El Sepla y el mal ejemplo
El sindicato de pilotos SEPLA tiene muy mala prensa; no les debe importar demasiado, aunque se esfuerzan en contratar servicios que les ayuden a mejorar esa relación. No acaban de percibir que sus reivindicaciones irritan y que sus pretensiones de mantener su posición chocan con la realidad de un sector empobrecido, precarizado, masificado... en el cual la oferta de pilotos es abundante y los precios por pilotos (como los de los billetes) van a la baja. En total son casi 5000 los pilotos españoles con licencia, pero el oficio crece, entran pilotos de otros países y mantener capacidad de presión se hace cada vez más difícil.
La huelga de estos días debería ser la última de una generación. Pero no va a serlo. Acabada tiene difícil justificación, pero ha servido para acreditar poder. Los pilotos han firmado lo que les ofrecieron el primer día; para ese viaje no se precisan alforjas tan pesadas. Otra cuestión es que los afiliados del Sepla, al que han confiado su defensa y protección (incluidas las pensiones) se aferren al pasado para tratar de que dure y sienten que este Sepla les da buenos resultados.
En esta ocasión han conseguido seguimiento, mucha atención mediática y, finalmente, una mediación del gobierno, con ministra en primer plano, que evidencia la importancia del colectivo. Como la compañía necesita pilotos, como no tiene otros, ni puede sustituir a estos tan levantiscos, también tiene que ser suave en las relaciones, una vez alcanzada la paz.
Así que no debe extrañar que con este ejemplo otros colectivos de la compañía y de otras compañías, se apresten a ir a la huelga para conseguir lo mismo que los pilotos. La huelga funciona, se consiguen cosas con ella. Nadie reclama responsabilidades ni reparaciones en caso de abuso de ese derecho. Así que va bola, todo el que disponga de posición dominante tiene palancas para reclamar, con los clientes como rehenes, a esos clientes que pagan la nómina que les zurzan, lo importante es que el ministro de turno atienda.

