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Viejas joyas: Blast Corps

25 noviembre 2010

Puede que este nombre no le diga nada a muchos de vosotros. Para mí es, junto a aventuras como la del entrañable Whirlo, la del oscuro Demon’s Crest o la saga Breath of Fire, uno de los títulos más infravalorados de la historia de los videojuegos (algún día haré una lista con todos ellos).

Desarrollado por Rare durante los últimos compases de su época dorada con la Gran N -¡qué lejos han quedado ya esos tiempos!-, Blast Corps fue uno de los lanzamientos de calidad que ayudaron a oxigenar el reducido catálogo de Nintendo 64.

La aventura era espectacular y muy original. No se parecía en nada a ningún otro juego visto hasta la fecha. Tan peculiar era que en un principio podía resultar desconcertante. Eso sí, los elevados niveles de diversión que lograba el juego eran innegables.

Voy a explicarlo un poco para todos aquellos que desconocen el juego. El planteamiento es el siguiente: un camión cargado con dos misiles nucleares a punto de estallar se dirige hacia un punto en el que detonarlos de forma segura. El problema es que el piloto automático elige siempre el camino más corto para llegar al destino, sin importar los obstáculos que haya por delante.

Ante esta crítica situación, nosotros debemos asumir el papel de un equipo de demolición que limpie el camino por el que debe pasar el camión. Para acabar con rocas, casas e incluso rascacielos contamos con una amplia gama de vehículos y máquinas que van desde coches, camiones, trenes, grúas y bulldozers hasta motos equipadas con armas de fuego y robots gigantescos.

La gracia está en que no todo consiste en destruir. A los frecuentes momentos de acción y de tensión generados cuando el camión se aproxima a un obstáculo hay que sumar situaciones que requieren habilidad, una buena estrategia o ingenio. Y es que el planteamiento de los niveles está tan bien pensado que nos obliga a buscar múltiples soluciones diferentes para resolver los problemas, que muchas veces acaban siendo una especie de grandes puzles.

Sobra decir que el realismo brilla por su ausencia, pero eso no es malo. Todo es muy exagerado y próximo a la ciencia ficción. Baste decir que el asunto va mucho más allá del planeta Tierra… Ahora sólo faltaría que Nintendo encontrase una forma de recuperar esta vieja y olvidada joya para la consola virtual de la Wii.