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La caja registradora post mórtem de los Beatles sigue funcionando: “Magical Mistery Tour”

24 octubre 2012
"Magical Mistery Tourt" Collectors Box

“Magical Mistery Tourt” Collectors Box

Aunque la caja registradora no deja de sonar en el negocio post mórtem de ganancias más abultadas de toda la historia, los propietarios de la marca The BeatlesPaul McCartney, ese tipo vegetariano y magnánimo que sólo cobró 1,6 euros por vender ideología consoladora y patriotera en la apertura de los Juegos Olímpicos;  Ringo Starr y las viudísimas Yoko Ono Lennon y Olivia Harrison— no están dispuestos a que los ingresos dejen de fluir.

Apple Corps Ltd, el holding que administra el legado del mejor grupo de música pop de todos los tiempos, tiene un equipo legal que no deja escapar ninguna oportunidad de engordar la cuenta de resultados, sea demandando a Nike por usar una canción en un spot o a la otra Apple, el monopolio tecnológico, por apropiación de nombre y logotipo.

En el segundo caso, los milmillonarios se entendieron y ambas empresas, la de los Beatles y la del también difunto con posibles Steve Jobs, se aliaron a finales de 2010 para sacar tajada juntos a través de la tienda online iTunes. La santa alianza entre el par de manzanas ha sido uno de los grandes pelotazos financieros del siglo XXI: dos meses después de que el catálogo beatle saliera al mercado, Apple —la de Jobs— había despachado cinco millones de canciones y un milón de álbumes.

Los cuatro 'beatles' en 1967

Los cuatro ‘beatles’ en 1967

Así las cosas y pese a que los exbeatles o sus herederos sólo reciben, según los países de los que se trate, entre un 33 y un 50% de las regalías generadas por sus canciones —el resto se lo lleva la empresa montada por la multinacional Sony y Michael Jackson, que en 1985 compró parte de los derechos de 250 temas del catálogo de Lennon y McCartney por 36,5 millones de euros—, John Lennon (es decir, su avatar Yoko Ono) es uno de los muertos que más dinero gana desde el más allá: en 2009 ingresó 15 millones de dólares según Forbes (dos años antes fueron 44 millones). George Harrison, cuya contribución como compositor era muy pobre, más o menos una canción por álbum, tarifó 22 millones de 2007 por el pleito contra la discográfica EMI por regalías imapagadas.

Con unos mil millones de discos vendidos en todo el mundo, los Beatles son, empatados con Elvis Presley, los artistas más comerciales de la historia. La explotación de su exiguo catálogo —sólo existieron como grupo diez años, de 1960 a 1970— ha sido intensiva y despiadada desde finales del siglo XX: un aprovechamiento cruel del cariño con que los viejos y nuevos fans recuerdan la inigualable carrera de los Fab Four.

The Beatles Stereo Box Set (2009)

The Beatles Stereo Box Set (2009)

Si el proyecto Anthology (1 | 2 | 3), editado entre 1995 y 1996, jugaba con el factor arqueológico y permitía descubrir, pagando una buena pasta (ahora anda por 85 euros), la manera altamente creativa en que trabajaba el grupo en el estudio (aunque también cometía el pecado de la necrología publicitaria al manipular una maqueta de Lennon y resucitarlo tocando con los beatles vivos), la edición remasterizada de todos los discos del grupo en 2009 (140 euros, en principio costaba casi lo doble), que publican en vinilo el 12 de noviembre, con t-shirt incluida (230 euros), era una engañifa para exprimir a los hijos y nietos del público incondicional de la banda. Clientes que, por cierto, sólo debían buscar en la discoteca familiar para encontrar los mismos discos y con mejor sonido.

Aún peor fue el pobrísimo proyecto Love (2006), un mix montado para un espectáculo en Las Vegas del Cirque du Soleil que permitió a Sir George Martin —productor del grupo— conseguir un buen trabajo para su hijo Giles.

Cubierta original del doble EP "Magical Mistery Tour", 1967

Cubierta original del doble EP “Magical Mistery Tour”, 1967

La última operación de ordeño de la agotada vaca llega ahora con la publicación y lanzamiento con fanfarria de Magical Mistery Tour, que en su edición de lujo para coleccionistas cuesta 53 euros (gran gancho: ¡un clip de 2:30 minutos titulado Ringo the actor, donde el batería reflexiona sobre su pasión por la actuación!). La película ya se ha estrenado en algunos cines de los EE UU. En España no hay fecha.

Aprovechando la jugada de McCartney, Ono, Harrison y Starr, que escamotean la avidez dineraria tras la presunta celebración del 45º aniversario del estreno de la película y el disco, hablemos de uno de los proyectos más descabellados de la factoría de sueños beatle: Magical Mistery Tour, una película desastrosa que produce vergüenza ajena y una casi perfecta colección de canciones.

Para empezar un trailer promocional. No es necesario creer lo que ofrece: se trata de publicidad.

La película que reeditan, de una hora de duración, fue estrenada el 26 de diciembre de 1967 —el boxing day de los británicos— por la BBC. Aunque los créditos atribuyen la dirección a los cuatro beatles, el film fue una idea de McCartney, que llevó la voz cantante y se encargó del guión (que había escrito, en abril del mismo año, durante un vuelo transoceánico entre los EE UU e Inglaterra), la puesta en escena y la realización.

Con muy poca maña cinematográfica, Magical Mistery Tour cuenta el atribulado y surreal viaje en un autobús Bedford —por supuesto, made in England— de un grupo de personas entre las que están los Beatles y algunos de sus colaboradores. No hay mucho más que contar. La historia es una deshilvanada sucesión de disparates y el resultado final deja al espectador una muy certera sensación de que acaba de ver el capricho de unos millonarios que se aburren y creen, dada su genialidad musical, que también pueden hacer cine.

Foto fija del 'clip' de "I am the walrus" en "Magical Mistery Tour"

Foto fija del ‘clip’ de “I am the walrus” en “Magical Mistery Tour”

La mayor parte del rodaje —que se les fue de las manos: 11 semanas de duración y diez horas de metraje— tuvo lugar en una base aérea abandonada de Kent en un momento de transición para el grupo: su descubridor y agente, Brian Epstein, había muerto en agosto de 1967 por una ingesta de barbirtúricos que oficialmente fue determinada como accidental;  acababan de conocer al falso santón Maharishi Mahesh Yogui, a cuya disciplina sectaria se apuntaron con entusiasmo inicial para descubrir bien pronto que el gurú sólo quería dinero y sexo —a Harrison le importó poco y siguió siendo fiel hasta la muerte al embacuador—, y el tremendo esfuerzo de Sgt. Pepper’s Lonely Hearts Club Band (junio de 1967), que les había dejado en una encrucijada creativa.

El estreno de la película en televisión fue recibido con unas merecidas muy malas críticas. Incluso la prensa británica aquejada de beatlemanía se preguntó qué pretendía el grupo con aquel ejercicio absurdo y pedante.

Interior del doble EP de "Magical Mistery Tour"

Interior del doble EP de “Magical Mistery Tour”

La música es otra cosa. El doble extended play inicial con la banda sonora de Magical Mistery Tour, primorosamente editado con un libreto-cómic (y un primerizo y torpe logotipo de la manzana de Apple), contiene seis canciones entre las que sólo sobra la babosa Your Mother Should Know, una baladita de McCartney en uno de sus momentos-sacarosa.

Los demás es oro puro, sobre todo I Am the Walrus, un viaje astral e inspiradísimo que está entre las mejores canciones compuestas por Lennon.

¿Consejo? Vean los vídeos de la película en Internet (los colocó tras el post), compren las canciones en ediciones baratas —el doble EP fue lanzado más tarde como álbum, con el añadido de algunos temas sueltos para completar el producto: se puede encontrar a precio decente (unos 8 euros)— y no contribuyan a que los hombres y viudas de negocios sigan viviendo con los réditos de lo que una vez fueron y nunca volverán a ser (McCartney) o sacando partido a las falsas lágrimas de luto eterno (Ono).

Ánxel Grove






El cartel de circo sobre el que Lennon escribió una canción

15 octubre 2012
Cartel del circo de Pablo Fanque

Cartel del circo de Pablo Fanque

El cartel es de 1843. Más de un siglo más tarde, en enero de 1967, John Lennon encontró una copia original en una tienda de antigüedades de la pequeña villa de Westerham durante un descanso en la filmación de las películas promocionales de Stawberry Fields Forever y Penny Lane, que los Beatles estaban grabando en la cercana y lujosa mansión de Knole.

Era un tiempo en que los Fab Four cultivaban el amor por la cámara lenta, las estrechas e inútiles gafas de sol rectangulares, los mozos de cuadra con trajes afrancesados y las charreteras militares. Consumidores de LSD, todavía no contaminados por el budismo sectario del Maharishi y deseosos de hacer música más sinfónica y de vodevil que roquera, buscaban en los códigos british más vernáculos —té con pastas, caza del zorro, jardines otoñales…— elementos para construir un nuevo glosario musical. A Lennon le pareció que el póster de circo de la época victoriana estaba lleno de posibilidades literarias.

Utilizando los textos del cartel casi textualmente escribió la letra de Being for the Benefit of Mr. Kite, poblada de camas elásticas, aros de fuego, caballos que bailan vals y saltos mortales. El 17 de febrero empezó a grabarla en los estudios Abbey Road.

Dijo a George Martin, arquitecto del sonido beatle, que quería una “atmósfera de carnaval” y “oler el serrín del suelo”. Fue complicado (es una de las canciones más complejas del álbum Sgt. Pepper’s Lonely Hearts Club Band —en el que cerraba la cara A— y una de las más sobrecargadas de efectos), pero más o menos lo consiguieron.

Al principio Lennon estaba contento, dijo que el tema era “una acuarela” y le hizo gracia que la BBC lo censurase por entender que en el nombre Henry the Horse, citado en la letra, se escondían dos maneras de mencionar en clave a la heroína entre los consumidores. Con el paso del tiempo, el beatle más dotado se desentendió de aquel entusiasmo y declaró que no se sentía “especialmente orgulloso” de Mr. Kite y su fantasioso mareo de carrusel.

Pablo Fanque (izquierda) y Lennon con su copia del cártel

Pablo Fanque (izquierda) y Lennon con su copia del cártel

El cartel del que nació la pieza acaba de ser recreado en una edición de lujo —todo lo beatle parece ser en estos tiempos opción exclusiva para el 1%— que se vende a más de 300 euros.

Los artistas implicados, Peter Dean y Andy English, han lanzado un vídeo para anunciar el producto pero no pueden usar la música de Lennon —la vieja dama Ono y el soy-vegetariano-pero-desalmado-con-mis-semejantes McCartney exigen plusvalía—.

En todo lo relacionado con Being for the Benefit of Mr. Kite no se otorga ningún crédito a la que persona que debería ser considerada coautora de la letra, Pablo Fanque. Empresario de circo, caballista, equilibrista, promotor y hombre para todo, era hijo de africanos, masón, ferviente católico y una figura bien conocida en la Inglaterra del siglo XIX. Cuando murió de bronquitis en 1871, un caballo negro sin jinete participó en el cortejo mientras la banda de música tocaba una marcha fúnebre. A Lennon le hubiera gustado.

Ánxel Grove

El aburrido verano de John Lennon en Almería

06 agosto 2012
John Lennon en Carboneras (Almería)

John Lennon en Carboneras (Almería)

Septiembre de 1966, en una de las playas del municipio almeriense de Carboneras. El hombre sentado en la arena es el beatle John Lennon, que en unos años se convertiría en adalid del pacifismo. Es justo sospechar —para los Beatles sólo existía un mundo y empezaba y terminaba en el Reino Unido— que Lennon no tenía idea de que unos meses antes, el 17 de enero, dos bombas atómicas de 1,5 megatones cada una  (la Little Boy de Hiroshima tenía una potencia mil veces menor) habían caído al mar a menos de 40 kilómetros del lugar de la plácida fotografía, en el también almeriense término de Palomares.

Con el ánimo de un turista cansado y sin crema solar en las maletas —algunas fotos le muestran con el habitual matiz de cangrejo de río de los ingleses en vacaciones—, es necesario disculpar a Lennon de vivir en otro universo y no enterarse de casi nada (aunque no olvidó que le trajeran a Almería un Rolls Royce de pop star millonario con chófer): estaba en la costa mediterránea española disfrutando de un merecido break para jugar a hacer cine y le importaba un bledo todo lo demás.

Ticket de entrada del último concierto de los Beatles

Ticket de entrada del último concierto de los Beatles

Menos de un mes antes, el 29 de agosto, los Beatles se habían despedido de los conciertos comerciales tras comprobar que no eran capaces de reproducir en directo los cada vez más complejos sonidos y juegos de voces del estudio —escuchen la desafinadísima versión estilo Factor X de Paperback Writer con la que castigaron a la audiencia en el último show—. También estaban muy quemados: su agente, Brian Epstein, les había embarcado en una demencial y desordenada carrera de ratas de 1.400 actuaciones en los últimos cuatro años. Nada importaba con tal de facturar, sostenía el menesteroso Epstein, un tipo tan aparentemente cordial como ambicioso al que sólo le quedaban unos meses de vida.

Cartel original de "Como gané la guerra"

Cartel original de “Como gané la guerra”

Antes de empezar a grabar el nuevo álbum del grupo, que sería Sgt. Pepper’s Lonely Hearts Club, los cuatro beatles decidieron perderse de vista por unos meses, romper la pesada convivencia diaria, salir de la espiral gira-disco-gira e intentar reencontrar el dinamismo. Paul McCartney se dedicó a hacer vida social e interesarse por la música electrónica, George Harrison pasó unas semanas en la India recibiendo clases de sitar de Ravi Shankar, Ringo Starr se dedicó “a engordar”, como él mismo admitió, y Lennon se vino al mini Hollywood de Almería a participar como actor en la película Cómo gané la guerra [en este YouTube puede verse completa].

El film, una sátira de las películas bélicas, es tan malo como las dotes como actor de Lennon [este vídeo es un montaje de todas las escenas en las que interviene, unos ocho minutos en total], a quien convenció para que aceptase el papel el director Richard Lester, el efectivo artesano que había trabajado con los Beatles en las operetas promocionales ¡Qué noche la de aquel día! (1964) y ¡Socorro! (1966) —pese a las admiraciones, ni siquiera admisibles para comer palomitas— y que ahora veía en el nada autocrítico Lennon, una de esas personas convencidas de que, hiciese una canción o un garabato, el arte estaba en sus genes, un buen gancho para un taquillazo. No fue el caso.

Lennon declaró más tarde que se aburrió mucho en la costa de Almería. Para celebrar su 26º cumpleaños (9 de octubre) hizo traer de Londres a su mujer, Cynthia, y a Ringo. Cuarenta años más tarde, invitada de nuevo a la ciudad, ella fue sincera al reconocer su provincianismo (“era completamente distinto de lo que conocíamos. Jamás había visto a una mujer vestida toda de negro“) y cierta tendencia a la histeria o intolerancia a la marihuana: “Allí ocurrían cosas extrañas (…) Las cosas se movían, las luces se apagaban y encendían (…) Una vez se fue la luz durante más de media hora”.

Cortijo de Santa Isabel

Cortijo Romero

Para alojar a los invitados Lennon alquiló el Cortijo Romero. Tras tres décadas de abandono, el caserón palaciego, con grandes jardines, huertos con frutales y piscina, ha sido restaurado y alberga ahora la Casa del Cine del Ayuntamiento de Almería para recordar el efímero pasado de la zona como lugar de rodajes baratos.

Lennon y sus invitados dejaron la casa el 6 de noviembre tras una trifulca con los propietarios, se fueron a Madrid en tren y de allí a Londres en avión. Mientras tanto, McCartney hacía el camino Londres-España en coche para darle una sorpresa a su colega, pero se desvió hacia Málaga y, al enterarse de que Lennon ya estaba de vuelta en el Reino Unido, regresó él también.

En suma, las seis semanas del beatle en la costa almeriense dejaron una pésima película, un bronceado mal llevado, la primera vez que Lennon usó los espejuelos de la Seguridad Social británica (una exigencia del guión) que se convertirían en imagen de marca, bastante aburrimiento y —el oro entre tanto carbón— una canción compuesta en soledad en la playa de San Miguel y grabada en un magnetofón portátil en uno de los cuartos del Cortijo Romero: Stawberry Fields Forever. La esplendorosa demo de Almería es la primera que se escucha en este vídeo.

Cartel de la exposición de Yoko Ono

Cartel de la exposición de Yoko Ono en la que conoció a Lennon

El 9 de noviembre, dos días después de llegar a Londres, Lennon fue a visitar la exposición que tenía en cartel la Indica Gallery, entre cuyos fundadores estaba McCartney. Exhibía cuadros “no terminados” de una tal Yoko Ono.

No soy el primero en hacerme estas preguntas: ¿y si McCartney hubiese pasado de Málaga y llegado a tiempo para encontrarse con Lennon en el cortijo? , ¿y si los dos músicos decidiesen quedarse unos días más en aquellos arenales donde casi nadie les molestaba?, ¿y si grabasen más canciones en el magnetofón?, ¿y si el destino hubiese dejado plantada a la mujer que arruinó los campos de fresas para siempre?.

Ánxel Grove