Seguro que en más de una ocasión habéis utilizado la expresión ‘sacar a alguien de sus casillas’ para referidos al hecho de hacer perder la paciencia a alguien, irritarla, encolerizarla o hacer que se enfade…
Aunque algunas fuentes atribuyen el origen del dicho a la relación que existe con las casillas de un tablero de ajedrez, parece ser que realmente proviene de otro popular juego de mesa.
Según el libro ‘El porqué de los dichos’ de José María Iribarren, ilustre lexicógrafo y escritor (entre otras muchas cosas), ésta es una expresión cuya procedencia la debemos buscar en el Backgammon (en España conocido popularmente como “Tablas Reales” o “Chaquete”) un milenario juego de tablero y fichas al que eran muy aficionados en la antigüedad, siendo jugado, sobre todo, por personas de las altas esferas (reyes, gobernantes, eclesiásticos…). Éstos solían disputar sus partidas enfrentándose a algún lacayo, sirviente o persona de menor rango y aunque los adversarios procuraban dejarles ganar, no siempre se conseguía, ya que los dados tenían mucho que ver en el devenir de la partida.
De ahí que en un momento del juego, cuando una de las fichas caía en una de las casillas que ocupaba otra del adversario ésta era echada fuera (se sacaba de la casilla) y debía volver a entrar por el principio. De ahí que muchos oponentes se irritasen y/o enfadasen porque ‘les habían sacado de sus casillas’.
Y ya aprovechando este post sobre hacer enfadar a alguien, podemos encontrar un sinónimo de similar significado que es “sacar a alguien de quicio”.
El quicio es el punto de apoyo sobre el que se mueve y gira la puerta o ventana y cuando estas se sacan o salen del quicio se caen.
De ahí que sacar de quicio algo esté relacionado con sacarlo de su natural curso o estado y en general, algo fuera de quicio, es algo que está fuera de su estado o ubicación habitual.
Por lo tanto podemos concluir que cualquier elemento que nos saque de nuestra posición o estado natural (a la puerta de su quicio correspondiente o a la ficha de su casilla) es algo que produce una sensación de desubicación con el consiguiente sentimiento de enfado e irritación.
Cuando alguien quiere señalar un hecho que ocurrió hace ya mucho tiempo o decir que una persona vivió hace muchos años o es vieja/anticuada, es habitual escuchar expresiones como “Uy, esto pasó en tiempos de Maricastañas” o “Este/a es de los tiempos de Maricastañas”.
En 1930, tras recibir el Premio Nobel de Literatura, Sinclair Lewis comenzó a recibir numerosas cartas de admiradores desde todos los rincones del país. Entre todas le llamó la atención una enviada por una mujer que se ofrecía para ser su secretaria y en la que agregaba el siguiente párrafo:
Cuando Bram Stoker creó el personaje de Drácula, para su novela de terror publicada en 1897, lo hizo inspirándose en Vlad Tepes, un singular príncipe de Valaquia que vivió en el siglo XV. Según numerosas fuentes, ‘Vlad el empalador’ (como era conocido) padecía una enfermedad llamada ‘porfiria eritropoyética’ la cual se caracteriza, entre otras cosas, por retraer las encías, causar fotosensibilidad (fotofobia), anemia y en la que la ingesta o contacto con el aroma que desprende un ajo puede agravarla.
Simplemente al oír la palabra, dentera, ya los estamos evocando y hasta estremeciéndonos, la tiza que chirría en la pizarra o unos dedos arañándola, el roce entre sí del corcho blanco de embalaje (
Según algunos expertos podría ser una relación que hemos incorporado desde tiempos ancestrales en que este tipo de sonido chirriante era sinónimo e indicativo de una señal de peligro para el hombre prehistórico y le avisaba de que era necesario huir.
A través del apartado de contacto del blog, he recibido un correo de Julia del Álamo que me realiza una consulta sobre porqué son más usados los bolígrafos de tinta azul que los de otro color…
Seguro que más de una vez te ha parecido ver en tu animal de compañía algo parecido a una sonrisa ¿lo es realmente? ¿Tienen los animales la capacidad de sonreír ligada a una emoción determinada o es solo un gesto carente de significado?
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A pesar de la época estival en la que nos encontramos, la promoción, entrevistas y referencias al libro “Ya está el listo que todo lo sabe” (366 curiosidades para saber el porqué de las cosas cada día) no han dejado de producirse.










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