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Aprender a ser más tolerantes como propósito para 2014

Por Yoselyn Marcano

Puerta del Sol. (EFE)

Puerta del Sol. (EFE)

Usualmente nos proponemos muchísimas cosas para comenzar el nuevo año con buen pie, como adelgazar, conseguir el éxito, pasar más tiempo con la familia, un nuevo coche, etc. Utilizando todos estos propósitos como medios para alcanzar lo que solemos llamar felicidad, sin darnos cuenta que estos no son los medios adecuados. Por ello propongo como propósito de año nuevo, “comenzar a buscar la humanidad que hemos perdido entre el consumismo, la falta de valores y la violencia”; reconozco que es un camino largo y difícil de recorrer, pero con constancia todo es posible.

Como primer paso deberíamos aprender a ser más tolerantes, entender que todos utilizamos lentes diferentes para ver la vida e interiorizar que no debemos ofendernos por nimiedades o desacuerdos, sino relajarnos y asumir que cada uno tiene su propia verdad.

Como leí en uno de mis libros favoritos, “la civilización no es más que un fino barniz sobre el estado animal de la naturaleza humana”, no dejemos que este se desgaste y salga lo peor de nosotros. Les invito a traer a nuestra humanidad de regreso que eso es lo que nos hace diferentes.

6 comentarios

  1. Dice ser ANTONIO LARROSA

    ¡Mas tolerantes aún? ¿Debemos tolerar más mentiras?¿ Debemos tolerar mas injusticias?¿ Acaso hemos de agachar la cabeza cuando nos lleguen los recibos de la luz sin rechistar?
    ¿Tenemos que aplaudir a los que nos roban el bienestar social haciendo recortes en sanidad, enseñanza , obras públicas y llevándose el dinero de nuestro impuestos a manos llenas a sus bolsillos? ¿Tenemos que sentirnos racistas cuando nos roban los inmigrantes si protestamos? ¡No sigo porque me pongo malo y no quiero terminar el año en cama con cuarenta de fiebre, Pero sepa usted que mi comprensión, mi resignación y mi paciencia esta al limite con tres hijos parados viviendo de mi exigua pensión , así que no me hable de aguantar con más tolerancia que todo tiene su limite y así empiezan muchas cosas malas en la historia..

    30 Diciembre 2013 | 17:32

  2. Dice ser No estaría mal

    Mal empezar con medidas que recortan las libertades y merman el nivel de vida de los ciudadanos.

    30 Diciembre 2013 | 18:19

  3. Dice ser culturetaprogre

    efectivamente yo pido a 2014 que los rojillos respeten que el pp ha sacado democraticamente mayoria absoluta y les dejen gobernar sin tanta manifestacion y tanto escrache y tanta violencia de la misma forma que cuando gana el psoe se permite que gobiernen, tambien pido tolerancia para con la iglesia catolica que tantos insultos y menosprecios recibe y pido tambien al 2014 que esa desgraciada religion que trata de imponerse con guerras santas y terrorismo sea mas tolerante y deje de asesinar cristianos que deje de poner bombas delante de las iglesias y que deje de humillar a las mujeres obligandolas a ir vestidas por la calle como si fueran sacos de patatas.

    30 Diciembre 2013 | 18:21

  4. Dice ser realidad

    Mi libertad se termina donde empieza la de los demás

    Jean Paul Sartre.

    Cual es el problema por el cual los españoles no entienden una frase tan sencilla?

    30 Diciembre 2013 | 18:49

  5. Dice ser LINCE 1

    Estoy hasta los huev.. de ser tolerante. Tolerante con un Gobierno mentiroso que nos roba todo. Tolerante con unos empresarios (me refiero a los grandes empresarios) que apenas pagan impuestos y que ponen sueldos miserables; tolerante con una Iglesia intolerante y agresiva. Tolerante con los sobresueldos, con los privilegios, con los políticos corruptos, con los pesebreros que los defienden. Tolerante con los fachillas (digo fachillas porque ellos dicen rojillos), con los que todavía ensalzan el franquismo. Tolerante con quien tiene la osadía de imponer una ley de inSeguridad Ciudadana; tolerante con los que meten la religión (la suya, claro) en ovarios ajenos. ¿Tolerancia, dicen? Si en este país no tuviéramos una paciencia de santo, ya habría ardido Troya.

    30 Diciembre 2013 | 21:20

  6. “En España nos encontramos técnicamente en estado de secuestro en cuanto al ejercicio de los derechos civiles. No podemos obrar con libertad para cumplir nuestras inquietudes personales, ni podemos cambiar las condiciones del entorno para logar, finalmente, poder hacer lo primero.

    Como todo sujeto rehén de un secuestro, nuestra vida ha dejado de tener sentido propio y ya solo sigue el curso impuesto por terceros. Y dado que las cosas no son como siempre nos parecieron sino que ahora son como nuestros captores nos dicen que realmente son, hemos de encogernos de hombros y aceptar de buen grado lo que se nos dice, que hay que renunciar a principios y valores que siempre fueron sagrados, que interioricemos que realmente resulta necesaria una merma de la calidad de la vida pues nuestro estándar era muy elevado, y que encajemos con deportividad una degradación innecesaria de los servicios públicos.

    Como tantos secuestrados estamos al borde de sufrir un shock emocional que afecta a la comprensión racional de la realidad. Estamos expuestos a sufrir eso que se conoce como síndrome de Estocolmo que puede llevar a bloquear el aparato perceptivo, modificar la capacidad de análisis y neutralizar la voluntad para poner en pie una revisión crítica de aquello que nos acontece. El síndrome de Estocolmo es una respuesta disfuncional que hace que el sujeto dominado por la fuerza asuma las posiciones del sujeto dominador para dar salida al estrés que supone el haber perdido la autonomía.

    Y cuando esto ocurre, como es el caso del estado avanzado del secuestro que sufrimos, la soberanía del individuo frente a los poderes se diluye como un azucarillo y ya no nos parece sino un cuento feliz que nuestra mamá nos contaba para hacernos más reconfortante el sueño. Los estándares de vida ligados al disfrute de techo digno, trabajo responsable y convivencia moralizante quedan trasnochados entre todas las expectativas de la inocencia perdida de una juventud alocada e ignorante. El esfuerzo colectivo coordinado para el disfrute de servicios de salud, ayuda a los más dependientes, educación, movilidad, deporte, etc dejan de ser realidades de nuestra vida y se transforman en excentricidades de rico, en ensueños imposibles y hasta en exigencia soberbia de modos de vida que no están hechas para nosotros.

    Porque en el estado de secuestro, inermes e imposibilitados, comenzamos a comprender primero, a aceptar después y hasta apoyar las razones que llevan a nuestros captores a forzarnos por nuestro bien a esta nueva realidad. Aceptamos salarios de mierda porque no somos competitivos (aunque la competitividad tiene poco que ver con la retribución salarial). Convivimos con la imagen feudal que desprende el lugar donde reposan nuestra soberanía, el Parlamento sumido en una barricada, separado de los ciudadanos por un foso metálico como el castillo feudal de los siervos y por las mismas razones de seguridad (de seguridad de quienes están al otro lado de la valla perenne que lo rodea). Hemos oído tantas veces las alabanzas de la gestión privada de los servicios públicos, que hay quienes ya albergan dudas sobre la auténtica intención escondida tras la persecución implacable hasta la eliminación de los mecanismos de ayuda colectiva y solidaridad intergeneracional, pues en esto consisten los servicios públicos creados y gestionados por el estado.

    Nos secuestraron cuando con argucias y zalamerías que muchos querían oír (todo va a ir bien, basta con que cambie el gobierno dijeron sin esforzarse mucho más). Consiguieron maniatarnos con mayoría en el parlamento transmitida a todo tipo de ente, agencia o poder subalterno. A partir de ese momento comenzó la tortura sicológica de la mentira, la tergiversación, la negación de los hechos, la burda creación de mundos paralelos, la exaltación de lo inane.

    Nos han mentido tanto en todo, con tanta intensidad, constancia y perfidia que ahora estamos al borde del síndrome de Estocolmo. A punto de aceptar su discurso: que ya salimos de la crisis, que los males que nos aquejan además de estar identificados están a punto de ser erradicados, que los culpables de lo ocurrido van a recibir su merecido. Y nosotros, bajo el síndrome de Estocolmo, reaccionamos con credulidad y hasta con euforia. De hecho ya hay quienes les desbordan: Populistas, etnicistas, homófobos, victimistas…”

    Artículo de Emilio Jurado | Director de CDIEM
    nuevatribuna.es | 31 Octubre 2013

    30 Diciembre 2013 | 22:53

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