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Thank you Mario! But our princess is in another castle! Toad (Super Mario Bros.)

Archivo de Abril, 2015

Mario celebra nueva ‘Party’ con menos presupuesto para juegos y tableros

Da igual cuánto tiempo pase, Mario Kart y Mario Party siempre serán apuestas seguras para la diversión multijugador. Después de dedicarle horas al fantástico Smash Bros y disfrutar del soberbio trabajo que Nintendo está haciendo con Mario Kart 8 (que acaba de estrenar no pocas novedades), esperaba bastante de Mario Party 10, quizás no algo revolucionario, pero sí una versión mejorada de Mario Party 9 con muchos más contenidos.

Para mi sorpresa, no sólo no tiene más contenidos que su predecesor sino que tiene algunos menos. De siete tableros se ha pasado a cinco y de 78 minijuegos se ha bajado a setenta y pocos. No lo entiendo, ¿dónde está el progreso? ¿Tanto les cuesta diseñar nuevos tableros? Es más, si es así, bastaría con reutilizar algunos viejos, como se hace con los circuitos de Mario Kart desde hace ya bastante tiempo.

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Intuyo que uno de los motivos de esta escasez de tableros es la esperanza de Nintendo de vender más amiibos, ya que cada uno de ellos aporta un nuevo tablero. Por desgracia, estos son tan pequeños y simplones que tampoco representan un añadido significativo.

En cuanto a los minijuegos, no hay nada que no hayamos visto ya en otras entregas. Son bonitos, son divertidos y proporcionan la misma cantidad de risas y cabreos de siempre, pero por desgracia apenas aprovechan el mando especial de Wii U. El único punto en el que se le da valor al juego asimétrico es en el modo Bowser Party, la supuesta estrella de esta entrega.

Digo “supuesta” porque lo cierto es que, a pesar de ser muy divertida, le falta algo de entidad. Tan sólo tiene tres tableros (versiones modificadas de varios tableros de Mario Party), diez minijuegos (algunos brillantes, otros un poco tontos) y, para colmo, la ventaja del jugador que controla a Bowser tiene una ventaja desmesurada. El resultado es que, una vez probados los tres tableros y repetido los minijuegos varias veces, el modo Mario Party vuelve a ser el protagonista indiscutible del juego.

Mario Party 10 no es un mal juego, de hecho sé que lo jugaré con mis amigos durante muchos meses, pero es justo reconocer que no alcanza el nivel de brillantez del que otras sagas nintenderas sí pueden presumir.

‘Bloodborne’, el exclusivo que PS4 necesitaba

Tras la pequeña decepción que supuso The Order 1886, PlayStation 4 ha recibido al fin un título exclusivo de categoría, uno de esos juegos que permiten presumir de tener una consola y no otra. Hablo de Bloodborne, el sucesor más que espiritual de la saga Souls de From Software.

Oscuro, directo y muy complicado, Bloodborne hereda lo mejor de Dark Souls y se deshace de los elementos que hacían de la secuela una aventura un poco inferior. Desaparecen por ejemplo los horribles escenarios y diseños que abundaban en Dark Souls II y se alcanza de nuevo una calidad artística más que notable durante la mayor parte del juego.

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La ambientación, maravillosamente perturbadora, se ve reforzada por un mapeado construido con inteligencia y buen gusto. Aunque el punto fuerte vuelven a ser, aquí más que nunca, los combates. Dinámicos, emocionantes y con una dificultad y una carga estratégica que a menudo proporciona momentos memorables. En pocos juegos, las victorias contra la CPU saben tan dulces como en Bloodborne y sus predecesores.

Cierto es que, aun siendo complicado, este juego no llega a los niveles de demencia de Dark Souls, pero comprendo perfectamente la simplificación del desarrollo y el intento general por hacer este título mucho más accesible. Hay que llegar a más gente. Si no vendes, no hay nada que hacer. Por fortuna, los desarrolladores han sido lo suficientemente hábiles como para facilitarlo todo un poco sin traicionar el estilo que los caracteriza.

Bloodborne es, probablemente, el primer argumento de peso que puede encontrar un indeciso para comprarse una PS4.

‘Hearthstone’ se cuela en el móvil

No son pocas las peticiones que los jugadores de Hearthstone hacen insistentemente a Blizzard: un modo torneo dentro del juego, la opción de jugar dos contra dos, menos aleatoriedad, chat general (algo nada recomendable dado el nivel de educación imperante en la comunidad), la posibilidad de elegir el tipo de sobre en la Arena…

Por fortuna, la compañía ha concedido una de las solicitudes más demandadas por los usuarios de su exitoso título de cartas. No, no han desterrado a los insufribles Face Hunters. La novedad es que han lanzado una versión del juego para teléfonos móviles Android e iOS (los usuarios de Windows Phone tendrán que seguir esperando).

Salió a la luz el pasado 15 de abril. Ese mismo día la descargué en mi Samsung Galaxy S5 y desde entonces ya le he dado bastante uso. ¿La impresión? Magnífica desde el principio. El primer día me saltaron algunos errores, pero siempre en el menú y hubo una partida que se buggeó. Yo usaba chamán, jugué Tótem Lengua de Fuego en uno de los primeros turnos y no sólo no funcionó su efecto de subir ataque a los esbirros adyacentes sino que me bloqueó la posibilidad de hacer cualquier cosa, tanto ese turno como los siguientes.

Aparte de esos incidentes del primer día, todo perfecto, sorprendentemente estable y bonito, muy bonito. Admito que me sorprende el mimo con que Blizzard hace las cosas. A veces meten la pata —¿quién no?—, pero el cariño por sus productos se nota en mil y un detalles. Este Hearthstone móvil no es una excepción, difícilmente se podría hacer una versión más estable y detallada que esta.

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Los escenarios se han reducido para dejar hueco a la información importante, sobre todo a las cartas, que aparecen pequeñas en la esquina inferior derecha (en la superior izquierda están las del rival) y se pueden ampliar ocupando casi toda la pantalla cuando se van a jugar. Los esbirros, una vez están en el tablero, también tienen un tamaño considerable. Cuando se jugan varios secretos, aparecen superpuestos, con un número que indica cuántos hay en juego al mismo tiempo.

Los modos de juego son exactamente los mismos y las interfaces se han modificado lo justo para ser bien visibles y fácilmente usables en dispositivos pequeños. La espera por la versión móvil ha sido larga, pero creo que ha merecido mucho la pena y que disparará aún más la ya millonaria cifra de jugadores de Hearthstone.

‘Hardline’, un ‘Battlefield’ sin soldados pegando tiros

A la hora de plantarse delante de un videojuego, cada uno tiene sus filias y sus fobias. En mi caso, hay nombres que de primeras me echan para atrás o que, al menos, no logran captar mi atención.

Entre las palabras que menos me atraen se encuentran “FIFA”, “Simulator”, “HD” y, sobre todo, “Tom Clancy”. El término shooter bélico” tampoco está entre mis preferidos y es por eso que, aun siendo consciente de la calidad de juegos como Battlefield, me suele dar pereza darles una oportunidad.

Por eso me ha sorprendido Battlefield Hardline, un título que ha logrado que me fije en la franquicia como nunca antes. El planteamiento es sencillo, coger la esencia de la saga y trasladarla a un contexto de policías y criminales, sin tanques ni soldados de por medio.

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No se añade ningún elemento revolucionario y soy consciente de que el resultado es inferior al de la línea principal de Battlefield, pero el simple hecho de que se haya cambiado de escenario y planteamiento le da un valor extra para mí.

Además, aunque gráficamente no sorprenda, las físicas sean extrañas, el modo online no sea perfecto y la inteligencia artificial deje algo que desear, el nuevo entorno policíaco ha logrado potenciar uno de los puntos más mejorables de Battlefieldel modo campaña, que ahora es mucho más intenso y profundo y está mejor narrado y estructurado que en las entregas bélicas.

No es el único punto positivo del juego, que conste. A la hora de afrontar las misiones, hay una gran libertad de acción real —no la típica que nos veden cada dos por tres— y mecánicas como el sigilo, el uso de tirolina o la posibilidad de destruir casi todos los elementos del escenario le dan una variedad al desarrollo muy de agradecer.

Quizá a los más puristas de la saga les parezca una entrega menor (o algo incluso peor), pero los que, como yo, prefieren la acción alejada del campo de batalla tradicional, lo disfrutarán sin complejos.