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Es el turno de Skulls of the Shogun

Entre tanta superproducción, tanto triple A con ínfulas de película de Hollywood por los que hemos de pagar entre 60 y 70 euros, es muy agradable toparse con videojuegos más modestos, sin grandes aspiraciones, que llegan casi de tapadillo y demuestran ya a los pocos minutos de juego el cariño depositado en ellos por los desarrolladores.

Este es el caso de Skulls of the Shogun, una aventura de estrategia por turnos que Microsoft ha lanzado para Xbox 360 (vía descarga), PC y Windows Phone. Cierto es que el juego, desarrollado por 17-Bit, no supone una gran revolución dentro de su género pero es que, dada su arrolladora personalidad, no lo necesita.

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Skulls of the Shogun cuenta la historia del general Akamoto, un samurái que muere de forma inesperada tras triunfar en la batalla que le habría permitido obtener el título de shogun. De este modo, cuando comenzamos a controlar a Akamoto, éste ya está muerto y se dirige al mundo de los muertos. Sin embargo, el cadavérico héroe, que no está dispuesto a esperar durante incontables siglos en la cola que lleva a las puertas del Más Allá, se toma la licencia del libre albedrío para descubrir muy pronto que alguien está suplantando su identidad en el reino de los no vivos.

Estos acontecimientos y todos los que tienen lugar a partir de aquí no se narran con un tono épico ni dramático sino con un gran sentido del humor, un guión divertido e ingenioso y una estética caricaturesca que le da al juego un aspecto inconfundible. He aquí gran parte del encanto del título, yo me atrevería a decir que casi el 50% de su atractivo.

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La otra mitad destacable es el propio desarrollo del juego, consistente en una sucesión de batallas por turno en las que debemos acabar con los ejércitos rivales antes de que ellos acaben con nosotros. Esta sencilla y obvia premisa gana interés gracias a los factores que determinan el resultado de las batallas: las unidades de ataque cuerpo a cuerpo no pueden contraatacar a las que atacan a distancia, la precisión de los golpes viene determinada por el terreno y por la proximidad del enemigo, hay puntos estratégicos como los campos de arroz y los templos, los espadazos empujan hacia atrás a los enemigos (algo muy útil si están junto a un precipicio)…

Aunque la peculiaridad más curiosa de los enfrentamientos —y también la que da pie a más chistes— es que, para subir de nivel a una unidad durante la batalla, hemos de hacer que devore la calavera de los enemigos caídos. Tras comersedevorar tres cráneos, el soldado en cuestión se convierte en demonio y gana un  movimiento extra por turno. Además, los brujos ganan un nuevo hechizo por cada cabeza engullida.

La longitud de Skulls of the Shogun no es mucha y la dificultad tampoco es muy elevada, sobre todo para los expertos en este tipo de juegos. Eso sí, superar los desafíos secundarios de cada nivel es otra historia. Incluso en los primeros niveles ya se proponen algunas misiones que no es sencillo completar sin esfuerzo y reintentos varios.

Para los que sigan pensando que el reto es escaso, también hay un modo multijugador online con piques garantizados.

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