BLOGS
Tu blog Tu blog

Este es tu altavoz

Entradas etiquetadas como ‘jovenes’

Alineados por “la ballena azul”

Por Bárbara R.

El juego de la ballena azul (Youtube).

Estamos creando una sociedad en la que generalizamos desgracias tan grandes como los suicidios, porque simplemente se han convertido en algo habitual de nuestros días.

Hace unos meses conocimos el horrible juego que circula entre los jóvenes de nuestra sociedad. “La ballena azul” toma su nombre porque hace referencia a los suicidios colectivos de algunas ballenas, que buscan la orilla para encontrar la muerte. Dentro de la mitología griega se decía que estas se suicidaban porque Neptuno, dios de los mares, las había expulsado.

Este juego online se ha extendido por lugares como Twitter, Facebook, en el que los participantes tienen que superar 50 retos en 50 días, lastimándose ellos mismos, los cuales poco a poco se tornan más macabros, hasta culminar el juego dando su vida por él.

¿De verdad queremos crear una sociedad de alineados por los medios en la que nuestros jóvenes, sean controlados mentalmente por las redes sociales y cualquier persona pueda ejercer un control sobre sus vidas manipulándolos como les venga en gana, a veces, con las peores intenciones?

El autor de este juego macabro nos ha dejado la perla de que nuestros vulnerables adolescentes “son residuos biológicos sin ningún valor”.

El boomerang español

Por Rocío Muñoz

Jóvenes en un parque (Europa Press).

Jóvenes en un parque (Europa Press).

¡Mamá, papá me voy de casa! Esta es una frase que no se escucha en los hogares españoles. Los jóvenes, no sólo tenemos complicado pagar las tasas universitarias, encontrar un empleo en el que no seamos becarios durante dos años y que, por tanto, nuestro sueldo no sea irrisorio, sino que, ahora hasta los treinta casi no nos podremos independizar y empezar a “vivir nuestra vida”, porque el único sitio al que nos podemos ir a sobrevivir, económicamente hablando, es la casa de muñecas que nos regalaron cuando teníamos seis años.

A diario, nos dicen que somos el futuro del país, y que debemos devolver a España aquella magnifica frase que decía “España va bien”. Sin embargo, no nos lo ponen fácil. No hay muchas ayudas para el acceso a la primera vivienda, hay una alta tasa de paro juvenil y cuando se tiene empleo los sueldos son precarios. Creo que la frase que más van a escuchar en los próximos años será ¡Mamá, papá, vuelvo a casa, porque España no va bien!

Mi enhorabuena a la derecha española, que ha ganado sin esfuerzos

Por Elena Gracia

Lamentable, no se puede decir nada más. La izquierda desunida como siempre ha permitido que la derecha vuelva a ganar.

Empezando por el PSOE que priorizó sus negociaciones con el centroderecha de Ciudadanos, aconsejado por sus líderes de Andalucía y Extremadura, que más bien parecen hermanos de Ciudadanos que socialistas, y que en ningún momento primaron sus conversaciones con Podemos o IU.

Siguiendo por Podemos, que prefirió ir solo a las primeras elecciones, sin contar con IU, y que luego se dedicó a llenarse la boca diciendo que eran los vencedores.

Mariano Rajoy junto a su mujer, Soraya Sáenz de Santamaría y Fernando Martínez Maillo, en el balcón de Génova (EFE).

Mariano Rajoy junto a su mujer Elvira, Soraya Sáenz de Santamaría y Fernando Martínez Maillo, en el balcón de Génova (EFE).

Creo que de la izquierda que tenemos en este país el único discreto ha sido Garzón. Qué pena, qué defraudada me siento. Siempre he votado y votaré a la izquierda. No voy a votar a la derecha con lo que le ha hecho a nuestros jóvenes, con unos contratos lamentables, cobrando una porquería y sin posibilidad de emanciparse salvo que decidan irse debajo de un puente o fuera de España a buscarse la vida, que ignora las ayudas sociales, por no hablar de su comportamiento en el poder haciendo y deshaciendo a su antojo.

Ya me sentí defraudada cuando esos dirigentes socialistas empezaron a atacar a Podemos y crearon una brecha. Si anteponemos las opiniones personales al interés de los ciudadanos tal vez no sirvamos para representarlos. ¿Alguno de los políticos se ha planteado esta cuestión en alguna ocasión, o todos ellos se consideran válidos, eficaces e insustituibles? Demasiado ego para mi gusto, poco altruismo, muchos intereses particulares.

Después Podemos decidió que estaba muy herido porque el PSOE había preferido pactar con Ciudadanos. Tal vez allí si hubiéramos dejado el ego y hubiéramos permitido que el PSOE gobernase se le hubiera podido meter caña en el Congreso con todos esos escaños y luchar para mejorar la vida de los españoles, pero de nuevo fue más importante demostrar la fortaleza del partido frente a los intereses de los ciudadanos y ahora recogemos las consecuencias. Hemos tenido que ir a otras elecciones. Y con los votantes descontentos, desencantados y decepcionados.

Y estaba claro que la derecha, que votan como buen rebaño siempre unidos, aunque había hecho un pequeño escarceo con el centroderecha, han vuelto a su redil y no solo eso, además cinco escaños del PSOE se han ido al PP.

Enhorabuena a la derecha española, han ganado sin hacer nada, la izquierda de nuevo les ha dado la victoria. Rajoy ha sido más listo de lo que parecía, solo ha tenido que utilizar su táctica: esperar.

Hemos dejado pasar delante de nuestras manos la posibilidad de cambiar el color del país, ahora tendremos que esperar cuatro años más, nuestros jóvenes tendrán que seguir con sus precarios trabajos. Felicitaciones a los dirigentes de izquierdas por hacer el trabajo sucio.

Lamentablemente dentro de unos años se podrá analizar este tan penoso momento en que decidimos comportarnos como niños malcriados y caprichosos pretendiendo tener el poder para nosotros solos y de esta forma lo perdimos.

¿Quién protege a los mayores de 30?

Por Cristina Ballester Martínez
Oficina del INEM.

Dos personas en una oficina del INEM de Madrid. (EFE)

Soy una mujer de 33 años licenciada en Periodismo. Desde pequeña se me ha inculcado el valor que la formación académica tiene en el mercado laboral, por eso acabado el colegio la universidad era la parada obligatoria. Con mi título bajo el brazo trabajé algunos años en departamentos de comunicación y medios. Sin embargo, fui la primera en irme a la calle cuando los datos económicos comenzaron a empeorar.

Siguiendo la pauta que se me había dado en mi más tierna infancia continué formándome para conseguir un empleo. Sin embargo, he descubierto que la educación que se me dio choca frontalmente con lo que hoy se valora en esta sociedad.
La ley no me considera lo suficientemente mayor ni ya tan joven como para recibir cualquier tipo de ayuda. Carezco de discapacidades y, por aquello del sentido común, no tengo hijos que no pueda mantener. Engordar las filas del INEM ha hecho que viva con mis queridos progenitores, ya que nunca me ha alcanzado el sueldo para un piso propio. Y a estas alturas del camino, agotando los últimos meses de paro, y sin que mi teléfono suene a pesar de las miles de acciones que llevo a cabo para conseguir un empleo, me veo desprotegida.
Me siento ciudadana de segunda, o incluso de tercera, al saber que no cumplo ninguno de los requisitos para ser beneficiaria de una de las ayudas económicas que nuestro gobierno otorga. Aún peor me hace sentir el que los trabajadores de las administraciones públicas me insinúen, cada vez que pido información al respecto, que al tener padres no tengo derecho porque se supone que ellos se hacen cargo de mí.
¿Dónde está escrito, en la Constitución o cualquier otra norma legal, que el Estado puede darme de lado? Es más, ¿cómo puede sentirse una mujer de 33 años que ha cotizado, ha trabajado y desea volver a hacerlo, pidiéndole a sus padres jubilados dinero?
Entiendo que hay situaciones complicadas, que hay que proteger a los niños y a los mayores. Sin embargo aquellos que hemos nacido y crecido en este país, los que no nos hemos endeudado por encima de nuestras posibilidades, que nos hemos formado, que hemos tenido el sentido común de no ser madres solteras, los que hemos luchado por un trabajo digno, que nos esforzamos a diario, todas esas personas como yo no tenemos derecho a subsidios, ni a ayudas de emergencia, ni a planes de empleo. Entonces a nosotros, ¿quién nos protege?

¿Quién regula la situación de los becarios?

Por Judith Salmerón Morán

Una chica becaria en una empresa (ATLAS).

Una becaria en una empresa (ATLAS).

Parece mentira lo poco que le interesa a cada gobierno y cada partido político la situación de los jóvenes universitarios. Jóvenes que, recuerdo, serán el futuro de este país.

Vergonzosos contratos de prácticas que se renuevan hasta los seis meses para después rescindirse y que el empresario vuelva a coger a otro. Y así sucesivamente; siempre sin contratarles. La pescadilla que se muerde la cola. Horarios ilegales, aportaciones económicas de 400€ los que más suerte tienen, sin derecho a vacaciones…

Esta es la única forma que tienen los jóvenes hoy en día de conseguir experiencia. Los que no quieren pasar más por este aro tienen que conformarse con trabajos para los que están sobrecualificados. ¿Y quién regula esta situación? Nadie.

 

¿Y para qué estudiar tanto? ¿Cuántos políticos no tienen carrera ni idiomas?

Por Raquel F.
Selectividad

Selectividad en la Universidad Complutense de Madrid. (JORGE PARÍS)

“¿Y por qué tengo que estudiar tanto?” “¡Y esto no ha hecho más que empezar!” Después de la temida selectividad aún me queda la doble licenciatura, porque una ya no es suficiente, el o los másters y uno no, dos o tres idiomas que controle.

Esto mismo pasa por la cabeza de miles de estudiantes que, como yo, ven que tienen que estudiar y estudiar para conseguir un trabajo. Y si quieres trabajar de lo que te gusta será más fácil si te vas al extranjero.

 La cosa es que los que nos exigen todo esto no lo cumplen. ¿Cuántos políticos no tienen la carrera de lo que están ejerciendo? ¿Cuántos ni siquiera hablan un idioma? La respuesta todos la conocemos. Por eso, antes de exigirnos tantísimo a los jóvenes, deberían aplicarse el cuento y dar ejemplo a las generaciones que llegamos.

Al hablar de desempleo, ¿qué hay de los que tenemos más de 40 años?

Por Xisco Marín Nadal

Cola en una oficina del INEM.

Cola en una oficina del INEM. (EFE)

Lejos de ser un tópico es una de las realidades que estamos sufriendo hoy en día muchos de nosotros. A mis cuarenta y seis primaveras me encuentro en una situación que nunca imaginé: estar sin empleo desde los cuarenta y uno. He llevado personalmente el CV, lo he modificado varias veces, estoy en varias páginas de empleo por internet, inscrito en agencias públicas y privadas de colocación. Una serie de herramientas que imagino también habréis utilizado.

En esta situación nos hacemos muchas preguntas sin obtener respuesta alguna, lo que hace aumentar nuestra desesperación y nuestra ansiedad. ¿Por qué no tengo un hueco en esta sociedad? ¿Qué he hecho yo para merecer esto? ¿Sirve de algo lo que estoy haciendo? ¿Por qué no me llaman? Eres lo más cuestionado, pero por ti mismo. Estas preguntas son el reflejo de cómo uno se siente después de utilizar todo lo que el sistema nos da para, en teoría, hacernos más accesibles a ese empleo que nunca llega. La impotencia es tal que te pasan auténticas locuras por la cabeza. No ves salida ninguna, pero la mayoría de nosotros nos sobreponemos y no las llevamos a cabo.

Me considero joven, con ganas de trabajar, con una dilatada experiencia laboral, con más o menos estudios pero con conocimientos que sólo con el tiempo se adquieren, con las ideas muy claras y con las ganas más grandes del mundo de aprovechar una oportunidad. No pierdo la esperanza, pero soy consciente de que a partir de los cuarenta no somos lo suficientemente atractivos para las empresas. Laboralmente hay varios grupos en los cuales por la edad hay una serie de descuentos y/o ventajas para las empresas y los que nos corresponden a nosotros son insuficientes para que seamos “apetecibles” laboralmente hablando. Cuando hablan del desempleo en los medios siempre oímos hablar del paro juvenil, el primer empleo, la prejubilación, etc. Pero, ¿qué hay de los que tenemos de cuarenta para arriba? Apenas nos mencionan.

Somos muchos y valemos mucho, solo pedimos una oportunidad, que nos permitan reciclarnos. Todos tenemos ese derecho. Si no, ¿cómo vamos a hacerlo? ¿Pagándonos el reciclaje con un dinero que no tenemos? Creo que el presupuesto dedicado a política social, en concreto el de formación y empleo, podría ser más equitativo y justo con nosotros. De esta manera las posibilidades de tener esa oportunidad que tanto deseamos serían mucho mayores. Mis palabras no son más que los sentimientos de una persona que día a día lo pasa muy mal para salir adelante. Espero que algún día esta carta pueda ser leída por todos vosotros y podamos compartir todo esto que tanto nos afecta pero que tanto nos une.

Educación básica: los jóvenes que ya no ceden el asiento

Por Ane Santiago Quintas

Viajeros en un vagón de metro (Jorge París).

Viajeros en un vagón de metro (Jorge París).

Me llama la atención cómo la gente joven va perdiendo algunos valores que para mí, mujer joven también, son básicos.

Cada vez más a menudo me encuentro con escenas en el transporte público donde a adolescentes y a jóvenes algo más mayores se les tiene que llamar la atención para que cedan su asiento a una embarazada o a personas mayores, porque ellos no parecen inmutarse frente a esas circunstancias.

Yo soy la primera que está cansada y me apetece sentarse, pero creo que la educación y la empatía, aunque no las enseñen en la escuela, deberían estar por encima de todo.

 

 

No encajamos

Por Tania Cucicea

Soy una joven de 22 años, estudiante de Derecho, extranjera, desempleada. Me he suscrito a mil páginas de empleo: Studentjob, Infojobs, Jobomas… Todas prometen lo mismo: empleo para jóvenes sin experiencia, horario compatible con los estudios…

Un grupo de estudiantes universitarios en una biblioteca (Archivo).

Un grupo de estudiantes universitarios en una biblioteca (Archivo).

Entras emocionado y encuentras una oferta que se adapta a tus necesidades, una oferta que requiere gente joven, inglés, don de gentes. Mandas el CV, les escribes una carta de presentación en inglés para que demuestres que de verdad lo hablas para que a los cinco minutos recibas un email que diga: «Lo sentimos, no encaja en nuestra oferta». Y ya. No encajo…¿Acaso no soy joven o no hablo el inglés?

Siempre digo que la generación que viene será una generación de inútiles. Y no por nuestra culpa, sino porque no nos dan oportunidades. Dicen que no requieren experiencia, pero luego cogen al señor de 45 años que tiene experiencia.

Señores, ¿cómo quieren que los jóvenes ganemos experiencia si no nos dan oportunidades? ¿Cómo quieren que aprendamos si cada vez que luchamos por conseguir un trabajo nos cierran la puerta en la cara? ¿Por qué nos arrebatan la oportunidad de aprender?

Los mayores dicen que hoy en día se necesitan idiomas para conseguir trabajo. No es verdad, yo hablo tres (incluido el español), no tengo título para el inglés, pero lo llevo aprendiendo desde los seis años. Me sacaría el título pero para eso se necesita dinero, para conseguir dinero se necesita trabajo… Me he vuelto pesimista… ¿Llegará el día en el que me pueda pagar el examen para que demuestre que de verdad hablo el inglés? ¿Cuánto puede demostrar una nota? Y seguiremos igual: «Usted no encaja».

No estamos contentos con nuestro trabajo

Por A. Cases Monge

215923-943-629

Grupo de personas en su trabajo (ARCHIVO)

Los jóvenes que estamos en edad de trabajar y tenemos “la suerte” de poderlo hacer, no nos sentimos afortunados ni estamos contentos con nuestros trabajos. La mayoría ocupamos puestos de trabajo por debajo de nuestra formación, cobrando sueldos miserables, ahora el mileurista es el rico de la pandilla. Pero el dinero no es el problema, el problema es el sistema empresarial y cómo se trata al trabajador.

Eres una pieza más del engranaje que en cualquier momento se puede sustituir. Trabajar con esta sensación acaba en desmotivación e indiferencia, ahora se le llama zombificación laboral o despido interior. Huyes del compromiso, pasas por alto la participación, escapas de tu equipo y te resignas a malvivir en un entorno productivo con el cual has construido una relación insatisfactoria, después de una prolongada y variable secuencia de vivencias laborales negativas.
Porque somos jóvenes nacidos a la era digital donde todo se comparte y todo el mundo tiene voz y voto, por eso no podemos encajar en este tipo de empresas. ¿Qué nos queda? Aceptarlo y morir en vida trabajando, ir cambiando de trabajo o intentar cambiarlo desde dentro.
En Barcelona hay una empresa donde no tienen horario ni jerarquías, trabajan por objetivos y la felicidad del trabajador es primordial para la empresa. Los trabajadores se implican y se sienten parte de la empresa. ¿No es mejor tener un empleado que haga 25 horas semanales, cumpla los objetivos y sienta que la empresa en parte también es suya?
Este sistema funciona, está comprobado. Entonces ¿por qué solo hay una empresa en todo el Estado que sea así? ¿Os imagináis qué tipo de sociedad seríamos yendo contentos a trabajar?