chapuza’ para referirnos a un trabajo que se ha realizado mal, de una manera rápida y sin arte ni esmero alguno. También se usa para aquellas faenas provisionales que sirven como un apaño. Algunos ejemplos de frases en las que se utiliza: “Llamé a un albañil para que tapase el agujero pero ha terminado haciendo una chapuza”, “Hasta que pueda venir un especialista a arreglártelo te aguantará con esta chapuza que te he hecho”, “Si tienes cualquier chapuza que hacer en casa no dudes en llamar a Fulano, que lo hace rápido y barato”.
Famosos son los personajes de cómic Pepe Gotera y Otilio (creados por Francisco Ibáñez) que representaban a ese tipo de trabajador descuidado y ‘chapucero’ que se dedicaba a realizar trabajos de remiendos, poca importancia y con muy poco esmero.
La palabra chapuza nos llega del francés ‘chapuis’ (traducido como chapuz), que era el trozo de madera grueso y pesado sobre el cual se cortaba la cabeza a los condenados o también utilizado para partir y picar la carne sobre él por los cocineros y/o carniceros.
Muchas fueron las ocasiones en las que, tanto el verdugo encargado de cortar una cabeza como los otros profesionales, realizaron un trabajo rápido y sin esmero alguno sobre el chapuz, pasando a conocerse esas acciones como ‘chapuza’ y a aquel que lo realizaba se le llamaría ‘chapucero’.
Cabe destacar que, según consta en el “Vocabulario de Ocupaciones” (guía de oficios que publicó en 1963 la Dirección General del Empleo Público dependiente del Ministerio de Trabajo) y también recoge el Diccionario de la RAE, un ‘chapucero’ también era antiguamente como se le llamaba alherrero que fabricaba clavos, trébedes, badiles y otras cosas bastas de hierro.
En México se conoce como ‘chapuza’ a la acción y efecto de estafar a alguien.
Me llamo Alfred López, nací en Barcelona en 1965 y me dedico a lo que más me gusta: bloguear, divulgar e indagar historias curiosas. Pasé gran parte de mi infancia preguntando por casi todo y cuando tuve la edad suficiente comencé a buscar las respuestas a mis dudas, que eran muchas e inacabables.
Desde enero de 2006 me dedico a explicarlo a través de este blog y las diferentes colaboraciones que realizo tanto en radio como en otros medios.
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