Archivo de octubre, 2011

El bastión sin conquistar por Jobs

07 octubre 2011

Ayer falleció Steve Jobs (no sé si os habéis enterado). No se puede decir que yo sea un Applemaníaco, pero sé reconocer el alcance de la noticia. Quizá a los medios, llevados por el furor que la compañía de la manzana genera desde hace unos años, se nos ha ido un poco de las manos la cobertura del asunto, pero hay que reconocer la repercusión global de las ideas de Jobs, conceptos que han cambiado industrias y han redibujado la sociedad de la información.

El alma de Apple ayudó a construir la informática para todos. Posteriormente, con permiso de Napster, sentó las bases de una nueva era para la industria discográfica gracias al iPod y, sobre todo, a iTunes. La distribución física veía cómo su hegemonía comenzaba a ceder frente a la distribución digital. Con el iPhone, pese a no inventar nada nuevo, logró popularizar el concepto de smartphone y transformar la industria de la telefonía móvil de forma decisiva.

Jobs ha llegado incluso a crear un nuevo mercado a partir del iPad. Sin embargo hay una industria, la de los videojuegos, sobre la que durante años se asomó la sombra de la manzana sin llegar nunca a irrumpir de forma decisiva. No son pocas las veces que se ha rumoreado sobre la posible compra o coalición de Apple con una u otra compañía de videojuegos. A veces era Nintendo, a veces era Electronic Arts… También ha sido recurrente en los últimos años la idea de que Jobs acabaría por lanzar una consola de videojuegos (algo más sofisticado que la fallida Apple Pippin).

Quizá en otras circunstancias habríamos llegado a ver algo de este tipo, casi seguro que algo inesperado y de un elegante diseño, pero la realidad es que nada de eso sucedió. Aun así, Steve Jobs puso la semilla de un progresivo cambio en la industria del videojuego, concretamente en el mercado de las consolas portátiles.

Aunque a muchos les parecía un disparate comparar dispositivos como el iPhone y el iPad con máquians como la Nintendo DS y la PSP, lo cierto es que el tiempo ha ido demostrando que no se trata de ninguna locura. Los smartphones y las tabletas se han revelado como unas excelentes plataformas para juegos. Además, los móviles cuentan con la ventaja de un público potencial muchísimo más amplio que el de las consolas tradicionales.

El auge de estos dispositivos, unido al cada vez más incierto mercado portátil (muy afectado por factores como la piratería y la falta de nuevas ideas), está produciendo una modificación sustancial en el panorama que se acentuará aún más cuando Internet y las apps se generalicen también en los televisores. La situación es real y no es cosa de futuro, ya está sucediendo. Así lo demuestran movimientos como el salto de Capcom a Android o los debates y las declaraciones de importantes desarrolladores sobre los videojuegos para móvil.

¿Hasta qué punto son Apple y Steve Jobs responsables de esto? En mi opinión, su influencia en este asunto no es nada desdeñable. Al fin y al cabo, la aparición del iPhone supuso un innegable punto de inflexión no sólo en telefonía y uso de Internet sino también en videojuegos para móvil con títulos más potentes, más elaborados, más ambiciosos… Ahora mismo es complicado calcular el impacto de estos dispositivos en el mercado portátil, pero existe e irá a más.

Jobs no hizo videojuegos (Breakout no cuenta), no fabricó consolas (Pippin no cuenta), pero sí señaló un nuevo camino. Aún pasarán unos años hasta que podamos valorar su aportación al sector en su justa medida, pero lo haremos. No me cabe duda.

Catán tradicional vs. Catán online

05 octubre 2011

Anoche, trasteando un poco con la Xbox 360 me di cuenta de que las ofertas de Live de esta semana incluyen varias adaptaciones de juegos de mesa, entre ellas la del formidable Los colonos del Catán, mi juego de tablero favorito (un juego de estrategia basado en la administración de recursos y la construcción).

Esta circunstancia casi parece una señal. Resulta que desde hace dos o tres semanas, un par de mis mejores amigos (a los cuales descubrí yo el juego original) están enganchadísimos al modo online del Catán de Xbox 360. Desde entonces no paran de insistirme en que me descargue el juego para echar partidas en grupo.

Hasta el momento me he negado a comprarlo, aunque comprendo los argumentos de mis amigos. Con el Catán de consola cada uno puede jugar desde su casa, se ahorra el tiempo de montaje del tablero y también la recogida, y además es posible charlar a través del micrófono, lo que rompe el distanciamiento con los demás jugadores.

Sin embargo, por algún motivo que me cuesta explicar, tengo la sensación de que el juego pierde encanto en la consola. El ritual de colocar las piezas, las fichas, las cartas… El azar de los dados físicos, mucho menos cabreante que el de los dados virtuales (ambos me han reconocido que la CPU trampea bastante la aleatoriedad)… El comercio cara a cara con el resto de jugadores… ¿Dónde queda todo eso?

Supongo que al proceso de preparación, desarrollo y finalización de cada partida le envuelve una magia especial que no puede reproducirse de manera virtual. ¿Prejuicios? Probablmente. Los mismos que nos llevan a muchos a aferrarnos al libro impreso y no dar el salto al libro digital.

A todo eso hay que añadir que ya he sufrido varias veces la tiranía de los piques online y no me apetece engancharme de nuevo durante meses a un mismo juego. Pero claro, el Catán cuesta ahora 400 Microsoft Points en vez de 800, ¿puedo dejar pasar la oportunidad? Y si la dejo pasar, ¿no me arrepentiré?

Creo que me sigo quedando con el Catán de tablero… o no.

Miyamoto nos tiene pillado el punto

04 octubre 2011

Puedo quejarme y me quejo de que Zelda debería buscar una nueva fórmula revolucionaria. No tiene por qué estar relacionada con el desarrollo, también valdría estética. Haría falta un cambio importante para alcanzar el nivel de obra maestra, para asestar un golpe de efecto como el que supusieron A Link to the Past, Ocarina of Time o, aunque muchos se quejasen en su día (creo recordar vagamente que yo fui uno de los que se quejó), el precioso The Wind Waker.

Puedo quejarme y me quejo de que The Legend of Zelda: Skyward Sword llega muy tarde, a una consola tecnológicamente anticuada y que hace años que abandonó sus mejores años de existencia. Tal vez un nuevo Zelda podría convertirse en la munición más poderosa para la próxima arma de Nintendo, la Wii U. En cambio, en vez de usarse como reclamo para vender la futura consola, se emplea como último cartucho para una máquina ya casi abandonada (una readaptación a Wii U como la que se hizo con Twilight Princess tampoco me gustaría, claro).

Puedo quejarme y me quejo de que a Miyamoto ya no le fluyen las ideas como antes, de que ya no es capaz de innovar y sorprender y de que cuando lo hace le salen cosas como Wii Music. No quiero ser injusto con el hombre que me ha regalado algunos de los momentos más felices y divertidos de mi vida. De hecho, en medio de una crisis generalizada de ideas, el bueno de Shigeru casi siempre se las apaña para ofrecer productos de calidad notable o sobresaliente.

Puedo quejarme y sin embargo se me quitan las ganas cuando veo vídeos como el último de The Legend of Zelda: Skyward Sword. El juego rebosa color, magia, épica, aventura, carisma y muy buenas vibraciones. No me hace falta jugarlo para saber que me transmitirá (nos transmitirá) sensaciones maravillosas y experiencias inolvidables. La saga nunca nos ha fallado y está claro que ésta no va a ser la primera vez. Además, alegra descubrir nuevas mecánicas como los momentos de vuelo o las pruebas de equilibrio que se unen a situaciones más clásicas como las zonas submarinas, los combates de espada o las zonas de comercio.

¿Qué expectativas tenéis puestas en The Legend of Zelda: Skyward Sword?

Soy culpable, no me he pasado Uncharted

03 octubre 2011

He de remediar esto cuanto antes. Jugué a Uncharted hace años, aunque nunca lo completé. He jugado a Uncharted 2 y por supuesto no me lo he pasado (jamás osaría completar una segunda parte sin haber finalizado antes la primera). Tenía la saga en mi larguísima lista de tareas pendientes, pero ahora me ha entrado prisa por hacer justicia a la que probablemente sea la mejor franquicia de PlayStation 3.

La culpa de esta urgencia procede en buena parte de la recién concluida Gamefest 11 que tan buen sabor de boca me ha dejado. Tal vez llevado por el buen rollo que me produjo la feria, tal vez influenciado por el llamativo expositor de Uncharted 3 situado justo a la entrada del pabellón… El caso es que, como si fuera un espectador manipulado mediante publicidad subliminal en el cine para beber un determinado refresco, siento unas irrefrenables ganas de jugarme esta tercera parte en la que junglas y montañas nevadas ceden su lugar a parajes desérticos.

Este deseo choca frontalmente contra dos realidades. La primera es que aún falta un mes para que el juego salga a la venta. Hasta el 3 de noviembre, nada de nada. La segunda circunstancia de magna importancia es la regla de oro que ya he insinuado antes: nunca jamás bajo ninguna circunstancia debe jugarse una juego sin haber completado antes todas las entregas previas (algo que cada vez es más difícil, la verdad).

¿Significa esto que en un mes me voy a pasar Uncharted y Uncharted 2? Pues me temo que no. Como ya he dicho, la lista de tareas pendientes es larga y va más allás de los videojuegos. Además, en cuanto a consolas, el orden de prioridades es caprichoso y obedece siempre al estado de ánimo y a los impulsos (baste decir que me acabo de pasar de nuevo el Sonic Adventure y que he retomado el Blur).

Aun así, sé que no voy a hacer esperar mucho a Nathan Drake. En una época en la que escasean las buenas películas de aventuras, da gusto descubrir que no sucede lo mismo con los videojuegos de dicho género. Quizás es el momento de que Steven Spielberg se ponga en serio con el ocio interactivo, que se olvide de cosas como Boom Blox o incluso de Indy 5 y resucite LMNO o algo similar.

Todos sabemos que Uncharted 3, como Resistance 3 o Gears of War 3, no va a inventar nada, pero lo compensará de sobra con diversión y espectáculo puro y duro.

Hay ganas de probar Uncharted 3, ¿eh?