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Cuando la fotografía ‘vintage’ es una estafa

16 febrero 2012
Polaroid 95

Polaroid 95

Esta joya es una cámara Polaroid de la serie 95. Las fabricaron, en tres modelos, entre 1953 y 1961, y estaban diseñadas para cargar película que se revelaba automáticamente dentro de la cámara en aproximadamente un minuto. Fue la prímera cámara instantánea de la historia.

El tipo de film que utilizaba fue progresivamente sustituido por los cartuchos y dejó de fabricarse en 1992. Es decir, una Polaroid Land, como la de la foto o cualquiera de sus sucesivas hermanas, no sirve hoy en día más que como hermosa antigüedad (a no ser, como explicaré, que le metamos mano).

Teniendo en cuenta que Polaroid puso en el mercado ingentes cantidades de cámaras -solamente de la serie 95, casi dos millones de unidades- y que estaban fabricadas con materiales de gran calidad y un gran esmero industrial (eran caras para la época, rondaban los 90 dólares de precio de venta), no es arriesgado afirmar que quedan muchas en el mundo, algunas en perfecto estado, sin estrenar o apenas usadas. Puedo jurarlo.

La peripecia que traigo este jueves a Xpo, la sección sobre fotografía de Trasdós, es personal. Tengo dos Polaroid de la serie 95, ambas compradas en los últimos meses en mercadillos.

¿Para qué las quiero? ¿Para adornar, impresionar a los amigos o teorizar sobre los cacharros tan incómodos que utilizaban nuestros abuelos? No, no y no. Las quiero para  lo que esperan ellas de mí: hacer fotos.

Cartuchos FP de Fuji

Cartuchos FP de Fuji

Pero, ¿no habíamos establecido que no hay película? Matizo la respuesta: no hay forma de conseguir la película original en rollo, pero es posible, con un poco de maña, adaptar la cámara para que admita los cartuchos del film FP de Fuji -el 100C, el 100B y el 3000B-, que producen fotos de un tamaño aceptable: 8,5 por 10,8 centímetros, incluyendo el característico marco blanco de las Polaroid.

Primer axioma: toda cámara mecánica retiene lo necesario para capturar la luz y convertirla en imágen.

Segundo: toda cámara mecánica puede ser modificada, trampeada, tuneada

Algunos pasos de la adaptación

Algunos pasos de la adaptación

Las Polaroid Land no son una excepción. Hay muy buenos manuales online para afrontar el proceso (por citar sólo un par: aquí se puede encontrar uno y aquí otro). ¿Material? Herramientas básicas (destornilladores, alicates, seguetas…), cola industrial, cinta americana, cariño y paciencia. Todo es condenamente barato.

El único añadido externo es la parte necesaria para que la cámara vieja acepte los cartuchos, la culata, ese elemento negro que puede verse en la foto de abajo, a la derecha. Lo más práctico es comprar de segunda mano una Polaroid de la serie 100, que admite los cartuchos, y convertirla en cámara donante, es decir, extraerle la culata. No debería salir por más de 25 euros.

Fotos: Skorj

Fotos: Skorj

Tras la manualidad y el ensamblaje, el justo premio es echarse al mundo y gozar de la calidad de la máquina, de esa luminosa niebla que sólo la óptica de las primeras Pola es capaz de conseguir.

Los dos ejemplos de la izquierda son del gran Skorj, un fotógrafo japonés especializado en la modificación y alteración de cámaras antiguas, en devolver la vida a artilugios condenados al abandono. Él mismo modificó la Polaroid Land 95 con las que hizo las fotos.

Tras la disgresión técnico-mecánica, regreso a mi particular peripecia. Hace unos días, en una tienda de fotografía de ésas que venden las cámaras por su aspecto y diseño modernos, ofrecían a la venta un par de cámaras ya customizadas.

Eran dos Land 45, con culatas para cartuchos Fuji FP. Pregunté el precio. Nada menos que 380 euros cada una.

Una búsqueda rápida en eBay mientras redacto esta entrada ofrece más de setenta resultados de Polaroid Land a la venta. Algunas cámaras tienen en precio claramente hinchado (unos 300 euros), pero no parece difícil hacerse con una por, digamos, 40 ó 50. Siendo bueno en la puja, quizá con la mitad baste.

He dejado para el final revelar cuánto pagué por las mías: una me costó 20 euros y la otra cuatro.

Los detalles me sirven para comprobar, otra vez, a dónde estamos llegando con la engañifa de la fotografía cool, lomográfica, vintage o como quieran llamar a esas formas bastardas de llevar encima una cámara porque combina con tus zapatillas Converse.

Ánxel Grove

La misteriosa fotógrafa Brittany Markert

26 enero 2012
"Nida" - Britanny Market

"Nida" - Britanny Markert

“Bañada en negro y obsesionada por respirar, detenida en el largo pasillo iluminado en una noche que no olvidará”.

Esta frase, acaso críptica, acompaña como única explicación literaria a la primera foto -la Polaroid de la izquierda- que vi de Britanny Markert.

Sucedió hace unos meses, en un vagabundeo sin destino por los arcanos pasillos de Flickr, donde las sorpresas son cada día menos frecuentes y el rayo de la revelación debe ser consumado: si encuentras algo, agótalo.

Supe que Britanny Markert era estadounidense -el paisaje fotográfico así lo indicaba-; joven -el tanteo, la inseguridad, el juego amable con la belleza-; que quizá provenga de un entorno económico saneado -el vestuario, los hoteles, la gente hermosa y bien alimentada que puebla sus fotos-; que goza con el tenebrismo y los rincones a los que no llega la mirada; que explora la sexualidad y el morbo…

Como vivo cerca de dónde ella vive, le escribí un mensaje interno. Una proposición decente: quedar para hacer fotos juntos. No recibí respuesta. Tampoco la esperaba. Creo que a Britanny Markert no le hacen falta los juegos en colectividad.

"Serenade Sublimina" - Britanny Market

"Serenade Sublimina" - Britanny Markert

Ahora descubro que la fotógrafa, a la que he seguido en silencio, participa en la edición de este año de la exposición colectiva 30 Under 30 | Women Photographers (30 de menos de 30 | Mujeres fotógrafas).

La foto de la izquierda, una joven yacente, paralizada por una contractura que parece radicar en el alma, es una de las que incluye en su slideshow. Forma parte de la serie Serenade Sublimina (Serenata Subliminal).

Mediante el texto informativo-biográfico que aporta a la exposición, he añadido algunos detalles al retrato interior y, por tanto, parcial, que me hago de Brittany Markert.

"Me" - Britanny Market

"Me" - Britanny Markert

Hace un año le regalaron una cámara réflex de 135 milímetros y se ha dedicado desde entonces a “estudiar fotografía analógica”.

Su condición de novicia sólo añade asombro a la capacidad palpable de esta muchacha por revelarse, por mucho que, como en este autorretrato, sólo admita mostrarse desde el espejo deformante de la oscuridad.

El pequeño stament es previsible. En lo que a mí respecta, sobra frente a la oscura prosa de las imágenes: “Uso la fotografía para explorar un estado subliminal de la mente, un mundo con frecuencia saturado con recuerdos desvaídos y sueños obsesivos. Muchas de mis imágenes tiene que ver con mi interés en el estudio de los deseos insconscientes, el voyeurismo, la intimidad, la nostalgia y los desos no lineales del pasado, el futuro y el presente”.

"Jamie" - Brittany Market

"Jamie" - Brittany Markert

No me hace falta tanto conceptualismo davidlynchiano y me quedo con el atestado vacío de las fotos de Markert: las chicas de ojos cerrados o consumidas por una luz extraterrenal, la acción esquiva cuyo centro ha sido removido y no resulta posible  encontrar, la falta absoluta de mientras tanto, la certeza de que no importa lo que esté sucediendo porque, en cualquier caso, nos arrasará sin remedio hagamos lo que hagamos y será eterno.

Para completar mi idea de Brittany Markert me son de más utilidad los “estímulos inspiradores” que cita la fotógrafa con deliciosa simpleza escolar:  “luz aislada, huecos de escaleras, bañeras, películas antiguas, edificios desolados, moteles, cortinas, ropa vieja y árboles que pierden las hojas”.

(Sin título) - Britanny Market

(Sin título) - Britanny Markert

Leídos por segunda vez, haciendo de la enumeración un improbable poema, los sustantivos -siempre más elocuentes que los adjetivos y su indeterminación- adquieren el sentido atávico de una cadena.

Lean de nuevo los estímulos de Britanny Markert y, entre uno y el siguiente, inhalen, obsesionados, como la larga mujer de aquella primera Polaroid, por respirar: luz aislada / huecos de  escaleras / bañeras / películas antiguas / edificios desolados / moteles / cortinas / ropa vieja / árboles que pierden las hojas.

Ahora, con el último aliento, habrán encontrado a la gran narradora fotográfica en la que se convertirá muy pronto Britanny Markert.

Ánxel Grove

Araki, Gaga y el efecto tampón

31 agosto 2011
Lady Gaga por Araki

Lady Gaga por Araki

Nobuyoshi Araki es un fotógrafo japonés con una imagen de marca más notable que su obra. Cuelga en suspensión a sus modelos, atadas previamente según las artes del shibari. Se vende bajo un seudónimo, Arākī

Stefani Joanne Angelina Germanotta es una cantante estadounidense con una imagen de marca más notable que su obra. Canta malas canciones, pero las trafica con las artes de la mercadotecnia. Se vende bajo un seudónimo, Lady Gaga.

Que estos dos elementos se hayan cruzado era inevitable. El pop se fagocita, Japón es trendy sin discusión posible y el escándalo se vende cada día más barato.

Hace dos años, el fotógrafo hizo un editorial de moda con Mamá Monstruo para la edición japonesa de la revista Vogue. Era muy soft y bien educado. Araki sólo aprieta los nudos cuando le pagan, lo cual podría leerse en su sentido shibari: a Araki sólo se pone duro cuando le pagan.

Lady Gaga por Araki

Lady Gaga por Araki

Este verano comenzaron a circular por el pozo negro y anónimo de internet (sientes la coz, pero no te enteras de quién te la ha dado) unas cuantas Polaroid de las sesiones. Las publicaron algunas webs de famoseo, como Daily Fill, cuyo elenco perpetuo es una exhibición de atrocidades: Bieber, Fox, West, Knowles y sus compañías, sean de placenta o de cama.

Las fotos -pésimas, sin gracia, ni siquiera masturbatorias- han sido comidilla, santo y seña, trending topic y demás maneras 2.0 de decir que han ultimado una buena caja.

No podemos olvidar -ni ese derecho nos consienten: el dulce placer del olvido-, que Lady Gaga es muy atrevida. Cuando no hay vídeoclip, filete de cadera. Cuando no hay carne, twitteo feminista. Cuando no hay twitteo, un episodio de los Simpson; cuando no hay dibujo animado entreguista (quien os ha visto y quién os ve, familia amarilla) unas fotos de hace dos años. La táctica es arrinconarte y mantenerte sin respiro.

Lady Gaga por Araki

Lady Gaga por Araki

La Polaroid de la derecha de este último par ha sido especialmente comentada, meneada, trajinada y repartida en eso que llaman la comunidad de usuarios de internet (además de la sed de justicia social y de reconocer que el Barcelona le da mil vueltas jugando al fútbol a los niñatos de Serrano de Mourinho, ¿qué demonios tenemos en común usted y yo, yo y un congoleño, un congoleño y un peruano para que nos metan en la misma comunidad?).

La foto, he leído, muestra el sexo de Stefani Joanne Angelina Germanotta. He aumentado el grado de miopía intentándolo, lo juro, he llevado el efecto lupa hasta el extremo de sus posibilidades y sigo sin ver otra cosa que un efecto-tampón (perdón por las alusiones: se llama así) de Photoshop aplicado sobre esa zona de nadie que la señora Gaga, con todo el derecho, hurta a la visión del mundo.

¿Por qué traigo estas seis mezquinas Polaroid a Xpo, la sección de fotografía de todos los jueves en este blog? ¿Admitimos como respuesta válida: porque la basura merece la difusión para ser reconocida como basura?

Ánxel Grove

Disquetes convertidos en lienzo

13 mayo 2011

Era increíble guardar documentos en esos cuadrados de colores poco atractivos y etiquetas con rayas vacías, listas para rellenar. Todavía recuerdo consejos tipo: “pon la pegatina después, que no es bueno escribir sobre el disquete” o “no juegues con la lámina metálica”. Ahora, no muchos años después, cuando vemos uno, se nos dibuja una tonta sonrisita de superioridad. Somos desagradecidos.

Next Generation - Nick Gentry

Next Generation - Nick Gentry

Nacido en 1980, el londinense Nick Gentry creció utilizando casetes, cámaras Polaroid, cintas de VHS y -por supuesto- disquetes.

Todos estamos un poco orgullosos de los gadgets que nos acompañaron en el pasado: el fiel walkman que se caía de la litera cuando te quedabas dormido, la Game Boy-ladrillo que traía el juego del Tetris incluido…

Gentry utiliza disquetes para crear arte, como reflexión sobre los ciclos vitales y la identidad: se siente unido al floppy disk de modo generacional. Son sus Artefactos.

En sus retratos de gente guapa los utiliza como lienzo, a veces incluso le hacen falta 300 por obra. Empezó comprándolos en eBay, pero ahora no le cuesta demasiado encontrar donantes que quieren deshacerse de los pequeños dinosaurios.

The Immortal - Nick Gentry

The Immortal - Nick Gentry

Al observar cada recuadro por separado, se aprecia que Gentry aprovecha las posibilidades de las etiquetas que rotularon los anteriores dueños.

Los ojos que a veces hace coincidir con el centro metálico del reverso son perturbadores: globos oculares entre robóticos y tuertos que transforman la expresión en vacío.

Gentry, que también ha trabajado con cintas VHS, declara que “los trastos viejos tienen un encanto único y una historia que no se puede encontrar en lo nuevo”.

Le fascina la idea de que en cada uno de esos disquetes, bajo la pintura, haya información personal encerrada para siempre.

Helena Celdrán