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¿Qué consola ganó la batalla de la pasada generación?

Hace mucho, mucho tiempo, casi parece que fue en otra vida, escribí literalmente que PlayStation 3 ganaría la batalla de la pasada generación. A la consola de Sony le había costado arrancar, Xbox 360 estaba haciendo un buen papel y Wii se había convertido en un fenómeno arrasador.

Aun así, la fuerza de la marca PlayStation ya había mostrado su gran poder en las dos generaciones previas, especialmente en España, y yo estaba convencido de que el efecto volvería a repetirse. Al final, con el paso de los años, así fue, más o menos, con mucho empuje en nuestro país aunque con salvedades a nivel global.

Paul W

Paul W

¿Qué se salió de mis previsiones? Por un lado, el torbellino Wii duró mucho más tiempo de lo que esperaba. La consola de Nintendo llegó a su límite y se quedó estancada, pero durante los años que vendió, lo hizo a lo grande. Por otro lado, Microsoft hizo un trabajo excelente y convirtió su máquina en la rival perfecta de PS3.

Pero, ¿qué nos encontramos a día de hoy? Observando datos muy recientes, del pasado mes de agosto, vemos que Wii arrasó en la pasada generación. Se vendieron ni más ni menos que 100 millones de unidades. Sin embargo, el frenazo se notó. Mientras que, durante mucho tiempo, la consola de Nintendo tenía colocadas en todo el mundo más consolas que sus dos rivales juntas, al final, PS3 y Xbox 360 (que aún hoy se siguen vendiendo) han logrado recortar las distancias para quedarse a “sólo” unos 20 millones de distancia.

La batalla entre esas dos máquinas, que siempre ha estado muy ajustada (durante bastante tiempo con una ligera ventaja para Xbox 360) se ha saldado con un increíble empate técnico, 83,1 millones de unidades para Microsoft y 83,2 millones para Sony.

No se puede negar, Nintendo fue devastadora en la pasada generación, sobre todo si además tenemos en cuenta las ventas de Nintendo DS, con diferencia la consola más vendida (158,8 millones), siempre muy por encima de PSP.

Aunque, poniéndolo todo en contexto, ¿se pueden sacar las mismas conclusiones? A largo plazo, a Nintendo no le hizo ningún bien su estrategia centrada en el público ocasional. Eso le ha pasado factura durante los últimos años y se ha convertido en un lastre también para Wii U (que al final parece que está remontando gracias a un nuevo giro hacia la audiencia hardcore). Por otro lado, Microsoft no ha sabido trasladar las bondades de 360 a One. Unos cuantos errores de libro, han hecho que la compañía pierda gran parte de lo que ya tenía ganado.

En este orden de cosas, es nuevamente Sony la que ha cogido ventaja. Ha aprovechado la buena imagen de la marca PlayStation, ha creado una máquina que es la sucesora perfecta de la anterior y ya es con diferencia la favorita de la actual generación. Entiendo la táctica y quiero entender por qué ha funcionado, pero me cuesta asimilarlo viendo los pobres catálogos que hay actualmente para las nuevas consolas.

Es más, si atendemos a juegos, creo que mi alma nintendera está resurgiendo. El catálogo de Wii U me parece, por mucho, el más atractivo de los tres. Veremos cuando termine 2014. Supongo que en el próximo E3 ya empezarán a verse productos verdaderamente rompedores para PS4 y Xbox One (y no sólo escasas excepciones reseñables tipo Destiny). Habrá que ser pacientes, ya sabemos que los lanzamientos del primer año de una máquina casi nunca son para tirar cohetes.

En mi opinión, teniendo todos estos factores en cuenta, Wii ganó la batalla de la pasada generación, pero Sony fue la que consiguió una base más sólida sobre la que seguir construyendo su imperio.

¿Qué opináis vosotros?

Titanfall, derechazo titánico de Xbox One

En este lento despertar de la nueva generación de consolas, con dos máquinas que dan sus primeros pasos entre secuelas continuistas, algún experimento gráfico y, sobre todo, multitud de lanzamientos a medio camino entre lo viejo y lo nuevo (a menudo más cerca de lo primero que de lo segundo), Microsoft ha dado el primer golpe de efecto de esta naciente etapa.

El acierto, el primer gran título (casi) exclusivo en lo que va de batalla, responde al nombre de Titanfall, un shooter en primera persona para Xbox One, Xbox 360 y PC que ha logrado transmitir frescura y originalidad a un género tan trilladísimo como este.

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Para empezar, los desarrolladores han decidido prescindir de campañas individuales. Titanfall es un título centrado exclusivamente en el multijugador. Yo, que siempre he sido más del juego en solitario, podría criticar esto, pero lo cierto es que, para acabar teniendo un título flojo en todos sus aspectos (sobre todo en estos tiempos en los que las presiones de los plazos de entrega obligan a los creadores a finiquitar los proyectos deprisa y corriendo), me parece más inteligente centrarse en un solo punto y pulirlo hasta dejarlo brillante.

El planteamiento tampoco es nada tan revolucionario como la creación de un género nuevo o un subgénero, pero quizá sí podríamos decir que inaugura un estilo, el del shooter dinámico y frenético donde las coberturas no son tan importantes como la velocidad, la agilidad y la contundencia.

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Los dos primeros elementos proceden de los pilotos, soldados de élite expertos en parkour que pueden correr, saltar, trepar y encaramarse casi a cualquier sitio del escenario. Si a eso le sumamos la posibilidad de utilizar jetpacks, nos encontramos con batallas y mapeados muy diferentes a lo visto en franquicias como CoD o Battlefield. Aquí todo es frenético, accesible, divertido, épico y adictivo, con combates memorables en los que se aprovecha hasta el último rincón de los escenarios, todos ellos, por cierto, diseñados con gran inteligencia.

Pero las verdaderas estrellas de esta guerra multijugador de corte futurista son los titanes, la representación máxima de la potencia ofensiva y defensiva, gigantescos robots que dan a los enfrentamientos una personalidad y espectacularidad únicas dentro del género.

El número de modos de juego no es excesivo y a nivel técnico es aceptable pero no llega a deslumbrar (la versión de PC destaca sobre las otras, la de Xbox One tiene algún problema de frame rate y la de Xbox 360 cumple bien). Aun así, es divertido, muy divertido, quizá el primer juego de la nueva generación que de verdad merece convertirse en una franquicia duradera.

Genial opción para PCeros, buena para usuarios de 360 y totalmente imprescindible para los poseedores de una Xbox One.

El imprescindible de Xbox One: Dead Rising 3

Aunque el catálogo de lanzamiento de Xbox One es ligeramente más atractivo que el de PlayStation 4, tampoco en la consola de Microsoft existen muchos títulos que justifiquen el salto a una nueva generación. A nivel técnico, del mismo modo que Killzone destaca en PS4, merece la pena destacar Ryse: Son of Rome, espectacular, con un gran poderío gráfico pero sin una propuesta jugable demasiado sorprendente (por no citar las numerosas patadas que le pega a la historia).

Por estos motivos, me he decantado por los zombis en vez de por los romanos. Dead Rising 3 tampoco es ninguna revolución. A nivel gráfico está lejos de los que se espera de la nueva generación de consolas (tiene algunos fallos inexplicables) y su desarrollo sigue las líneas ya conocidas de la franquicia, pero se trata de un planteamiento sólido, una aventura a la que apetece jugar y que divierte, que es lo más importante.

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En el plano técnico, Capcom ha echado el resto para mostrar una enorme ciudad abierta, Los Perdidos, repleta de detalle y, sobre todo, atestada de zombis, cientos de muertos vivientes pululando, empujando y mordiendo por las calles y edificios de esta urbe llena de secretos por descubrir.

El punto final que convierte Dead Rising 3 en la mejor opción para estrenar la Xbox One, es el humor, el disparate habitual de la saga, las armas locas y los guiños a la serie B. No es nuevo, no, pero es bueno y merece la pena disfrutarlo en un nuevo nivel.

El imprescindible de Xbox 360: Gears of War Judgment

Más complicada la elección de Xbox 360 que la de PlayStation 3. Entre los títulos recientes, quizá el más destacable sería Minecraft, aunque ni es precisamente nuevo ni gustará demasiado a los jugadores convencionales. Así que he optado por algo más accesible para todos los públicos, Gears of War Judgment.

Acción pura y dura y planteamiento continuista para la precuela de la que es quizá la saga que mejor transmite el espíritu de Xbox 360. Gears of War ha sido un símbolo, un estandarte para Microsoft durante el último lustro.

Gears-of-War-Judgment

Este Judgment, sin ser el mejor de la saga ni uno de los títulos más destacados del año, sí constituye un más que digno homenaje a la ya clásica franquicia, un shooter en tercera persona ideal para los fans de Gears of War pero también una propuesta atractiva para jugadores que no hayan probado nunca el adictivo sabor de la Lancer.

Además de servir como simbólica despedida de la saga en Xbox 360 y jugoso aperitivo previo a la nueva generación (para aquellos que estén pensando en pasarse a Xbox One o PS4), Gears of War Judgment cuenta con el atractivo de su precio, ya que a estas aturas ya es posible conseguirlo por unos 20 euros.

Xbox One abre la veda

A punto de cumplir seis años escribiendo este blog y esta es la primera vez que puedo escribir “aquí empieza una nueva generación de consolas” (obviamente, Wii U no entra en este juego). Microsoft ha sido la que ha dado el pistoletazo de salida en Europa con Xbox One mientras que Sony hizo lo propio en EE UU hace una semana con PlayStation 4.

Aún no he tenido tiempo de trastear mucho con la consola, pero ganas le tengo e imagino que pasaré buena parte del fin de semana degustando Ryse: Son of Rome, del que no está habiendo demasiado buenas críticas, y Dead Rising 3, que pinta impresionante.

XOne

Sé que acabaré adorando la consola, sus juegos, su interfaz… del mismo modo que disfrutaré mucho con PlayStation 4, pero ahora mismo no puedo evitar sentir ciertas reticencias. Me sigue pareciendo que esta generación llega demasiado pronto, que responde más a necesidades económicas y de marketing que tecnológicas.

A esto hay que sumar el siempre tedioso momento de relevo generacional, en el que muchos títulos navegan entre dos aguas dando lugar a productos finales en ocasiones bastante descuidados o, al menos, poco representativos de lo que pueden dar de sí las nuevas máquinas.

El comienzo de Xbox One no es malo pero tampoco brillante. Por fortuna, hay elementos más que suficientes para considerarla una máquina prometedora: el catálogo inicial de 22 títulos no tardará en crecer, Kinect es mucho mejor de lo que era (aunque aún nadie lo haya explotado como es debido), SmartGlass tiene potencial…

Aunque lo que más confianza ne da es el buen hacer de Microsoft con Xbox 360. En la generación que ya termina, la compañía ha sabido hacer grande a su consola, sometiéndola a una evolución constante hasta convertirla en una apuesta sólida en todos los sentidos, desde los aspectos técnicos y de catálogo hasta los servicios online o la imagen de marca, actualmente muy potente. Si repiten la estrategia que han mantenido en los últimos años, Xbox One puede acabar siendo una de las mejores consolas de la historia, la más digna heredera de la ya talludita 360.

¿Qué os parece Xbox One?

Microsoft, Xbox One, terremoto, marcha atrás y vuelta a la competencia

Parece ser que Microsoft está empeñada en hacer que el post-E3 sea tan interesante o más que el macroevento en sí mismo. La semana pasada fuimos testigos de un hecho histórico: una rectificación de la compañía, la marcha atrás en gran parte de las políticas que iban a definir su estrategia de cara a la nueva generación.

No es la primera vez que una empresa del sector cede a las presiones de los usuarios —Capcom justificó la apariencia del nuevo Dante, Cole conservó su aspecto en InFamous 2, la propia Microsoft bajó el precio de la Xbox original…—, pero nunca se había tomado una decisión tan radical y significativa. Tras el cambio de rumbo incentivado por las innumerables y duras críticas de usuarios y profesionales de la industria, Xbox One no necesitará conectarse a Internet cada día, no incluirá ningún sistema para controlar la segunda mano y los préstamos y no contará con protección regional.

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¡Qué alegría!, ¡qué alborozo! Aunque hay quien argumenta que habría sido más honroso tirar hacia adelante con la decisión tomada, por muy radical que ésta fuese, lo cierto es que la inmensa mayoría nos alegramos por el cambio de rumbo. De no haberse producido, intuyo que estaríamos a punto de meternos de lleno en una nueva etapa cercana al monopolio dentro del sector, con Sony marcando el rumbo casi de forma unilateral.

La generación que despedimos ha sido sumamente interesante y se lo debemos en gran parte a la dura competencia entre first parties. Nintendo disparó el mercado casual con Wii mientras PlayStation 3 y Xbox 360 se enzarzaban en una dura pugna de corte más tradicional, pero dando cada vez más relevancia al desarrollo indie y las posibilidades online.

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Ahora, con una Wii U que no acaba de despegar, el lanzamiento de una Xbox One con las características anunciadas dejaría a PlayStation 4 con una ventaja competitiva brutal y eso no es bueno. No quiero decir que me parezca mal que Sony venda más sino que no hay nada tan beneficioso para el consumidor como la competencia. ¿Microsoft escucha a los usuarios?, ¿todo es fruto del temor a las bajas ventas?, ¿han pesado mucho las presiones de los accionistas? Puede verse como un acto de sensatez o uno de cobardía, pero eso da igual, al final lo que importa es que todos salimos ganando por una situación de rivalidad que beneficia al mercado.

Los efectos del cambio no tardaron en hacerse notar —las reservas en Amazon Reino Unido se dispararon al instante—, pero no hay que engañarse, no todo es positivo. Microsoft también ha renunciado al préstamo de los videojuegos descargados, una función muy interesante que estoy convencido de que en un futuro cuajará pero que de momento queda aparcada.

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Puede que este cambio no moleste a muchos jugadores y que, por tanto, Microsoft no se vea muy perjudicada por la decisión. Sin embargo, me temo que los cien euros más que costará Xbox One respecto a PS4 (justificados en gran parte por la inclusión de Kinect) y la mala imagen que ha generado todo este revuelo del DRM, sí podrían afectar de forma muy negativa a las ventas de la consola. Esperemos que la compañía sea capaz de compensarlo a base de juegos. De momento, el catálogo pinta bien.

¿Qué os parece el cambio de política de Xbox One?

E3 2013: Microsoft se cura las heridas a base de juegos y más juegos

Muy interesante el arranque de este E3 con la conferencia en la que Microsoft parece haber decidido darle un lavado de imagen a la hasta ahora impopular Xbox One. El evento me ha producido impresiones encontradas, me ha encantado como presentación pero me sigue pareciendo que lo visto no justifica una nueva generación de consolas, una nueva remesa de dispositivos que sólo apreciarán los jugadores tradicionales.

El show en sí ha sido prácticamente perfecto. Microsoft ya se deshizo de los puntos controvertidos en el adelanto de hace algunas semanas, por lo que en esta ocasión ha podido centrarse en lo que de verdad importa, los videojuegos. Mientras que en los últimos dos o tres años, la compañía decepcionó a la audiencia haciendo demasiado hincapié en Kinect y en las múltiples posibilidades de Xbox Live, en este 2013 han tenido el tino de complacer al público con títulos y más títulos.

La conferencia ha estado repleta de franquicias consolidadas, como Metal Gear Solid, Dark Souls, Battlefield, Halo, The Witcher o Dead Rising, mezcladas con desarrollos totalmente nuevos como Titanfall, Crimson Dragon, D4, Quantum Break, Sunset Overdrive o el espectacular Ryse, una aventura ambientada en la antigua Roma de la que se han podido ver muchos minutos de juego. Unos cuantos desarrollos indies y el esperado retorno de Killer Instinct han completado una presentación con un ritmo envidiable.

Nuevas IPs, bastantes títulos exclusivos, nivel gráfico sobresaliente, catálogo esencialmente hardcore (lo casual parece haber vuelto al rincón el que solía estar en el pasado), nada de “revolucionarios” sistemas de detección de movimientos… Además, la fecha de lanzamiento y el precio están dentro de lo previsible y lo razonable: Xbox One saldrá a la venta en noviembre por 499 euros. Entonces, ¿qué hay de malo en todo esto? Varias cosas en realidad.

El principal problema es todo lo que no se ha contado. Microsoft ha sido capaz de desviar la atención hacia los juegos, pero las medidas que se han venido anunciando hasta ahora siguen pesando sobre Xbox One: la segunda mano, el sistema de préstamos, la necesidad de conexión a Internet casi permanente, la ausencia de retrocompatibilidad… Ni con un catálogo inmejorable pueden perdonarse según qué cosas. Intuyo que la presentación de Sony y todos los detalles que se revelen en este E3 sobre PlayStation 4 serán decisivos a la hora de conformar una percepción más completa (por comparación) de la máquina de Microsoft.

Otro gran inconveniente de Xbox One —que probablemente será compartido con PS4— es la ausencia de sorpresas. Ya lo dije en un post anterior, creo que estas nuevas consolas no aportan nada revolucionario. Éste es sin duda el salto generacional menos significativo de todos los que hemos vivido hasta el momento. Ni siquiera se respira la emoción que caracterizaba a otros relevos tecnológicos. Los juegos vistos hasta ahora son lo de siempre pero con mejores gráficos.

Tal vez, con el paso del tiempo, llegaré a hablar de este nuevo paso hacia adelante en otros términos, pero ahora mismo no puedo evitar pensar que PS3 y Xbox 360 aún podrían disfrutar de dos años más de buena vida sin sucesoras a la vista. Dicho esto, vuelvo a agradecer que Microsoft se haya esforzado por dar un buen espectáculo al personal. Yo, personalmente, lo he disfrutado.

¿Qué os ha parecido la conferencia de Microsoft?

Microsoft se la juega con Xbox One

La reciente presentación de Xbox One no ha dejado indiferente a nadie. Microsoft ha conseguido que su futura consola se haya convertido en el tema más polémico del sector en años. La segunda mano, los desarrollos indie, la conexión permanente a Internet, la ausencia de imágenes de juegos… Aún está por ver si la compañía de Redmond dará marcha atrás en alguna de sus políticas anunciadas o si seguirá hacia adelante con sus planes.

Halo y el reto del número 4

Con un buen videojuego —al igual que con una buena película— siempre surgen recelos cuando los creadores deciden convertir el producto en una trilogía. Si finalmente se logra un buen resultado, llega un nuevo umbral peligroso: ¿ha de mancillarse la mística del número 3?

Halo, una de las franquicias icónicas de Microsoft, se enfrenta ahora a esa delicada tesitura. Tras haberse convertido en una saga superventas con millones de seguidores en todo el mundo y una imaginería que ya forma parte de  la historia del videojuego, la historia personalizada en el conocido Jefe Maestro rompe la trilogía con Halo 4.

A las dudas más o menos supersticiosas hay que añadirle otra más realista que ha tenido intranquilos a todos los fans de Halo durante meses, el hecho de que esta sea la primera entrega de la saga no desarrollada por Bungie. La responsabilidad de contentar a los escépticos ha recaído sobre 343 Industries.

En contra de lo que los más agoreros temían, Halo 4 no solo mantiene intacto el espíritu de la saga sino que ha sido capaz de hacer evolucionar la franquicia de una manera natural, nada forzada. Cualquier jugador no demasiado experto no notará que Halo 4 está hecho por un equipo diferente al que hizo Halo 3.

La historia, que continúa desde el punto en el que quedó la tercera parte, sirve de excusa para llevar al jugador por uno de los modos campaña más variados y divertidos de la saga. La calidad técnica, la soberbia inteligencia artificial de los enemigos (algo que aún se echa mucho de menos en la mayoría de juegos de acción) y el fantástico multijugador (cooperativo, competitivo y con actualizaciones periódicas gratuitas) completan la continuación perfecta de Halo 3.

Debido al carácter continuista del juego, si no eres seguidor de Halo, poco vas a encontrar aquí que te haga engancharte a la saga. En cambio, si te gusta la franquicia —aunque sea mínimamente, no es necesario ser un megafan— Halo 4 es claramente uno de los imprescindibles de esta navidades.

Halo ha superado con nota el reto de romper la trilogía, ¿quién será el siguiente en hacerlo?, ¿Killzone, God of War, Uncharted, Gears of War…?

Happy Wars, la apuesta free-to-play de Microsoft

Está claro que no me puedo ni acercar al juego online, me engancha con demasiada facilidad. Mi último “captor” virtual se llama Happy Wars y es un interesante experimento de Microsoft, un juego multijugador masivo online gratuito para Xbox 360.

Como habréis intuido, la palabra clave es “gratuito”. Pero es que además, los desarrolladores de Toylogic han creado un producto interesante al que me consta que ya se ha enganchado un buen número de jugadores, yo incluido.

El desarrollo es sencillo, extremadamente sencillo, pero ahí radica gran parte de su atractivo (tal vez todo). Se trata de un juego principalmente PVP (jugador contra jugador) que enfrenta a 15 usuarios contra 15 en las típicas batallas en las que hemos de conquistar la base enemiga.

Existen tres clases a elegir —guerrero, clérigo y mago—, armas tácticas repartidas por el escenario y varios campos de batalla con puntos estratégicos por controlar entre la fortaleza propia y la del enemigo (algo así como el Valle de Alterac en World of Warcraft).

A medida que se juega y se sube de nivel, vamos ganando nuevas armas y equipamiento y también estrellas que podemos usar en una ruleta en la que obtener nuevas armaduras, cascos, escudos y demás. Esos trofeos son en realidad los que marcan la calidad del personaje, ya que la subida de niveles no conlleva una mejora en las estadísticas sino tan solo un aumento del peso máximo que podemos cargar.

Todo es muy simple, la mecánica no varía nunca, el modo para un jugador es anecdótico (es exactamente igual que el modo multijugador y solo se desbloquea a medida que se juega a este), no hay demasiados campos de batalla y no se tarda mucho en aprender a controlar los poderes de las tres clases del juego (algunos individuales y otros más potentes que requieren una activación grupal), pero el juego tiene algo que atrapa y quizá ese factor sea la citada sencillez.

Eso sí, ahora he de aclarar algo: el juego no es totalmente gratuito. Para empezar —y como es lógico— sólo está disponible para los usuarios dGold de Xbox 360, que ya pagan su cuota anual a Microsoft. Además, es posible pagar por obtener más y mejores objetos para el juego, pero por fortuna Happy Wars no es un pay-to-win, así que es posible hacer un papel más que decente en las batallas sin pagar un céntimo para comprar armas y armaduras imprescindibles.

El hecho de lo poco determinantes que resulta en este los bienes virtuales de pago supone una cómoda ventaja económica para el jugador, pero me temo que de poco le sirve eso a la compañía. Lo que se busca con el free-to-play es que los jugadores se sientan tentados a realizar micropagos y obtener así ventajas sobre los demás.

La poca profundidad de Happy Wars, que en cierto modo es una virtud, se convierte en un importante problema a la hora de obtener ingresos, ya que no creo que muchos estén dispuestos a invertir sus euros en un juego como este, más pensado para echar unas partidas rápidas en los tiempos muertos que para crear una comunidad de usuarios fiel.

Aunque, hablando de “partidas rápidas”, tal vez habría que darle un tirón de orejas a Microsoft, ya que más de una semana después de lanzar Happy Wars, aún no han sido capaces de solucionar los larguísimos tiempos de conexión y la estabilidad de los servidores. Creo que el 50% del tiempo que he pasado probando a Happy Wars ha sido intentando conectarme. En cualquier caso, me alegra ver una nueva intentona de llevar los MMO a consola, un género que aún parece relegado casi en su totalidad al PC.

¿Habéis probado el juego?, ¿qué os parece?