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Entradas etiquetadas como ‘sanidad’

Carta a Don Amancio Ortega

Por Rosa Gómez

Amancio Ortega, creador de Inditex (Archivo).

Señor Ortega, quiero darle las gracias en mi nombre, y en nombre de todas las personas que han muerto víctimas de cáncer. Mis cuatro abuelos, cuatro tíos carnales, padres y madres de amigos muy cercanos, y lo peor de todo, muchos muy jóvenes. Gracias por su donación.

Actualmente, mi madre está siendo tratada de un tumor en el pecho en el hospital público Miguel Servet de Zaragoza, al cual aprovecho a dar también las gracias, a sus médicos, oncólogos, enfermeras y auxiliares.

Llevo dos días escuchando y leyendo barbaridades, como que somos un país “no necesitado”, “nuestra sanidad no necesita la caridad” o “por qué aceptar una donación cuando hay máquinas y pruebas suficientes”; esto último de boca de una radióloga, a la que con gusto, preguntaría de qué han muerto sus familiares y pacientes en los últimos años.

Para un paciente de cáncer no es justo oír este tipo de barbaridades, ya que alguien con esta enfermedad necesita hacerse muchas pruebas y estaría bien que nuestros médicos e investigadores, tuviesen la suficiente información, estudios, tratamientos, máquinas, y todo lo necesario, para que un paciente de cáncer se cure.

El cáncer es una lacra, y por desgracia afecta a niños y mayores, ricos y pobres, país necesitado o país millonario.

Siento vergüenza ajena de que la misma organización que se formó en defensa de la sanidad pública, no quiera aceptar una donación que puede ayudar a salvar vidas, a curar enfermos.

De nuevo, muchas gracias señor Amancio Ortega.

Hazte vegano y pierde peso

Por Sascha Camilli

Comida vegana ( LA GULATECA).

Mucha gente se propone perder peso cada año, pero llegan a julio con el mismo peso que tenían en enero. Esto puede ser profundamente frustrante, pero simplemente haciendo ejercicio y comiendo alimentos saludables, podemos vernos mejor por fuera y sentirnos mejor por dentro.

Los alimentos veganos no solo son deliciosos, sino que también están libres de colesterol y la mayoría son bajos en grasas saturadas y también bajos en calorías. Estudios han demostrado que quienes comen carne son nueve veces más propensos a ser obesos que los veganos.

Los veganos también tienen menores tasas de muchas de las enfermedades con riesgo de muerte, como cardiopatías, diabetes y ciertos tipos de cáncer. Y cuando eliges alimentos veganos, también estás ayudando a evitar que los animales tengan una espantosa muerte en el matadero, a proteger el medioambiente y combatir el cambio climático.

Las autoridades sanitarias no advierten en contra de las fiestas populares

Por Jesús Martínez

Mucho cuidado con comer carne procesada. Ni se le ocurra fumar ni oler el tabaco. Ojo con la comida basura. Modere el consumo de la bollería fina… Las autoridades sanitarias advierten cada dos por tres de esto o de lo otro, y pobre del que incumpla: palo y tentetieso en forma de sanción o penas severas.

Todo esto está muy bien, pero no comprendo demasiado porqué toda esta estrategia no se extiende también a otras conductas nocivas, que sorprendentemente se potencian por las propias Administraciones. Pienso, por ejemplo, en los festejos populares.

Camarero con cerveza (Pixabay).

Camarero con cerveza (Pixabay).

Los brutales decibelios de las orquestas y atracciones en el centro de las localidades, desafiando tímpanos y cristales a todo vatio hasta bien entrada la madrugada, no importan. Tampoco los ancianos, enfermos o niños que precisan de esas noches para descansar. Que son cuatro días, rebaten quienes defienden este modelo tradicional de festejos, imponiendo a los aguafiestas que opinan diferente su dictadura del ruido y el insomnio, forzándoles al éxodo a otros lugares en los que se pueda dormir.

De esto no hablan los mandamases de la salud. Su silencio cómplice alcanza también al abuso del calimocho y la litrona entre adolescentes en las inmediaciones de los recintos festivos, junto a otras sustancias perseguidas por la justicia. Las plazas de España se convierten en agosto en mingitorio y vomitorio auspiciado precisamente por quienes debieran, como en Roma, cumplir con la máxima de salus populi suprema lex esto.

Somos una ciudadanía que lucha por la Champions pero no por nuestros derechos

Por Miguel Fernández-Palacios

Los jugadores del Real Madrid a su llegada a Cibeles con la undécima (EFE).

Los jugadores del Real Madrid a su llegada a Cibeles con la undécima (EFE).

La vida no es fácil y, en consecuencia, no se debe desaprovechar la ocasión de divertirse en cuanto se presente. Por eso resulta maravilloso que para celebrar la undécima del Real Madrid, miles de personas llenaran calles, plazas y un inmenso estadio, festejándolo en apasionado jolgorio.

O cuando en 1995 los aficionados entendieron que el descenso administrativo a segunda de sus equipos era una decisión injusta, y dos ciudades como Sevilla y Vigo se llenaron de protestas hasta revertir el veredicto.

Sin embargo esa expresividad espontánea se torna en amargo desencanto cuando, en este mismo país, se recortan derechos laborales, libertades, gastos sanitarios, educativos, de dependencia, etc. Cuestiones nada baladíes conquistadas con mucho sufrimiento y que hacen la vida más justa, pero las avenidas y plazas no se abarrotan en igual medida. No cabe duda de que la individualista sociedad moderna es moldeada en gran medida por los políticos, que forjan ciudadanos indiferentes para que no les incomoden en sus turbios enredos.

Y he aquí la piedra de toque: la indiferencia ciudadana es el peor de los males posibles para una democracia, porque la deteriora hasta ponerla en grave riesgo. Esperemos que los nuevos partidos, en un esfuerzo titánico por el bien y la pervivencia de la libertad democrática, reviertan esta perversa tendencia y sepan ilusionar a la gente formando ciudadanos responsables y comprometidos con lo cívico.

Todavía hay personas que ayudan a los demás

Por Enrique Jiménez Martín

Tren de Renfe (Archivo).

Tren de Renfe (Archivo).

Soy un trabajador de Renfe que el pasado 5 de mayo a mediodía tuvo un pequeño/gran incidente en la vía 9 de la estación de Atocha Cercanías, y que sólo sé por referencia de lo que he oído y me han contado que durante más o menos cinco minutos de mi vida me quedé inconsciente.

Estas letras son de agradecimiento a esas personas anónimas que sin temer por su seguridad, bajaron a la vía a rescatarme. Esto demuestra que en estos tiempos de egoísmos, todavía hay personas que ayudan al prójimo sin importar qué tipo de razones.

Así mismo, hago extensiva esta misiva al personal sanitario, vigilantes de Renfe y miembros de Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado, que se volcaron en todo momento por atenderme.

Gracias de todo corazón.

Ni el déficit, ni la deuda

Por Enrique Chicote Serna

El ministro de Economía, Luis de Guindos (Europa Press).

El ministro de Economía, Luis de Guindos (Emilio Naranjo/EFE).

Durante estos últimos años de gobierno conservador hemos venido escuchando machaconamente que si se quería salir de la crisis era fundamental reducir la deuda pública y controlar el déficit presupuestario.

Para conseguir estos dos objetivos, se recortaron los gastos en sanidad, educación, servicios sociales, investigación y desarrollo y se subieron los impuestos, particularmente el IVA. Ahora, cuando ha finalizado con creces la legislatura, vemos cuáles han sido los resultados: España es uno de los países más endeudados del mundo (1,8 billones de euros; casi el 100 % del PIB), con un déficit en las cuentas públicas que supera casi en un punto porcentual el comprometido con Bruselas.

Para salir de esta situación, Luis de Guindos deposita sus esperanzas en el crecimiento económico. ¿Cuál? ¿El basado en salarios muy bajos que impiden tirar con fuerza de la demanda interna, a la vez que aportan cotizaciones  mucho menores a la Seguridad Social provocando un aumento del déficit?

 

Quiero ir a la cárcel, hay médico gratis

Por Marga Alconchel

Una noticia humana sobresale en toda la vorágine de titulares repetidos entre política y masacres terroristas. Según The Financial Times, hace años que en Japón los ancianos cometen pequeños robos para que les lleven a la cárcel. No son grandes cosas, no hay violencia. Simplemente es la causa que necesitan para que les lleven a la cárcel, donde tienen asistencia médica gratuita. La noticia parecería casi una broma si no escondiera una realidad detrás: el 40% de los mayores de 60 años viven solos, los ingresos son bajos y el país es caro.
 
Más de la tercera parte de los hurtos (el 35%) son reincidentes, y no poco: en 2013 el 40% de ellos robaron más de seis veces. Comparado con 1991, una época de bonanza económica, han aumentado un 460%.
 
Imagen del interior de una cárcel (ACN).

Imagen del interior de una cárcel (ACN).

Es un síntoma de una sociedad (la moderna) en la que se estima que hacia 2060 casi la mitad de su población tendrá más de 60 años. Los estándares de vida actuales, los sistemas laborales y la poca protección a las capas no productivas de la sociedad (niños y mayores) están empujando a muchas personas a buscar soluciones desesperadas.

 
Porque ha de ser desesperante que la única solución para tener techo y comida cuando se han cumplido 60 años sea estar en la cárcel. Puede parecer una peculiaridad de la sociedad nipona, pero es un síntoma de lo que puede ocurrir en cualquier lugar.
 
La obsesión por hacer negocio con lo que sea, convirtiendo la salud en un producto más, es contraproducente. No sólo a nivel humano, por el desasosiego y el desamparo. No sólo a nivel social, por el abandono descarnado sobre aquellas personas que trabajaron durante décadas en la creación del status que tenemos todos. También a nivel poblacional: un colectivo empobrecido y enfermo consolida una sociedad y un país empobrecido y enfermo.
 
Los hospitales y la asistencia médica en sí misma, tiene un costo elevado. Las industrias farmacéuticas invierten muchísimos recursos en conseguir fórmulas y productos que mejoren la salud. Las empresas que fabrican maquinaria médica también han de pagar salarios e impuestos. Todo ese coste ha de ser cubierto, lógicamente. Pero hay un punto en que deja de ser beneficio razonable para entrar en usura.
 
No se puede etiquetar la salud, que no deja de ser vida, como un negocio. Un Estado debe proteger la vida de sus ciudadanos, porque ellos son la razón de ser de un Estado. Ningún país existiría, por definición, si no tuviera personas. Por tanto, las personas son lo principal, y han de estar protegidas por las instituciones a las que entregan sus impuestos y en las que delegan la gestión de las cuestiones públicas.
 
Los presupuestos han de contemplar el gasto sanitario como un coste de mantenimiento del país, no como un gasto por culpa de los enfermos. Gastar (invertir) en la salud de la población implica, en poco tiempo, que las cifras se reduzcan porque la población está sana. Mercadear con la salud, privatizar lo que se levantó con el dinero de todos, cerrar hospitales…  es poner el primer motivo para que nuestros mayores (que no son de Japón) empiecen a robar manzanas en los mercados.

Nos pueden dejar sin casa, sin derechos laborales, sin una sanidad digna… pero es otro cantar si nos tocan el fútbol

Por Juan Ponce Rojas

Selección española.

Retransmisión, en pantalla gigante, de la final del Mundial de 2010 en Barcelona. (ARCHIVO)

Quiero con estas palabras definir de como nos va en esta España nuestra.

Nos puede tocar que nos dejen sin casa después de toda una vida luchando por ella. Que nos traslademos a los años 70 con la precariedad de los derechos de los trabajadores. Que nos dejen sin una sanidad digna y nos dejen morir en la sala de espera por falta de recursos o personal.

Que los bancos nos roben con sus elevados intereses. Que tengamos como país una vergüenza en toda Europa por su corrupta clase política

Pero es otro cantar si tocan el fútbol; con este si nos lanzamos a la calle a decir “todos somos la Roja”. ¡Así nos va!

Viviríamos en ‘jauja’ si se cumplieran todas las promesas electorales

Por María Olga Santisteban Otegui

Se dice que se puede vivir en “jauja” en un país soberbio e imaginario donde fluye la felicidad, donde todos y cada uno de nosotros viviríamos sin miedo a enfrentarnos a nuestras obligaciones y preocupaciones de cada día. Esto parece ser que sucedería si se cumpliesen todas y cada una de las promesas que escuchamos decir estos días a los políticos, ya sean “viejos” o “nuevos”, en esta interminable pelea electoral.

Imagen del debate a cuatro el pasado 7 de diciembre (GTRES).

Tenemos tanto donde escoger como en un mercado del alfombras persa, desde las ya repetidas hasta la saciedad promesas de creación masiva de empleo, de un futuro maravilloso para nuestra juventud, mejor educación y sanidad pública y de calidad, lucha contra las desigualdades y un larguísimo e interminable etcétera.

Sería interesante que ya por ley u otro mecanismo oficial, los partidos políticos se viesen obligados a cumplir mínimamente sus programas electorales, y que los ciudadanos no nos sintiésemos estafados después de éstas o aquellas elecciones. No nos olvidemos también de que tenemos ahí siempre a la vieja Europa vigilante, así que, que nadie se pase de la raya prometiendo,  porque luego hay que rendirle cuentas.

A partir del día 21 de diciembre,  ¿seguirá habiendo el mismo número de parados? ¿Podrán regresar los miles de emigrantes que se fueron en busca de un porvenir que aquí no tenían? ¿Se resolverán acaso todos y cada uno de los grandes retos que han prometido solucionar? En definitiva, ¿viviremos en ese ‘país de jauja’ maravilloso y feliz? ¿O nos daremos de nuevo de bruces con la dura y para algunos triste realidad?

Los recortes también pasan factura en el 112 de Madrid

Por Laura Muñiz Pacios

Manifestación por la Sanidad en Madrid (EFE).

Manifestación por la Sanidad en Madrid (EFE).

Soy una nefróloga que trabaja en un centro concertado de hemodiálisis. Cuando un paciente presenta una situación grave que requiere valoración en la urgencia del hospital, he de llamar al 112 o 061 para su traslado, así que he podido comprobar cómo cada vez funciona peor.

Hace poco una paciente ha presentado un sangrado digestivo. Tras realizar una analítica he comprobado que estaba más anémica y que además tenía las plaquetas muy bajas, por lo que podía agravarse. Como la paciente estaba estable, han decidido enviarme una “ambulancia convencional”.
Les especifico que está en diálisis, y ahí es donde deben recogerla. Esto quiere decir que no va acompañada por ningún personal sanitario durante el traslado. El otro tipo es la UVI móvil para pacientes muy graves y no hay punto medio.
Pues bien, tras dos horas y media esperando, y después de haberla reclamado varias veces, me han dicho que ha habido un error y se han llevado a otra paciente de la clínica al hospital. De diálisis no se habían llevado a ninguna paciente, así que imagino que sería de otro lugar de la clínica. Me han ofrecido comenzar el proceso de nuevo y solicitar una nueva ambulancia, sin pedir disculpas, ni asumir en ningún momento ninguna responsabilidad por su parte. Durante todo este tiempo la paciente quizá haya continuado con un sangrado interno.
¿De verdad este es el SUMMA 112 del que tanto se enorgullecen? No dudo de sus profesionales, pero si continúa recortándose y sobrecargando el servicio pronto no será ni la sombra de lo que fue.