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"La historia es una forma más de ficción"
Jorge Luis Borges

¿Hemos olvidado a Carlos III?

Detalle del retrato de Carlos III, de Anton Raphael Mengs (1728-1779). Museo del Prado.

Carolina Molina ha dividido su obra literaria entre sus dos ciudades amadas: Madrid y Granada. Ahora, como os avanzaba en las novedades de novela histórica del mes, regresa a las librerías con Carolus (Ediciones B, 2017), una novela histórica con toques de comedia de enredo ambientada en el reinado de aquel monarca y cuyo eje narrativo es el propio rey y el Madrid de su época.

Ahora, que están cerca de concluir los fastos del tercer centenario del nacimiento de aquel rey Borbón, Molina, directora de las Jornadas madrileñas de novela Histórica, nos pregunta en este artículo si hemos olvidado la figura de aquel monarca “bastante soso” en sus propias palabras. La autora, por cierto, presentará la novela este viernes 24 de febrero, en la librería Lé de Madrid (Pº de la Castellana, 154), a las 19.30.


¿Hemos olvidado a Carlos III?

Por Carolina Molina, escritora | @carolina_sabika

Hay periodos de la Historia que acaparan la atención de los novelistas de forma permanente: la Antigua Roma, la Edad Media, la Segunda Guerra Mundial…¿Cuántos libros se anuncian en los escaparates ambientados en los mismos siglos? A mi entender, demasiados, y es que la máxima de la oferta y la demanda también impera en el mundo del libro y todos caemos en la necesidad de buscar temas que gusten a lectores y editores, aunque estos sean recurrentes.  Esto también puede aplicarse a los personajes históricos, muy por encima de los guerreros o de las heroínas que trascienden a su entorno histórico, se encuentra un caso especial: el de los reyes y las reinas. En este particular, no nos importa en qué época hayan reinado, todos nos interesan.

Elegir a un rey para una de mis novelas, no fue en mi caso, algo premeditado. Tenía interés especial en tratar un periodo de la historia de Madrid al que no se le hubiera dedicado la atención suficiente.  Y, por casualidad, observando las calles y los monumentos madrileños, fui adentrándome en el camino que me acercaría a uno de los protagonistas de Carolus.

La Puerta de Alcalá, que en aquella época veía dos veces al día al dirigirme a mi trabajo, me llevó al arquitecto Francesco Sabatini y Sabatini, a su vez, al siglo XVIII, que irremediablemente me arrastró a Carlos III, un monarca de quien los madrileños solo tienen noticia por la canción de Ana Belén.

Cierto que he exagerado un poco, solo un poco, porque es decir «Carlos III» y todos sabemos que fue el «mejor alcalde de Madrid », aunque no sepamos la razón de tal apodo o incluso algunos duden de si fue, realmente, alcalde o solo rey.

Carlos III, fue un monarca de personalidad inamovible, bastante soso y que solo amó en su vida a una mujer, María Amalia de Sajonia, negándose a casar cuando esta hubo fallecido. No le gustaba el teatro ni los toros, solo la caza, y claro, da poco juego para la imaginación de un escritor. Sin embargo, cuando comencé a interesarme por él encontré algunas biografías sumamente interesantes.  Lo presentaban como una excepción, incluso hasta dentro de su época Ilustrada.  Era un maniático del orden, se caracterizaba por su bondad y cercanía entre sus allegados y nunca parecía enfadarse.  Gracias a este monarca dócil y pausado muchas ciudades españolas cambiaron radicalmente de aspecto. Eligiendo los mejores ministros, casi todos italianos que llegaron a España con ideas de modernidad, consiguió transformar un villorrio, que era por entonces Madrid, en una corte europea. La imagen de la que hoy nos enorgullecemos muchos de los que aquí vivimos se la debemos a Carlos III y sin embargo, me pregunto: ¿Por qué no nos parece a los novelistas un hombre digno de ser tratado en las páginas de nuestras novelas?

Sin duda habrá unas cuantas de las que no tengo noticia y quizás con este articulo conozcamos alguna novela más que lo haya descrito total o parcialmente, pero por mucho que aparezcan seguirán siendo pocas. Y no es que tengamos la culpa los que nos dedicamos a recuperar esas figuras históricas para convertirlas en personajes, no, a mí me parece que todos hemos contribuimos a relegarlo, ya que se nos ha pasado el centenario de su nacimiento y casi ni nos hemos enterado.

En general, el siglo XVIII no nos resulta demasiado atractivo. La moda ha contribuido a dar esa imagen frívola, de caras empolvadas, pelucas estrafalarias y rapé. Pero dentro de este envoltorio, encontramos un siglo regenerativo, amante de los cambios científicos, y preocupado por el orden y la belleza. En definitiva: el siglo de las luces y de la razón.

Carlos III, que asumió impecablemente los avances que antes que él introdujeron su padre Felipe V y hermano, Fernando VI, se procuró de alcantarillar las calles que hasta ese momento funcionaban con el famoso «agua va» y de adoquinarlas. También las iluminó para salvaguardar la seguridad ciudadana y cuando hubo hecho estas cosas tan elementales se dispuso a embellecerlas. Se rodeó de los mejores arquitectos: Francesco Sabatini, Ventura Rodríguez, José de Hermosilla y Juan de Villanueva, entre otros, responsables de las fuentes del Salón del Prado (La de la Cibeles, Neptuno y Apolo), el Real Gabinete de Historia Natural (que luego llegaría a ser el Museo del Prado), el Real Jardín Botánico, el Real Observatorio Astronómico, la Puerta de Alcalá…todo esto dicho resumido, pues hubo mucho más y muy interesante.

Difícil es contar en estas líneas lo mucho que le debemos a Carlos III, ese hombre menudo, de nariz grande y que un poeta de la época, al verle junto a su esposa, dijo de ellos que ambos conformaban el matrimonio más feo del mundo. Enternece leer las cartas que le dirigía a su madre, la gran Isabel de Farnesio, asegurándole obediencia y respeto de hijo, confesándole lo acontecido en su noche de bodas (que «lo hizo hasta dos veces», confirmó), así como las dudas que planteaba a su confesor o a su consejero italiano Bernardo Tanucci, a quien le consideraron responsable de influir en Carlos III cuando tomó la decisión de expulsar a los jesuitas de los territorios españoles.

Carlos, que antes fuera rey de Nápoles y Sicilia, dejó en su etapa italiana un trabajo bien hecho. Destaco, entre otros, el impulso que dio a las excavaciones de Pompeya y Herculano, descubiertas por el arquitecto militar español Roque Joaquín Alcubierre. Cuando Carlos dejó Italia para establecerse como rey en España podría haber expoliado todos los yacimientos pero no lo hizo. Ni la sortija que llevaba en el dedo realizada con uno de los pequeños hallazgos arqueológicos quiso traerse, lo que le honra y le diferencia de otros muchos gobernantes posteriores que hicieron de la arqueología su hacienda personal.

Cierto es que hablar de las bondades de un rey en una novela no queda demasiado bien, por eso de que los monarcas, a fin de cuentas, no se eligen democráticamente, pero aún con todo, haremos como Benito Pérez Galdós, ferviente republicano, que reconoció las virtudes de algunos monarcas. Al rey, lo que es del rey, diríamos usando de ejemplo la famosa frase, y aunque en el gobierno de Carlos III no fue todo impecable, como es lógico, nos vendría bien conocer todas sus hazañas, aunque solo sea porque nos llevaron a vivir como vivimos ahora.

*Las negritas son del bloguero y no de la autora del texto.

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1 comentario

  1. Dice ser Álvaro Torre

    Este artículo no lo ha escrito alguien lo suficientemente amante de la historia, Carlos III así como su hermano predecesor y su padre, fue un renovador, industrializador, liberador e ilustrado rey que llenó de ilustración a España, no se olvidaron de la ciencia ni él ni sus dos predecesores, y tras el fatídico siglo xvii, España se convirtió en el xviii en una de las mayores potencias. Las ideas ilustradas que Carlos iii promovió por la gente culta y popular llevaron a la redacción de la Constitución de Cádiz de 1812 durante la guerra de independencia, sin duda una sino la constitución más ilustrada y evolucionada de la época, incluso más que la estadounidense(que era esclavista). Con gran lástima, esta constitución fue abolida por el indigno Fernando vii y a partir de ahí se desencadeno un duro siglo xix hasta mediados de este siglo, no mejorando mucho.

    22 Febrero 2017 | 19:24

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