Muy interesante el arranque de este E3 con la conferencia en la que Microsoft parece haber decidido darle un lavado de imagen a la hasta ahora impopular Xbox One. El evento me ha producido impresiones encontradas, me ha encantado como presentación pero me sigue pareciendo que lo visto no justifica una nueva generación de consolas, una nueva remesa de dispositivos que sólo apreciarán los jugadores tradicionales.
El show en sí ha sido prácticamente perfecto. Microsoft ya se deshizo de los puntos controvertidos en el adelanto de hace algunas semanas, por lo que en esta ocasión ha podido centrarse en lo que de verdad importa, los videojuegos. Mientras que en los últimos dos o tres años, la compañía decepcionó a la audiencia haciendo demasiado hincapié en Kinect y en las múltiples posibilidades de Xbox Live, en este 2013 han tenido el tino de complacer al público con títulos y más títulos.
La conferencia ha estado repleta de franquicias consolidadas, como Metal Gear Solid, Dark Souls, Battlefield, Halo, The Witcher o Dead Rising, mezcladas con desarrollos totalmente nuevos como Titanfall, Crimson Dragon, D4, Quantum Break, Sunset Overdrive o el espectacular Ryse, una aventura ambientada en la antigua Roma de la que se han podido ver muchos minutos de juego. Unos cuantos desarrollos indies y el esperado retorno de Killer Instinct han completado una presentación con un ritmo envidiable.
Nuevas IPs, bastantes títulos exclusivos, nivel gráfico sobresaliente, catálogo esencialmente hardcore (lo casual parece haber vuelto al rincón el que solía estar en el pasado), nada de “revolucionarios” sistemas de detección de movimientos… Además, la fecha de lanzamiento y el precio están dentro de lo previsible y lo razonable: Xbox One saldrá a la venta en noviembre por 499 euros. Entonces, ¿qué hay de malo en todo esto? Varias cosas en realidad.
El principal problema es todo lo que no se ha contado. Microsoft ha sido capaz de desviar la atención hacia los juegos, pero las medidas que se han venido anunciando hasta ahora siguen pesando sobre Xbox One: la segunda mano, el sistema de préstamos, la necesidad de conexión a Internet casi permanente, la ausencia de retrocompatibilidad… Ni con un catálogo inmejorable pueden perdonarse según qué cosas. Intuyo que la presentación de Sony y todos los detalles que se revelen en este E3 sobre PlayStation 4 serán decisivos a la hora de conformar una percepción más completa (por comparación) de la máquina de Microsoft.
Otro gran inconveniente de Xbox One —que probablemente será compartido con PS4— es la ausencia de sorpresas. Ya lo dije en un post anterior, creo que estas nuevas consolas no aportan nada revolucionario. Éste es sin duda el salto generacional menos significativo de todos los que hemos vivido hasta el momento. Ni siquiera se respira la emoción que caracterizaba a otros relevos tecnológicos. Los juegos vistos hasta ahora son lo de siempre pero con mejores gráficos.
Tal vez, con el paso del tiempo, llegaré a hablar de este nuevo paso hacia adelante en otros términos, pero ahora mismo no puedo evitar pensar que PS3 y Xbox 360 aún podrían disfrutar de dos años más de buena vida sin sucesoras a la vista. Dicho esto, vuelvo a agradecer que Microsoft se haya esforzado por dar un buen espectáculo al personal. Yo, personalmente, lo he disfrutado.
¿Qué os ha parecido la conferencia de Microsoft?



















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