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¿Y si el plato fuera parte de la comida?

11 septiembre 2012
Cuatro de los recipientes comestibles de Diane Leclair Bisson

Cuatro de los recipientes comestibles de Diane Leclair Bisson

¿Y si el plato fuera parte de la comida? La canadiense Diane Leclair Bisson (Montreal, 1960) ha desarrollado una idea que podría cambiar nuestra relación con los envoltorios y convertir lo que ahora son desperdicios en parte de nuestra dieta: “Es una invitación para reflexionar sobre el consumo excesivo y su impacto sobre la contaminación global”.

La revista estadounidense Core77, que otorga premios a los mejores diseños del año, ha incluido en la edición de 2012 una nueva categoría dedicada al diseño de comida. El premio ha sido para la iniciativa de Bisson: Edible Containers (Contenedores comestibles), una colección de recipientes crujientes y flexibles, capaces de mantener en su interior comida incluso caliente, que funcionan como acompañante o complemento de lo que contienen.

El objetivo es que, además de prácticos y atractivos al ojo, sean apetecibles: que su misión no comprometa al paladar.  La diseñadora es consciente de que ha habido intentos de sustituir los envases por recipientes de arroz, harina o almidón de maíz, pero que no han tenido éxito por su falta de sabor y su apariencia poco apetitosa.

Aunan gastronomía, diseño y tecnología. De momento están pensados para el cátering, los puestos de comida callejeros y las situaciones en que el derroche de recipientes de cartón y plástico es notable, pero su creadora (que lleva años desarrollando el proyecto) no descarta ir introduciendo los contenedores comestibles en cafeterías y en pequeños establecimientos.

Bisson ha trabajado con diferentes tipos de frutas, verduras, legumbres y harinas sin recurrir a colorantes y aditivos artificiales. El recipiente basado en el tomate tiene un sabor más neutro, pero otros como el de cebolla caramelizada juega un papel importante en la comida que contiene. Con su invento, la diseñadora quiere demostrar que con una técnica natural (“el ser humano, a lo largo de la historia, ha usado por ejemplo hojas de plantas y después rodajas de pan como receptáculos”) que los platos de usar y tirar son prescindibles y sustituibles, que la sostenibilidad es atractiva incluso al gusto.

Helena Celdrán

Arte con residuos plásticos, la mayor plaga de los océanos

01 mayo 2012
Una pequeña colección de residuos encontrados por los Lang

Una pequeña composición de residuos encontrados por los Lang

Tapones de botellas de plástico, peines, soldaditos de los años cincuenta, rulos, cucharas, cepillos de dientes, aros polivalentesRichard y Judith Lang llevan desde 1999 recogiendo residuos plásticos de Kehoe Beach, una pequeña playa del norte de California (EE UU).

Empezaron atraídos por la cantidad de desperdicios repetidos que encontraban y por la cotidianeidad de los objetos que salían a su paso. Descubrieron una avalancha de material que superaba todas sus espectativas expectativas. “El plástico no se biodegrada, se fragmenta en piezas cada vez más pequeñas, en algunas áreas del océano los trozos superan 15 veces al fitoplancton y al zooplancton, cruciales para la vida en la Tierra tal y como la conocemos”, destacan los artistas en su página web.

Richard y Judith Lang

Richard y Judith Lang

En su estudio el matrimonio limpia y divide en categorías y colores las piezas con las que luego elabora esculturas, collage, instalaciones y joyas que resultan en un estallido de color obsceno, tan atractivo como triste, considerando que, según la organización ecologista Greenpeace, 100 millones de toneladas de plástico se producen cada año y el 10% acaba en el mar.

Los Lang han encontrado la creatividad en la tragedia. En estos años han encontrado botellas de champú escritas en japonés o en tagalo, tipos de plástico que se remontan a los años cuarenta y, por supuesto, siempre vuelven de sus incursiones cargados de nurdles: diminutas bolas blancas, también llamadas lágrimas de sirena, que se usan como material para crear otros plásticos y que constituyen una plaga para los océanos. Su parecido a los huevos de peces hace que los animales las ingieran, obstruyendo su aparato digestivo.

Collares realizados por Judith Lang

Collares realizados por Judith Lang

Entre las creaciones del matrimonio estadounidense hay muebles, cortinas de desperdicios que imitan el escenario desolador de los plásticos bajo el agua, collares de bolas de colores, mosaicos inmensos, coronas de muñecos… Se esmeran en resaltar la belleza del objeto más vulgar, del bote unidosis de suavizante de hotel o del aplicador de tampones. “Nuestra esperanza es que estas obras de arte sean tan valiosas que haya auténticas guerras por limpiar las playas”, bromea Judith Lang.

Muebles de residuos

Muebles de residuos

Las últimas noticias son dramáticas. A finales de abril de este año —hace unos días— el oceanógrafo Giora Proskurowski y su equipo de la Universidad de Washington comprobaron que en el océano hay 27 veces más plástico de lo que se creía.

En un crucero de investigación por el Pacífico pudieron observar que los pequeños trozos que flotan en la superficie desaparecían en las profundidades con ciertas corrientes de viento. Los investigadores han descubierto que los residuos pueden hallarse a una profundidad de 20 metros y no sólo en la superficie, lo que multiplica la cantidad de plástico que ahora mismo flota en los océanos. Ni todos los matrimonios de artistas del mundo pueden con ese dato.

Helena Celdrán

Cuando los soldaditos de plástico vuelven de la guerra

26 agosto 2011
Uno de los soldados de 'Casualties of War'

Uno de los soldados de la serie 'Casualties of War'

Casi siempre de un plástico barato, pero resistente, de un ya clásico verde oscuro. Se venden casi al kilo, en cubos que contienen puñados de ellos, a un precio ridículo.

Ideales para las batallitas, en posturas polivalentes, incluso pueden funcionar de arma arrojadiza. Nunca un juguete representó mejor la carne de cañón que esos soldaditos.

Comenzaron a fabricarse tal y como los conocemos en Estados Unidos, en el año 1938. Eran hombres valerosos, con uniformes y armamento de la II Guerra Mundial, que al término del conflicto se congelaron en el tiempo.

Nadie modificó los diseños. Las nuevas figuritas siguieron naciendo de los mismos moldes, luchando en una eterna guerra de mediados del siglo XX. Parecían proceder de la nada, no tener otra misión en la vida que combatir.

'Casualties of War' - Dorothy

'Casualties of War' - Dorothy

El estudio de diseño Dorothy, en la ciudad inglesa de Manchester ejercita la fantasía trágica en Casualties of War (Víctimas de la guerra), una colección de soldaditos verdes que refleja los traumas del combatiente que vuelve a casa con las secuelas físicas y psicológicas del que ha vivido el infierno del conflicto, de la carne de cañón.

La inspiración no fue otra que la vida real. En 2009 el Colorado Springs Gazette publicó bajo el título de Casualties of War una serie de reportajes que seguía la vida de los componentes de un batallón tras volver de la guerra de Iraq.  Participaron en reyertas, en palizas, en violaciones, comenzaron a conducir borrachos, drogarse, pegar a sus mujeres

Apuñalamientos, secuestros y suicidios producían un reguero de sucesos que tenían como protagonistas a seres humanos que habían sobrevivido, pero no sabían cómo sobrevivir.

El New York Times también arrojó datos escalofriantes en octubre de 2010, cuando publicó una investigación centrada en California que revelaba que entre 2005 y 2008 habían muerto más veteranos menores de 35 que soldados en las guerras de Irakq y Afganistán. En esa cuenta sólo entran los que han pedido ayuda al Department of Veterans Affairs (la unidad administrativa dedicada a los asuntos de los veteranos de guerra).

La amputación, la violencia doméstica, la mendicidad, el suicidio… El estudio británico no creó las figuritas para venderlas, sino como un ejercicio de creatividad y denuncia.

Sus creadores han confesado recientemente que los soldaditos “generan un gran interés entre las asociaciones de veteranos de Estados Unidos y Canadá, que se han conmovido por nuestras pequeñas esculturas, pequeñas pero poderosas”.

Helena Celdrán