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Preventorios: “Al que se daba la vuelta en la siesta sin darse cuenta se le sacaba de la cama y se le pegaba”

Por Antonio Zapata.

Yo estuve allí en el verano del 58. Salí un día todo ilusionado rumbo a Tarragona para ver el mar. Mi primer mal trago fue en el tren: me subieron en el falso techo del pasillo con una manta para pasar la noche, no cayeron en que teníamos que orinar, por lo que lo hice en el mismo sitio y supongo que le caería al que estaba en el suelo del pasillo.

Llegamos al preventorio; nos extrañó que los veteranos nos cantaran “novatos de pre” y nos decían “diez días pa la vía”, aparentando estar muy contentos por el poco tiempo que les quedaba allí. Nosotros íbamos con ropa nueva, ellos iban andrajosos, ropas descoloridas y alpargatas rotas, pues a la hora nos quitaron la ropa nueva y nos dejaron prácticamente como a ellos.

Nos bajaban todos los días a la playa pero ¿podéis creer que en tres meses me bañé cuatro veces de cinco minutos y otra vez para hacerme una foto que aún conservo? Tengo cinco hermanos de los cuales tres fuimos al preventorio nacional antituberculoso. Yo a la Sabinosa y mis hermanas a Guadarrama, dos de los cuales a los quince años caímos en dicha enfermedad. Mi hermana estuvo un año ingresada en un hospital en San Rafael y yo año y pico en otro hospital en el Escorial (y eso que era preventorio).

Un día en ese lugar era así: nos levantábamos temprano, nos lavábamos con un agua no potable que olía fatal, nos sacaban a la calle en formación y cantábamos el “cara al sol”. De allí a desayunar un plato de sémola, con mucho asco porque muchas veces encontrábamos gusanos dentro. De allí a misa y de misa a la playa vestidos. Nos ponían al final de la arena a jugar sentados, muchas veces en formación con la cabeza agachada, castigados por cualquier motivo o porque molestábamos a la cuidadora, que estaba leyendo un libro. De allí a beber agua: eso sí que era una odisea. Solo había tres grifos de agua potable en todo el recinto y nos llevaban a todos a la vez. A muchos no les daba tiempo ni a mojarse los labios y ahí daban “ostias a diestro y siniestro” porque había que beber después de estar toda la mañana a pleno sol; después nos ponían a la sombra a pasar la insolación hasta la hora de comer, en la puerta del comedor se ponía el instructor, un señor que para sargento de la Legión hubiera valido y no para tratar con niños, pasaba revista sobre todo de las cuerdas de las zapatillas que se rompían con sólo mirarlas. Una vez dentro siempre había algún niño que había dicho alguna palabrota, pues le sacaban al centro y delante de todos le daban aceite de ricino que después le hacían vomitar delante de todos los que estábamos allí esperando nuestro plato así que se puede imaginar el cuerpo que se nos quedaba. Por cierto, la comida era mucha cantidad pero asquerosa.

La siesta era otra odisea. Tenías que dormir de espalda a la cuidadora, que se ponía en un extremo del dormitorio con el dichoso libro; al que se daba la vuelta sin darse cuenta se le sacaba de la cama y se le pegaba. El pobre niño no sabía por lo que era. Una vez levantó a uno y se lio con él a zapatillazos en la boca, parecía que se había vuelto loca. El niño echaba sangre como un becerro, la cuidadora se asustó, creía que lo había matado. Me mandó a mí que le tapara la boca con una sabana para que no echara sangre. Después de la dichosa siesta nos mandaba a hacer nuestras necesidades, ya que para eso teníamos nuestro horario, después nos llevaban a la iglesia a rezar el rosario que se hacía interminable por la calor que hacía y después nos llevaban al monte. No nos hacían andar mucho por que el lema era hacer el mínimo ejercicio. Si nos portábamos bien nos dejaban andar, no correr.

Yo me pasé los tres meses buscando caracolas pequeñas para hacer un collar a mi madre pero un día de mala leche de la cuidadora, me abrió la mesilla y me las pisoteó todas. Eso me sentó muy mal. Si no me sujetan me tiro a por ella y por eso me pusieron un castigo de un mes sin bañarme en el mar, lo cuál no me importó demasiado ya que apenas nos dejaban bañarnos, aunque como niño que era sí que hacía ilusión. Después del monte, a cenar el famoso plato de sémola, luego a la cama y al día siguiente igual.

Un día fue diferente: nos dieron zapatos y ropa nueva. No sabíamos por qué era. Nos llevaron a Tarragona a los toros, pienso que si no había otro espectáculo mas adecuado para niños pequeños. De todas maneras se agradecía salir del preventorio. Teníamos un campo de fútbol precioso, con su tribuna y sus gradas pero nunca se utilizó por que allí como ya he dicho la actividad era la mínima para así poder engordar y traer un buen color de vuelta a Madrid.

Vacunas no sé cuantas nos pusieron, perdí la cuenta. Un día sí y otro también. Yo no estaba enfermo.

Había un director que tenía un chalet y allí tenía muchos hijos a los que veíamos pasar delante de nosotros con sus bicicletas, nos daban mucha envidia. Luego estaba el instructor, después monjas y por último las cuidadoras. Nos enseñaban canciones para cuando llegáramos a Madrid alabando las colonias, cuando fue un suplicio que no se lo deseo a nadie.

Lo mal que lo pase la mili en el Goloso, en comparación, sí que eran vacaciones.

5 comentarios

  1. Dice ser Carla

    ¿Que tenían en la cabeza estos supuestos “educadores”?

    Carla
    http://www.lasbolaschinas.com

    24 Septiembre 2012 | 15:55

  2. Dice ser Julian Martinez

    ¿Y ahora por qué os da por sacar estos temas que a nadie interesan?

    24 Septiembre 2012 | 16:41

  3. Dice ser Irene Lapeña Peixoto

    ¿a nadie interesa? vaya de que pasta estarás hecho Julian.Antonio a mi como a miles de personas si nos interesa,siento mucho que pasaras por ese infierno,ojalá que la vida te diera después cosas y gente buena,yo tambien soy una victima de el preventorio de guadarrama,te comprendo muy bien.

    25 Septiembre 2012 | 0:38

  4. Dice ser Jorge

    Conozco a mucha gente que ha estado en el preventorio de Guadarrama y nadie dice las barbaridades y mentiras que contais. Si quereis ganar fama y dinero facil meteros al gran hermano, pero dejar de decir sandeces.

    25 Septiembre 2012 | 11:00

  5. Dice ser M@ry

    Deberiais de tener mas respeto por las personas que han vivido casos como estos! gracias a dios nadide mi familia ha pasado por algo parecido ya que nunca fueron a ningun preventorio. Pero aun asi es vergonzoso que acuseis a estas personas de querer fama!!! no he leido cosa mas ridicula… dar gracias porque esa gente que conoceis y que fue a Guadalrrama no haya pasado por ello… aunque viendo la solidaridad de personajes que leo por aqui los pobres a lo mejor han preferido ni contarlo…

    30 Septiembre 2012 | 7:44

Los comentarios están cerrados.