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El productor que dijo no a U2 porque no soportaba a Bono

11 febrero 2013
Conny Plank

Conny Plank

A este hombre le ofrecieron en 1986 producir The Joshua Tree, uno de los discos más vendidos de U2 —28 millones de unidades hasta hoy—. Tras mantener dos reuniones iniciales con el grupo redentorista irlandés, rechazó el encargo. Resumiendo un sentimiento que comparte media humanidad explicó: “Podría trabajar con los demás, pero no soporto al cantante”, explicó, .

Conny Plank, de cuya prematura muerte en 1987 (cáncer a los 47) se acaban de cumplir 25 años, no necesitaba ni quería las bendiciones de Bono Vox. Su  forma de trabajo nada tenía que ver con la búsqueda de grandeza épica y catedralicia. Al contrario, Plank buscaba los tonos humildes y se consideraba un simple técnico, un mediador: “Sólo me dedico a apretar botones. Cada músico tiene el sonido que merece y desea”, decía.

Se acaba de publiar el álbum de cuatro discos Who’s That Man: A Tribute to Conny Plank, editado por la discográfica Gröndland como un intento de resumir la amplísima obra de Plank, que merece sin discusión el título de padre del krautrock, el rock espacial y loco que salió de Alemania durante los años setenta.

Hubo un tiempo en que la frase “producido por Conny Plank” era una garantía de riesgo y placer. Durante los setenta los discos que llegaban de su estudio, establecido en la antigua nave de los cerdos de la granja de Colonia (Alemania) donde vivía y trabajaba, proponían el uso libre de la imaginación frente a los cánones cerrados y de piñón fij0 de la música inglesa. De la mano de Plank, convencido de que había más brillo en el error que en la precisión, más belleza en el ruido que en la paz y más campo de acción en el dub jamaicano que en el pop, surgieron álbumes de, entre otros, Kraftwerk, Neu!, Cluster, Ash Ra Tempel y Harmonia.

Imantados por la manera de trabajar del alemán —que había empezado, por cierto, como técnico de sonido para Marlene Dietrich— y su manera de relacionar la frialdad electrónica con la aridez del rock, músicos vanguardistas ingleses, entre ellos Brian Eno y David Bowie, le pidieron asesoría y consejo para algunos de sus trabajos, entre ellos la trilogía de Berlín. Tras ellos llegarían bandas de new wave como Ultravox, Eurythmics y Killing Joke que buscaban un sonido más salvaje y menos académico que el ofrecido por los productores británicos.

Productor de casi cincuenta discos, Plank, un tipo grande y con cierto aspecto de oso, trabajaba, según quienes le trataron, por movimientos viscerales. “Un productor es alguien capaz de crear una atmósfera libre de miedo y reservas que permita encontrar el momento de máxima inocencia. Entonces debes apretar un botón y grabar”, sostenía.

Ánxel Grove

Los robots de Kraftwerk invaden el MoMa

17 febrero 2012

Sintetizadores, voces mecánicas, vocoders que hablan alemán… Llevan desde 1970 asombrando a los humanos con un aura robótica que han sabido mantener durante cuatro décadas, ajenos a los modas y sin caer en la payasada.

Esta semana traigo a la sección de Artefactos a Kraftwerk, el grupo-máquina de música electrónica fundado en Düsseldorf por Florian Schneider y Ralf Hütter que, con sus alabanzas a las autopistas, los aviones y la robótica, creó una electrónica atemporal mucho antes del estallido del sintetizador de los años ochenta.

Una de las proyecciones de la retrospectiva de Kraftwerk en el  MoMa

Proyección para el disco 'Tour de France' (© Kraftwerk)

Los alemanes saben reirse de sí mismos y la simplicidad de sus temas esconde un espíritu culto y un fino sentido del humor que los ha llevado incluso a dejarse sustituir por robots personalizados en sus conciertos.

Su influencia en la música electrónica los ha convertido en celebridades, tanto que el MoMa de Nueva York ha decidido dedicarles la primera retrospectiva en vivo que organiza el museo.

Kraftwerk protagonizará del 10 al 17 de abril Kraftwerk- Retrospective 1 2 3 4 5 6 7 8: ocho actuaciones en las que el grupo alemán interpretará todos sus discos, a uno por día, en un repaso a cuarenta años de carrera.

En los conciertos el grupo adaptará piezas de su repertorio y se proyectarán imágenes en 3D especialmente creadas para el evento. Los discos se interpretarán por orden cronológico Comenzando con Autobahn (1974) y terminando con Tour de France (2003). Las entradas son baratísimas dado el carácter extraordinario de los conciertos: 25 dólares (unos 19 euros). Se pondrán a la venta el miércoles 22 de febrero.

Helena Celdrán