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Thank you Mario! But our princess is in another castle! Toad (Super Mario Bros.)

Experiencias de juego inolvidables (II)

Ni siquiera una decena de momentazos da para mostrar todo lo que son capaces de ofrecer los videojuegos, pero mejor diez que cinco, así que aquí va otro puñado de situaciones de esas que quedan guardadas en el corazoncito para siempre.

Cuando se escapa la lagrimita

La profundidad de algunas aventuras y RPGs es tal, que resulta casi imposible no identificarse con los héroes, cogerles cariño e incluso sentir que has establecido una relación íntima con ellos que va más allá del juego. Tantas horas de mazmorras, de subir niveles, de sufrir penalidades.. que cuando llega el final, la hora de la separación, en ocasiones se nos escapa una lagrimita. Cada uno tiene sus “intocables”, esos juegos especiales que le han tocado la fibra sensible: Final Fantasy VII, Kingdom Hearts, Grandia… En mi caso, la lista es larga: Illusion of Time, Chrono Trigger, Ocarina of Time… El último fue Tales of Symphonia de GC y, el primero, el que me llegó al corazón por primera vez, Breath of Fire II.

Aquellos atajos secretos

Mario en sí podría considerarse como una experiencia única dentro de los videojuegos. Este personaje ha dejado tantos y tan buenos recuerdos en mi cabeza (y sigue haciéndolo) que elegir uno sería blasfemar contra los demás: los disfraces de Super Mario Bros. 3, los divertidísimos piques con los amigos en cualquier Mario Kart, el descubrimiento de ese impresionante mundo tridimensional que llegó con Suer Mario 64, el primer Goomba de Super Mario Bros., la seta, la flor, la estrella… Uno de los rasgos más característicos de las aventuras del fontanero es la enorme cantidad de zonas secretas y atajos que suelen esconder: tuberías en las que entrar, zonas secretas que te llevan desde el mundo 1-2 al 4-1, flautas mágicas, casas encantadas llenas de Boos de las que no es fácil salir… ¡Grande Mario, grande!

El ‘Mortal Monday’

¿Os acordáis del Mortal Monday? Yo lo recuerdo como algo mítico, el “lunes mortal”, el día en el que saldría al mercado el videojuego más violento de todos los tiempos: Mortal Kombat. Se trataba de una campaña publicitaria montada por Midway para promocionar el juego más polémico de aqulla época. Estaba claro que la promoción no le hacía mucha falta, la criaturita de Ed Boon y John Tobias estaba condenada al éxito. La estrella de Mortal Kombat eran los golpes finales. Si al hacer una serie de movimientos, la pantalla se oscurecía, el subidón era indescriptible: ¡te había salido un fatality! Estaría bien que Mortal Kombat Vs. DC Universe le devolviese a la franquicia la vidilla (paradójico, ¿no?) que tenía por aquel entonces.

Esto del Wii Tennis tiene su punto

Aunque con el tiempo haya acabado renegando de la filosofía Wii y del juego casual, he de reconocer que al principio me emocionó mucho la idea. La batalla entre las consolas de nueva generación todavía se estaba fraguando y todo el mundo estaba emocionado con la nueva consola de Nintendo. En el E3 de 2006, la Wii causó furor entre los asistentes. Después, Nintendo la fue enseñando por todo el mundo. Yo tuve la fortuna de asistir a la presentación que se hizo en Madrid, la expectación era enorme. Allí me encontré con algunos amigos del sector y estuvimos probando la demo de WarioWare, el jueguecillo de puntería de Wii Play, el Wii Sports e incluso un prematuro Wii Music en el que había que dirigir una orquesta. La consola no defraudó, todos salimos encantados, nos pareció divertidísima, especialmente el juego de tenis. Casi añoro aquella emoción inicial.

¡Detrás de ti, imbésil!

Serían las seis de la tarde aproximadamente, yo trabajaba en una revista especializada y estaba a punto de irme a casa. Entonces entró en la redacción mi entonces compañero y buen amigo Javi (ahora sólo buen amigo). Llevaba algo en las manos, un juego, ¡el Resident Evil 4 de GameCube! Aún faltaban meses para que el juego viese la luz y nosotros lo teníamos ahí. Lo pusimos todo emocionados, ¡qué graficazos!, ¡qué movimientos!, ¡qué burrada! El juego iba a saco desde el principio, el cambio le había sentado muy bien a la saga. Recuerdo que, al llegar al pueblo, nos quedamos un buen rato embelesados mirando con los binoculares cómo se movían los aldeanos de un lado para otro. Resultaba curioso el efecto que producía ver los textos y menús en japo y escuchar a los supuestos españolitos ponernos de “cabrones” para arriba. Muy divertido. ¡Uf! Parece que haya pasado un siglo desde aquello.

En estos dos días ya hemos recopilado un buen puñado de momentos únicos, pero seguro que algo nos dejamos. ¿Se os ocurren más?

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